La Opinión Popular
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El clima en Paraná
Un país atravesado sólo por estrategias de poder
Por Natalio Botana, Politólogo e Historiador
“Hoy en día la gran preocupación es que es más el dinero que se fuga que el dinero que llega. No queremos que el argentino invierta en otro país, queremos que la invierta en la Argentina". Fernando “Pino” Solanas
Nacionales - 27-12-2009 / 12:12
EFEMÉRIDES POPULARES: EN UN DÍA COMO HOY PERO DEL AÑO 1945 LA UCR, EL PARTIDO SOCIALISTA Y EL PARTIDO COMUNISTA, ATACAN EL AGUINALDO Y LOS AUMENTO DE SUELDOS

La Unión Democrática en asamblea resuelve “resistir el decreto sobre aguinaldo y aumento de sueldos”

La Unión Democrática en asamblea resuelve “resistir el decreto sobre aguinaldo y aumento de sueldos”
Juan Perón circa 1945.
-Por decreto N° 33.302 del 20 de diciembre de 1945 el Coronel Juan Perón crea el Instituto Nacional de Remuneraciones, se otorga un aumento salarial y se instituye, por primera vez, el sueldo anual complementario o aguinaldo.
-El 27 de diciembre de 1945 la Unión Democrática, apadrinada por el imperialismo yanqui, con el apoyo de la Unión Industrial Argentina y la Sociedad Rural, junto a los partidos políticos, entre ellos: la UCR, el Partido Socialista y el Partido Comunista, atacan la medida, a la que entendió como una "cruda demagogia electoral", una disposición destinada a "someter y domesticar los sindicatos libres".
 
Escribe: Blas García

 
Cambios políticos y sociales
 
En la etapa iniciada con la revolución del 4 de junio de 1943 y el fin de la "Década Infame" se produjeron importantes cambios en la situación política y social de la Argentina.
 
Durante la presidencia del general Farell se fue consolidando dentro del gobierno un sector nacionalista y popular del Ejército, liderado por el coronel Juan Perón. Este sector planteaba la necesidad de un desarrollo industrial independiente y la plena incorporación de los trabajadores en el sistema político. Perón representaba a la línea de mayor apertura ante los problemas sociales. nueva Secretaría de Trabajo y Previsión -creada por iniciativa del coronel Perón- produjo cambios fundamentales tendientes a establecer una relación más fuerte con el movimiento obrero.
 
Para lograr tal objetivo se sancionaron una serie de reformas en la legislación laboral. Las principales medidas fueron:
 
-El Estatuto del Peón, que estableció un salario mínimo y procuró mejorar las condiciones de alimentación, vivienda y trabajo de los trabajadores rurales.
-El establecimiento del seguro social y la jubilación que benefició a 2 millones de personas.
-La creación de Tribunales de Trabajo, cuyas sentencias, en líneas generales, resultaron favorables a las demandas obreras.
-La fijación de mejoras salariales y el establecimiento del aguinaldo para todos los trabajadores.
-El reconocimiento de la asociaciones profesionales, con lo cual el sindicalismo obtuvo una mejora sustancial de su posición en el plano jurídico.
 
La obra de promoción efectiva de los derechos de los obreros que llevó adelante le fue ganando el apoyo de dirigentes sindicales pero sobre todo de los trabajadores. Paralelamente, estos últimos se fueron alejando de sus tradicionales defensores -al menos desde el discurso-, es decir de los socialistas y los comunistas.
 
Los sectores oligárquicos y antipopulares, nucleados en la Unión Democrática ignoraron el progreso social que les produjo a los obreros la legislación social peronista, difamando a su impulsor y al organismo a su cargo que las hizo efectivas y, lo que es más grave, negándole a los trabajadores que apoyaban a Perón su carácter de tales.
 
Así, la Secretaría de Trabajo y Previsión realizaba una "obra disolvente" pues tenía una "misión disgregadora y política". Por ello "no tiene la clase obrera nada en común con (aquella), donde todo se negocia, y menos aún los trabajadores amantes de la libertad y fieles al auténtico movimiento sindical".
 
Se trataba de contrarrestar la política concreta de Perón con apelaciones que partían del concepto de que solo en "democracia y libertad" era posible la "justicia social".
 
 
El aguinaldo: "Medida demagógica"
 
Por decreto N° 33.302 del 20 de diciembre de 1945 Perón crea el Instituto Nacional de Remuneraciones, se otorga un aumento salarial y se instituye el sueldo anual complementario o aguinaldo.
 
La Unión Democrática, apadrinada por el imperialismo yanqui, con el apoyo de la Unión Industrial Argentina y la Sociedad Rural, junto a los partidos políticos, entre ellos: la UCR, el Partido Socialista y el Partido Comunista, atacan la medida, a la que entendió como una "cruda demagogia electoral", una disposición destinada a "someter y domesticar los sindicatos libres".
 
