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Nacionales - 04-05-2025 / 08:05
INJURIAS, INTIMIDACIONES Y AMENAZAS A LOS ECONOMISTAS, PERIODISTAS Y POLÍTICOS QUE NO LE RINDEN PLEITESÍA

Estrategia de los mandriles fascistas: qué hay detrás de los insultos, la incitación a la violencia y el odio de Milei

Estrategia de los mandriles fascistas: qué hay detrás de los insultos, la incitación a la violencia y el odio de Milei
A medida que avanza su gobierno, Javier “el Loco” Milei profundiza sus apelaciones a la violencia, escalando los insultos, intimidaciones y amenazas a los economistas, periodistas y políticos que no le rinden pleitesía. No es una casualidad ni un rasgo de carácter, es un modelo desplegado por el Presidente y sus referentes mundiales, como Donald Trump, que busca paralizar a sus opositores. Entre insultos, amenazas y mandriles, Milei sigue la receta de sus pares internacionales: convertir el odio en capital político, la grosería en estrategia y la verdad en un valor que ya no tiene la menor relevancia.
A medida que avanza su gobierno, Javier "el Loco" Milei profundiza sus apelaciones a la violencia, escalando los insultos, intimidaciones y amenazas a los economistas, periodistas y políticos que no le rinden pleitesía. No es una casualidad ni un rasgo de carácter, es un modelo desplegado por el Presidente y sus referentes mundiales, como Donald Trump, que busca paralizar a sus opositores. Entre insultos, amenazas y mandriles, Milei sigue la receta de sus pares internacionales: convertir el odio en capital político, la grosería en estrategia y la verdad en un valor que ya no tiene la menor relevancia.
 
Un presidente en contra del diálogo porque no considera que sea una herramienta de la construcción democrática. Necesita imponer su mirada a como dé lugar y gobierna únicamente, no ya para quienes lo votaron, sino para quienes asienten sin desviaciones. Verla es sintonizar con la obsecuencia. Y en respuesta a quienes no la ven, el presidente se envalentona.
 
La misma descripción vale tanto para un Milei como para un Trump, o para casi cualquier otro líder de la ultraderecha mundial. No es casualidad que el prototipo y los modos se repitan, como si obedecieran a un método. ¿Cuánto hay de caos y espontaneidad en esas cataratas de insultos anales y llamados a la violencia? ¿Hay más caos y espontaneidad que estrategia? ¿O más cálculo que improvisación?
 
"El insulto y la violencia son parte de una lógica y de una manera de entender la acción política. Por supuesto que en el caso de Milei, su obsesión por las redes, especialmente X, y su personalidad ayudan muchísimo", señala el editor, escritor y exministro de Cultura, Pablo Avelluto. "Pero no es casual -sigue- que este tipo de estrategias de comunicación se reproduzcan en todos los nodos de la red autoritaria y fascista a nivel internacional. No es que nuestra versión de la extrema derecha incluya insultos contra quienes no pensamos como el gobierno, sino que eso es lo que hace la extrema derecha en todas partes". Lo de los mandriles, según Avelluto, sí es una pincelada autóctona, pero lo demás no.
 
El miércoles pasado, Milei se mostró especialmente violento. El contexto fue un discurso ante unos 1.200 empresarios y economistas. Apuntó contra el exministro Martín Guzmán, a quien llamó "imbécil, incapaz e infradotado" por idear una ley "que obliga a tener que pasar un programa del FMI por el Congreso, es decir, el lugar donde están los degenerados fiscales".
 
En ese marco, festejó haber logrado el acuerdo con el Fondo: "La tienen adentro". También apuntó contra "los periodistas ensobrados, los sindi-garcas, los profesionales funcionales al conjunto de hijos de puta que cagaron al país, los ñoños republicanos y los zurdos ridículos", a quienes tildó, otra vez, de "mandriles". Los que estaban en las butacas se reían y aplaudían; se mostraban como un campo fértil.
 
Para los ojos de la audiencia, bombardeada minuto a minuto con expresiones cada vez más brutales, líderes de ultraderecha como Matteo Salvini, Jair Bolsonaro, Trump y el propio Milei traen cada día un nuevo numerito. Cada día, un nuevo golpe de efecto, con el discurso de "la doma" de las redes reconvertido en palabra oficial. 
 

Con referentes que, aparentemente, tienen en común y de especial que se expresan sin pelos en la lengua, al revés que los políticos tradicionales, que lo hacen en un lenguaje ajustado a ciertas reglas. Pero, sin embargo, por debajo del barullo y la confusión, se oculta el trabajo de propagandistas, comunicadores, especialistas en big data que, en los últimos años, monopolizan el juego político.
 
