Nacionales - 08-08-2026 / 09:08
LEY DE PROPIEDAD PRIVADA
La ilusión libertaria en caída: el colapso legislativo de Milei expone un gobierno a la deriva
Foto: Federico Sturzenegger y Javier Milei. La media sanción de una acotada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada dejó en la Casa Rosada una sensación bastante menos celebratoria de la que suele acompañar las victorias legislativas del oficialismo. El Gobierno consiguió que el Senado aprobara uno de los proyectos que Javier Milei había incluido entre sus prioridades para el segundo semestre, pero lo hizo después de resignar buena parte de la iniciativa original y comprobar, una vez más, que los votos de sus aliados tienen límites. El resultado abrió además una ronda de pases de factura que alcanzó tanto al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, padre de la iniciativa, como a Patricia Bullrich, encargada de conducir la negociación en la Cámara alta.
El naufragio de la ley de propiedad privada dejó al descubierto la incompetencia política oficialista, las internas feroces en la Casa Rosada y un estruendoso choque contra el límite de sus propios aliados, en medio de una profunda crisis económica y un acelerado desencanto de la sociedad y de sus propios votantes. Un escenario agravado luego de que la cuestión Malvinas alrededor de la selección de fútbol generara un clima nacionalista que colisionó de frente contra el cipayismo libertario y expuso su escaso arraigo popular.
El bochornoso traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado representa el síntoma terminal de un oficialismo cegado por el dogmatismo y desprovisto de oficio político. Lo que el Ejecutivo pretendía vender como un triunfo terminó convertido en un cascarón vaciado: acorralada por la falta de apoyo de los bloques dialoguistas, la Casa Rosada debió capitular y retirar apresuradamente los capítulos centrales de extranjerización de tierras y la flexibilización de la Ley de Manejo del Fuego. El dictamen final fue aprobado desflecado y reducido a menos de un tercio de sus ambiciones originales, dejando al desnudo que las mayorías parlamentarias no se edifican con bravuconadas de redes sociales ni con intervenciones torpes como las del senador Joaquín Benegas Lynch, cuyos insultos a los senadores aliados terminaron de dinamitar los puentes de negociación.
Fiel a su matriz refractaria a la autocrítica, la reacción de la conducción libertaria ante semejante derrumbe consistió en desatar una inmediata cacería interna de chivos expiatorios. En lugar de asumir los errores de cálculo de la gestión, la Casa Rosada liderada por Javier y Karina Milei optó por aislar y "freezar" al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, amagando con congelar el resto de sus proyectos en carpeta tras convertirlo en un yunque político. Al mismo tiempo, el enojo oficialista apuntó directamente contra Patricia Bullrich, a quien responsabilizan por fallar en la contabilidad de los votos y perder el control de la sesión. Este pase de facturas expone un gabinete frágil y fracturado, donde los propios arquitectos del programa gubernamental son arrojados a los leones ante la primera turbulencia institucional.
En última instancia, la mutilación de este proyecto emblemático expone el techo del modelo libertario: una administración que chocó de frente contra el límite de sus aliados e incapaz de sostener consensos duraderos. La incapacidad para articular mayorías y la constante tendencia a refugiarse en la intransigencia demuestran que el dogmatismo autoritario se vuelve impotente ante la dinámica republicana. Con Sturzenegger desautorizado y Bullrich golpeada políticamente, el gobierno ingresa en una peligrosa fase de insularidad y parálisis parlamentaria, donde la falta de muñeca política condena al oficialismo a multiplicar derrotas mientras la gestión cotidiana se consume entre internas feroces e improvisación.
De la redacción de La Opinión Popular
La Política Online
Javier Milei acusó recibo de la derrota que implicó la media sanción del proyecto de ley de propiedad privada, podado por la oposición y los aliados del gobierno en los capítulos de extranjerización de la tierra y manejo del fuego.
La primera medida que habría resuelto sería la de retirar o congelar los demás proyectos que sean de autoría de Federico Sturzenegger, que se volvió un yunque para la Casa Rosada. Como reveló LPO, Karina Milei corrió al ministro de Desregulación en medio del conflicto con los prácticos por el decreto que desató un paro de 48 horas del gremio y la furia de las grandes empresas argentinas que operan en los puertos y necesitan de las funciones de esos trabajadores para su negocio.
