Entre Ríos - 02-07-2026 / 14:07
"HAZ LO QUE YO DIGO, PERO NO LO QUE YO HAGO"
El papelón de Dal Molín y el colapso moral de la reforma previsional de Frigerio
El caso de Dal Molín es el reflejo de una cultura política que la gestión de Frigerio prometió desterrar pero que hoy ejecuta con total impunidad. La distancia entre el discurso público y la acción privada del oficialismo es obscena. Mientras que al pueblo entrerriano se le exige trabajar hasta los 65 años y aportar durante 35 años, en las sombras los mismos encargados de redactar la ley apuran sus trámites previsionales para ponerse a salvo antes de que se apruebe el recorte.
El debate por la reforma previsional impulsada por el gobernador Rogelio Frigerio ha dejado de ser una discusión técnica sobre el déficit fiscal para convertirse en un espectáculo de incoherencia política. La revelación de que el senador provincial Rubén Dal Molín (Juntos por Entre Ríos), uno de los máximos defensores y articuladores del ajuste jubilatorio, inició su propio trámite de retiro bajo la ley vigente en pleno debate legislativo, desnudó el doble discurso de la dirigencia oficialista entrerriana.
La posterior marcha atrás del legislador, quien ensayó una disculpa pública tras quedar expuesto, no hace más que confirmar la falta de seriedad y credibilidad de un gobierno que exige sacrificios a la ciudadanía mientras sus propios funcionarios intentan ponerse a salvo.
La anatomía de la trampa: "Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago"
Mientras el oficialismo defiende un proyecto de ley que estira la edad jubilatoria a los 65 años, eleva la exigencia a 35 años de aportes y aumenta los descuentos a los trabajadores activos entre un 2% y un 3%, Dal Molín operaba en sentido contrario para su beneficio personal.
El 25 de junio, de manera silenciosa, el senador presentó su solicitud ante la Caja de Jubilaciones y Pensiones de la provincia. El objetivo era claro: blindar su propia jubilación con el régimen actual, mucho más beneficioso, esquivando las restricciones y el ajuste que él mismo redactó y pretende imponerle al resto de los entrerrianos.
El "arrepentimiento" express como control de daños
Tras el escándalo mediático y el masivo repudio social y gremial, Dal Molín se vio obligado a retirar el trámite y ensayar una tibia autocrítica que terminó de dinamitar su autoridad moral:
"Fue un error presentar el pedido de jubilación, pido disculpas y ya pedí el retiro del trámite. Comprendo perfectamente que en el momento en que estamos discutiendo la sustentabilidad del sistema previsional, mi acción resulta contradictoria", declaró el senador oficialista.
Este intento de control de daños es de una poca seriedad alarmante. No se trató de un "descuido" administrativo o de un malentendido: fue una decisión consciente e incompatible con su rol legislativo. Que el senador pida disculpas solo porque fue descubierto demuestra que la ética de la dirigencia oficialista no se rige por principios, sino por el miedo al costo político y al escrache público.
Una dirigencia sin autoridad moral para ajustar
El caso de Dal Molín es el reflejo de una cultura política que la gestión de Frigerio prometió desterrar pero que hoy ejecuta con total impunidad. La distancia entre el discurso público y la acción privada del oficialismo es obscena. Mientras que al pueblo entrerriano se le exige trabajar hasta los 65 años y aportar durante 35 años, en las sombras los mismos encargados de redactar la ley apuran sus trámites previsionales para ponerse a salvo antes de que se apruebe el recorte.
De la misma manera, se le impone a la ciudadanía aceptar salarios de miseria y sumas en negro que terminan de desfinanciar la Caja, al mismo tiempo que se sostienen estructuras políticas costosas y se mantienen los sueldos de la casta provincial intactos. La receta oficialista siempre le pide tolerancia a los trabajadores frente al ajuste bajo la premisa de que "no hay plata", pero la realidad demuestra que los funcionarios solo retroceden en sus privilegios y muestran un atisbo de "arrepentimiento" cuando el escándalo salta a la luz pública y el costo político se vuelve insostenible.
¿Con qué cara va a mirar el bloque oficialista a los docentes, médicos, policías y empleados públicos a los que pretenden recortarles el futuro? ¿Cómo sostener el argumento de la "emergencia previsional" cuando los mismos que firman los dictámenes de comisión buscan atajos legales para no sufrir el impacto de sus propias leyes?
La ilegitimidad del proyecto
La reforma previsional de Frigerio carece de legitimidad. La desprolijidad institucional y la falta de empatía con el bolsillo del trabajador entrerriano ya eran alarmantes, pero el oportunismo de Dal Molín terminó de quebrar la confianza.
Fuente: AIM - Análisis Digital