Nacionales - 15-02-2026 / 09:02
ESCENARIO POLÍTICO NACIONAL
El cipayo Milei pretende que Argentina sea una colonia de los yanquis
Hay algo que Javier "el Loco" Milei parece haber entendido con claridad y que demuestra que, más allá de cuán loco esté, tiene intuición política. Lo que Milei entendió es que la oligarquía: los sectores del poder fáctico de la argentina, los siete grupos empresarios aglutinados en AEA, los medios de comunicación hegemónicos, el Poder Judicial de la guarida de Cómodo Py, tienen un mismo jefe. Vive en Avenida Pennsylvania al 1600, en la Casa Blanca, ciudad de Washington. Milei puede decirle "señor chatarrín" al supuestamente todo poderoso Paolo Rocca porque tiene el respaldo abierto de Donald Trump. El líder del Grupo Techint jamás entraría en fricción con el inquilino de la Casa Blanca. Lo mismo se aplica a Héctor Magnetto de Clarín y a toda la cúpula judicial.
Hay algo que Javier "el Loco" Milei parece haber entendido con claridad y que demuestra que, más allá de cuán loco esté, tiene intuición política. Lo que Milei entendió es que la oligarquía: los sectores del poder fáctico de la argentina, los siete grupos empresarios aglutinados en AEA, los medios de comunicación hegemónicos, el Poder Judicial de la guarida de Cómodo Py, tienen un mismo jefe. Vive en Avenida Pennsylvania al 1600, en la Casa Blanca, ciudad de Washington. Milei puede decirle "señor chatarrín" al supuestamente todo poderoso Paolo Rocca porque tiene el respaldo abierto de Donald Trump. El líder del Grupo Techint jamás entraría en fricción con el inquilino de la Casa Blanca. Lo mismo se aplica a Héctor Magnetto de Clarín y a toda la cúpula judicial.
El "gran empresariado argentino", a diferencia del brasileño, no tiene proyecto nacional. Una "burguesía nacional" se piensa a si misma rivalizando con otras por negocios y mercados. Eduardo Duhalde, cuando fue presidente interino, decía que había que cobrarle impuestos a los grandes empresarios, pero "aliarse con ellos" para rivalizar con las empresas de otras latitudes. Es la concepción básica del capitalismo nacional. El punto es que los grupos económicos locales no tienen una visión de país. Su imaginario es el de quien administra un territorio colonial. Tienen sus cuentas en EE UU y consiguen ahí el financiamiento. Entonces están sometidos a la legislación americana y a los jueces americanos que sólo un niño puede creer que son independientes.
Cristina Fernández está presa por el deseo de venganza de la derecha argentina que quiere darle una lección a la clase política. Es cierto. Pero también es una perseguida política de un sector del poder estadounidense que hoy está gobernando. El anuncio del secretario de Estado Marco Rubio en marzo de 2025 de que le quitaba la visa a CFK para ingresar a EE UU fue la batiseñal para que el poder judicial argentino actuara. Y lo hizo de inmediato. El poder judicial es veloz cuando las órdenes vienen del jefe supremo. Hay que recordar el episodio vergonzoso del Boing 747 de la empresa venezolana Emtrasur que fue directamente robado por la justicia argentina por orden de EE UU. Los jueces le tienen terror a la CIA.
Incluso entre los políticos peronistas, si se mira con detenimiento, los que conservan buenas relaciones con Washington también tienen menos problemas judiciales. No es una crítica a esos dirigentes ni una acusación de cipayismo. Es una descripción de cómo funciona el poder en Argentina, de quién maneja los hilos detrás del telón. El economista Roberto Felleti sostiene la hipótesis de que Milei quiere reemplazar al gran capital argentino por uno de origen norteamericano. El único freno que ese proyecto podría tener está en el propio Estados Unidos. El gran capital local se entregaría sin ofrecer resistencia.
¿Cómo se libera a la Colonia Argentina? Liberarla del todo es imposible. Se pueden ganar márgenes de soberanía. Los 12 años de peronismo muestran que mientras más soberanía se gana mejor vive el pueblo. No existe la colonia próspera. Es la gran mentira de la derecha. Tampoco hay prosperidad enfrentándose por completo al imperio militar más poderosos que conoció la historia humana. Es un juego de equilibrios.
El documento que anunció la lista de unidad para elegir las autoridades del peronismo bonaerense es una luz en el camino. Se sabe que quienes lo firmaron no se quieren demasiado. No se reunirían para brindar en año nuevo. La política se trata justamente de construir entre los que no se quieren en pos de un objetivo superior. El documento tiene dos puntos clave: termina de posicionar a Axel Kicillof como jefe político y no como subalterno y pone el acento en la necesidad de lograr la liberación de CFK como objetivo estratégico. No hay recuperación de soberanía sin la liberación de Cristina. Y el peronismo no tiene sentido sin la búsqueda de soberanía.
La Opinión Popular
Milei y el caos como premisa política
Hace casi dos años escribí que Milei fue consecuencia del caos en la Política argentina. Una suerte de hijo y fruto del desorden reinante hasta entonces. Y que, una vez elegido como Presidente, su propósito sería ordenarla a su manera.
