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VACA MUERTA: VICTORIA SOBERANA, PAPELÓN LIBERTARIO.

El fallo de YPF que consagra a Kicillof y deja a Milei como abogado de los buitres

El fallo de YPF que consagra a Kicillof y deja a Milei como abogado de los buitres
Bajo su falaz premisa de que Argentina debía arrodillarse y pagar sumas millonarias a los especuladores para ser supuestamente un "país serio", Milei no hacía más que militar una rendición económica que hoy el fallo declara innecesaria, confirmando que ejercer el derecho soberano no tiene precio. Finalmente, su ensañamiento al calificar la defensa argentina como una "mala praxis" queda reducido a un berrinche ideológico o a un acuerdo con los buitres, ya que fue precisamente la estrategia jurídica diseñada por Axel Kicillof la que resultó ganadora en los tribunales de Nueva York, salvaguardando el patrimonio nacional frente a la voracidad de los fondos buitres que el propio Milei, con un oportunismo alarmante, supo defender.
La historia, caprichosa pero justa, suele poner las cosas en su lugar. El reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que rechaza de plano la demanda de los fondos buitres contra la República Argentina por la recuperación de YPF, no es solo un alivio para las cuentas públicas; es la partida de nacimiento de una verdad que el relato libertario intentó asfixiar: la soberanía nacional no fue un error, sino el acierto estratégico más importante del siglo XXI.


Este veredicto no constituye únicamente una victoria jurídica, sino que representa una reivindicación política total para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía comprendió que un país sin el control de su propia energía es un país sin destino. El tiempo, ese juez implacable, terminó por darle la razón: hoy, Vaca Muerta no es una entelequia, sino una realidad que bate récords de producción y sostiene el andamiaje de una Argentina que, de otro modo, estaría de rodillas.

 
En este escenario, es imperativo apelar a la memoria y desenmascarar el cinismo. El hoy presidente no fue un observador neutral en esta disputa; fue un militante activo y un lobbista desfachatado del bando buitre. Javier Milei, el mismo hombre que ahora intenta "caranchear" miserablemente un triunfo judicial ajeno, construyó su carrera mediática descalificando sistemáticamente la recuperación de YPF como un "robo" y un "atropello a la propiedad privada". Su alineamiento con el capital especulativo fue tan obsceno que llegó a proponer la creación de un humillante "Impuesto Kicillof": una tasa destinada a esquilmar al pueblo argentino para pagarle a los fondos buitres una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. Como bien señaló el gobernador bonaerense ante la contundencia del fallo: "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país".

 
La contundencia de la sentencia dictada en Nueva York se traduce en una victoria multidimensional. En el plano fiscal, la Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una cifra astronómica fabricada por la voracidad especuladora. En lo estratégico, el fallo ratifica la legalidad internacional de la expropiación, blindando la soberanía sobre nuestros recursos naturales. Finalmente, en el terreno político, el veredicto desmantela el relato de la "mala praxis" esgrimido por Milei, validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros internacionales.


De la redacción de La Opinión Popular
El "Efecto Buitre" en la Rosada

Pero mientras el país celebra el ahorro de 16.100 millones de dólares -una cifra que el actual Gobierno Nacional ya estaba dispuesto a entregar-, queda expuesta la figura de Javier Milei en toda su fragilidad moral y política.


Es necesario tener memoria. El hoy presidente no fue un observador neutral; fue un militante del bando contrario. Milei, el hombre que ahora intenta "caranchear" un triunfo judicial ajeno, fue el mismo que propuso el humillante "Impuesto Kicillof": una tasa para pagarle a los especuladores una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país", afirmó Axel Kicillof.

La contradicción es total y roza el ridículo. Milei llamó "robo" a la estatización y tildó de "incompetente" la defensa argentina. Sin embargo, los mismos argumentos técnicos diseñados por Kicillof y sostenidos por los abogados del Estado son los que finalmente convencieron al tribunal de Nueva York. Milei festeja un gol que quiso anular.

La estafa del discurso libertario


El fallo desmorona el eje central del relato oficialista. Durante meses, se nos dijo que Argentina era un "paria" por no someterse a los estatutos de Wall Street sobre la ley nacional. El fallo dice lo contrario: ratifica que la expropiación fue un acto soberano bajo ley argentina.


