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Sociedad e Interés General - 25-08-2025 / 20:08
ENTRERRIANO Y FEDERAL

La rebelión del gaucho Rivero en nuestras Islas Malvinas

La rebelión del gaucho Rivero en nuestras Islas Malvinas
En enero de 1833 el Reino Unido ocupó por la fuerza las islas Malvinas. De los gauchos y aborígenes acriollados que todavía vivían en las islas, un grupo de ellos se sublevó en desacuerdo con la nueva situación, el 26 de agosto de 1833, seis meses después de la invasión británica de las islas. Su líder era el gaucho entrerriano federal Antonio Rivero.
El 03 de enero de 1833 el Reino Unido ocupó por la fuerza las islas con la corbeta HMS Clio. El descontento cundía entre los gauchos, pues el capataz, el francés Jean Simon, con la excusa de la ocupación británica, intentaba extenderles las ya pesadas tareas campestres, entre otros excesos de autoridad.
 
Sumado a eso, se les abonaba no con dinero, sino con vales firmados por el propio ex gobernador Vernet, los cuales no eran aceptados por Dickson, el administrador de las islas, que a la vez también era el responsable de los almacenes.
 
Además, les prohibían alimentarse con el ganado doméstico, obligándolos a cazar animales asilvestrados. Los explotadores actuaban en perfecta armonía con Dickson, único representante de la corona británica presente en las islas.
 
De los gauchos y aborígenes acriollados que todavía vivían en las islas, un grupo de ellos se sublevó en desacuerdo con la nueva situación, el 26 de agosto de 1833, seis meses después de la invasión británica de las islas. Su líder era el gaucho entrerriano federal Antonio Rivero.
 
Los rebeldes estaban armados con facones, boleadoras, espadas, pistolas y mosquetes, en contraste con las pistolas y fusiles con los que contaban sus oponentes. Decidieron actuar por sorpresa, aprovechando la ausencia del teniente Lowe y sus hombres, que se habían alejado por mar en una expedición de caza de lobos marinos.
 
Fueron ejecutados el administrador del archipiélago William Dickson, Matthew Brisbane, Juan Simón, y otros dos colonos. Los ataques fueron llevados a cabo cuando las víctimas estaban a solas, para aprovecharse de la superioridad numérica. Posteriormente se instalaron los gauchos en la casa de la comandancia, impidieron el izado de la bandera británica durante los siguientes cinco meses, izando en su lugar una azul y blanca (colores entonces de la Bandera Argentina).
 
Las vidas del resto de los colonos, que eran criollos y de otras nacionalidades, fueron respetadas y -en espera de que las autoridades argentinas enviaran una fuerza naval para recuperar las islas- los confinaron en la isla Celebroña.
 
El 23 de octubre de 1833 atracó la goleta británica HMS Hopeful seguida por dos balleneras también británicas. Rehusaron a enfrentarse a los facciosos y decidieron en cambio reportar la situación a sus superiores del sector sudamericano, por lo que se retiraron. El 9 de enero de 1834, la HMS Hopeful regresó a la isla Soledad junto con la también británica HMS Challenger. El capitán Seymour despachó al teniente Henry Smith, e inmediatamente izaron la bandera británica.
 
Rivero y sus compañeros estaban en ese momento preparando una rudimentaria embarcación para dirigirse al continente. Recién el 21 de enero de 1834 los británicos lograron recuperar el control de Puerto Soledad. Los sublevados, muy superados en número y armamento, optaron por retirarse al interior de la isla. Smith, el oficial a cargo, ordenó la persecución de los sublevados, aunque no les resultó fácil capturarlos, necesitando enviar varias expediciones para obtenerlo.
 
Finalmente, la rebelión pudo ser controlada, lográndose apresar a todos los gauchos rebeldes. Los insurrectos fueron trasladados engrillados a la estación naval británica de América del Sur a bordo del HMS Beagle. Allí se les inició un proceso penal. Por motivos no bien documentados el almirante británico no se atrevió a convalidar el fallo y ordenó que Rivero y los suyos fueran liberados en Montevideo.
 
Rivero, incorporado en las filas del ejército federal por Juan Manuel de Rosas, muere el 20 de noviembre de 1845 combatiendo a los británicos en la Vuelta de Obligado.
 
Por Carlos Morales

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02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
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