A día de hoy, en parte, sigo pensando lo mismo, pero con un matiz importante. Milei ha ordenado a la mayoría de la vieja casta política y se ha hecho su apoderado. Actualmente no hay macrismo, ni larretismo, ni bullrichismo, ni nada que termine en ismo que pueda encarnar el liderazgo del bloque conservador-neoliberal. Milei ha cohesionado este espacio, y ejerce como máximo exponente y garante de este modelo.
Ha ordenado también a su electorado, es decir, al histórico 40% que siempre vota a favor de este tipo de ideas. Milei es su representante. Sin embargo, este orden parcial y limitado viene acompañado de la necesidad compulsiva de generar más desorden generalizado. Sólo con más caos, Milei puede seguir siendo la centralidad en toda la Argentina.
Y para alimentar el desorden y el caos, aplica su fórmula: el cualquiercosismo. Puede decir y hacer cualquier cosa, y lo contrario. Todo se basa en la carencia de rigor, la ausencia de verdad, la falta de humanidad y no tener vergüenza para hacer cualquier tipo de papelón. Repite el patrón trumpista, pero sin tanto poder.
Su esencia es confundirse y confundir. Esta constante cacofonía de Milei no obedece a ninguna base socrática. De ninguna manera. Ni se hace el que no sabe con el objetivo de enredar, ni juega a la confusión productiva. Lo del presidente argentino es más básico: piensa y actúa enredado, enredando a todo aquel que intenta entenderlo.
Muchas veces se afirma que el fenómeno Milei ha de entenderse únicamente como un asunto comunicacional. Y no. Lo que Milei hace es Política en el sentido más genuino. Y hace de la confusión una manera de desorientar a todo aquel que le sea ajeno. (Los propios no necesitan entenderle mucho. Tienen tanto odio a lo ajeno que sólo les basta con saber que Milei ha venido para acabar con esta lacra. Todo lo demás les importa poco o nada).
Indudablemente, este autopercibido experto en crecimiento con y sin dinero se aprovecha de un contexto que hay que poner en perspectiva y que se caracteriza por: 1) una creciente crisis de representatividad de los partidos políticos; 2) una sociedad cansada del Vivir Peor de los últimos diez años; 3) un cambio epocal en el que todo es efímero, volátil e incierto, y donde se impone un clictivismo superficial para informarse; 4) una altísima inflación acumulada en los últimos años que hace volar por los aires a una de las variables de referencia para ordenar nuestro día a día: los precios.
Si tenemos en cuenta a los dos últimos años de Alberto Fernández más los 26 meses de Milei, la inflación acumulada desde nov-2021 hasta ene-2026 es de 1.756%. En este tiempo, medio kilo de sal fina pasó de costar 55 a 1.413 pesos argentinos; un litro de leche, de 89 a 1.655 pesos; una docena de huevos, de 155 a 3.890; diez unidades de pañales descartables de 214 a 4.511 pesos.
¿Quién no se confunde con una realidad así?
Este escenario constituye un terreno fértil para que Milei siga a sus anchas con su política de confusión hacia adelante. Esta ecuación exponencial del caos es su mejor estrategia electoral para llegar al año 2027 con opciones. Y esto abre un gran reto para la oposición, tanto político como electoral.
O lo afronta buscando una manera de surfear este estado del caos, yendo detrás de la agenda de Milei, respondiéndole a todo y discutiendo siempre bajo su marco confuso.
O lo afronta con su propia agenda, poniendo como centralidad la cotidianeidad de la mayoría de la población argentina, sintonizando con sus demandas, proponiendo respuestas y exponiendo ideas propias sin complejos.
O, por qué no, combina lo uno con lo otro, pero dándole más peso a lo segundo que a lo primero. En otras palabras: se puede disponer de agenda propia de una manera autónoma y protagónica, respondiendo a Milei en aquello que convenga, pero sin ser fagocitado por la estela de su última ocurrencia.
Por ejemplo, se puede discutir sobre la forma en que Caputo se ufana de no comprar nunca su ropa en Argentina, pero sin perder de vista el eje de lo importante en este asunto. Y en la medida de lo posible, conviene redoblarle la apuesta y hacerlo en clave propositiva.
(Frente a la barbaridad planteada por el ministro de Economía, se podría exigir con una ley que los ministros tengan todo su patrimonio en Argentina y no en el exterior (como lo tiene Caputo)).
La clave está siempre en poner el foco en tu propia agenda e instalarla, ajustándose al máximo a las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía, y desoyendo buena parte de lo que se difunde en los grandes tabloides de comunicación. Cada día es más notorio la disociación de los titulares periodísticos (muy apegada al último dislate de Milei) y la realidad diaria de la gente común.
El 80% de la población no está pendiente de las veces que el Presidente viaja a Estados Unidos, ni de la disputa entre un gobernador y el ejecutivo, ni de cómo se negocia en el Congreso, ni si Karina es quién define las listas para una elección. Por el contrario, lo que más le importa a la inmensa mayoría es que se hable de un plan de alivio para las empresas que están a punto de cerrar y quebrar; de una moratoria del pago de deudas para las familias, de la prohibición temporal de las comisiones bancarias, de un aumento significativo del salario, de propuestas efectivas para resolver el problema de la vivienda, etcétera.
Frente al caos que promueve y siembra voluntariamente Milei, la alternativa a favor de un orden cotidiano es el mejor antídoto para convencer a una mayoría.
Por Alfredo Serrano Mancilla
Por Demián Verduga
Fuentes: Página 12 y Tiempo Argentino