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Sociedad e Interés General - 23-07-2025 / 09:07
EL 23 DE JULIO DE 2002 MUERE, EN BUENOS AIRES, EL INOLVIDABLE CANTOR DE LOS CIEN BARRIOS PORTEÑOS

Alberto Castillo: el trovador de la plebe peronista

Alberto Castillo: el trovador de la plebe peronista
Muere Alberto Castillo. “El cantor de los cien barrios porteños” tenía 87 años. Ginecólogo de profesión, fue una de las voces más representativas de los años 40 y también actuó en cine.
El 23 de julio de 2002, muere Alberto Castillo. Fue un cantante de tango y actor argentino. Médico ginecólogo de profesión, dejó de ejercerla para dedicarse a su carrera artística. Nació como Alberto Salvador De Luca en el barrio porteño de Floresta, Buenos Aires, hijo de inmigrantes italianos.
 
Hace su debut profesional en los años 1930 y comienza una exitosa carrera en 1941. Con su innato sentido del ritmo y su tendencia a engolar la voz, Castillo se hace un nombre de principal intérprete de los géneros musicales candombe afroargentino y de milonga porteña.
 
Fue el cantor "grasa", el de los enormes nudos en la corbata, el ídolo de la plebe peronista entre el 45 y el 55. Una sola cosa me llena de satisfacción. Murió muchos años después que Julio Cortazar, quien se fue a vivir a Paris, según su propia confesión, para no oír los tangos de Alberto Castillo
 
Pero antes, otra situación me había llenado de satisfacción histórica. Fue cuando Alberto, lo que quedaba de aquel cantor, que según Aníbal Troilo, jamás desafinó una nota, cantó ante una multitud pequeño burguesa en la plaza Julio Cortázar.
 
Escuchar sus grabaciones con Ricardo Tanturi sigue siendo una experiencia estética inigualable. Tenía una voz privilegiada. Tenía una entonación que nadie pudo igualar. Y, repito con Pichuco, jamás, ni de viejo, erró una nota.

 
EL INOLVIDABLE CANTOR DE LOS CIEN BARRIOS PORTEÑOS
 
Por Julio Fernández Baraibar
 
 
Venia del velorio, merecidamente realizado en la Legislatura de la ciudad a la que le cantó los cien barrios porteños. Eran las cinco de la mañana y la guardia de honor de Alberto eran unos 25 pibes y pibas de 18 años de edad.
 
Esa era la gente que se merecía.
 
Esa era la gente que volvió a descubrir a un artista popular sin igual.
 
Los Auténticos Decadentes lo sumaron a su "Siga, siga, siga el baile, al compás del tamboril" y, me consta porque tuve la oportunidad de entrevistarlo en aquella época, Alberto estaba feliz de seguir cantando a su manera con las nuevas generaciones.
 
Lo vi y lo escuché muchas veces en estos últimos años. Seguía, ya con voz escasa, sin desafinar una nota.
 
Nadie, pero nadie ha cantado Ninguna, de Dames y Manzi, como Alberto Castillo.
 
Quien dude de su valor que escuche ese tango.
 
Castillo lo ha convertido en un "lied" porteño.
 
Su voz, su estilo, su repertorio nos lleva a una época gloriosa de la Argentina.
 
Su fama es, simplemente, la aparición de los trabajadores como demanda cultural. Alberto Castillo se lleva con él la mejor Argentina.
 
La de la prepotencia de los trabajadores.
 
La de los grasas con poder adquisitivo.
 
La Argentina cuyo norte era la grandeza de la nación y el bienestar del pueblo.
 
Nunca podré escuchar El Pescante cantado por Alberto Castillo sin emocionarme.
 
Nunca podré olvidarme de un cantor popular que murió a los 87 años, muchos años después de Julito Cortázar.
 
Esto último me compensa la pena de haber visto a Alberto en el jonca de pino, con el cuello de la camisa grande, con el nudo de su corbata exagerado.
 
"Está igual", me dijo el Tigre, un gomía de la milonga.
 
Claro, vivió todo lo que quiso.
 
Fue leal a su gente y amó lo que hacía.
 
JFB/
 
N&P: El Correo-e del autor es Julio Fernández Baraibar 
 
Fuente: Nac & Pop

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02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
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