Esa supuesta autenticidad convierte a un Trump y a un Milei en depósitos de indignación, personajes que pueden absorber y redireccionar la ira de quienes tienen -o perciben que tienen, según el caso- grandes motivos para estar enojados: los excluidos y marginados sociales, los perjudicados, los que perciben que no están siendo escuchados.
 
 
Batalla emocional y democracia de baja calidad
  
"La estrategia vulgar, grotesca, mesiánica y distorsiva con la que el gobierno de Milei aborda la disputa por la palabra pública no es original ni novedosa; forma parte de un manual ya aplicado o aún en uso por líderes como Trump y Jair Bolsonaro en Brasil, con consecuencias ruinosas para la calidad democrática", explica Ezequiel Rivero, investigador del Centro de Industrias Culturales (UNQ).
 
De la mano de estos líderes, y de quienes les proporcionan las herramientas digitales y algoritmos para hacerlo, la política contemporánea se ha ido transformando en una batalla emocional, donde los hechos, los datos chequeables, la verdad científica e histórica han sido reemplazados por la manipulación de sentimientos como el miedo y el resentimiento.
 
Por eso, ya no gana una discusión quien tiene mejores argumentos, sino quien doma a su contraparte, quien insulta más fuerte. Y esto, además, plantea otra encerrona: quedarse del otro lado pataleando en estado de escándalo frente a la procacidad del debate tampoco ha demostrado servir para algo. De ahí que, para muchas personas, las fuerzas políticas que se supone que constituyen una alternativa a las ultraderechas sean percibidas como: censuradoras, inauténticas, moralistas, hipócritas.
 
En el caso de Trump, su retórica agresiva hacia los medios, clasificándolos de "enemigos del pueblo", ha sido ampliamente documentada. "Durante su presidencia, implementó medidas que amenazaron la independencia de los medios y la transparencia gubernamental, con ataques verbales, demandas y amenazas de revocación de licencias como represalias políticas. Estas acciones contribuyeron a un ambiente hostil para el periodismo y a un deterioro de la libertad de prensa en Estados Unidos", explica Rivero.
 
"Bolsonaro -recuerda Rivero-, durante su presidencia, utilizó plataformas como Facebook para atacar frontalmente a los medios en la mayoría de sus emisiones en vivo. Su gobierno fue responsable de una explosión de violencia física contra periodistas, con agresiones que impidieron el ejercicio de su profesión. Estas prácticas fomentaron un ambiente de intimidación y censura, debilitando la democracia brasileña".
 
En Argentina, el presidente Javier Milei ha seguido una línea similar, "estigmatizando a periodistas y desmantelando medios, lo que ha provocado una caída significativa en la clasificación de libertad de prensa del país", dice.
 
Reporteros Sin Fronteras ha alertado sobre este deterioro, señalando que las acciones del gobierno argentino están reduciendo cada vez más la libertad de prensa. En este contexto, el influencer libertario Daniel Parisini -conocido como "El Gordo Dan"- pidió que el Presidente "meta preso a algún periodista por decreto como hizo (Raúl) Alfonsín".
 
"Estas estrategias de confrontación y deslegitimación de la prensa y la cultura buscan consolidar un núcleo duro de seguidores, pero a largo plazo entiendo que generan fracturas profundas en el tejido social y político que la ciudadanía en general tiende a rechazar, especialmente cuando se perciben como ataques desproporcionados contra figuras públicas con prestigio social o cultural", finaliza Rivero.
 
Algo de esto explica el libro de Giuliano da Empoli, Los ingenieros del caos, donde se analiza cómo la tecnología y la manipulación de las emociones de las audiencias han reconfigurado el panorama político. Si bien estos líderes muestran un comportamiento visceral, en verdad hay más cálculo del que se imagina. No porque no crean en lo que proclaman, sino porque saben cómo administrarlo, cómo usar las herramientas de la comunicación digital para difundir mensajes simples y emocionalmente potentes, segmentar las audiencias y maximizar el impacto.
 
La emergencia de una nueva modalidad de construcción política con el insulto como insumo, alumbrada por usos estratégicos e ingeniosos de Internet y las redes sociales.
 
"Cuando intentan dar fundamento a una idea, caen irremediablemente en el bochorno", reflexiona el escritor Martín Kohan sobre el uso oficial del odio y del insulto, a pedido de este diario. Lo dice pensando en el arco que va desde la exposición de Milei en Davos hasta el video oficial de Agustín Laje por el 24 de marzo, pasando por las consideraciones de Victoria Villarruel en su intento de que se diera de baja la novela Cometierra, de Dolores Reyes.
 
