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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 23-02-2026 / 09:02
EL PARTIDO JUSTICIALISTA, QUE LES FACILITÓ SU ACCESO PARLAMENTARIO DEBE EXPULSARLOS, SIN MÁS NI MÁS

Los tránsfugas, traidores y canallas, que llegaron a la banca con discursos y valores opuestos, fueron claves para el Loco Milei

Los tránsfugas, traidores y canallas, que llegaron a la banca con discursos y valores opuestos, fueron claves para el Loco Milei
Uno por uno: quiénes son los senadores peronistas que votaron con Milei contra los trabajadores. Para llegar a los 42 votos positivos, a la ultraderecha y los radicales “con peluca” se sumaron otros siete votos de extracción peronista. Son senadores que responden a gobernadores como el tucumano Osvaldo Jaldo, el salteño Gustavo Sáenz, el misionero Hugo Passalaqua y el cordobés Martín Llaryora. Esos senadores son Beatriz Ávila (bloque Independencia), Flavia Royón (Primero los Salteños), Carlos Arce (Frente Concordia Misiones), Sonia Decut (Frente Concordia Misiones) y Alejandra Vigo (Provincias Unidas). Y también de Provincias Unidas votó a favor el senador correntino Carlos Espínola.
Como era de prever, el debate y votación por la reforma laboral ratificaron al Congreso en un rol de actor secundario frente a las ambiciones del gobierno de Javier "el Loco" Milei. Los tránsfugas del peronismo, sin siquiera sonrojarse, lo consiguieron nuevamente. Los cómplices -los que llegaron a la banca con discursos y valores opuestos- fueron claves para lograr el quórum que La Libertad Avanza no hubiera conseguido con el aporte de sus aliados tradicionales y, luego, para la media sanción.
 
La política, entre traidores y canallas, tras la votación de la reforma laboral libertaria. Fueron claves, primero, para lograr el quórum que La Libertad Avanza no hubiera conseguido con el aporte de sus aliados tradicionales. Diputados santacruceños, tucumanos, salteños, catamarqueños, misioneros, llegados a sus bancas en 2023 y 2025 gracias a pertenencias partidarias y/o discursos inversos a lo que sostuvieron, deberían acentuar el señalamiento acerca de la facilidad con que pasan de manos.
 
Myriam Bregman lo resaltó en su también destacada exposición, pero aportó cierto aditamento al remarcar que "cuando la conducta política se repite, cuando los de Tucumán y otras provincias estaban con Milei antes de las elecciones de octubre y vuelven a estar después, ¿no se aplica la reiterancia y reincidencia para la conducta política? ¿Por qué son traidores? Son canallas". Se preguntó qué pasaría "si a la clase política, a la casta política, les aplicaran lo mismo; a los que dicen que la vienen a combatir, y a los que les votan las leyes y la retroalimentan".
 
Traidores y canallas son términos complementarios, pero ese apunte de Bregman sirve para reforzar el cinismo "corporativo" (quizás sin comillas) de esos adefesios. Las bancas les pertenecen en su individualidad. Eso es correcto y debe quedar claro. Pero tal cosa no implica que la alianza o partido que les facilitó su acceso parlamentario no deba expulsarlos, sin más ni más.
 
¿Por qué no puede hacerlo? Porque, sin entrar a la discusión sobre cómo se conformaron Unión por la Patria y Fuerza Patria, ni tampoco a la de las contradicciones que surcan al peronismo, es objetivo que esa fuerza carece hoy de, casi, cualquier atisbo de conducción. Está virtualmente a la deriva y, como bien reconoció y advirtió Axel Kicillof una vez que se le ¿despejó? el camino de la interna bonaerense, lo que se (le) viene no es un año de campaña, sino de construcción. Pueden ir de la mano, pero no son lo mismo.
 
Hasta que eso no comience a suceder, es de una ingenuidad supina imaginar que pueda haber alguna decisión, unificada, así sea respecto de cuestiones estratégicas. Para reiterar, lo subrayó que el bloque de Fuerza Patria se partió casi exactamente al medio en la votación sobre el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Esa ausencia conductiva, de lo que aspiraría a ser una oposición auténtica, se revela también en la facilidad con que los Milei imponen la agenda de su desorden hasta ahora bien ordenado. O bien ejecutivo.
 
Desde ya que tienen sus "fugas" o sobregiros, como los del coloso Sturzenegger mandado por las suyas a elogiar el voto sobre las licencias por enfermedad. Despertó la reacción de opositores ¡y oficialistas!, a quienes en el Senado no se les ocurrió leer lo que votaban. Este aspecto, el de quedar presos de la ofensiva gubernamental en todas las direcciones sin saber privilegiar cuáles son los ítems principales, abarca al debate sobre la reforma laboral.
 
