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Internacionales - 08-11-2025 / 20:11
EL 9 DE NOVIEMBRE DE 1989 SE DERRIBA EL SINIESTRO MURO

La caída del Muro de Berlín cambió al mundo

La caída del Muro de Berlín cambió al mundo
Cae el Muro de Berlín, que divide la ciudad desde 1961. La imagen es el símbolo del colapso del comunismo, imperante en los países de Europa Oriental desde el final de la Segunda Guerra.
El Muro de Berlín fue parte de las fronteras interalemanas desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 09 de noviembre de 1989 y separó a la República Federal Alemana de la República Democrática Alemana.
 
Con la intensificación de la Guerra Fría, la guerra diplomática se tornó en amenaza militar permanente, se reforzaron las fronteras, particularmente por parte del bando oriental. Las fronteras pasarían, de ser una separación entre las dos partes alemanas, a ser parte de la frontera entre la Comunidad Económica Europea (antecesora de la Unión Europea) y el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON), entre la OTAN y los miembros del Pacto de Varsovia, y también entre dos ideologías políticas y dos bloques económico-culturales que se enfrentaban en la Guerra Fría.
 
El Muro de Berlín cayó en la noche del jueves 09 de noviembre de 1989, 28 años después de su construcción. La apertura del muro, conocida en Alemania con el nombre de die Wende (El Cambio), fue consecuencia de las exigencias de libertad de circulación en la ex-RDA y las evasiones constantes hacia las embajadas de capitales de países del Pacto de Praga y Varsovia, y por la frontera entre Hungría y Austria, que impuso menos restricciones desde el 23 de agosto. En septiembre, más de 13.000 alemanes orientales emigraron hacia Hungría.
 
Hacia el final de 1989 comenzaron manifestaciones masivas en contra del gobierno de la Alemania Oriental. El líder de la RDA, Erich Honecker, renunció el 18 de octubre de 1989, siendo reemplazado por Egon Krenz pocos días más tarde.
 
La caída de este muro permitió la unión de Alemania, y significo la derrota del comunismo alemán, un régimen que venía deteriorándose desde hacia tiempo. Sin embargo aun más preocupante era lo que significaba esto para la URRS, ya que desde este momento comenzó el fin de la Unión Soviética.
 
Muchas de las repúblicas constituyentes de la URRS iniciaron gestiones para obtener la independencia, como Lituania, Letonia, Estonia y Moldavia. Sin embargo aun así no caía totalmente la URRS, el golpe real vino cuando en mayo de 1990, Borís Yeltsin, quien había sido expulsado del PCUS en 1987, fue elegido presidente del Parlamento ruso. Desde esa posición de poder, Yeltsin impulsó medidas que precipitaron el fin de la Unión Soviética.
 
Por Carlos Morales
 

La caída del Muro de Berlín fue la expresión más evidente y conmovedora de la implosión de un sistema que se hundió por sus errores, ineficiencia y burocracia. Este hecho crucial, que luego siguió con la disolución de la URSS, no hizo del mundo un lugar más justo ni menos peligroso.
 
La desaparición de una de las superpotencias provocó, paradójicamente, un desbarajuste y un desequilibrio que aún no se ha podido reestablecer. La guerra fría entre Estados Unidos y sus aliados con la Unión Soviética y los suyos tuvo al mundo al borde de otra guerra quizá definitiva. Berlín fue la frontera entre el Oeste capitalista y el Este del socialismo real. En esa ciudad emblemática, repartida entre los aliados de la Segunda Guerra, donde el pulso de esa confrontación se auscultaba cada segundo. 


Un Muro levantado que fue el ícono de la impotencia de un régimen que prometía un sistema socialista pero que debía contener, de cualquier manera, el éxodo de sus presuntos beneficiarios. Fue en Berlín donde una multitud atravesó el muro el 9 de noviembre de 1989, entre la cual se encontraba Angela Merkel, actual canciller de Alemania.
 
El poderío nuclear de ambas potencias creó un balance entre amenazas y temores. Esa dinámica le dio al sistema un núcleo firme de previsibilidad.
 
Tras el derrumbe de la URSS, EE.UU. apareció como la única potencia dominante y pretendió establecer una política de policía mundial. Fueron tiempos en los que se pregonaba que la democracia había ganado definitivamente la pelea. Pronto, el desbalance expuso las limitaciones a esa teoría y sus resultados prácticos: las guerras declaradas por Washington se convirtieron en problemas más que en la solución ideal que los promotores de la acción militar -y de los negocios- habían prometido al abrir esta Caja de Pandora.
 
El sistema mundial sigue inestable y la aparición de otros polos de poder están reconfigurando el mundo. A la vez, EE.UU. enfrenta nuevos desafíos y el terrorismo impone condiciones que obligan a respuestas militares de cuya eficacia todavía no hay constancia fehaciente.
 
Lo que abrió los 156 kilómetros de concreto y hierro que dividía Berlín fue una fuerza contenida por una élite político-militar que negaba y reprimía libertades elementales. La sociedad no encontraba en ese sistema respuestas a sus inquietudes personales ni colectivas. Esa lección del 9 de noviembre es la que perdura, más allá de la geopolítica.
 
Ricardo Kirschbaum
 
Fuente: Clarín

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12-04-2026 / 19:04
La estrepitosa caída de Viktor Orbán en Hungría no es solo un traspié electoral en el Viejo Continente; es el colapso del espejo donde Javier Milei proyectaba su fantasía de un régimen de excepción y ajuste perpetuo. Al quedarse sin su principal bastión en Europa, el proyecto libertario en Argentina tiene un traspié geopolítico, desnudando que la mística de las "fuerzas del cielo" carece de sustento cuando la realidad del bolsillo y el hartazgo social desintegran el marketing del odio.

 
El desmoronamiento del régimen de Orbán se tradujo en cifras que marcaron un giro copernicano en la política húngara: el partido opositor Tisza, liderado por Péter Magyar, alcanzó un contundente 46% de los votos, superando por más de diez puntos al oficialista Fidesz, que se hundió en un 35%, su peor desempeño en casi dos décadas. Esta brecha de 11 puntos no solo despojó a Orbán de su mayoría especial en el Parlamento, sino que sepultó la imagen de invencibilidad del modelo conservador, demostrando que el descontento social acumulado fue capaz de perforar un aparato estatal diseñado para la perpetuidad.


 
Este quiebre del eje derechista internacional funciona como una sentencia anticipada para quienes pretenden gobernar contra las mayorías: la derrota de Orbán demuestra que no hay blindaje mediático ni persecución política que logre frenar la voluntad popular cuando el autoritarismo se convierte en hambre. En la Casa Rosada, el impacto se siente. Orbán es uno de los principales referentes ideologicos de las nuevas derechas del siglo XXI, uno de los primeros y mas acabados exponentes. El miedo a que el "efecto Budapest" cruce el Atlántico y se expanda a latinoamerica ha dejado de ser una especulación de la oposición para transformarse en el fantasma que hoy recorre los pasillos de un gobierno que empieza a oler su propio fin de ciclo.

03-03-2026 / 18:03
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02-03-2026 / 19:03
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