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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Sociedad e Interés General - 09-04-2025 / 07:04
9 DE ABRIL DE 1812

El Primer Triunvirato prohíbe la introducción de esclavos en territorio argentino

El Primer Triunvirato prohíbe la introducción de esclavos en territorio argentino
El 9 de abril de 1812, el gobierno de Buenos Aires prohibía la introducción de esclavos en territorio argentino.
El 09 de abril de 1812, el gobierno de Buenos Aires prohibía la introducción de esclavos en territorio argentino. Como consecuencia de la derrota de las tropas patriotas en la batalla de Huaqui, el 20 de junio de 1811, se produce la caída de la Junta Grande que es reemplazada por el Primer Triunvirato en 1811, que estaba compuesto por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso, luego reemplazado por Juan Martín de Pueyrredón. Este Poder Ejecutivo tripartito es el que sancionó aquella medida que prohibía la entrada de esclavos.
 
"Se prohíbe absolutamente la introducción de expediciones de esclavatura en el territorio de las provincias unidas", dice el artículo 1 del decreto. Pero la esclavitud seguía siendo un modo de explotación y el comercio interno una forma de adquirir esa mano de obra, porque ninguna de las medidas reconocía el derecho a la libertad incondicional de los esclavos.
 
Así es como en diarios de la época y décadas siguientes se publicaban avisos de compra de esclavos para distintas tareas, en tanto, muchos formaban parte de las milicias con la esperanza de obtener la libertad aunque pocos fueron los que la lograban, muchos porque morían y otros porque se la negaban. Había que esperar a 1853 para la abolición definitiva en términos constitucionales.
 
La Opinión Popular

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02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

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