Por esa pelea, hubo 180 buques demorados y las pérdidas económicas rondaron los 300 millones de dólares. En ese contexto, el ministro de Desregulación fue desplazado de la negociación por decisión de la Casa Rosada y ni siquiera figuró en el acta firmada entre las partes.
Una fuente de seguridad portuaria comentó a LPO que Karina lo llamó personalmente para comunicarle que no participaría de las conversaciones ni de la negociación que continuará en las próximas semanas. El encargado de destrabar el conflicto fue Diego Santilli.
En el Congreso, el camino sería similar solo que no solo la emprenderían contra Sturzenegger sino también contra Patricia Bullrich, a quien ya le habían intervenido el bloque con la incorporación de Karina y Lule Menem al grupo de WhatsApp por el que chatean los miembros de la bancada. "Los pusieron a Sturzenegger y Bullrich en el mismo pelotón, hicieron un combo de dos por uno con ellos", graficó un libertario.
Ante la consulta de LPO, fuentes al tanto de las conversaciones respondieron que "no se pueden retirar proyectos que ya tienen media sanción, como el de la ley Hojarasca, pero se pueden dejar morir". Esa iniciativa ya fue aprobada en junio en Diputados y todavía no empezó a debatirse en el Senado.
Los pusieron a Sturzenegger y Bullrich en el mismo pelotón, hicieron un combo de dos por uno con ellos.
Por otro lado, dos diputados libertarios deslizaron que, tras la derrota que sufrió este jueves Bullrich, el gobierno piensa en retirar el proyecto de ley de Lobby, una iniciativa para blanquear el cabildeo sectorial que también lleva el sello del ministro de Desregulación. Sturzenegger se convirtió en un problema político para Milei, quien escucha embelesado los dogmas de su ministro, mientras el resto del gabinete tiene que lidiar con el desorden que genera la aplicación de sus ideas en decretos o proyectos de ley.
Otro proyecto que el oficialismo abortaría es el de Desregulación, otra iniciativa ampulosa que por el momento es nada más que un borrador sujeto a revisión de Milei y que tiene unas 144 páginas. Entre sus propuestas, se impulsan modificaciones a normativas como el Régimen de Corretaje y las leyes de Protección de la Actividad Librera, se promueve la comercialización de medicamentos fuera en kioscos o por canales digitales y flexibiliza el mercado de Gas Licuado de Petróleo, entre otros aspectos.
ElDiarioAr
La media sanción de una acotada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada dejó en la Casa Rosada una sensación bastante menos celebratoria de la que suele acompañar las victorias legislativas del oficialismo. El Gobierno consiguió que el Senado aprobara uno de los proyectos que Javier Milei había incluido entre sus prioridades para el segundo semestre, pero lo hizo después de resignar buena parte de la iniciativa original y comprobar, una vez más, que los votos de sus aliados tienen límites. El resultado abrió además una ronda de pases de factura que alcanzó tanto al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, padre de la iniciativa, como a Patricia Bullrich, encargada de conducir la negociación en la Cámara alta.
La discusión comenzó incluso antes de que los senadores se sentaran en sus bancas. El proyecto había llegado al Congreso con dos capítulos particularmente sensibles: la modificación de la Ley de Tierras, que flexibilizaba las restricciones para la compra de campos por parte de extranjeros, y los cambios a la Ley de Manejo del Fuego. Ninguno de los dos sobrevivió al recorrido por el Senado. El primero fue retirado previo a la sesión ante la evidencia de que no estaban los votos y el segundo terminó cayéndose durante la votación, después de que los bloques provinciales dejaran en claro que tampoco estaban dispuestos a acompañarlo.
La poda dejó al proyecto reducido a cuatro capítulos y concentrado fundamentalmente en dos aspectos: la agilización de los desalojos y las modificaciones al régimen de expropiaciones. El oficialismo logró así la media sanción y giró el texto a Diputados, aunque a costa de desprenderse de algunas de las reformas que habían convertido a la iniciativa en una de las apuestas más ambiciosas de la agenda desreguladora de Milei, que comenzó con el DNU 70/2023.
