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Sociedad e Interés General - 29-04-2025 / 10:04
EL 29 DE ABRIL, EN LA ARGENTINA, SE CELEBRA EL DÍA DEL ANIMAL

En defensa de los derechos de los animales

En defensa de los derechos de los animales
Posando para la foto, Kitty y Luna, las gatas siamesas de Blas García.

El 29 de abril se celebra el Día del Animal, al cumplirse un nuevo aniversario de la muerte de Ignacio Lucas Albarracín, ferviente luchador de los derechos de los animales, quien en nuestro país impulsó la Ley Nacional de Protección de Animales, Ley 2786, quien además fue fundador de la sociedad Argentina Protectora de los Animales.
 
Para nosotros todos los días es el día del animal, ya que constantemente tenemos que tener presente temas como el maltrato hacia los animales dentro y fuera del hogar, rescatarlos de la vía pública, etc. Nuestra manera de festejarlo es a través de la concientización y cultivando el respeto que todos los seres vivos merecen.
 
La Opinión Popular 


 
Hoy se celebra en la Argentina el Día del Animal. Este tributo a los irracionales se debe a la iniciativa de un gran filántropo, Ignacio Albarracín, pariente de Domingo Faustino Sarmiento, quien dedicó gran parte de su vida al cuidado y protección de los animales; su muerte ocurrió en 29 de Abril de 1926.

La celebración incluye, sin dudas, a todos ellos. Sin embargo, nosotros solemos referirla casi siempre a unos pocos y entre éstos a los que de algún modo salieran de lo cotidiano y a veces para convertirse en protagonistas de hechos significativos transcendentes, sea de la raza que fueren. 

Todos conocemos historias de animales extraordinarios. El tiempo guarda nombres y muchas circunstancias. Y mas allá de las anécdotas más o menos espectaculares, cada uno de éstos hechos deja un sabor de milagro frente a la realidad de animales capaces de proezas increíbles como si de pronto hubiesen sido tocados por un secreto destello de grandeza casi humana.

También hubo en la historia animales que un día dejaron el carril de lo cotidiano y se hicieron puntos de partida y referencia de acontecimientos de gran trascendencia. Recordemos solo dos de ellos: un humilde asno cargó sobre su lomo anónimo a Jesús, en su entrada triunfal a Jerusalén en aquella ruta que llevaba al Redentor a la glorificación y al martirio, hace 20 Siglos. 
Y entonces al asno adquiere dimensiones simbólicas: la mansedumbre del hijo de Dios, un ser inigualado, condenado a morir en la cruz de los delincuentes.

Y ya en el siglo pasado en un salto espectacular de la humanidad, una perra, llamada Laika, circunvolaba por primera vez el planeta tierra en un satélite artificial, inaugurando otro símbolo y una nueva esperanza, el hombre frente a lo desconocido se vale de un animal para intentar el primer paso hacia la conquista del espacio.

En medio de esta parábola de 20 siglos, la historia conoce centenares de hechos donde el animal aparece junto al hombre, compartiendo su gloria, su campaña, su derrota, su desesperación, su destierro y hasta su locura, como aquel caballo transportó al Gran Capitán a través de la Cordillera de los Andes en su campaña Libertadora de América; como aquel perro que acompañó en su soledad a Robinson Crusoe, como aquel perro llamado Leoncico que acompañó a Balboa cuando éste descubrió el Pacífico a través de Panamá; como el perro Argos que fuera el único en reconocer a Ulises en su regreso vestido de mendigo, como el perro Gris que en varias ocasiones protegiera a San Juan Bosco, como aquel caballo que idolatraba Alejandro Magno llamado Bucéfalo, como aquel caballo nombrado en el Senado, por Calígula el Emperador.

El 29 de abril es el día de todos ellos. De los que recordamos por su nombre y de los anónimos, pero que alguna vez fueron partícipes de hazañas memorables.

Pero también es el día de aquellos que no fueron tocados por la magia de los sobresalientes, de lo inédito, de lo insólito. El de los que viven solamente amparados al abrigo de un techo sin posibles sobresaltos, en un marco de días iguales y que a veces se los recluye en un rincón de la casa, y en otras atados a una cadena, sin comprender qué delito cometieron para merecer ese castigo. 

Es el Día del Animal amigo que comparte nuestros ritos cotidianos, acepta nuestro silencio, agradece la sonrisa y el cariño y hasta soporta el grito con enternecedora mansedumbre. 

Es el día de aquel perro que alguna vez gimió durante horas junto al lecho del niño enfermo o junto al féretro de su amo, del gato juguetón, del pájaro de corazón sonoro que le pone música al alba de cada día.

También es el día de los que tuvieron que ganar la calle o el campo junto al amo, en la lucha por el sustento diario, de esos que conocen la lluvia y han sentido las inclemencias de los rayos solares, de esos que arrastran un carro lleno de desechos del cirujeo y que a veces se les quiebra la carne bajo el artero latigazo que los exige a seguir, cuando ya el cansancio les ha penetrado hasta la médula de los huesos.

También es el día de los que no tienen hogar, de los que nacieron con un sino de soledad y de hambre, muy parecidos a la soledad y el hambre de muchos seres humanos, con los cuales comparten la calle y quizás en alguna ocasión hasta se disputan la sobras de comida de un recipiente de residuos.

También es el día de los que están en cautiverio, fueron puestos allí por el hombre, para satisfacer su ego y su curiosidad y muchas veces para ser objeto de burlas y agravios, que en la mayoría de los casos provienen de humanos más irracionales que ellos. Y allí un día mueren, detrás de un horizonte de rejas y de rostros transeúntes e indiferentes, bajo un rótulo metálico puesto en latín a veces sin siquiera haber conocido su terruño. 

También es el día de aquellos que tuvieron la desgracia de caer en un quirófano con el objeto de conocer los resultados de experimentos. 

Hoy es el Día de Todos Ellos. Pero más allá de la convención del calendario, de las probables charlas escolares, las últimas informativas, existe para nosotros, los hombres, una obligación de comprensión y respeto hacia esos seres que en muchas ocasiones nos entregan una lección de amor y fidelidad, y que aparentemente ellos son los únicos que se esfuerzan por conservar nuestro hogar, el querido Planeta Tierra.

Por Roberto César Arenas - Especial para Los Andes

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02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
03-03-2026 / 18:03
02-03-2026 / 20:03
02-03-2026 / 19:03
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