Entre Ríos - 08-02-2026 / 19:02
PANORAMA POLÍTICO PROVINCIAL
Frigerio aplaude el sometimiento semicolonial de Milei a EE.UU. que perjudica a la industria entrerriana

El mandatario entrerriano Rogelio Frigerio aplaudió rápidamente el acuerdo entre ambos países: "Siempre es una buena noticia avanzar en la integración comercial de nuestro país". "Este acuerdo con EE.UU abre nuevas oportunidades de inversión y financiamiento que desde Entre Ríos podemos aprovechar, y genera grandes expectativas para sectores exportadores clave de nuestra provincia, como el cárnico y el lácteo, entre otros, fundamentales para nuestra economía regional", enfatizó en su cuenta de X. "Hay que seguir por este camino para transformar estas oportunidades en más producción, más empleo y desarrollo", deliró el porteño alcahuete. A dos años de haber asumido, Frigerio sigue sin arrancar. En Entre Ríos, la realidad cotidiana muestra que todo continúa igual: no hay obras estructurales, ni un plan claro de desarrollo económico. Solo se percibe la intención de prenderse de todo lo que diga Milei.
El gobierno de Javier Milei firmó este jueves el acuerdo comercial bilateral entre Argentina y Estados Unidos. Más allá del tono triunfalista del libertario, lo que se conoce hasta ahora del entendimiento exhibe una profunda asimetría entre los beneficios que obtendrán Estados Unidos y las obligaciones estructurales que asume Argentina. El acuerdo implica una reconfiguración de fondo del vínculo económico, político y geopolítico bilateral, con concesiones de largo alcance del lado argentino y beneficios acotados, condicionados y reversibles para el país. Lejos de un "trato entre pares", se consolida una relación semicolonial, en la que Argentina abre su mercado interno, resigna capacidad regulatoria y se alinea estratégicamente y militarmente con Washington.
No se trata de un tratado de libre comercio tradicional ni de una ampliación equilibrada del intercambio bilateral. Es la imposición de un corset comercial, regulatorio y tecnológico que restringe severamente la autonomía económica, industrial y científica de la Argentina. Bajo el lenguaje técnico de la "reciprocidad", el acuerdo consagra una construcción profundamente asimétrica. Argentina asume compromisos extensos, detallados y verificables; Estados Unidos conserva márgenes amplios, discrecionales y reversibles. El resultado no es integración, sino subordinación neocolonial del gobierno de Milei para con los EE.UU. de Trump.
El mandatario entrerriano Rogelio Frigerio aplaudió rápidamente el acuerdo entre ambos países: "Siempre es una buena noticia avanzar en la integración comercial de nuestro país". "Este acuerdo con EE.UU abre nuevas oportunidades de inversión y financiamiento que desde Entre Ríos podemos aprovechar, y genera grandes expectativas para sectores exportadores clave de nuestra provincia, como el cárnico y el lácteo, entre otros, fundamentales para nuestra economía regional", enfatizó en su cuenta de X. "Hay que seguir por este camino para transformar estas oportunidades en más producción, más empleo y desarrollo", deliró el porteño alcahuete. A dos años de haber asumido, Frigerio sigue sin arrancar. En Entre Ríos, la realidad cotidiana muestra que todo continúa igual: no hay obras estructurales, ni un plan claro de desarrollo económico. Solo se percibe la intención de prenderse de todo lo que diga Milei.
Por el contrario, el diputado Guillermo Michel dio detalles de los perjuicios que traería para Entre Ríos el "acuerdo" entre Argentina y Estados Unidos firmado y anunciado por Milei. "Para el mercado avícola, el acuerdo entre USA y Argentina es un simple acuerdo sanitario para que los productores avícolas estadounidenses puedan acceder a nuestro mercado con plazos, condiciones y concesiones difíciles de justificar", expresó.
En este sentido apuntó que lo firmado "no es recíproco". "Los productos avícolas argentinos no tendrán mercado adicional (ni mejores condiciones) en EE.UU.", señaló. Por otro lado, indicó que hará bajar los estándares y exigencias del SENASA ante los productos avícolas yanquis. Entonces, el mercado argentino se verá inundado por los productos de USA. En este marco apuntó que el acuerdo sería sanitario y no de libre comercio, lo que le permite a Milei evitar su paso por el Congreso de la Nación.
Posteriormente dio cuenta de que en Estados Unidos la "pata muslo" es un producto no muy consumido por lo que lo venderán en Argentina a precios más bajos que la producción nacional. En este contexto criticó a Frigerio por salir a aplaudir el acuerdo. "Antes de opinar livianamente de los temas, Frigerio consulte a los productores entrerrianos y pregúnteles a ellos que opinan", le pidió Michel.