Puertas adentro, mientras los hermanos Milei se encontraban de gira por Ecuador y Colombia, el traspié volvió a poner bajo la lupa una dinámica que hasta ahora había sido tolerada por las distintas terminales del oficialismo. Sturzenegger mantiene desde la creación ad hoc del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, en julio de 2024, un canal prácticamente directo con el Presidente para impulsar reformas. El ministro trabaja los proyectos con su equipo, se los presenta a Milei y, cuando consigue su aprobación, avanza con ellos sin que necesariamente atraviesen previamente el circuito político que controla Karina Milei, la secretaria general de la Presidencia.
o es una modalidad nueva. En buena medida, el ministerio que Milei creó a medida de Sturzenegger nació precisamente para institucionalizar ese mecanismo y darle al economista capacidad para revisar regulaciones y promover reformas en distintas áreas del Estado. Durante mucho tiempo, los resultados alcanzaron para amortiguar las objeciones. Pero el episodio de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada comenzó a alimentar una pregunta que hasta ahora circulaba con bastante menos intensidad: quién mide la viabilidad política de las iniciativas antes de que el Gobierno decida convertirlas en una batalla legislativa.
En sectores del karinismo señalan especialmente la falta de timing con la que se impulsó el proyecto y cuestionan que una iniciativa con consecuencias directas sobre los intereses de las provincias haya avanzado sin una instancia política previa capaz de detectar las resistencias. El problema, advierten, no fue solamente que hubiera artículos controvertidos, sino que la Casa Rosada terminó descubriendo en plena negociación parlamentaria que algunos de sus aliados habituales no estaban dispuestos a acompañarlos.
La discusión toca un punto particularmente sensible en el funcionamiento interno del Gobierno. Karina Milei construyó durante los últimos dos años un esquema cada vez más centralizado para controlar el vínculo con gobernadores y aliados provinciales. El método de Sturzenegger funciona, en los hechos, por un carril diferente: la legitimidad de sus proyectos proviene directamente de la aprobación presidencial. Mientras las iniciativas avanzan, ambas lógicas pueden convivir. Cuando aparecen derrotas o concesiones importantes, la ausencia de una instancia de coordinación se vuelve mucho más visible.
Pero Sturzenegger no fue el único destinatario de los reproches. Parte de las miradas también se dirigieron hacia la propia Bullrich, que había quedado a cargo de reunir los votos necesarios en el Senado. La exministra de Seguridad había demostrado durante los últimos meses capacidad para articular acuerdos con bloques dialoguistas y fuerzas provinciales, pero esta vez encontró una resistencia que no consiguió doblegar.
Bullrich terminó admitiendo las dificultades apenas abandonó el recinto. En una entrevista con TN en la puerta del Congreso, con la sesión ya terminada, vinculó el traspié con el tiempo que el Senado permaneció prácticamente paralizado durante la crisis que atravesó Manuel Adorni y, posteriormente, con el Mundial. “Durante meses fue muy importante que cada vez que se hablaba de algo, se hablaba de Adorni; después vino el Mundial”, sostuvo.
La senadora incluso dejó planteado que el desenlace podría haber sido otro si el Gobierno hubiera llevado la iniciativa al recinto algunos meses antes. “Seguramente se hubiera aprobado. Con la ley de Tierras, con todo”, se lamentó durante la madrugada. Su explicación introdujo una variable incómoda para la Casa Rosada, pero también funcionó como una manera de responder anticipadamente a los cuestionamientos por no haber conseguido esta vez los votos necesarios para sostener el proyecto completo.
No era la primera vez que Bullrich marcaba diferencias alrededor de aquella decisión. Durante los meses en los que Adorni quedó bajo presión por su situación judicial, había advertido puertas adentro sobre el costo político que implicaba sostenerlo y sobre las consecuencias de mantener prácticamente congelada la actividad de la Cámara alta para impedir que la oposición avanzara con su interpelación.
Lo cierto es que el episodio expuso una dificultad más amplia para el oficialismo. La mayoría que Milei consiguió construir en distintas votaciones desde el comienzo de su gestión nunca funcionó como una coalición estable, sino como una suma cambiante de acuerdos con gobernadores y bloques provinciales. La Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada volvió a mostrar hasta dónde puede estirarse esa alianza: los mismos senadores que están dispuestos a acompañar al Gobierno en reformas nacionales pueden tomar distancia cuando consideran que una iniciativa afecta intereses económicos, productivos o territoriales de sus provincias.
Fuentes: La Política Online y elDiarioAR