Dicen: "Lo importante en el decreto mencionado es la maniobra nazifascista típica que pretende acabar con los sindicatos obreros y convertirlos en simples instrumentos de la nueva oligarquía que pretende someter al pueblo argentino a sus designios. El aguinaldo es el sebo para engañar, es el anzuelo, pero el propósito es domesticar a la clase trabajadora para luego utilizarla con fines bastardos. En dicho decreto queda probado el plan de castramiento paulatino de los sindicatos obreros. Antes fueron las intervenciones. Ahora es la dádiva, previa la entrega". Era, además, "el coronamiento de una larga e intensa campaña demagógica desarrollada bajo el amparo y con el estímulo de la Secretaría de Trabajo y Previsión".
 
Sin embargo, frente a la realidad de la legislación social de Perón poco podía hacer el discurso encendido pero hueco de la Unión Democrática.
 
Escribe: Blas García

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26-01-2015 / 11:01
 
La primera reacción del gobierno nacional, ante la gravísima denuncia del fiscal Nisman, previo a su muerte, fue un sketch cómico al que nos tiene acostumbrados la presidenta Cristina Fernández cuando dicta al oído de su jefe de gabinete, Jorge Capitanich, lo que éste debe decir cada mañana.
 
Dictado al que el hombre obedece poniendo siempre algo de su parte, haciendo aún más obsecuente la obsecuencia que le pidieron. Así, en una de sus declaraciones más absurdas (y eso que todas son absurdas) sostuvo que el objetivo de la denuncia del fiscal era intentar ocultar el superlativo éxito de la temporada veraniega en la Argentina.
 
Ahora con el tiempo y lo ocurrido nos damos cuenta de que esa aparente estupidez nos habla de algo más grave: de un gobierno entrando rápidamente en el delirio ante una realidad que lo estaba sobrepasando debido a una denuncia que lo dejó inerte.
 
Lamentablemente, esa payasada de Capitanich llegó a niveles paroxísticos luego de la muerte de Nisman, pero esta vez en palabras de la propia presidenta, convertida en una Agatha Christie de ocasión, en una James Bond con licencia para decir cualquier cosa, en uno de "Los pingüinos de Madagascar", esas dulces criaturitas animadas cuya profesión es la de espiar a los malos y salvar al mundo.
 
Cristina Fernández hizo todo menos lo que le correspondía hacer. Se puso a inventar sobre la marcha una variante de su eterno relato, adaptado a la situación, con una irresponsabilidad manifiesta, tal cual si estuviera jugando dentro de una novela de detectives en la cual ella se ubica como la principal víctima, como el falso culpable.
 
En su primera carta, la del lunes, la Presidenta no sólo da rienda suelta a sus chupamedias para que justifiquen la tesis del suicidio (sólo las autoridades argentinas y las iraníes creyeron en esta hipótesis), sino que se coloca en el lugar de una heroína que ya desde la dictadura es quien más viene luchando contra los servicios de inteligencia.
 
Nuestra espía detective siguió investigando y descubrió varias cosas más que expone en una segunda carta. Entre ellas, que Nisman no era, como pensó al principio, un empleado consciente de las fuerzas malévolas sino un pobre tonto inconsciente que se murió sin siquiera darse cuenta de que su informe no era suyo ni que estaba cubierto de pruebas plantadas para perjudicar a Cristina.
 
Si bien es cierto que en una Argentina tan disparatada como la que estamos viviendo, la verdad podría ser todavía más delirante que la versión presidencial, aún siendo así es peligrosísimo para la salud institucional del país que una presidenta intente acomodar la realidad al relato que más le convenga a sus intereses, que de eso y de nada más que eso se tratan sus dos cartas. Algo que viene haciendo desde siempre, pero con la diferencia que ello ahora implica jugar con la muerte.
 
Por otro lado, sería imperdonable si ella tuviera conciencia de que todo lo que dijo en sus dos cartas son mentiras, pero mucho más grave es, políticamente hablando, si se creyera tales sandeces, porque entonces sí que los argentinos estaríamos en el más completo de los desamparos.

26-01-2015 / 10:01
26-01-2015 / 09:01
 
A su estilo, en los últimos días de una semana frenética y siniestra, Daniel Scioli envió diferentes mensajes que lo posicionan de manera diferente en la compleja estrategia que improvisó el gobierno de CFK tras la muerte de Alberto Nisman de un balazo en la cabeza.
 
Horas después que los ojos del país se posaran sobre las torres Le Parc de Puerto Madero, el Gobernador mostró un discurso diferente del improvisado por la Casa Rosada. Más cauto y alejado de las conspiraciones, el ex motonauta comenzó a expresarse en sintonía con varios gobernadores.
 
