Nacionales - 15-08-2026 / 09:08
DEVASTACIÓN LABORAL: EL SALDO DEL DOGMA LIBERTARIO
La motosierra de Milei destruye el empleo formal y liquida la industria nacional
El empleo registrado retrocedió de nuevo en mayo y acumuló 3 meses consecutivos de caída, mientras el empleo asalariado privado lleva ya 1 año en terreno negativo y los despidos se multiplican en la industria. Desde que asumió Javier Milei en total se perdieron 411.600 puestos de trabajo y bajaron las persianas más de 30.000 empresas: “un 6 por ciento del total. Es la peor caída en los primeros 30 meses de un gobierno”, señaló un reporte de Fundar. Un promedio de 33,5 firmas por día, advirtió un informe de CEPA. Los datos oficiales muestran una pérdida de alrededor de 110.000 puestos solo en los últimos 12 meses y el deterioro comienza a traducirse en una sucesión de cierres y despidos en las industriales. Granja Tres Arroyos, Mirgor, Unilever, la textil Will Der y Metalfor dejaron en las últimas semanas cientos de puestos de trabajo bajo amenaza o directamente eliminados.
El modelo económico de Javier Milei profundiza la recesión y que ejecuta una demolición planificada sobre la estructura productiva del país. Con más de 411.000 puestos de trabajo formales destruidos desde el inicio de su gestión y el cierre de más de 30.000 empresas —a un ritmo atroz que supera las 33 firmas por día—, el mercado laboral argentino atraviesa su peor contracción en décadas.
El desplome deliberado del consumo interno y la apertura indiscriminada de importaciones configuran una pinza letal que golpea de lleno al corazón de la industria nacional, dejando como saldo plantas paralizadas y despidos masivos en firmas históricas como Granja Tres Arroyos, Unilever, Metalfor y el sector textil.
Lejos de corregir el rumbo, el Gobierno apela a un relato falaz que intenta maquillar el descalabro exhibiendo el alza del monotributo como un logro, cuando en rigor evidencia la precarización y el refugio desesperado de una masa de trabajadores expulsada del empleo de calidad.
Al convertir los ingresos populares y los derechos laborales en la principal variable de ajuste, la administración libertaria desmantela el tejido social y productivo argentino, empujando a miles de familias a la desocupación y la incertidumbre en nombre de un dogmatismo fiscal insensible y excluyente.
De la redacción de La Opinión Popular
El empleo registrado retrocedió de nuevo en mayo y acumuló 3 meses consecutivos de caída, mientras el empleo asalariado privado lleva ya 1 año en terreno negativo y los despidos se multiplican en la industria. Desde que asumió Javier Milei en total se perdieron 411.600 puestos de trabajo y bajaron las persianas más de 30.000 empresas: “un 6 por ciento del total. Es la peor caída en los primeros 30 meses de un gobierno”, señaló un reporte de Fundar. Un promedio de 33,5 firmas por día, advirtió un informe de CEPA. Los datos oficiales muestran una pérdida de alrededor de 110.000 puestos solo en los últimos 12 meses y el deterioro comienza a traducirse en una sucesión de cierres y despidos en las industriales. Granja Tres Arroyos, Mirgor, Unilever, la textil Will Der y Metalfor dejaron en las últimas semanas cientos de puestos de trabajo bajo amenaza o directamente eliminados.
Los números surgen de la información del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) procesada por la Secretaría de Trabajo. En mayo había 12.785.600 trabajadores registrados, contra 12.797.600 de abril. Un año antes, el universo alcanzaba los 12.861.000 puestos. Más allá de las diferencias que pueden surgir según la modalidad considerada, la tendencia muestra un mercado laboral que volvió a ingresar en una fase contractiva.
En la comparación mensual, el trabajo registrado privado se redujo 0,1 por ciento, equivalente a una pérdida neta cercana a 9.000 trabajadores en apenas 30 días. La caída fue menor a las registradas en marzo, cuando había alcanzado 0,2, y abril, con 0,3, pero no logró revertirse. Desde noviembre de 2023 se eliminaron 450 trabajadores puestos de trabajo por día, de acuerdo con la estimación del CEPA.
Como señal favorable, el Gobierno destacó el comportamiento del monotributo y del empleo en casas particulares, aunque estos trabajos refugio no alcanzan para recomponer el número y ya no equilibran la balanza de la desocupación. El Ejecutivo había sumado este dato al índice para tratar de compensar en el relato los registros negros del desempleo, causados por la política económica libertaria. Los monotributistas aumentaron en unos 2.700 durante mayo, un crecimiento mensual de 0,1 por ciento, mientras que en los últimos 12 meses se incorporaron más de 42.000 trabajadores bajo esa modalidad. El trabajo en casas particulares, por su parte, avanzó 0,3 por ciento, con cerca de 1.400 nuevos registros. Sin embargo, desde el CEPA advierten que en el sector de casas particulares se perdieron 30.133 empleos, lo que equivale a una baja de poco más de 33 puestos de trabajo por día.