El estrepitoso derrumbe del relato de Javier Milei ha quedado expuesto ante la contundencia de la realidad judicial: mientras el actual presidente fustigaba la estatización tildándola de un "robo" ilegal, la justicia internacional acaba de ratificar la absoluta legalidad y soberanía de la decisión estratégica tomada en 2012.

 
Bajo su falaz premisa de que Argentina debía arrodillarse y pagar sumas millonarias a los especuladores para ser supuestamente un "país serio", Milei no hacía más que militar una rendición económica que hoy el fallo declara innecesaria, confirmando que ejercer el derecho soberano no tiene precio. Finalmente, su ensañamiento al calificar la defensa argentina como una "mala praxis" queda reducido a un berrinche ideológico o a un acuerdo con los buitres, ya que fue precisamente la estrategia jurídica diseñada por Axel Kicillof la que resultó ganadora en los tribunales de Nueva York, salvaguardando el patrimonio nacional frente a la voracidad de los fondos buitres que el propio Milei, con un oportunismo alarmante, supo defender.

Resulta paradójico -y casi poético- que el modelo económico de Milei, que desprecia lo público, se sostenga hoy gracias a las divisas y el autoabastecimiento que genera esa misma YPF que él quería privatizar y cuyos demandantes él apoyaba.


Un pedido de perdón pendiente


Como bien señaló el gobernador bonaerense en diálogo con El País, a Milei le va a costar mucho explicar su oportunismo. No se puede ser el "abogado del diablo" durante una década y pretender ser el beneficiario de la misa el domingo.


La postura de Milei no fue técnica, fue ideológica y contraria al interés nacional. Su "rendición preventiva" le hubiera costado al pueblo argentino una fortuna innecesaria en favor de Burford Capital y Eton Park.


Hoy, el gobernador Kicillof emerge fortalecido, no por un eslogan, sino por la contundencia de los hechos. Milei, en cambio, queda atrapado en su propia telaraña de contradicciones. Si tuviera un mínimo de honestidad intelectual, el presidente debería dejar de intentar sacar rédito político de una sentencia que lo contradice y pedirle perdón a la sociedad argentina por haber preferido el bienestar de los especuladores por sobre el patrimonio de todos. La soberanía no se negocia, y la verdad, tarde o temprano, siempre aflora.

 
La victoria de la estrategia Kicillof
El fallo reciente, que rechaza de plano las pretensiones económicas de los fondos Burford Capital y Eton Park, actúa como un escudo para las arcas del Estado. Pero, por sobre todo, funciona como una reivindicación política para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía lideró la expropiación del 51% de las acciones de Repsol, bajo la premisa de que el control de los recursos energéticos es la llave para el desarrollo nacional.

Hoy, con Vaca Muerta batiendo récords de producción y YPF posicionada como el motor del autoabastecimiento, la justicia parece haber comprendido lo que el derecho argentino siempre sostuvo: la soberanía no se negocia en el mercado de valores.
"El fallo por YPF es un triunfo de la soberanía. Milei tendría que pedir perdón por apoyar a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país", sentenció Kicillof tras conocerse la noticia.

De "pagador serial" a "celebrador de triunfos ajenos"

La figura de Javier Milei queda, tras esta sentencia, en una posición de extrema fragilidad discursiva. El ahora presidente, que durante años calificó la estatización como un "robo" y criticó ferozmente la estrategia judicial del peronismo, se encuentra hoy en la encrucijada de querer capitalizar políticamente un resultado que él mismo intentó boicotear apoyando a los fondos buitres.


