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Nacionales - 24-03-2026 / 13:03
LA "BATALLA CULTURAL" DE LA ULTRA DERECHA A 50 AÑOS DEL GOLPE GENOCIDA

El negacionismo de Milei como combustible del ajuste y la impunidad

El negacionismo de Milei como combustible del ajuste y la impunidad
La imagen de un mandatario forcejeando con banderas que exigen "Memoria, Verdad y Justicia" no es solo una metáfora visual; es la cruda síntesis del momento histórico que atraviesa la Argentina. Mientras Milei intenta arrancar las páginas de consenso democrático, la marea humana que defiende el "Nunca Más" en las calles y en la historia le recuerda que la dignidad de un pueblo no se borra con decretos, discursos de odio ni represión. La batalla por la memoria continúa, y la historia, tarde o temprano, pondrá a cada uno en su lugar.
A medio siglo del golpe que instauró el terrorismo de Estado, la Argentina enfrenta un escenario inédito: un gobierno que no solo reivindica la metodología represiva, sino que utiliza el negacionismo como pantalla para aplicar el mismo programa económico que Martínez de Hoz. La batalla hoy es por la memoria, pero también por el futuro.
 
La conmemoración de los 50 años del golpe cívico-militar de 1976 no encuentra a la Argentina en un momento de reflexión institucional, sino en una trinchera. El gobierno de Javier Milei, escoltado por una Victoria Villarruel que ha hecho de la apología de la dictadura su plataforma política, ha decidido romper el pacto democrático de 1983. Ya no se trata de "matices" históricos; estamos ante una ofensiva sistemática para demoler la base ética sobre la cual se reconstruyó la nación.
 
De la Redacción de La Opinión Popular 

La "Memoria Completa" como Caballo de Troya
El oficialismo ha aceitado una maquinaria de comunicación destinada a instalar la falacia de la "memoria completa". En este relato, el Estado genocida es presentado simplemente como un contendiente más en una guerra interna, ignorando que fue el propio Estado quien utilizó sus recursos para secuestrar, torturar, violar, asesinar y robar bebés.

El video oficial difundido este 24 de marzo no es un homenaje a las víctimas de la violencia política, como pretenden vender. Es una pieza de propaganda que busca:


a) Relativizar el plan sistemático: Al centrarse en los ataques de organizaciones armadas previos al golpe, intentan justificar el asalto al poder de 1976.


b) Cuestionar la cifra de los 30.000: Un recurso administrativo miserable que busca herir el símbolo de una lucha colectiva.


c) Humanizar a los represores: Presentando a los condenados por delitos de lesa humanidad como "viejitos perseguidos", preparando el terreno para posibles indultos o amnistías encubiertas.


El espejo de 1976: Ajuste con botas y ajuste con redes
No es casual que el negacionismo florezca en este contexto. Existe un hilo rojo que une el programa económico de José Alfredo Martínez de Hoz con el "plan motosierra" de la actual gestión. La dictadura necesitó del terror para desarticular el movimiento obrero, intervenir sindicatos y bajar los salarios reales a niveles de miseria para favorecer la especulación financiera.


Hoy, el gobierno de Milei aplica una receta calcada:


a) Transferencia de ingresos: De los trabajadores hacia los sectores más concentrados de la economía y el capital financiero.


b) Apertura indiscriminada: Que destruye la industria nacional, tal como sucedió a fines de los 70.


c) Criminalización de la protesta: El protocolo de Patricia Bullrich es la herramienta necesaria para que el hambre entre "en orden".


Como bien señalan las crónicas de Página/12 y los análisis de Nueva Sociedad, el negacionismo actual es la superestructura necesaria para que el saqueo económico sea tolerable. Si se logra instalar que la dictadura "no fue tan mala" o que "era necesaria", entonces las políticas que huelen a dictadura se vuelven aceptables para una parte de la sociedad.


