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Internacionales - 05-01-2026 / 20:01
6 DE ENERO DE 2021

Asalto ultra derechista al Capitolio de los Estados Unidos

Asalto ultra derechista al Capitolio de los Estados Unidos
Una horda de fanáticos militantes de grupos de ultraderecha partidarios de Donald Trump invaden con violencia la sede de la Cámara de Representantes para impedir que convalidara el resultado de las elecciones presidenciales en las que su líder fue derrotado por el demócrata Joe Biden. Trump alentó las protestas de sus seguidores al afirmar que hubo un “fraude electoral".
El 06 de enero de 2021, la democracia yanqui afronta un hecho sin precedentes en su historia: la toma del Capitolio. Una turba de extrema derecha, seguidores del presidente Donald Trump irrumpe en el edificio del Congreso mientras se llevaba a cabo la sesión que consagraba a Joe Biden como nuevo mandatario.
 
Azuzados por el propio Trump, bajo la creencia de que se había consumado un fraude en las elecciones de noviembre, los manifestantes asaltan el Capitolio y chocan con la policía. Hay cinco muertos y decenas de heridos y detenidos. Entre los asaltantes prevalecen miembros de grupos de extrema derecha, como QAnon y Proud Boys, e incluso flamean la bandera de la Confederación, un símbolo racista y supremacista.
 
Trump afronta un inédito segundo juicio político (el anterior había sido por la trama rusa, justo antes de la pandemia), del que es absuelto en el Senado después de haber dejado el poder. En el medio, Biden asume sin la presencia del magnate, cuyo acceso a las redes sociales quedó vedado desde lo que se considera un intento de golpe de Estado.
 
La Opinión Popular

 
Asalto derechista al Capitolio de los Estados Unidos 
Donald Trump.

 
OPINIÓN
 
Los Reyes Magos y los padres mentirosos
 
Además de su desembozado ejemplo de corrupción política, EEUU está promoviendo a través de sus multinacionales y de sus embajadas, los mismos métodos espurios para beneficiar a los partidos de derecha de todo el mundo.
 
Por José Albarracín
 
En la tradición cristiana el 6 de enero se emplea para recordar el pasaje del Evangelio de Mateo que narra la visita de los llamados "reyes magos" al recién nacido Jesús. El texto bíblico no habla de reyes, ni da sus nombres, ni dice que fueran tres. De hecho, en realidad, no eran ni reyes, ni magos: eran lo que en aquellas épocas podría calificarse como "científicos" provenientes de Oriente. No deja de ser una ironía, entonces, que el nuevo significado que ha pasado a tener esta fecha en Occidente, desde el año pasado, coincida con un brutal ataque contra la ciencia y contra la democracia: el asalto al Congreso de los Estados Unidos por los partidarios de Donald Trump, perdedor de las elecciones de 2020.
 
 
Es hoy.
 
Cuando se cumple su primer aniversario, apenas si se comienza a vislumbrar la gravedad del episodio que investiga un comité especial del Congreso, y que conmocionó al país del norte y al mundo entero. Hasta el momento sólo han sido condenados por el hecho algunos de sus participantes presenciales que, con la tecnología disponible, fueron fácilmente identificables como culpables de varios delitos.
 
Pero lo que aquel motín ponía en escena, era algo mucho más profundo, grave y preocupante.
 
Hoy se sabe que prominentes miembros del gobierno de Trump y varios abogados de renombre, trabajaron hasta último momento en diseñar una fachada "legal" para un autogolpe, que invalidara las elecciones presidenciales en las que triunfara Joe Biden, y perpetuara a Trump en el poder.
 
Se sabe, también, que varios periodistas "estrella" de la cadena Fox News, mientras en vivo minimizaban los incidentes en Washington, en privado enviaban mensajes a los colaboradores más cercanos del entonces presidente, rogándoles que hicieran algo para detener la batahola, a fin de "preservar el legado" de esa administración.
 