"Son variaciones de un derrape entre la inconsistencia, la mala comprensión, el desconocimiento, las simplificaciones más burdas o la lisa y llana falsificación. Han llegado a dar vergüenza a los propios o a los cercanos", sigue Kohan.
 
"No es extraño que esa impotencia para el pensar y el decir se resuelva en la alternativa de la violencia verbal, la humillación sistemática, la intimidación calculada. Eso sí les sale bien, porque se han formado haciéndolo. Incluso en áreas que se supone que conocen, como la de la economía, hemos oído al Presidente de la Nación responder cuestionamientos con sus oscuras fantasías de violador, que penosamente hace públicas: fantasías de vaselina y penetración, que lo exaltan por no consentidas. Son expresiones figuradas, ya lo sé. Pero, ¿dónde, sino en las expresiones figuradas, cabe detectar ciertas fantasías? Fue lo que contestó a los cuestionamientos de otros economistas, algunos de ellos cercanos a su visión de las cosas", puntualiza el escritor.
 
 
La búsqueda de nuevos enemigos avanza
  
No es un presidente de convicciones democráticas. De hecho, es casi imposible rastrear alguna declaración en la que Milei la valore positivamente.
 
El odio, por estos días, se enfoca contra el periodismo, pero ayer nomás lo hacía contra los artistas que dicen en público no coincidir, por ejemplo, en las expresiones homofóbicas o misóginas. Al principio del mandato, las patotas iban principalmente contra la casta política. Hoy, quizás, es más difícil -a casi un año y medio de gestión- distinguir entre La Libertad Avanza y la entelequia "casta".
 
Cuando desde el poder se dicen cosas como que "no se odia lo suficiente al periodismo", para Philip Kitzberger (politólogo, investigador del CONICET y profesor en la Universidad Torcuato Di Tella), se instala una idea de "disciplinamiento de la esfera pública, de engendrar un efecto de autocensura: cualquier periodista o cualquier voz crítica que quiera emerger en el espacio público va a pensar si se quiere someter al escarnio de las redes filo-oficialistas".
 
También hay, según Kitzberger, "ciertas ideas sobre la verdad: el presidente, como economista, cree que tiene un acceso privilegiado a ésta y que los demás no la ven. Y eso tiene que ver con las ideas que tiene acerca de la democracia. Cree que la democracia es un error, está gobernada por los prejuicios, la ignorancia, por la mayoría o las masas. Su supuesto acceso privilegiado a la verdad hace que él sea el árbitro de qué es verdad y qué es mentira".
 
"En su dimensión más preocupante, es el intento de dar fin a la lógica democrática, para afirmar el gobierno directo de los dueños, dejando las instituciones como cáscaras vacías, una legalidad de forma sin fondo sustantivo. Y lo hacen apelando a un discurso bélico, donde quienes nos oponemos somos considerados enemigxs a los cuales negar todo tipo de derechos", analiza María Pía López sobre este tema.
 
"En ese contexto hay que entender, por un lado, la construcción de un enemigo muy amplio: el feminismo, las subjetividades trans, las disidencias sexuales, los sindicatos, el Estado, los progresismos, el periodismo, lxs científicxs, las universidades. ¿Qué tienen en común? Dedicarse a la construcción de lazos sociales más allá del mercado; proponer imágenes diversas en el ámbito público; sostener ideas igualitaristas. Y, por otro lado, también implica una revisión del pasado".
 
"Al afirmar guerra contra democracia, impugnan el llamado pacto del Nunca Más: es decir, el acuerdo en la condena al terrorismo de Estado. Como en la batalla cultural, el problema no es el terrorismo de Estado, sino el peronismo -como nombre de una apuesta social y estatalista, como experiencia de ampliación de derechos-; buscan un acuerdo de las clases dominantes sobre ese punto y, a la vez, legitiman la represión en el presente".
 
 
De gorilas y mandriles
 
Una de las que más le gusta es la que combina la animalización con referencias a la penetración anal: se refiere a los "mandriles" -en forma de insultos, animaciones, memes-. La broma gira siempre alrededor de una idea que lo obsesiona: ganar -una discusión o las elecciones- es equivalente a someter al contrincante por vía anal.
 