Es que el nuevo acuerdo entre Argentina y Estados Unidos, firmado en febrero de 2026, genera alarma por su potencial impacto negativo en la industria local. Se enfatizan críticas sobre la apertura de mercados que favorece solo a productos yanquis, la cesión de controles de calidad y la presión sobre la propiedad intelectual. Los principales puntos de inquietud incluyen:
- Desigualdad en la apertura: El acuerdo implica la reducción o eliminación de aranceles para una amplia gama de productos yanquis, incluyendo maquinaria, vehículos, productos químicos y alimentos (lácteos, carne aviar, ganado), lo que afecta la competitividad de la producción nacional.
- Renuncia a controles de calidad: Argentina aceptaría productos yanquis que cumplan con sus propias normas, sin requisitos adicionales de evaluación local de la conformidad, lo que resta soberanía en el control de calidad en sectores como alimentos, farmacéuticos y automotrices.
- Impacto en la industria local: Se elimina la protección (como licencias de importación y tasas) que resguardaba a ciertos sectores de la industria local de la competencia directa con productos extranjeros, generando riesgos para la manufactura nacional.
- Propiedad intelectual: El acuerdo impone un mayor refuerzo de las patentes y marcas, beneficiando a las empresas tecnológicas y farmacéuticas yanquis, lo que limitará el desarrollo de la industria local en estas áreas.
- Dependencia económica: Se profundiza la alianza dependiente con Estados Unidos en un contexto geopolítico de tensión con China, lo que podría limitar el comercio con otros socios comerciales clave de Argentina.
- Aranceles altos de EE.UU.: A pesar de la firma, los aranceles de EE.UU. a productos estratégicos como aluminio y acero argentino se mantienen altos, señalando un trato desigual en la "reciprocidad" del acuerdo.
La restricción a otros proveedores tecnológicos, el bloqueo de proyectos nucleares con China, la priorización excluyente en minerales críticos, el alineamiento en controles de exportación y la importación de estándares regulatorios no apuntan a mejorar la competitividad argentina, sino a cerrar el margen de maniobra frente a China, reduciendo la capacidad del país de diversificar socios y ejercer una diplomacia económica autónoma en un mundo multipolar. Esto es lo que Frigerio aplaude.
El acuerdo debe leerse no solo como una política comercial bilateral, sino como un instrumento operativo de la estrategia imperialista yanqui en decadencia, que busca reordenar el espacio económico sudamericano bajo sus criterios económicos y de seguridad. Este acuerdo dependiente, de Milei y Frigerio, no es coyuntural. Implica un giro estructural en la forma en que Argentina se inserta en el sistema internacional: menos autonomía, menos política industrial, menos capacidad tecnológica propia...
Lo que Milei busca, y Frigerio apoya, es avanzar en una reestructuración regresiva de la economía, al servicio del capital financiero internacional, para consolidar una Argentina más atrasada, más primarizada: solo agropecuaria y minera; sin industrias ni clase media, y más dependiente de EE.UU. Retroceder 100 años, a la Argentina oligárquica de principios del siglo XX, que Milei admira.
El acuerdo es una pieza central de ese proyecto y aún requiere aprobación del Congreso argentino antes de su implementación definitiva. Frente a esta nueva entrega de soberanía, es necesario rechazar el acuerdo con Trump y el FMI, impulsar la más amplia organización y movilización del pueblo y abrir un camino de verdadera soberanía y reponiendo los recursos estratégicos al servicio de los intereses nacionales. Después de dos años de gestión, Frigerio ya no tiene margen para excusas para seguir sin arrancar, ni para continuar responsabilizando al pasado. Tampoco para plegarse a cualquier aventura delirante de Milei, más cuando estas perjudican a los entrerrianos.
La Opinión Popular
EL PAÍS
La agenda está en manos de los Milei
Sostiene Eduardo Aliverti, columnista de Página 12, que Milei arribó al poder con el único recurso de combatir a "la casta", la bronca contra el gobierno anterior y las estupideces sobre dolarización y explosivos en el Banco Central. ¿Cuál es el recurso análogo que podría caberle a una propuesta electoral atractiva, que no dé idea de un salto al vacío o de retorno a la "cultura populista" ya derrotada en las urnas por convicción, resignación o rechazo?
