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15 DE SEPTIEMBRE DE 2018

La trágica muerte de José Manuel de la Sota

La trágica muerte de José Manuel de la Sota
José Manuel de la Sota. Foto: Blas García para La Opinión Popular
El 15 de septiembre de 2018, José Manuel de la Sota pierde la vida en un accidente de ruta en Córdoba, a los 68 años. Lideró la renovación peronista en su provincia en los 80 y acompañó a Antonio Cafiero en la fórmula derrotada por el binomio Carlos Menem-Eduardo Duhalde en 1988. Más tarde fue embajador en Brasil y senador nacional. Resultó electo gobernador de su provincia en 1998 y en 2003 logró la reelección. Tras dejarle el cargo a Juan Schiaretti, volvió en 2011 y gobernó hasta 2015.
 
La Opinión Popular  

 

FUE MUCHO MÁS QUE UN GOBERNADOR: FUE UN CONSTRUCTOR DE IDENTIDAD POLÍTICA. SU MODELO DE GESTIÓN PRODUCTIVISTA Y FEDERAL SIGUE SIENDO REFERENCIA EN TIEMPOS DE CRISIS
 
El recuerdo de José Manuel de la Sota: un proyecto político que vive
 
José Manuel de la Sota fue, antes que nada, un constructor. No sólo de obras, aunque su paso por la gobernación cordobesa esté repleto de escuelas, rutas y viviendas que aún se cuentan por miles. Fue, sobre todo, un constructor político. Supo moldear un peronismo a la medida de Córdoba, sin renegar de su identidad nacional pero con un oído siempre atento a lo que pedía su gente.
 
De ahí provino una de sus principales virtudes: entender que la política provincial no podía ser mera réplica del tablero nacional; que había que diseñar una identidad propia, con autonomía aunque no con aislamiento.
 
Su camino hasta 1999 estuvo marcado por la derrota, sí, pero sobre todo por la resiliencia. Por esa serie de golpes que parecían empujarlo a la irrelevancia y que, sin embargo, forjaron al dirigente que finalmente se convertiría en gobernador. La persistencia, más que el carisma, es lo que terminó por definirlo. Aunque, claro, el carisma estaba ahí: esa capacidad de interpelar a cualquiera, de generar una cercanía que pocos líderes logran, de hacer sentir al otro parte de una conversación mayor.
 
En la Córdoba de la crisis, cuando el país parecía resquebrajarse y la confianza en la política caía en picada, De la Sota eligió responder con gestión. Redujo impuestos, modernizó la administración estatal, buscó financiamiento externo y, en simultáneo, levantó infraestructura social que aún hoy se utiliza como vara de comparación. Comprendió antes que otros que la legitimidad política no se construía sólo con discursos, sino con resultados palpables en la vida cotidiana de la gente.
 
Pero "el Gallego" entendió algo más: que el poder no podía concentrarse únicamente en la capital provincial ni en los grandes centros urbanos. Su proyecto se desplegó con fuerza en el interior de Córdoba, donde impulsó rutas, escuelas, hospitales y programas productivos que cambiaron la vida cotidiana de miles de familias.
 
Supo leer que la Córdoba profunda, agrícola, industrial y universitaria era el corazón de la provincia y debía sentirse parte de un mismo destino colectivo. Esa visión del interior como motor y no como periferia también lo conectó con una idea más amplia: la de un país federal de verdad, en el que las provincias no estuvieran condenadas a ser meras proveedoras de recursos, sino protagonistas de su propio desarrollo.
 
Sin embargo, sería un error leerlo únicamente como un gobernador eficaz. De la Sota también fue un estratega nacional, un dirigente que intentó, por distintas vías, proyectar un camino alternativo para el peronismo en el siglo 21. Su muerte -hace hoy siete años- interrumpió esa ambición y dejó un vacío difícil de llenar. Por eso -y también por muchas características propias, intransferibles- la figura de su hija Natalia cobra hoy tanta relevancia.
 
Natalia de la Sota representa más que un apellido. Es la encarnación de un legado que apunta a una forma de hacer política: cercana, empática, con capacidad de escucha y, al mismo tiempo, con visión estratégica. Su irrupción en la política nacional rescata la idea de que Córdoba no es una isla; que el destino provincial está atado al del país entero.
 
Ese legado resulta especialmente valioso hoy, en una Argentina sumida, nuevamente, en la crisis. En tiempos de improvisación, De La Sota encarna la importancia de prepararse antes de gobernar; de estudiar y planificar antes que improvisar. En un país que padece la recesión y el desmantelamiento del Estado, su modelo de peronismo productivista y moderno recuerda que la gestión pública puede ser motor de crecimiento y bienestar.
 
En una dirigencia que muchas veces aparece distante, su estilo de cercanía y empatía con la gente ilumina un camino distinto. Y frente a discursos que fragmentan y dividen, su visión de una Córdoba integrada a un proyecto nacional señala que no hay futuro posible en el aislamiento.
 
La herencia del "Gallego" no se limita al recuerdo. Persiste en quienes lo militaron incansablemente; en quienes lo acompañaron en las derrotas y en las victorias; en quienes lo vieron gobernar; en quienes lo votaron; en quienes lo enfrentaron y reconocieron en él a un adversario de peso, y sobre todo, un tipo digno. Persiste, en la posibilidad de que su mirada -la de un peronismo productivista, moderno, inclusivo- tenga continuidad en nuevas generaciones. Natalia, con su estilo propio y sus tiempos, encarna esa continuidad.
 
De la Sota decía que la política debía entender el descontento de la gente antes de que fuera demasiado tarde. Ese llamado, hoy, sigue siendo urgente. Y acaso sea su hija, con la memoria de su padre como guía, una de las principales dirigentes que tenga la responsabilidad de volver a recordárselo a la Argentina.
 
Gonzalo Fiore Viani
*Doctor en relaciones internacionales
 
Fuente: La Voz del Interior
 
 
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02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
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