La Opinión Popular
                  04:54  |  Martes 25 de Agosto de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná

Por
“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
Recomendar Imprimir
Nacionales - 03-05-2026 / 10:05
EL DISCIPLINAMIENTO DEL SILENCIO

La "guerra" de Milei contra la libertad de prensa y expresión

La
La violencia presidencial contra la prensa es el síntoma de una debilidad profunda. Como analizamos anteriormente, mientras el establishment económico empieza a "soltarle la mano" por su impericia en la gestión y caída en las encuestas, Milei se refugia en el ataque al mensajero. Pero la historia es implacable: no hay blindaje mediático, ni censura administrativa, que pueda ocultar por mucho tiempo la realidad de un modelo que cruje. La libertad no es un eslogan para gritar en un estrado; es, ante todo, la garantía de que el poder pueda ser cuestionado sin temor a represalias.
Detrás de la retórica de la libertad se esconde un autoritarismo digital que ha convertido la difamación y el hostigamiento en herramientas centrales de gestión. Bajo el pretexto de combatir un supuesto "curro" de los medios, el gobierno de Javier Milei ha instaurado un sistema de censura de hecho que combina la asfixia económica con el bloqueo administrativo en la Casa Rosada, degradando la libertad de expresión a un nivel de precariedad institucional sin precedentes en nuestra democracia.

Esta guerra declarada contra el periodismo no es más que la cortina de humo necesaria para ocultar un modelo que ya no puede sostenerse con argumentos. Ante el creciente rechazo popular y el desencanto de parte del círculo rojo, el mandatario recurre a la violencia verbal y al amordazamiento de la crítica como último refugio; una maniobra desesperada de quien, habiendo cumplido su rol de "ariete" para el saqueo del establishment, intenta ahora silenciar a los testigos de su propio ocaso político.
 
De la redacción de La Opinión Popular 

El gobierno de Javier Milei ha inaugurado una etapa oscura para el ejercicio del periodismo en Argentina. Lo que en campaña parecía un estilo "disruptivo" se ha transformado, desde el sillón de Rivadavia, en una política de Estado basada en el hostigamiento, la censura administrativa y la descalificación sistemática. Para el ecosistema libertario, la prensa no es un contrapoder necesario, sino un enemigo al que hay que asfixiar para que el relato oficial no encuentre fisuras.
 
Un escenario de hostigamiento inédito
La gravedad de la situación llegó a las puertas del Congreso. En una jornada que marcó un precedente alarmante, diversos referentes de medios y organizaciones de prensa expusieron ante la Cámara de Diputados el nivel de violencia que emana desde la cima del Poder Ejecutivo. Como consignó el diario Ámbito, el diagnóstico es compartido por trabajadores de todo el arco ideológico: "Por las agresiones de Javier Milei a la prensa, periodistas y referentes de medios expusieron en Diputados" alertando sobre una dinámica que excede lo verbal para convertirse en un riesgo físico y profesional.
 
Este clima de violencia no es casual; es el combustible que alimenta a las milicias digitales del oficialismo, que replican cada insulto presidencial transformándolo en amenazas concretas hacia quienes osan cuestionar la gestión.
 
El "curro" de la verdad
Para justificar este atropello, el Presidente ha construido una narrativa donde el periodismo es un eslabón más de la "casta". Bajo el concepto de "el curro de los medios", Milei intenta deslegitimar cualquier investigación incómoda. Jorge Fontevecchia, en su columna para Perfil, analiza con agudeza esta estrategia de demolición pública: "Milei necesita instalar la idea de que los medios son un negocio espurio para blindarse ante el fracaso de sus propias promesas", señala Fontevecchia, subrayando que el ataque a la pauta oficial no fue un ahorro fiscal, sino una herramienta de disciplinamiento político.
 
Al tildar a los periodistas de "ensobrados" sin pruebas, el mandatario busca anular la función social de la prensa: el escrutinio del poder.
 