Cualquiera sea el tema, área, dato o polémica que se tome, un hecho permanece invariable. Y es que, inclusive en forma acentuada, no hay prácticamente ningún aspecto del escenario político que no esté dominado por las iniciativas oficialistas.
Puede tratarse de macro-cuestiones como la reforma laboral. La baja en la edad de imputabilidad penal. La ley de Glaciares. Los actos de vasallaje con Estados Unidos, presentados como acuerdos comerciales en que Argentina se obliga a más de cien compromisos y los EE.UU a dos eventualidades (acero y carne) de plazo incierto. El insólito episodio que llevó a admitir la manipulación de los números inflacionarios. El retiro del Estado como querellante en la causa del crédito concedido a Macri por el FMI.
Puede ser la guerrita intercorporativa alrededor de unos intereses de Techint, llevando al Presidente a calificar como "Don Chatarrín" a Paolo Rocca y distraer atención sobre la falta absoluta de una estrategia nacional en torno a industria y desarrollo. O exactamente al revés: la estrategia ¿perfecta? rumbo a ser un país-factoría.
Puede consistir en la displicencia con que se abordó la Cumbre sobre Minerales Críticos, en Washington, esta semana, donde participó el canciller argentino firmando que se le asegura a Estados Unidos el acceso preferencial a materias primas claves para el impulso de sus industrias automotriz, energética, tecnológica, aeronáutica y de armamento.
Puede ser también, cómo no, la ofensiva desembozada contra la AFA que, sin perjuicio de los errores y horrores de la entidad, sólo engaña a quienes viven en un termo respecto de que la intención primera y última es la privatización de los clubes. Impulsada por el Gobierno, la constancia y ferocidad de esa campaña mediática obliga a retroceder hasta el suicidio del fiscal Nisman para encontrar un ensañamiento semejante.
Puede ser todo eso como que se incendie la Patagonia mientras Milei aprovechaba para ladrar el Rock del Gato con Fátima Florez.
O puede ser que crearon con "la tuya" una suerte de comisariato orwelliano, que por supuesto terminará en la nada misma porque es otra de las humaredas con que el Gobierno estructura el desordenado orden de su vértigo temático. Sin embargo, para quienes lo asimilan a la "persecución" del kirchnerismo: vale contrastarlo con lo que no llegó a ser el mero Observatorio, con dependencia parlamentaria a través de la Defensoría del Público, apenas esbozado en un encuentro virtual de participación abierta. Participaron, entre otras, personalidades de la estatura de María Seoane y Jorge Alemán. Era -y fracasó- para detectar discursos de odio, de violencia racista, de misoginia. No para escrachar información periodística.
Desde ya, también puede ser que el ministro de Economía, en medio del más grande derrumbe del sector textil de que se tenga memoria, certifique no comprarse jamás ropa argentina porque además de mala es un robo. El tipo dijo con total tranquilidad que solamente compra pilchas en el exterior, lo cual excede por completo a todo análisis técnico de estructura de costos.
La miserabilidad de un dicho de esa naturaleza, por parte de un funcionario capaz de insultar a tanta gente que no llega a fin de mes, desataría un escándalo promovedor de su renuncia en (casi) cualquier país de los signados como "serios".
Acá no. El tipo, el ministro, un mesadinerista, un timbero de la plata ajena, de "la tuya"; un tipo con serias dificultades expresivas que se profundizaron cuando quiso justificar la maniobra en el Indec, dejando las sospechas eternas sobre Guillermo Moreno a la altura de un poroto, sigue allí en su cargo sin más problemas -aparentemente- que cuánto insumirá de tiempo un modelo inviable. O eso cabría creer.
Acerca de este presente/panorama escribió el sociólogo Luis Alberto Quevedo, en su potente y repercutido artículo del domingo pasado en este diario.
"Javier Milei ocupa hoy el centro absoluto de la escena política argentina (...) Gobernadores, dirigentes opositores, empresarios y referentes sindicales se definen, antes que nada, por su posición frente a él. El mapa se organiza en torno a dos grandes zonas: quienes apoyan total o parcialmente las iniciativas oficiales y quienes las rechazan (...) Pero incluso esas resistencias se mueven dentro del terreno que fija el propio Presidente. Se discute lo que él propone y al ritmo que él impone".
Quevedo agrega el apunte nodal de que esa agenda que se impone siempre oculta otra que se evita. Y que va de suyo que Milei no inventó este mecanismo, pero sí que lo maneja con una destreza notable. "La hiperactividad temática, la provocación constante y la confrontación cultural funcionan como una cortina, que tapa el deterioro material de amplios sectores sociales (...) El éxito no es lograr el consenso sobre los contenidos, sino la imposición de los temas sobre los que conversamos".