Es un hecho, por otra parte, que muchos de aquellos colaboradores de la Casa Blanca se han complotado para negar su colaboración en la investigación de estos sucesos, aún corriendo el riesgo de ser acusados de desacato y puestos en prisión.
 
Y está claro que el Partido Republicano, lejos de distanciarse de esos hechos sediciosos -y más lejos aún de condenarlos- lo que ha hecho, por el contrario, es expulsar de sus filas a los pocos dirigentes que se atrevieron a desafiar la evidente mentira en que se basaron, esto es, el supuesto fraude electoral. El mismo partido que cuando el presidente Richard Nixon fue acusado de actos bastante menos graves que los perpetrados por Trump, le soltó la mano y lo dejó caer.
 
 
Mesías.
 
La diferencia con aquellos episodios de los años setenta, está en los profundos cambios que ha experimentado el mundo, tanto en materia política, como tecnológica. Como dice ahora Francis Fukuyama -tratando de recular en su profecía del "fin del mundo" de hace treinta años atrás- el problema es que, a partir de internet y la atomización de la producción de "informaciones", las personas no sólo discrepamos en cuando a nuestros valores -como siempre hemos hecho- sino que, además, vivimos en universos fácticos distintos. Ya no se pelea tanto por las ideas, se pelea por capturar el relato de la verdad.
 
"Un partido político saludable, funcional, afronta sus derrotas electorales haciendo una autocrítica de sus errores, y redoblando sus esfuerzos para atraer más votantes la próxima vez. El Partido Republicano, como los movimientos autoritarios de todo el mundo, se ha mostrado incapaz de hacer esto. La retórica de sus líderes sugiere que se autoperciben como el único gobernante legítimo posible, y de ahí que describan la victoria de cualquier otro partido como el resultado de un fraude".
 
Estas palabras del grave editorial de New York Times, pueden extenderse en realidad a todas fuerzas políticas populistas de derecha creadas a semejanza del trumpismo: El brasileño Jair Bolsonaro ya está adelantando que en las elecciones de este año -que perderá casi seguro- serán fraudulentas. El año pasado, la peruana Keiko Fukimori jamás reconoció su derrota electoral en las presidenciales, mientras en Argentina, antes de conocerse el resultado de las parlamentarias, la Alianza Cambiemos anticipaba que habría fraude electoral.
 
 
El problema.
 
En realidad, lo ocurrido en EEUU no hace más que desnudar lo que ya era un secreto a voces, y es que aquel país en realidad no es una democracia real, sino un sistema de gobierno aristocrático. Gracias al adefesio constitucional del Colegio Electoral, y a la atomización de la elección presidencial en 51 distritos, hace mucho tiempo que el voto popular ha perdido significado real. Biden ganó las elecciones por más de siete millones de votos: su triunfo fue tan aplastante que ni debería discutirse. Hillary Clinton, por su parte, había sacado más de tres millones de votos de diferencia sobre los que obtuvo Trump en la elección anterior, pero perdió la presidencia por la cantidad de delegados cosechados.
 
Lejos de encarar una solución razonable a este problema, los republicanos se han dado a profundizar sus prácticas antidemocráticas, tanto restringiendo o suprimiendo el derecho a votar de las minorías y los trabajadores, como redibujando los distritos electorales para asegurarse la victoria.
 
El problema no es tanto que EEUU desnude su profunda decadencia moral e institucional: es que, además de su desembozado ejemplo de corrupción política, está promoviendo a través de sus multinacionales y de sus embajadas, los mismos métodos espurios para beneficiar a los partidos de derecha de todo el mundo.
 
El peligro para la democracia es real. Y no se combatirá con magia. Hará falta mucha militancia para convencer a la mayor cantidad de gente posible, de que los Reyes Magos son, en realidad, los padres. Y que los padres nos han estado mintiendo.