Hubo firmeza y muy buenas intervenciones desde el bloque de Fuerza Patria (Germán Martínez, Julia Strada, Vanesa Siley, Máximo Kirchner, entre otros), pero no alcanzó ante los cómplices gubernamentales.
 

 
Por ejemplo, debiera ser insólito que prácticamente haya pasado de largo, o sin dedicación específica, el capítulo en torno a de dónde saldrá la plata para sostener el Fondo de Asistencia Laboral. FAL, vaya sigla.
 
Resulta que las patronales derivarán ahí, a la cuenta FAL, una parte de los salarios que pagan. Se corresponde con su aporte obligatorio a la Anses. Para el empleador no cambia nada, técnicamente. Pero, en definitiva, el Estado se hace cargo de las indemnizaciones porque lo que hasta hoy iba a la caja de jubilados y pensionados pasa a unos fondos de administración privada (bancos, compañías de Seguros, billeteras virtuales).
 
Vendrían a ser una versión remozada de las AFJP del menemismo, con un festival de cobro por comisiones -y otras yerbas- alrededor de un monto recaudatorio que se estima puede llegar a 5 mil millones de dólares anuales. Fiesta. Qué fantástica esta fiesta.
 
¿Por qué una anunciada obscenidad como ésta no mereció esmero, en las intervenciones públicas de referentes opositores? ¿No se trataría de que cuestiones de semejante naturaleza, tan paradigmáticas y habiendo de por medio "qué se hace con la plata de los jubilados", sean parte de los disparadores a emplear desde la oposición para generar conciencia de lo que hay en juego?
 
¿No es mejor eso que destinar horas y horas de pantalla, micrófono, posteos, artículos, mensajes en los foros, memes, a meramente cazar en el zoológico propio, lagrimeando por la perversidad mileísta de la que "el palo" ya sabe y sufre de sobra?
 
¿No estaría siendo momento -hace rato- de elegir unos pocos o cuantos ejes de provocación y propuesta, en lugar de una letanía quejosa que no suma ni entusiasmo ni votos?
 
Otro dato inadvertido es que las importaciones caen al ritmo de la recesión. Por supuesto, no se aspira a que el escudriño de la balanza comercial sea un tema de interés popular. Ni muchísimo menos. Pero sí es responsabilidad política tomar esos números y convertirlos en paradigma de un modelo de país-factoría, sólo financierizado, capaz de terminar como terminó con Menem.
 
El cierre de FATE, quizás, generó un sacudón en ese sentido y no solamente por las dramáticas historias de vida de sus trabajadores, lanzados después de décadas a caer en las garras de alguna aplicación o símil desesperado. Y otro "pormenor" que se relega: además de sus empleados de planta, queda en situación angustiosa el circuito de pymes y laburantes -miles, con sus familias- que dependían de la empresa.
 
También debiera ser increíble que, entre los componentes descriptivos del hecho, se haya colado o impuesto que el sindicato de neumáticos se pasó varios pueblos con su combatividad.
 
¿Así que uno de los problemas nodales son los "revoltosos" del gremio, los "paros salvajes", los "troscos", y nunca el modelo de peruanización? Si quieren saber lo que es ir perdiendo la batalla cultural, no busquen mucho más.
 
Habrá quienes se sorprendan por el dato de la caída en las importaciones, justo cuando nos inundan zapatillas vietnamitas, pomelos sudafricanos, tomates paraguayos, prendas de vestir usadas de Estados Unidos, galletitas danesas, autos chinos, línea blanca y sigue la lista que da vergüenza ajena.
 
¿Y entonces? Entonces ocurre que las importaciones que caen son las de insumos, piezas y bienes de capital. Todo cuanto se ligue a la actividad productiva.
 
Si Argentina no se reconfigura en una dirección que sustituya dedicarse exclusivamente a exportar materias primas para el solo acopio de los beneficiados de agro, energía y minería, junto con la investigación científico-técnica pertinente, a llorar a la iglesia.
 
Ya aburre preguntarlo, pero lo único que falta es dejar de hacerlo. ¿Cuál es el corpus propositivo que la oposición tiene al respecto? ¿Cuáles son las líneas que se ocupen en primer lugar de las necesidades alimentarias y de la producción de cercanía? No se sabe. O no existe. O existe, pero no integra las inquietudes mediáticas de dirigentes y prensa contestataria.
 
Mientras no acontezca esa reacción, y pese al conjunto de enseñanzas históricas sobre el destino irreversible de modelos como éste, no nos preguntemos cómo es posible que los libertaristas conserven una base muy significativa de apoyo, expectativa o resignación popular.
 
Agarrárselas con "la gente" que los vota es comprensible. Uno mismo lo hace, vamos, en sus raptos de furia.
 