A la pregunta de cómo se sale de esto responde, primero, que sí se sale porque ninguna política regresiva es eterna y porque no se pueden tapar sin costo alguno los problemas reales de las personas, empresas, sistemas educativos y de salud. Y segundo, afirma que se sale de abajo para arriba porque "el arriba está hoy muy orientado a mirar y ubicarse frente a todo lo que hace Milei, pero abajo hay ya muchos problemas postergados que van a aparecer, más tarde o más temprano".
Si efectivamente se saldrá de abajo para arriba es un desafío analítico inmenso, porque requiere que ese "abajo" tenga algún tipo de conducción dirigencial ahora invisible.
El peronismo, en tanto sigue siendo la única fuerza en condiciones de disputar poder electoral-institucional, parece haber comenzado a resolver (algunas de) sus cuitas. Se encaminó un arreglo de sus disputas bonaerenses, que son las que ordenan o descuajeringan el armado nacional mientras gobernadores y referentes de las provincias se consolidan como un conjunto desperdigado de tribus, sólo inquietas por sus metros cuadrados y al arbitrio de la billetera oficial, fondos de coparticipación y demases.
Sin embargo, ante la chance de que cargos y candidaturas internas y generales sean acordados, ¿supondrá eso que habrá unanimidad, o al menos consenso, alrededor de un programa de gobierno que (re)transforme al peronismo en una voluntad de cambio verdaderamente progresista y no conservadora?
Estaría fuera de toda duda que Axel Kicillof encarna la mayor probabilidad de acuerdos internos como figura sobresaliente, por convicción o decantación. Venció en la puja intestina de su distrito y ahora deberá demostrar que es apto para ocupar un centro nacional de la escena.
Cristina está presa. La persecución político-judicial contra ella habrá de acentuarse. Depositar en su libertad la consigna de futuro es un elemento emocionalmente conmovedor. Pero políticamente resulta exiguo si no se lo antecede y acompaña con propuestas superadoras, para imaginar y diseñar que hay algo de cara a ese "abajo" hoy circunscripto a que enfrente de Milei no hay nada. Ella misma acaba de demostrarlo, al dar un paso al costado para evitar el suicidio de prolongar la lucha interna.
Quizás se trataría de que una oposición auténtica le acertara a algún disparador que mueva el amperímetro, unificado tras la figura consensuada.
¿Una política pública acerca de la vivienda, por ejemplo? ¿Una propuesta fiscal que apunte sin ambages a la afectación de cuáles intereses, para repartir la torta de modo más equilibrado?
Milei arribó al poder con el único recurso de combatir a "la casta", la bronca contra el gobierno anterior y las estupideces sobre dolarización y explosivos en el Banco Central. ¿Cuál es el recurso análogo que podría caberle a una propuesta electoral atractiva, que no dé idea de un salto al vacío o de retorno a la "cultura populista" ya derrotada en las urnas por convicción, resignación o rechazo?
¿Qué discurso específico se propondría frente al electorado joven y decisivo, cooptado por la ilusión del emprendedurismo individualista y triunfante o por las ganas de irse del país?
¿Hasta dónde llegaría la honestidad de que la deuda externa es impagable bajo las presentes condiciones? ¿De nuevo se trataría de presentarse modositos, para conquistar el voto de una clase media que en alta proporción es irremediable e históricamente gorila? ¿O acaso arrebatos analíticos y eslóganes pierden de vista que la sociedad es la que es, y no la que (nos) gustaría que fuese?
¿Quién discute y quiénes se preparan en la oposición para, además de lo imprescindible de "arreglar" su liderazgo, descifrar este intríngulis?
Por el momento, puede arriesgarse que el gobierno de los Milei estaría más cerca de implotar, a corta o larga, por el acogotamiento de su modelo en términos de restricciones externas y apuesta exclusiva a un imperio decadente. No porque lo empuje alguna fuerza convincente de sentido verdaderamente contrario.
Esa es la deuda más jodida que tiene lo que vaya a saberse si se sigue llamando "el campo nacional y popular".
Debiera tomarse nota, nos parece, de que hay cambios profundísimos en las percepciones colectivas. Datan de hace ya muchos años, no desde un "outsider" Milei que es antes consecuencia que causa. Frente a ellos, queda expuesto que ya no sirven ni las viejas consignas ni las actitudes conservadoras. Dialéctica, en síntesis. Cómo resolver las contradicciones.
Fuente: Página 12