Nacionales - 26-01-2026 / 11:01
SE LE TERMINÓ EL VERSO AL ANARCO CAPITALISTA MILEI
La Argentina se va al tacho: se desplomaron la actividad industrial, el consumo y el empleo
La noticia no tuvo titulares catastróficos, ni paneles que la debatieran, ni fue motivo de charla en el café, el asado o la juntada. Como el embarazo de la nena, o el hijo con discapacidad que se ocultaba en la sociedad careta del siglo pasado, la pavorosa noticia del aumento imparable de la morosidad de las familias que volvió a crecer en noviembre, pasa como si no pasara.
La noticia no tuvo titulares catastróficos, ni paneles que la debatieran, ni fue motivo de charla en el café, el asado o la juntada. Como el embarazo de la nena, o el hijo con discapacidad que se ocultaba en la sociedad careta del siglo pasado, la pavorosa noticia del aumento imparable de la morosidad de las familias que volvió a crecer en noviembre, pasa como si no pasara.
La morosidad familiar, o sea, la deuda que toman las familias que antes no se endeudaban para pagar alquiler, comida, vestimenta, salud o educación se triplicó en sólo un año y pasó del 2,6% en noviembre de 2024 al 8,8% en el mismo mes del año pasado.
Desde 2010 que no se veían cifras así, con la "pequeña" diferencia que en aquel año una parte no menor de esa deuda tenía que ver con la compra de viviendas, automóviles o viajes y hoy es por atender las necesidades básicas insatisfechas en familias que venían bien cuando "estábamos mal" y había que votar un "cambio".
Y el voto hizo el cambio. En el mismo mes del infierno endeudador de las familias, hubo otros derrumbes de actividades que eran florecientes cuando estábamos mal: la industria manufacturera cayó -8,2%, el comercio -6,4% para no hablar de la pesca que se sumergió (valga la expresión acuática) un -25%, convirtiéndose en el sector de mayor desplome.
Lo único que crece es lo que está ligado al gran capital: petróleo y minería, el agro y la llamada "intermediación financiera", esto es, los hijos y nietos de los ganadores de la siniestra Argentina de Martínez de Hoz con su ley de entidades financieras prohijados por la dictadura de Videla, Massera, Agosti y sus civiles cómplices que dejaron 30 mil desaparecidos, cientos de bebés apropiados y la economía destruida.
¿De qué viviremos los argentinos en este país que así se destruye? Días atrás estimamos que al proyecto de país libertario le sobran 25 millones de argentinos. Con los nuevos datos, el cálculo parece optimista.
La receta gorila para ocultar las verdaderas causas de esta destrucción es la de siempre: reforma laboral porque la culpa la tienen los trabajadores y los derechos que el peronismo les regaló. El "costo argentino" le llaman estos atorrantes.
La verdad, aunque no se informe, ni se debata, ni se charle o se discuta, es que, con estos niveles de consumo en picada, a la industria, al comercio, a los servicios, le falta demanda. Con este nivel de actividad, no necesitan más empleados, ni baratos ni caros, ni con derechos o sin derechos.
El último índice de salarios difundido por el Indec volvió a dejar en evidencia que el poder de compra de los trabajadores no logra recuperarse frente al avance de los precios. En paralelo, la Unión Industrial Argentina advirtió una nueva caída de la actividad fabril, con impacto directo en el empleo y el consumo. Al país libertario le sobran empleados, le sobran familias y por eso tiene más de seis millones de planes AUH y Tarjetas Alimentar que son grupos familiares barridos bajo la alfombra.
El problema no son los laburantes y sus familias, es el proyecto libertario de endeudamiento para ocultar el fracaso. Su deuda en dólares se paga con más deuda y con emisión de pesos que luego se absorbe a tasas altísimas dándole ganancias a sus amigos especuladores de la patria financiera y con las que se destruye la inversión productiva. No son los trabajadores el problema... es la patria financiera... y para esa antipatria que pide reforma laboral, la única solución argentina es una reforma financiera que le corte sus garras a los buitres.
La Opinión Popular
Los informes publicados este viernes refuerzan un diagnóstico cada vez más extendido: el esquema económico del Gobierno nacional no solo no reactiva la economía, sino que profundiza el deterioro de la producción y del mercado interno.
Durante noviembre de 2025, los salarios aumentaron apenas 1,8 por ciento en el mes, mientras que la inflación trepó 2,5 por ciento en el mismo período. Es decir, los ingresos volvieron a perder contra el costo de vida.
En la comparación interanual, los sueldos mostraron una suba de 40,3 por ciento frente a un incremento de precios de 31,4 por ciento. Sin embargo, ese dato se explica en gran parte por el rebote estadístico tras un año previo de ingresos prácticamente congelados, lo que no se traduce en una recuperación real del poder adquisitivo.
El crecimiento mensual estuvo impulsado por aumentos de 2,1 por ciento en el sector privado registrado, 1,2 por ciento en el sector público y 1,7 por ciento en el sector privado no registrado, según estimaciones del organismo oficial.
Desde el lado de la producción, el panorama es igual de preocupante. De acuerdo con los cálculos propios de la Unión Industrial Argentina, basados en consumo de energía eléctrica, demanda industrial y consultas a referentes del sector, en diciembre la actividad industrial cayó 3,5 por ciento interanual. En la comparación mensual, se proyecta una suba de 2 por ciento respecto de noviembre, aunque explicada en parte por un bajo nivel de referencia debido a los feriados del mes anterior.
El informe empresarial remarca que, aun con esa mejora mensual, el nivel de actividad sigue estancado: se mantiene en valores similares al cuarto trimestre de 2024 y alrededor de 9 por ciento por debajo de 2022.
Entre los sectores más golpeados se destacan los productos textiles, con una caída de 36,7 por ciento, seguidos por vehículos automotores con 23 por ciento, productos de metal con 18,6 por ciento, maquinaria y equipo con 18 por ciento, prendas de vestir, cuero y calzado con 17,6 por ciento, y productos de caucho y plástico con 12,5 por ciento.
Con salarios que no alcanzan, fábricas que producen menos y consumo en retroceso, los números vuelven a señalar al corazón del modelo económico: lejos de reactivar, el ajuste sigue trasladando el costo de la crisis a los trabajadores y al entramado productivo.
Fuentes: La Arena y Nova