 
Asalto derechista al Capitolio de los Estados Unidos 
La imagen de Jacob Chansley con un casco de cuernos en el medio de ese grupo recorrió el mundo. Después recibió una condena de 41 meses de prisión.

Fuente: La Arena

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07-01-2026 / 09:01
El Cartel de los Soles es una truchada. El propio Departamento de Justicia de EE.UU. reconoció en los hechos que no existe el "Cartel de los Soles", la organización "narcoterrorista" que supuestamente encabezaba Nicolás Maduro. No fue ni contra el narcotráfico ni por la democracia: Donald Trump atacó Venezuela por el petróleo. Se cayó la principal excusa del gobierno yanqui para bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente. El giro del Departamento de Justicia yanqui desnuda que el verdadero objetivo del ataque imperialista y el secuestro del presidente venezolano siempre fue el petróleo, no la falsa guerra contra las drogas. El papelón alcanza al alcahuete Javier "el Loco" Milei, que también declaró como terrorista al ficticio cartel para complacer a Trump.
 
El tan cacareado Cártel de los Soles resultó ser inexistente. Desde 2020 los Estados Unidos lo utilizó para acusar al presidente constitucional de Venezuela, Maduro, de ser el cabecilla. El creador de esta fábula fue el propio Trump en tiempos de su primer gobierno y la recuperó el año pasado para continuar con su asedio al celoso custodio de la mayor reserva petrolífera del planeta. Sin embargo, el lunes por la noche, esa fábula se desmoronó cuando se conoció que el Departamento de Justicia de Estados Unidos, había reescrito la acusación contra Maduro y dejó de considerar a este cártel como una organización real. La impunidad del poderoso.
 
Este cambió poco le importó a Milei que decidió mantener a los Soles en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento. Tal vez lo hizo a la espera de que la mentira se convierta en verdad. Lo cierto es que seguir con esta fábula entre los delitos que se le endilgan a Maduro, iba a resultar contraproducente para la estrategia de la fiscalía. Sobre todo, porque el proceso judicial ya tiene un vicio de legalidad de origen: se inició porque antes se invadió y atacó un país extranjero, Venezuela, y se secuestró a su presidente, Maduro.
 
Según trascendió, ahora la acusación de la fiscalía contra Maduro se limita a responsabilizarlo de conducción de un supuesto "sistema clientelar" y desarrollar una "cultura de corrupción" que se nutrió de dinero del narcotráfico.
 
Una vez que Trump comenzó su segundo mandato, resucitó al Cártel de los Soles y la acusación contra Maduro del año 2020. En julio pasado, el Departamento del Tesoro copió textual esa acusación para incorporar al cártel como organización terrorista. Cuatro meses más tarde, el secretario de Estado y uno de los principales asesores en seguridad, Marco Rubio, hizo lo mismo. El relato para la campaña mediática contra Venezuela cerraba perfecto y era casi calcado a otras experiencias norteamericanas con países de Latino América, como fue el caso Panamá en 1989. O la farsa de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, que justificaron su invasión.
 
Con franqueza imperial, Trump se encargó de despejar cualquier duda sobre las verdaderas motivaciones de la agresión. En una conferencia de prensa afirmó sin tapujos que su intención era "administrar" Venezuela para "recuperar" su petróleo, como si ese recurso natural perteneciera a Estados Unidos y no al pueblo venezolano. La frase, brutal en su sinceridad, pulverizó de un solo golpe el andamiaje discursivo con el que durante años se intentó justificar el hostigamiento contra los gobiernos bolivarianos.
 
Quedó así al desnudo que el problema de Washington con Maduro nunca fue el supuesto "fraude" en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, ni la acusación de ser una "dictadura", ni mucho menos la fantasía judicial del inexistente Cartel de los Soles. El verdadero conflicto es geopolítico y económico: Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo convencional del planeta y ha insistido, desde la Revolución Bolivariana, en ejercer soberanía sobre ellas. Para el imperialismo yanqui, ese pecado es imperdonable.
 