El contraste es significativo: mientras disminuyen los puestos asalariados privados, una parte de la expansión se concentra en modalidades laborales que no ofrecen las mismas condiciones que una relación de dependencia. Además, los primeros datos correspondientes a junio tampoco muestran una recuperación. La Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), que releva empresas ubicadas en los principales centros urbanos, volvió a mostrar una disminución del empleo asalariado formal.
La estimación de las estadísticas laborales tiene su correlato en las fábricas. En apenas unas semanas se conocieron conflictos que involucraron a Granja Tres Arroyos, Mirgor y Unilever, con más de 600 puestos afectados. A esa lista se sumaron el cierre de las plantas textiles de Will Der y la crisis de Metalfor, fabricante de maquinaria agrícola que inició un fuerte proceso de reducción de personal.
Granja Tres Arroyos despidió a 255 trabajadores de su establecimiento de Concepción del Uruguay, sobre una dotación cercana a 700 empleados. La planta había dejado de producir en mayo y la compañía explicó la situación por una combinación de menores exportaciones, sobreoferta en el mercado doméstico y aumento de costos. Los gremios rechazaron que los trabajadores terminen funcionando como variable de ajuste y denunciaron además importantes atrasos salariales.
En Tierra del Fuego, Mirgor comunicó la desvinculación de 300 empleados de su planta de Río Grande en medio de un enfrentamiento con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). La firma atribuyó la decisión a las medidas de fuerza y aseguró que no respondía a una caída de la actividad. El gobierno provincial dictó una conciliación obligatoria por 15 días, que suspendió las desvinculaciones y abrió una negociación para intentar preservar los puestos.
Unilever muestra otra cara de la misma crisis industrial. La multinacional resolvió cerrar su histórica fábrica de Corralitos, en Guaymallén, Mendoza, después de 62 años de actividad. Allí se producían vegetales deshidratados utilizados para productos de Knorr y el cierre dejó sin empleo a 60 personas. La compañía continuará comercializando la marca en Argentina, pero con productos importados.
La combinación entre caída del mercado interno y mayor competencia externa aparece con particular fuerza en la industria textil. Will Der cerró sus plantas de General Pacheco y Las Flores y dejó sin trabajo a unos 120 empleados. La compañía fabricaba indumentaria deportiva para marcas internacionales y venía reduciendo su dotación desde 2023. El sector opera actualmente con menos del 45 por ciento de utilización de su capacidad instalada.
Al comunicar la situación, uno de los empresarios vinculados a la firma reconoció ante los trabajadores que la falta de pedidos y el reemplazo de producción nacional por importaciones habían vuelto insostenible la actividad. “Créanme, la política nos hundió”, afirmó. Y fue todavía más explícito frente a los empleados: “Piensen la próxima vez que voten”.
La escena condensó uno de los principales problemas que atraviesa actualmente la industria: el ajuste sobre los ingresos redujo la demanda doméstica mientras la apertura importadora aumentó la competencia sobre una producción nacional que todavía enfrenta elevados costos financieros y productivos.
Otro foco de conflicto se abrió en Córdoba. Metalfor, perteneciente al grupo Bertotto Boglione, decidió abandonar la producción en su planta de Noetinger y comenzó a trasladar maquinaria hacia otras instalaciones. Paralelamente, busca reducir alrededor del 60 por ciento de la dotación de su fábrica de Marcos Juárez: pretende desvincular a 225 trabajadores sobre un total de 375. La empresa solicitó un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) y reconoció un pasivo financiero superior a 52.000 millones de pesos con más de 20 entidades bancarias y crediticias. También registra atrasos salariales. La crisis ya había tenido un primer capítulo un mes atrás, cuando fueron despedidos 35 empleados mientras se disputaba un partido de la Selección argentina en el Mundial, después de que la propia empresa les permitiera retirarse antes para verlo. Metalfor propuso ahora acuerdos de extinción del vínculo que contemplan abonar una parte de las indemnizaciones en efectivo y otra mediante maquinaria y herramientas. Según la propuesta denunciada por los trabajadores, solamente 30 por ciento se pagaría en dinero y en 18 cuotas.
La sucesión de conflictos ocurre sobre un telón de fondo común. El empleo asalariado privado lleva 12 meses de contracción, la industria mantiene elevados niveles de capacidad ociosa y distintas empresas comenzaron a achicar estructuras, cerrar establecimientos o reemplazar producción local.
La política económica del gobierno de Javier Milei apuesta a que una mayor apertura y competencia externa obliguen a reorganizar el aparato productivo. Los datos laborales empiezan a mostrar el costo de esa transformación.
Fuente: Página 12