Así, el mandatario bonaerense se corrió de la teoría oficial del "suicidio" instalada por Sergio Berni y pidió investigar la muerte del fiscal que había denunciado a Cristina Kirchner. "La Justicia debe abocarse al esclarecimiento de las circunstancias de su muerte", dijo el ex motonauta en un escueto comunicado cuando las propaladoras oficiales del ultra kirchnerismo afirmaban no había dudas del suicidio.
 
Pero el punto límite parece haber sido el acto del PJ del pasado jueves con el objetivo de que el partido defina su postura respecto de la muerte de Nisman. La reunión tuvo como corolario un documento de respaldo a Cristina Kirchner y un fuerte cuestionamientos a sectores de inteligencia, los medios de la comunicación y la justicia.
 
Horas después del cónclave, el diputado massista Felipe Solá desnudó el mecanismo por el cual el PJ definió ese documento: "Esto no fue discutido, yo se cómo fue la mecánica. Llegó Zannini con un papel y dijo 'esto es lo que hay que decir'", dijo el ex gobernador. Nadie de los presentes salió a desmentirlo.
 
Pero además, la foto oficial del encuentro fue más que elocuente: Jorge Capitanich, Antonio Caló, Sergio Urribarri, Julián Domínguez, Wado de Pedro y José Ottavis no dudaron en posicionarse en primera línea. En tanto, Scioli aparece detrás.

26-01-2015 / 08:01
  Se cumplió una semana de la muerte de Alberto Nisman, el fiscal que días antes de aparecer con un disparo en la cabeza había denunciando a Cristina Fernández por encubrir a terroristas responsables del atentado a la AMIA. El caso está envuelto en un cono de sombras. Hay muchas más dudas que certezas, lo que ha derivado en un escándalo político e institucional de proporciones que pone contra las cuerdas al gobierno de CFK.
 
Es tal el desconcierto, que los investigadores que todavía no pudieron determinar si Nisman fue asesinado o se quitó la vida. Acorralado, el cristinismo pasó en cuestión de horas de hablar de un suicidio relacionado con cuestiones personales a reconocer que se trató de un crimen con connotaciones políticas. A partir de esa primera hipótesis, los aplaudidores K salieron uno tras otro intentando desligar al cristinismo de la responsabilidad del hecho.
 
Pero ese análisis fue debilitándose a medida que se conocieron las conclusiones de algunos peritajes. Entre ellas, el resultado negativo que arrojó el barrido electrónico, una prueba clave que, de haber salido positiva, hubiera confirmado la hipótesis de suicidio. La incertidumbre se potenció, posteriormente, por el hallazgo de una tercera vía de acceso al departamento del fiscal fallecido.
 
A esa altura, la "historia oficial" no resistía el menor análisis y por eso Cristina tuvo que pegar el volantazo, que estuvo acompañado por la construcción discursiva, basada en su intuición sin ningún tipo de pruebas, de una supuesta conspiración internacional en su contra.
 
Si el Gobierno no tiene nada que ver con la muerte de Nisman, la forma en que actuaron, cómo no actuaron ni lo cuidaron, las declaraciones que realizaron, las  manipulaciones que hicieron y la virtual desaparición de Cristina, los cubrió con un temible manto de sospecha. Se auto incriminaron hasta niveles inimaginables.
 
Hicieron todo mal: Berni en la escena del crimen durante 5 horas, ordenando quién entraba y quién no al departamento de Nisman, trataron de imponer la tesis del suicidio desde el comienzo, para después, dar un giro de 180°; buscaron forzar como 'normal' el silencio de Cristina, que es un grito de sospecha; plantaron en la investigación a elementos cristinistas para demoler la denuncia del Fiscal, en vez de esclarecer el hecho...
 
Las encuestas son muy claras: más de 70% de los consultados creen que Nisman no se suicidó, consideran que el Gobierno de CFK tiene "algún tipo de responsabilidad" y no esperan que la Justicia pueda atrapar a los culpables, ya sea materiales y, menos, intelectuales del hecho.
 
El Gobierno de CFK actuó como suele actuar cada vez que hay una crisis: Primero se escondieron, después negaron, luego denostaron, tergiversaron y relativizaron, pasaron a acusar y transferir culpas y, por fin, se victimizaron. Es un mecanismo de defensa cuando se sienten acorralados. Buscan así licuar el costo político con otros protagonistas y señalar responsables o inventar complot; todos tiros por la culata que los hace más culpables de lo que, quizás, ellos son.
 
Los K ahora quieren hacer creer que se trató de una vendetta de los servicios de Inteligencia, una operación de alcance planetario en la que también intervendría -según la hipótesis oficial- la CIA norteamericana y el Mossad israelí. De seguir por este camino, en poco tiempo, el cristinismo terminará culpando de sus males a una confabulación intergaláctica.
 
La Opinión Popular

25-01-2015 / 17:01
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