La Opinión Popular
 

07-01-2026 / 08:01
07-01-2026 / 08:01
06-01-2026 / 11:01
Si algo confirmó el ataque yanqui a Venezuela fue que Nicolás Maduro era el presidente legítimo de ese país. Terminó con la discusión de su elección y de las famosas actas. Si no fuera así, la oposición no habría presentado actas truchas y Washington no hubiera necesitado intervenir por la fuerza. Si la oposición tenía tanto respaldo como decían, el matón Donald Trump no los hubiera despreciado públicamente como hizo en la conferencia de prensa donde anunció el secuestro del mandatario venezolano y su esposa.
 
El mundo cambió, algunos dicen que no es cierto que Estados Unidos sea una potencia en decadencia. Y es al revés. Tiene que usar la fuerza para mantener su hegemonía porque su economía está en problemas y es difícil que pueda recuperarse. Pero es la primera potencia militar por lejos. La sigue Rusia y después China. Pero China y Rusia sumadas sobrepasan el poderío norteamericano, que tiene 18 bases militares fuera de su territorio, más sus aliados de la OTAN. Como las medidas económicas ya no tienen la fuerza necesaria, aplica la fuerza más importante que le queda, que es la militar.
 
Es obvio que a China y a Rusia no les gusta la intervención militar norteamericana, pero no moverán un soldado porque aceptan que América sea zona de influencia norteamericana. Si Latinoamérica es zona de influencia de Washington, es obvio que Ucrania resulta zona de influencia de Rusia y que Taiwán y sus alrededores es zona de influencia de China. Las potencias están demarcando sus zonas de influencia. Permitirán la presencia de otras economías mientras no crean que los amenaza.
 
Lo que no se resuelve por la política, se resuelve por la fuerza. Los argentinos sabemos esa máxima de la realidad. Y la lógica de la fuerza, no es progresiva porque la única forma de defenderse es tener más fuerza que el posible agresor. O sea: la regla será una nueva carrera armamentística con la proliferación de arsenales nucleares. Muy peligroso.
 
El tema principal con Venezuela no sería tanto la provisión de petróleo, porque le vende todo el que necesita y ha aclarado en repetidas oportunidades que no tienen intenciones de retacearlo. Tampoco sería el hecho de que le venda a China. El problema es que los tratos con Beijing no se realizan en dólares.
 
Y si el mundo abandona el dólar como moneda internacional, Estados Unidos sería aplastado por su enorme deuda y los problemas en sus cadenas de suministro internacionalizadas. El año próximo, por primera vez, los vencimientos de su deuda serían mayores que su enorme gasto militar. Por supuesto que la intención de máxima es tomar el control directo de las grandes reservas de petróleo venezolano.

En Argentina y en todas partes, pasa a ser más necesario que nunca que sus Fuerzas Armadas recuperen el sentido nacional que terminaron de perder durante la Guerra Fría. Es un mundo en el que prima la fuerza y las relaciones de dominación. Resignarse en este mundo es aceptar el sometimiento como ocurre con el gobierno actual. El camino para preservar los intereses propios está en fortalecerse en los organismos de integración regional y la diversificación de mercados en organismos como el de los BRICS.

La operación de comandos que secuestró a Maduro fue exitosa desde su punto de vista. Pero como Estados Unidos no puede arriesgar una invasión de infantería similar a la de Panamá el objetivo de máxima era de cambio de régimen. El secuestro de Maduro debía provocar saqueos, levantamientos de multitudes y en cascada, fracturas en las Fuerzas Armadas. La oposición de Corina Machado no podía garantizar ni un acto mínimo. La decepción de Trump fue evidente. En vez de reemplazar al régimen está obligado a negociar con él, aunque presione con la cárcel de Maduro
Trump utiliza la agresión a Venezuela para amenazar a los gobiernos de América que no se someten a EE.UU.

 

05-01-2026 / 20:01
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