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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 17-05-2026 / 13:05
SAQUEO INSTITUCIONALIZADO

El SuperRIGI: Sacarle a los de abajo para financiar a los de arriba

El SuperRIGI: Sacarle a los de abajo para financiar a los de arriba
El contraste es obsceno. Por un lado, se le pide al ciudadano común un "sacrificio heroico" ante la falta de medicamentos, el aumento de tarifas y la caída del consumo. Por el otro, se firman decretos que blindan las ganancias de los sectores más concentrados de la economía
Detrás del barniz ideológico de una "libertad" que solo beneficia a los sectores más concentrados, se esconde un mecanismo perverso de transferencia de ingresos: el "Hood Robin" criollo.
 
Mientras el ajuste asfixia a jubilados, trabajadores y comerciantes, el Gobierno de Milei pavimenta el camino para que una nueva burguesía tecno-financiera se apropie de la renta nacional, transformando el sacrificio popular en ganancias extraordinarias para un puñado de corporaciones amigas que operan bajo el amparo de un Estado que solo es "ausente" para quienes necesitan salud y educación, pero muy presente para blindar el negocio de los poderosos.
 
El SuperRIGI no es una herramienta de desarrollo, sino el certificado de defunción de nuestra soberanía económica, entregando los recursos estratégicos a merced de un extractivismo descontrolado que no conoce fronteras ni responsabilidades sociales.

 
Bajo esta lógica de saqueo institucionalizado, la Casa Rosada desmantela el futuro productivo del país para convertirlo en una zona franca de privilegios para el capital transnacional y los "tecnoproceres" de turno, consolidando un modelo donde el progreso es un lujo de casta y la intemperie es el destino obligado para las mayorías populares.
 
De la redacción de La Opinión Popular 

La gestión de Javier Milei ha pasado de la teoría austríaca a una práctica mucho más antigua y conocida en nuestra historia: la consolidación de una oligarquía moderna. Bajo el disfraz de la modernización, lo que estamos presenciando es la ejecución de un plan de "Hood Robin": un sistema donde el Estado se achica para la gente, pero se agiganta para garantizar los negocios de unos pocos elegidos.
 
La Burguesía del "Cielo" y los Negocios de Casta

El concepto de "Hood Robin" no es solo una ironía semántica; es la descripción precisa de la política económica actual. Mientras la clase media y los sectores populares ven cómo sus ingresos se pulverizan, el Gobierno diseña un ecosistema a medida para su propia "burguesía militante".

 
Transferencia Directa: La desregulación no ha traído competencia, sino una concentración de riqueza en sectores estratégicos (energía, finanzas y tecnología).
 
El Estado como Garante: Lejos de desaparecer, el Estado interviene activamente para "limpiar" el terreno de juego en favor de grandes grupos económicos, eliminando protecciones laborales y ambientales que eran el último refugio de la soberanía nacional.
 
El SuperRIGI: Fronteras Abiertas al Extractivismo Tecno
La joya de la corona de este esquema es el llamado "SuperRIGI". Bajo la promesa de atraer inversiones que nunca terminan de derramar en el bolsillo del trabajador, la Casa Rosada ha decidido abrir las fronteras de par en par. No es una invitación al desarrollo, es un permiso de saqueo.

 
"El SuperRIGI es la formalización de la entrega. Se le otorgan beneficios impositivos y cambiarios por décadas a empresas que no tienen la obligación de dejar un solo dólar en el país, ni de contratar proveedores locales."
 
Este régimen no busca industrializar Argentina, sino convertirla en una zona franca gigante para los tecnoempresarios. Es el modelo de "extractivismo de datos y recursos": ellos se llevan la riqueza (litio, energía, talento nacional barato) y nosotros nos quedamos con el ajuste y la deuda social.
 
¿Libertad para Quién?
El contraste es obsceno. Por un lado, se le pide al ciudadano común un "sacrificio heroico" ante la falta de medicamentos, el aumento de tarifas y la caída del consumo. Por el otro, se firman decretos que blindan las ganancias de los sectores más concentrados de la economía.

 
La narrativa de la "libertad" se desmorona cuando se observa quiénes son los verdaderos beneficiarios:
 
Grandes Fondos de Inversión: Que ven en Argentina una liquidación de fin de temporada.
Empresarios "Tech" Amigos: Que gozan de un marco legal diseñado en sus propios estudios jurídicos.
La Casta Financiera: Que vuelve a ser el motor de una economía que no produce nada más que especulación.
 
Argentina está frente a un modelo de país atendido por sus propios dueños. El saqueo institucionalizado a través del SuperRIGI y la consolidación de esta nueva burguesía mileísta marcan un punto de no retorno para la soberanía nacional.
 
La pregunta que queda flotando en las calles, mientras el hambre aprieta y las promesas se evaporan, es simple: ¿Hasta cuándo el pueblo financiará la fiesta de los que siempre caen parados?
 
Fuente: Página 12
 

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El naufragio de la ley de propiedad privada dejó al descubierto la incompetencia política oficialista, las internas feroces en la Casa Rosada y un estruendoso choque contra el límite de sus propios aliados, en medio de una profunda crisis económica y un acelerado desencanto de la sociedad y de sus propios votantes. Un escenario agravado luego de que la cuestión Malvinas alrededor de la selección de fútbol generara un clima nacionalista que colisionó de frente contra el cipayismo libertario y expuso su escaso arraigo popular.
 
El bochornoso traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado representa el síntoma terminal de un oficialismo cegado por el dogmatismo y desprovisto de oficio político. Lo que el Ejecutivo pretendía vender como un triunfo terminó convertido en un cascarón vaciado: acorralada por la falta de apoyo de los bloques dialoguistas, la Casa Rosada debió capitular y retirar apresuradamente los capítulos centrales de extranjerización de tierras y la flexibilización de la Ley de Manejo del Fuego. El dictamen final fue aprobado desflecado y reducido a menos de un tercio de sus ambiciones originales, dejando al desnudo que las mayorías parlamentarias no se edifican con bravuconadas de redes sociales ni con intervenciones torpes como las del senador Joaquín Benegas Lynch, cuyos insultos a los senadores aliados terminaron de dinamitar los puentes de negociación.
 
Fiel a su matriz refractaria a la autocrítica, la reacción de la conducción libertaria ante semejante derrumbe consistió en desatar una inmediata cacería interna de chivos expiatorios. En lugar de asumir los errores de cálculo de la gestión, la Casa Rosada liderada por Javier y Karina Milei optó por aislar y "freezar" al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, amagando con congelar el resto de sus proyectos en carpeta tras convertirlo en un yunque político. Al mismo tiempo, el enojo oficialista apuntó directamente contra Patricia Bullrich, a quien responsabilizan por fallar en la contabilidad de los votos y perder el control de la sesión. Este pase de facturas expone un gabinete frágil y fracturado, donde los propios arquitectos del programa gubernamental son arrojados a los leones ante la primera turbulencia institucional.
 
 
En última instancia, la mutilación de este proyecto emblemático expone el techo del modelo libertario: una administración que chocó de frente contra el límite de sus aliados e incapaz de sostener consensos duraderos. La incapacidad para articular mayorías y la constante tendencia a refugiarse en la intransigencia demuestran que el dogmatismo autoritario se vuelve impotente ante la dinámica republicana. Con Sturzenegger desautorizado y Bullrich golpeada políticamente, el gobierno ingresa en una peligrosa fase de insularidad y parálisis parlamentaria, donde la falta de muñeca política condena al oficialismo a multiplicar derrotas mientras la gestión cotidiana se consume entre internas feroces e improvisación.
 
De la redacción de La Opinión Popular

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