Resulta imperativo recordar los antecedentes que hoy el oficialismo intenta archivar:


a) El "Impuesto Kicillof": Milei llegó a proponer la creación de un impuesto específico para pagarle a los acreedores de YPF, asumiendo una derrota que aún no se había producido y demostrando una vocación de "pagador serial" a favor de los intereses de Wall Street 


b) Alineamiento con el demandante: En diversas intervenciones, el mandatario validó los argumentos de los fondos buitres, cuestionando el derecho de Argentina a recuperar su petrolera de bandera. Kicillof fue tajante al respecto: "Me parece lamentable, él defendía a los buitres".


c) Oportunismo político: Tras el fallo favorable, el gobierno ha intentado presentar el resultado como un logro de su gestión "amigable con los mercados", cuando en realidad es el fruto de una defensa jurídica soberana. Como bien señaló el gobernador bonaerense en diálogo con El País, a Milei "le va a costar explicar por qué festeja que los fondos buitre no tenían razón".

Lo que significa para Argentina

La derrota de los fondos buitres no es solo un ahorro de miles de millones de dólares; es la confirmación de que la estatización de YPF fue una decisión soberana y necesaria para el crecimiento económico. Sin el control de YPF, Argentina hoy estaría de rodillas frente a la crisis energética global, dependiendo de importaciones que drenarían sus reservas.


La contundencia del fallo judicial se traduce en una victoria multidimensional para el país: en el plano fiscal, Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una deuda ilegítima fabricada por la voracidad de los especuladores; en lo estratégico, la sentencia ratifica la legalidad internacional de la expropiación de 2012, blindando la soberanía sobre nuestros recursos; y en el terreno político, el veredicto termina por desmontar definitivamente el relato de Milei de la "mala praxis", validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros.

 
Fuentes: El País, Infobae, La Política Online.
 

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El naufragio de la ley de propiedad privada dejó al descubierto la incompetencia política oficialista, las internas feroces en la Casa Rosada y un estruendoso choque contra el límite de sus propios aliados, en medio de una profunda crisis económica y un acelerado desencanto de la sociedad y de sus propios votantes. Un escenario agravado luego de que la cuestión Malvinas alrededor de la selección de fútbol generara un clima nacionalista que colisionó de frente contra el cipayismo libertario y expuso su escaso arraigo popular.
 
El bochornoso traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado representa el síntoma terminal de un oficialismo cegado por el dogmatismo y desprovisto de oficio político. Lo que el Ejecutivo pretendía vender como un triunfo terminó convertido en un cascarón vaciado: acorralada por la falta de apoyo de los bloques dialoguistas, la Casa Rosada debió capitular y retirar apresuradamente los capítulos centrales de extranjerización de tierras y la flexibilización de la Ley de Manejo del Fuego. El dictamen final fue aprobado desflecado y reducido a menos de un tercio de sus ambiciones originales, dejando al desnudo que las mayorías parlamentarias no se edifican con bravuconadas de redes sociales ni con intervenciones torpes como las del senador Joaquín Benegas Lynch, cuyos insultos a los senadores aliados terminaron de dinamitar los puentes de negociación.
 
Fiel a su matriz refractaria a la autocrítica, la reacción de la conducción libertaria ante semejante derrumbe consistió en desatar una inmediata cacería interna de chivos expiatorios. En lugar de asumir los errores de cálculo de la gestión, la Casa Rosada liderada por Javier y Karina Milei optó por aislar y "freezar" al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, amagando con congelar el resto de sus proyectos en carpeta tras convertirlo en un yunque político. Al mismo tiempo, el enojo oficialista apuntó directamente contra Patricia Bullrich, a quien responsabilizan por fallar en la contabilidad de los votos y perder el control de la sesión. Este pase de facturas expone un gabinete frágil y fracturado, donde los propios arquitectos del programa gubernamental son arrojados a los leones ante la primera turbulencia institucional.
 
 
En última instancia, la mutilación de este proyecto emblemático expone el techo del modelo libertario: una administración que chocó de frente contra el límite de sus aliados e incapaz de sostener consensos duraderos. La incapacidad para articular mayorías y la constante tendencia a refugiarse en la intransigencia demuestran que el dogmatismo autoritario se vuelve impotente ante la dinámica republicana. Con Sturzenegger desautorizado y Bullrich golpeada políticamente, el gobierno ingresa en una peligrosa fase de insularidad y parálisis parlamentaria, donde la falta de muñeca política condena al oficialismo a multiplicar derrotas mientras la gestión cotidiana se consume entre internas feroces e improvisación.
 
De la redacción de La Opinión Popular

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