Sin embargo, antes que eso es una zona de confort analítico, visceral, que, después y por caso, hace pasar el razonamiento núcleo alrededor de la eficacia de un paro general. O de la necesidad de ampliarlo a una huelga por tiempo indeterminado, que nadie sustenta en cuanto a quiénes lo convocarían. Desde qué espacio de credibilidad masiva. Con cuáles dirigentes sindicales a los que, a la par, se denuesta sistemáticamente.
 
Es impresionante esa enajenación de la realidad, que llama al combate "de clase" cuando el respaldo a los Milei atraviesa a todos los segmentos sociales. O, más aún, cuando una sección enorme o sustantiva de su base se encuentra, precisamente, entre los sectores populares. Y, en particular, juveniles.
 
Por eso cabría sugerir lo imperioso de algo más ¿módico?, que no por eso deja de ser imprescindible como primer paso.
 
Una dirección consensuada, sin trampas. Unas propuestas específicas para disputar terreno de (buen) sentido común. Un liderazgo, a construir. Unas acciones más creativas. Una comunicación más eficiente (¿cuánto hace que viene hablándose de que "la derecha comunica mejor"?).
 
Es decir: todo lo que se dice fácil, mientras van ganando quienes implementaron lo que parecía difícil.
 
Por Eduardo Aliverti
 
Fuente: Página 12
 

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17-05-2026 / 13:05
17-05-2026 / 12:05
La gestión de Javier Milei atraviesa una fase de desorientación estratégica, donde el dogma ideológico choca frontalmente con una realidad social cada vez más crítica. La profundización de un modelo basado en el ajuste fiscal severo y la desregulación extrema ha disparado los índices de pobreza y desigualdad, transformando la promesa de "orden" en un escenario de exclusión que ya no se disciplina ante el discurso oficial. 
 
Trump no está en condiciones de volver a salvar a Milei y le exige cada vez más. Se define la guerra entre grupos de poder por la Hidrovía. Copado por funcionarios de la embajada, el instituto de propiedad intelectual se inclina a favor de los laboratorios estadounidenses. La esperanza, lo último que perdió el votante de Milei.
 
Esta desconexión entre la macroeconomía de pizarrón y las urgencias de la calle ha provocado que el Gobierno pierda el rumbo, quedando atrapado en una lógica que prioriza los superávits teóricos sobre la sostenibilidad humana. Según el análisis de Diego Genoud, el mandatario habría perdido la brújula política, mostrando una desconexión creciente entre su narrativa ideológica y las demandas de una realidad socioeconómica que ya no se disciplina ante sus discursos, lo que genera un clima de incertidumbre sobre la viabilidad de su programa a mediano plazo. 
 
Este deterioro del tejido social tiene un correlato directo en el capital político del mandatario: el ecosistema de apoyos que lo llevó al poder se muestra hoy fragmentado y reticente ante la falta de resultados tangibles. Con aliados ensayando su propia salida y una estructura territorial que no logra contener el descontento, la reelección para 2027 se percibe más como una expresión de deseos que como un escenario probable. El oficialismo enfrenta así una coyuntura de aislamiento, donde el aumento de la brecha social se convierte en el principal obstáculo para la continuidad de su proyecto político.
 
De la redacción de La Opinión Popular 

10-05-2026 / 14:05
Frente a un auditorio que colmó la capacidad de la Sala José Hernández, Axel Kicillof transformó la presentación de su libro en un acto de resistencia intelectual contra el avance del anarcocapitalismo en Argentina. Con una defensa cerrada de la intervención estatal y la justicia social, el gobernador bonaerense utilizó el pensamiento de Keynes para desnudar las falencias de un modelo nacional que, bajo la promesa de libertad, solo parece ofrecer recesión y exclusión. Su mensaje fue una advertencia clara: el verdadero peligro para el futuro del país no reside en los proyectos populares, sino en la impericia de una gestión que ignora la historia y la teoría económica básica.

"Si Keynes viera lo que está pasando en la Argentina, se vuelve a morir. Estamos ante un experimento que ignora las fallas de mercado que el propio Keynes describió hace casi un siglo", sentenció Kicillof ante un público que seguía cada definición técnica con atención política.


En lo que muchos leyeron como un paso decisivo hacia la reconstrucción del peronismo, Kicillof se posicionó como el principal antagonista político y teórico de Javier Milei. Entre citas académicas y definiciones políticas de alto voltaje, el mandatario dejó en claro que la provincia de Buenos Aires funciona hoy como el último bastión contra el ajuste desmedido y como el laboratorio de una alternativa de gobierno para 2027. Fue lanzamiento de una obra de Economía; pero también fue la presentación de un programa de soberanía económica diseñado para enfrentar el "riesgo país" que representa el actual experimento libertario.


De la redacción de La Opinión Popular

09-05-2026 / 10:05
07-05-2026 / 15:05
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