"El otro día yo escuchaba a Trebucq, el periodista de La Nación Más, haciendo una defensa del uso de mandriles, diciendo: si a los antiperonistas se los llamaba gorilas, ¿qué hay de diferente entre gorila y mandril? Primero, marca la ignorancia histórica de Esteban Trebucq, porque el origen del término gorila es bien distinto", advierte el politólogo Philip Kitzberger.
 
Kitzberger se refiere a que el origen de la clasificación de "gorila" tiene que ver con una canción de moda en un programa de radio de la época, un poco antes del derrocamiento de Perón. Había un estribillo que decía algo así como "¿dónde están los gorilas?". Cuando se empezaron a correr los rumores del golpe, dentro del campo peronista se lo empezó a relacionar con ese estribillo: serían los gorilas los que estaban conspirando.
 
"Se le atribuye a eso, pero no tenía nada que ver con una cuestión de animalidad ni de deshumanización. Y luego, además, tuvo una apropiación positiva al término gorila. Muchos antiperonistas se han reconocido históricamente como gorilas; ha tenido su apropiación positiva. Puede que el término mandril también la tenga en el futuro. Pero me parece que ahí hay una diferencia importante".
 
Por Dolores Curia
 
Fuente: Página 12
 

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04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
La Opinión Popular
 

31-01-2026 / 09:01
Décadas de globalización con la lógica del mercado se desplomaron sobre los argentinos con Javier Milei gritando el Rock del Gato mientras cinco provincias se incendiaban fuera de control y la mayoría de los gobernadores se sometían a ser extorsionados para aprobar la reforma laboral.
 
Décadas de erosión de la democracia y el medio ambiente cayeron sobre los argentinos con el florecimiento del libertarismo autoritario, que es como decir silencio atronador o fuego helado. Las dos cosas no van juntas. El resultado es libertad para pocos y autoritarismo para los demás.
 
Rocca, Magnetto y Galperín fueron algunos de los creadores del Golem esquizofrénico. Lo construyeron para que los proteja, financiaron sus campañas, le dieron letra con leyes para proteger sus intereses y publicaron loas en los medios que controlan. Pero en este momento parte de sus intereses entraron en colisión con el rumbo aperturista total del gobierno y sus alianzas.
 
Las elecciones de medio término en una sociedad que perdió el sentido, fragmentada, extenuada por la inflación y la pandemia, le dieron un impulso que se multiplicó con el respaldo de la Casa Blanca.
 
Ese paralelismo crispado de un imperio en decadencia encontró un aliado incondicional en la subordinación total de Milei. No hay término medio en las Casas Blanca y Rosada. Una decisión absoluta de dominio se complementó con una decisión absoluta de sumisión.
 
Con la apertura que impulsaron los grandes empresarios, y que implementó este Gobierno, entró una avalancha de productos chinos. El capital concentrado creyó que tenía espalda para sobrevivir al exterminio de sus competidores de la pequeña y mediana industria y comercio y que podría deglutir esos espacios que quedaban libres.
 
Pero el ímpetu del comercio chino, ultra tecnológico, con cadenas de suministro ultra coordinadas y eficientes, se llevó puestos hasta los tubos de Techint y metió en problemas a la gran aplicación comercial de Marcos Galperín, el hombre más rico del país.
 
Galperín reside en Uruguay para no pagar impuestos en Argentina, donde creció su empresa, Mercado Libre. Impulsó con entusiasmo el discurso libertario contra los subsidios estatales y contra la regulación de los mercados.
 
Desde la pandemia, el campeón antisubsidios recibió subsidios por 370 millones de dólares. Y ahora, el también campeón de la apertura de las importaciones, le exigió al gobierno que regule a Temu, la aplicación de comercio china que le arrebató una porción de la torta.
 
Paolo Rocca, que colocó a su ex empleado Horacio Marín como CEO de YPF, recurrió a la Justicia por la licitación de tubos para un gasoducto que perdió ante una firma india que fabrica tubos con acero chino. Galperín hizo lo mismo con Temu. Y Magnetto afronta problemas parecidos con la compra de Telefónica por el Grupo Clarín.
 
Son contradicciones fuertes en el capital hegemónico, que el gobierno sobrelleva con enormes ofrendas, como la reforma laboral. El triunfalismo que invadió a la Casa Rosada por el resultado electoral se enfocó en su primera cosecha. La ley de trabajo propuesta incluyó un artículo sobre el impuesto a las ganancias que saca coparticipación a las provincias.
 
El Gobierno mandó a Diego Santilli a discutir con los gobernadores, pero le advirtió que no hará ninguna concesión. Y Santilli les prometió que los premios llegarían después de la aprobación en el Congreso. 
 

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