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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 02-04-2026 / 18:04
2 DE ABRIL DE 1976: COMIENZA EL PLAN ECONÓMICO DE LA DICTADURA GENOCIDA

Las simetrías estructurales entre el plan de Martínez de Hoz y la era Milei

Las simetrías estructurales entre el plan de Martínez de Hoz y la era Milei
La historia no se repite exactamente, pero sus rimas son inquietantes.
La historia argentina parece empecinada en retornar a ciertos puntos de inflexión donde la teoría económica se funde con experimentos de refundación social. Al cumplirse un nuevo aniversario del desembarco de José Alfredo Martínez de Hoz en el Ministerio de Economía en 1976, el debate político actual se ve atravesado por una pregunta inevitable: ¿cuánto del ADN de aquel programa sobrevive en el esquema de "motosierra y liberación" que propone Javier Milei?
 


Aunque los contextos políticos son opuestos —una dictadura genocida frente a un gobierno surgido de las urnas—, las coordenadas macroeconómicas guardan una similitud que va más allá de la coincidencia. El plan de 1976 y el programa libertario de 2024 comparten un mismo norte: la desarticulación del modelo de sustitución de importaciones y la entronización del mercado como único asignador de recursos.

 
El plan de Martínez de Hoz dejó una deuda externa impagable y una industria diezmada; el experimento actual está en pleno desarrollo, pero sus cimientos parecen haber sido excavados en el mismo terreno.
 


De la redacción de La Opinión Popular

La liberación de precios y el ancla salarial
El 2 de abril de 1976, Martínez de Hoz anunció un plan basado en la liberación de precios y el congelamiento de salarios. El argumento de entonces era que la inflación se debía a la "distorsión" provocada por la intervención estatal. Hoy, la administración Milei replica esa lógica: una desregulación masiva de precios (tarifas, combustibles, prepagas, alquileres) mientras los ingresos reales de los trabajadores y jubilados operan como el verdadero "ancla" del programa para contener la escalada inflacionaria.
 
En ambos casos, el resultado inmediato es una transferencia de recursos sin precedentes: una caída abrupta de la participación de los asalariados en el Producto Bruto Interno, que en 1976 pasó del 46% al 35% en pocos meses, reflejando un empobrecimiento planificado de los sectores medios y bajos.
 
"Achicar el Estado para agrandar la Nación"
La famosa consigna del Proceso de Reorganización Nacional encuentra hoy un eco en la retórica del "Estado como organización criminal". La estrategia de 1976 incluía la desnacionalización de empresas públicas y el despido de agentes estatales, bajo la premisa de que el sector público era el lastre que impedía el crecimiento.
 
Milei lleva esta premisa al extremo, no solo buscando la privatización de las empresas remanentes, sino cuestionando la existencia misma de funciones estatales básicas. La apertura comercial indiscriminada es otro punto de contacto: la eliminación de gravámenes a la importación y la desprotección de la pequeña y mediana empresa nacional son herramientas que ambos planes utilizaron para "disciplinar" a la industria local a través de la competencia externa, a menudo a costa de la desindustrialización.
 
La bicicleta y la deuda: El eje financiero
 
Uno de los pilares del plan de "Joe" Martínez de Hoz fue la reforma financiera de 1977, que liberó las tasas de interés y permitió el ingreso de capitales especulativos, dando origen a la "bicicleta financiera". El endeudamiento externo se convirtió en la vía para sostener un esquema de dólares baratos que terminó en una fuga masiva de capitales y la posterior estatización de deudas privadas.
43 años después del plan neoliberal de ajuste de Martínez de Hoz que dejó al país en bancarrota
Martínez de Hoz y David Rockefeller.
 
En el presente, el esquema de "carry trade" y la dependencia de los acuerdos con el FMI para sostener la paridad cambiaria sugieren un riesgo similar. La prioridad otorgada al pago de intereses y al equilibrio fiscal financiero, por encima de la producción real, marca una continuidad en la visión de la economía como un tablero de activos financieros antes que un sistema de producción y empleo.
 
El costo de la "esperanza"
En 1976, la prensa oficialista presentaba a Martínez de Hoz como "el dueño de la esperanza". Hoy, esa narrativa se apoya en el "sacrificio necesario" para alcanzar un futuro de prosperidad que siempre parece estar unos meses más allá. Sin embargo, los paralelos históricos advierten que cuando el ajuste se vuelve el centro de la política económica, los ganadores suelen ser los sectores más concentrados y la banca internacional, mientras que el tejido social y la industria nacional quedan marcados por una cicatriz difícil de borrar.
 
La historia no se repite exactamente, pero sus rimas son inquietantes. El plan de Martínez de Hoz dejó una deuda externa impagable y una industria diezmada; el experimento actual está en pleno desarrollo, pero sus cimientos parecen haber sido excavados en el mismo terreno.

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02-04-2026 / 18:04
02-04-2026 / 18:04
01-04-2026 / 14:04
La Argentina de Javier Milei ha ingresado en una fase peligrosa: la de la construcción de una realidad paralela. Mientras las persianas de las pymes se bajan definitivamente, los comedores populares se desbordan y el consumo de leche cae a niveles históricos, el Gobierno nacional ha decidido que la mejor manera de combatir la pobreza no es con políticas públicas, sino con un lápiz y una goma de borrar en las oficinas del INDEC.


El reciente anuncio que sitúa la pobreza en un 28,2% para el segundo semestre de 2025 no es solo una provocación; es un insulto a la inteligencia de un pueblo que sobrevive en el ajuste más brutal de la historia argentina moderna. Estamos ante el "milagro estadístico" de un gobierno que pretende hacernos creer que, en medio de una recesión galopante y salarios de miseria, la pobreza ha retrocedido por arte de magia.



Javier Milei ha decidido abrazar el dogma por encima de la vida. Su gestión se ha convertido en una maquinaria de propaganda que utiliza la macroeconomía financiera para ocultar la microeconomía de la heladera vacía. Festejar un 28,2% de pobreza en un contexto de desguace del Estado, entrega de la soberanía y destrucción del mercado interno no es solo cinismo; es una declaración de guerra contra la realidad.



El Gobierno podrá seguir "dibujando" números y publicando gráficos en redes sociales, pero la calle tiene su propia estadística. Y en esa estadística, la que se mide en el boleto de colectivo, en el alquiler impagable y en el plato de comida que falta, el modelo de Milei solo ha demostrado ser un éxito en una sola cosa: en producir una miseria estructural que ningún comunicado oficial podrá ocultar por mucho tiempo. El despertar de este sueño estadístico será, lamentablemente, una pesadilla social de la que nos costará años recuperarnos.


De la redacción de La Opinión Popular

31-03-2026 / 16:03
29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

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