La resistencia en las calles: El pueblo no olvida
A pesar del intento de domesticación cultural, la respuesta popular este 24 de marzo será una demostración de fuerza ética. Desde la histórica Plaza de Mayo hasta el rincón más alejado del país, la consigna fue clara: el negacionismo es odio, y el odio no construye patria. Y así será en miles de plazas de la Argentina.


Los organismos de Derechos Humanos, con las Abuelas y Madres a la cabeza, recordaron que la identidad no es una mercancía y que la justicia no se negocia. La política de Milei choca contra una pared de medio siglo de construcción de conciencia.


Un gobierno de espaldas a la humanidad
El gobierno nacional ha elegido pararse del lado de los verdugos. Al desmantelar las unidades de investigación de la CONADI, al desfinanciar los Sitios de Memoria y al habilitar discursos que reivindican el terrorismo de Estado, Milei y Villarruel se colocan fuera del consenso internacional de los Derechos Humanos.


La historia será implacable con quienes, bajo el disfraz de la "libertad", intentan rehabilitar el pasado más oscuro de nuestra tierra. Hoy más que nunca, frente al ajuste y la mentira, levantamos las banderas de los 30.000. Porque un pueblo que olvida su tragedia está condenado a que se la repitan por Twitter.


Fuentes: Página 12/Nueva Sociedad


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El naufragio de la ley de propiedad privada dejó al descubierto la incompetencia política oficialista, las internas feroces en la Casa Rosada y un estruendoso choque contra el límite de sus propios aliados, en medio de una profunda crisis económica y un acelerado desencanto de la sociedad y de sus propios votantes. Un escenario agravado luego de que la cuestión Malvinas alrededor de la selección de fútbol generara un clima nacionalista que colisionó de frente contra el cipayismo libertario y expuso su escaso arraigo popular.
 
El bochornoso traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado representa el síntoma terminal de un oficialismo cegado por el dogmatismo y desprovisto de oficio político. Lo que el Ejecutivo pretendía vender como un triunfo terminó convertido en un cascarón vaciado: acorralada por la falta de apoyo de los bloques dialoguistas, la Casa Rosada debió capitular y retirar apresuradamente los capítulos centrales de extranjerización de tierras y la flexibilización de la Ley de Manejo del Fuego. El dictamen final fue aprobado desflecado y reducido a menos de un tercio de sus ambiciones originales, dejando al desnudo que las mayorías parlamentarias no se edifican con bravuconadas de redes sociales ni con intervenciones torpes como las del senador Joaquín Benegas Lynch, cuyos insultos a los senadores aliados terminaron de dinamitar los puentes de negociación.
 
Fiel a su matriz refractaria a la autocrítica, la reacción de la conducción libertaria ante semejante derrumbe consistió en desatar una inmediata cacería interna de chivos expiatorios. En lugar de asumir los errores de cálculo de la gestión, la Casa Rosada liderada por Javier y Karina Milei optó por aislar y "freezar" al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, amagando con congelar el resto de sus proyectos en carpeta tras convertirlo en un yunque político. Al mismo tiempo, el enojo oficialista apuntó directamente contra Patricia Bullrich, a quien responsabilizan por fallar en la contabilidad de los votos y perder el control de la sesión. Este pase de facturas expone un gabinete frágil y fracturado, donde los propios arquitectos del programa gubernamental son arrojados a los leones ante la primera turbulencia institucional.
 
 
En última instancia, la mutilación de este proyecto emblemático expone el techo del modelo libertario: una administración que chocó de frente contra el límite de sus aliados e incapaz de sostener consensos duraderos. La incapacidad para articular mayorías y la constante tendencia a refugiarse en la intransigencia demuestran que el dogmatismo autoritario se vuelve impotente ante la dinámica republicana. Con Sturzenegger desautorizado y Bullrich golpeada políticamente, el gobierno ingresa en una peligrosa fase de insularidad y parálisis parlamentaria, donde la falta de muñeca política condena al oficialismo a multiplicar derrotas mientras la gestión cotidiana se consume entre internas feroces e improvisación.
 
De la redacción de La Opinión Popular

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