De la agresión verbal a la censura administrativa
Cuando los gritos en las redes no alcanzan, el gobierno recurre a las vallas. La libertad de expresión hoy se choca con los controles de la Casa Rosada. La cadena internacional DW ha documentado cómo el acceso a la información se ha convertido en un privilegio discrecional para los amigos del régimen: "La Argentina de Milei: bloqueo a periodistas en la Casa Rosada". Según este reporte, se han implementado "nuevos requisitos de acreditación que funcionan, en la práctica, como un filtro ideológico para decidir quién puede y quién no puede preguntar".
 
Este bloqueo no solo afecta el derecho al trabajo de los cronistas, sino el derecho de la sociedad a estar informada. Un gobierno que se jacta de amar la "libertad" por encima de todo, parece tenerle un miedo pánico a la libertad de pregunta.
 
Conclusión:
La violencia presidencial contra la prensa es el síntoma de una debilidad profunda. Como analizamos anteriormente, mientras el establishment económico empieza a "soltarle la mano" por su impericia en la gestión y caída en las encuestas, Milei se refugia en el ataque al mensajero. Pero la historia es implacable: no hay blindaje mediático, ni censura administrativa, que pueda ocultar por mucho tiempo la realidad de un modelo que cruje. La libertad no es un eslogan para gritar en un estrado; es, ante todo, la garantía de que el poder pueda ser cuestionado sin temor a represalias.
 
Fuentes: Pefil, Ámbito y DW.

Agreganos como amigo a Facebook
20-08-2026 / 10:08
17-08-2026 / 10:08
15-08-2026 / 09:08
09-08-2026 / 17:08
08-08-2026 / 09:08
El naufragio de la ley de propiedad privada dejó al descubierto la incompetencia política oficialista, las internas feroces en la Casa Rosada y un estruendoso choque contra el límite de sus propios aliados, en medio de una profunda crisis económica y un acelerado desencanto de la sociedad y de sus propios votantes. Un escenario agravado luego de que la cuestión Malvinas alrededor de la selección de fútbol generara un clima nacionalista que colisionó de frente contra el cipayismo libertario y expuso su escaso arraigo popular.
 
El bochornoso traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado representa el síntoma terminal de un oficialismo cegado por el dogmatismo y desprovisto de oficio político. Lo que el Ejecutivo pretendía vender como un triunfo terminó convertido en un cascarón vaciado: acorralada por la falta de apoyo de los bloques dialoguistas, la Casa Rosada debió capitular y retirar apresuradamente los capítulos centrales de extranjerización de tierras y la flexibilización de la Ley de Manejo del Fuego. El dictamen final fue aprobado desflecado y reducido a menos de un tercio de sus ambiciones originales, dejando al desnudo que las mayorías parlamentarias no se edifican con bravuconadas de redes sociales ni con intervenciones torpes como las del senador Joaquín Benegas Lynch, cuyos insultos a los senadores aliados terminaron de dinamitar los puentes de negociación.
 
Fiel a su matriz refractaria a la autocrítica, la reacción de la conducción libertaria ante semejante derrumbe consistió en desatar una inmediata cacería interna de chivos expiatorios. En lugar de asumir los errores de cálculo de la gestión, la Casa Rosada liderada por Javier y Karina Milei optó por aislar y "freezar" al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, amagando con congelar el resto de sus proyectos en carpeta tras convertirlo en un yunque político. Al mismo tiempo, el enojo oficialista apuntó directamente contra Patricia Bullrich, a quien responsabilizan por fallar en la contabilidad de los votos y perder el control de la sesión. Este pase de facturas expone un gabinete frágil y fracturado, donde los propios arquitectos del programa gubernamental son arrojados a los leones ante la primera turbulencia institucional.
 
 
En última instancia, la mutilación de este proyecto emblemático expone el techo del modelo libertario: una administración que chocó de frente contra el límite de sus aliados e incapaz de sostener consensos duraderos. La incapacidad para articular mayorías y la constante tendencia a refugiarse en la intransigencia demuestran que el dogmatismo autoritario se vuelve impotente ante la dinámica republicana. Con Sturzenegger desautorizado y Bullrich golpeada políticamente, el gobierno ingresa en una peligrosa fase de insularidad y parálisis parlamentaria, donde la falta de muñeca política condena al oficialismo a multiplicar derrotas mientras la gestión cotidiana se consume entre internas feroces e improvisación.
 
De la redacción de La Opinión Popular

NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar