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Sociedad e Interés General - 03-02-2026 / 12:02
POR A. GONZALO GARCÍA GARRO

Perón y la verdad sobre la Batalla de Caseros: ¿Libertad o Traición a la Patria?

Perón y la verdad sobre la Batalla de Caseros: ¿Libertad o Traición a la Patria?
La Batalla de Caseros es el gran punto antinómico la historia argentina del siglo XIX. Abordarla nunca es sencillo: el debate se enciende con rapidez y las argumentaciones, para ser serias, deben ser profundas y fundadas. Aun así, es frecuente caer en posturas tan antagónicas como apasionadas.
 
La Batalla de Caseros es el gran punto antinómico la historia argentina del siglo XIX. Abordarla nunca es sencillo: el debate se enciende con rapidez y las argumentaciones, para ser serias, deben ser profundas y fundadas. Aun así, es frecuente caer en posturas tan antagónicas como apasionadas.
 
He escrito mucho sobre Caseros, pero en esta oportunidad me propongo analizar, en forma breve y puntual, la visión de Juan Domingo Perón -nutrida por el revisionismo histórico- sobre Caseros y las figuras de Rosas y Urquiza. Para desentrañar este pensamiento, recurriré a textos que grafican su evolución ideológica en distintas etapas de su vida y hechos que contextualizan su postura.
 
Por: Dr. A. Gonzalo García Garro
 
 
La carta del joven oficial: un sentido histórico nacionalista
 
Ya en su juventud como militar de carrera, Perón se refería a Rosas en términos elogiosos. En una carta a su padre, fechada el 26 de noviembre de 1918, un joven Perón revelaba un profundo sentido nacionalista: "... Francia e Inglaterra siempre conspiraron contra nuestro comercio y nuestro adelanto... En 1845 llegó la abrumadora intervención anglo-francesa; se libró el combate de Obligado, que no es un episodio insignificante, sino glorioso, porque en él se luchó por la eterna argentinización del Río de la Plata... Rosas, con ser tirano, fue el más grande argentino de esos años y el mejor diplomático de su época... Fue el único gobernante desde 1810 hasta 1915 que no cedió ante nadie, ni ante las juntas de Gran Bretaña y Francia... Rosas, ante todo, fue un patriota".
 
En esta misiva -citada por Norberto Galasso en obra sobre Perón- se visualiza con claridad una lectura nacionalista de las corrientes revisionistas que apenas germinan. Su perspectiva geopolítica antibritánica y antibrasileña es una tesis que, décadas después, sistematizaría magistralmente José María Rosa en su obra La caída de Rosas.
 
 
El primer peronismo y la "política de la historia"
 
Quienes intentan presentar a un Perón reivindicador de Caseros suelen señalar que, tras la nacionalización de los ferrocarriles en 1948, las líneas fueron bautizadas con nombres del panteón liberal: Mitre, Roca, Sarmiento y Urquiza. Algunos historiadores liberales incluso han afirmado que Perón era "mitrista", una conclusión que se desmorona al leer su correspondencia privada.
 
Desde el revisionismo, esta decisión tiene dos interpretaciones principales: a) El pragmatismo político: Perón, consciente de los frentes de lucha ya abiertos con su revolución social, habría evitado una batalla cultural innecesaria. "Para qué meterme con los muertos si demasiados problemas tengo con los vivos " dijo Perón, y esa sería la síntesis de esta postura; o b) La evolución en el exilio: Otra lectura sostiene que Perón, formado en la educación liberal del Ejército, simpatizaba con el revisionismo, pero no lo demostró como versión institucional hasta después del golpe de 1955. Al experimentar el exilio, habría comprendido existencialmente el destino de San Martín y Rosas.                                              
 
Sin embargo, ya en 1954 el peronismo dio señales claras: se creó la Organización Popular por la Repatriación de los restos de Rosas , integrada por figuras como John William Cooke, José María Rosa y Fermín Chávez. Cooke, en un célebre discurso en Diputados, denunció que la historia oficial fue " maliciosamente deformada por la oligarquía " para asegurar su dominio conceptual tras la caída de Rosas.
 
 
El golpe del 55: La línea Mayo-Caseros-Septiembre
 
En 1956, la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu se propuso derogar la Constitución de 1949. El 1º de mayo de ese año, en un acto cargado de simbolismo en la Plaza Ramírez de Concepción del Uruguay -el mismo sitio del Pronunciamiento de Urquiza-, la dictadura anunció la derogación de la Carta Magna.
 
Aramburu reivindicó explícitamente la línea histórica "Mayo-Caseros-Septiembre", vinculando el golpe contra Perón con la caída de Rosas : "...El 1° de mayo de 1851, en este mismo lugar, hombres amantes de la dignidad pronunciaron la libre decisión de ser dueños de sus destinos... La revolución quiere identificarse con el espíritu de Mayo" .
 
 
Perón y "Los Vendepatria"
 
Desde su exilio en Venezuela en 1957, Perón publicó Los Vendepatria, donde trazó paralelismos históricos contundentes: " El Gobierno de Rosas es la elocuencia más evidente de esa lucha. Él debió enfrentar no solo a las escuadras extranjeras, sino a los traidores de dentro... La dictadura (Aramburu/Rojas) ha invocado la Línea Mayo-Caseros. Es indudable que su conexión es real: ellos, como los enemigos de Rosas, tienen su línea indiscutible: la de la traición a la Patria".
 
Haciendo propia una editorial del diario Argentina, Perón describió a la Batalla de Caseros no como una liberación, sino como el inicio de una "declinación del sentido nacional" y una "conjura extranjera" que explotó las ambiciones de sectores internos para debilitar al país.
 
 
La resistencia y la tríada: San Martín, Rosas y Perón
 
Durante los años 60 y 70, el pasado se politizó definitivamente. Arturo Jauretche señaló con ironía que, al intentar perjudicar a Perón identificándolo con Rosas, los "libertadores" terminaron beneficiando la imagen de Rosas en el sentimiento popular. Surgió entonces la síntesis de la resistencia: "San Martín, Rosas, Perón".
 
El gesto de San Martín de legar su sable a Rosas se convirtió en el símbolo máximo de legitimidad nacionalista. La juventud de la época desafiaba a los militares de turno cantando: "Generales de cartón, generales son los nuestros: San Martín, Rosas, Perón". Como la historia se suele repetir, hoy Milei quiere disponer del sable desconociendo el sentido de su legado histórico a Rosas.
 
 
Urquiza en la mirada de Perón (1967)
 
En 1967, Eugenio P. Rom entrevista a Perón en Madrid y allí nace el libro Así hablaba Perón (título con connotaciones del libro canónico de F. Nietzsche, "Así habló Zaratustra"). De esa entrevista se editó y publicó un extracto con el nombre Breve Historia de la Problemática Argentina, de Juan D. Perón, compilado por Rom.
 
En el libro Perón es lapidario respecto al rol de Urquiza en la Batalla de Caseros expresando: "... En eso estaban las cosas al comienzo del año 1851, cuando se produce el hecho más increíble de la historia argentina y uno de los acontecimientos más vergonzoso de la historia universal. El general en Jefe del Ejército de Operaciones argentino para la guerra contra el Brasil; Don Justo José de Urquiza, entra en tratativas con el enemigo para pasarse a él y arrastrar a las tropas que el país ha puesto bajo su mando y responsabilidad... Antes de movilizarse ha exigido que se le dé todo el dinero prometido".
 
Sobre el significado de Caseros, Perón añade: " La batalla se dio en Morón. Las fuerzas nacionales poco pudieron hacer contra un enemigo que las duplicaba en número y armamentos. La historia escolar, la conoce como de "Caseros", porque los brasileños exigieron que así se llamara, dado que a la División de ese país le tocó pelear en un sector conocido como "Palomar de Caseros".
 
En la historia de Brasil, se llama "la revancha de Ituzaingó" y "fin de la guerra" contra Argentina". En todas las ciudades de ese país, hay una calle o avenida que lleva su nombre. ¡Es lógico! Lo realmente increíble, es que en Buenos Aires y varias ciudades del interior, también hay calles que se llamen así... El 20 de febrero de 1852, aniversario de la batalla de Ituzaingó, el ejército brasilero entró en Buenos Aires, con charangas y banderas desplegadas a su frente. Se fusiló y degolló a tanta gente, que el río que cruza Palermo, dicen los testigos de la época, bajaba con sus aguas de color rojo".
 
 
Conclusión
 
El 20 de octubre de 1970, Juan Perón le envió a nuestro historiador entrerriano Fermín Chávez una carta que este publica luego en su libro "La vuelta de Don Juan Manuel". Allí se refiere a Rosas y expresa: "Don Juan Manuel, el primero que después de San Martín muere en el exilio por haber defendido dignamente la soberanía popular y la independencia de la Patria. Él le rindió a Rosas, el mejor homenaje que un soldado puede rendir a otro soldado: su sable libertador...".
 
Aunque existen múltiples interpretaciones posibles en este período, las pruebas documentales son irrebatibles: Juan Domingo Perón poseía una visión profundamente crítica de la Batalla de Caseros y del papel de Urquiza, consolidando una interpretación histórica donde la caída de Rosas representó, para él, una derrota de la soberanía nacional frente a intereses extranjeros.
 
Por A. Gonzalo García Garro
 
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02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
03-03-2026 / 18:03
02-03-2026 / 20:03
02-03-2026 / 19:03
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