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Nacionales - 15-03-2025 / 11:03
NO HUBO ERRORES, NO HUBO EXCESOS, SON TODOS ASESINOS

Milei y un gobierno en caída al que sólo le queda reprimir la protesta popular en ascenso

Milei y un gobierno en caída al que sólo le queda reprimir la protesta popular en ascenso
El relato que el Gobierno anarco capitalista de Javier “el Loco” Milei intentó construir con la miserable complicidad de medios y periodistas no impidió que la represión a los jubilados y los hinchas de fútbol se sumara a la seguidilla de metidas de pata que esmerilaron la imagen presidencial. La acusación a Mario Firmenich como organizador de la marcha en solidaridad con los jubilados, fue tan estrafalaria que reveló la desesperación del gobierno por justificar las imágenes que circularon en las redes sobre la brutal represión del miércoles.
El relato que el Gobierno anarco capitalista de Javier "el Loco" Milei  intentó construir con la miserable complicidad de medios y periodistas no impidió que la represión a los jubilados y los hinchas de fútbol se sumara a la seguidilla de metidas de pata que esmerilaron la imagen presidencial. La acusación a Mario Firmenich como organizador de la marcha en solidaridad con los jubilados, fue tan estrafalaria que reveló la desesperación del gobierno por justificar las imágenes que circularon en las redes sobre la brutal represión del miércoles.
 
En el gobierno aparentaron cierta euforia porque afirmaban que la carnicería del miércoles apuntalaba a su núcleo duro. Pero si se confían sólo en ese sector, no pasarán del 20 o 25 por ciento. Los resultados de la consultora Ad hoc fueron medidos en un territorio donde el oficialismo se mueve con comodidad. El núcleo duro no se movió, pero muchos de sus posibles electores periféricos no creyeron en el relato mentiroso y rechazaron la represión a los jubilados.
 
"Los buenos eran los de azul, los malos eran los encapuchados", insistió ayer Milei en el discurso que hizo en Expoagro, seguramente refiriéndose a los agentes encapuchados de los servicios de inteligencia que se infiltraron en la manifestación.
 
El fenómeno de los celulares mostró al relato oficial como una enorme mentira. Las cámaras de C5N mostraron incluso cuando un efectivo arrojaba un arma al césped. El periodista se sorprendió. No entendía que el objetivo del arma sembrada fuera para abonar después el relato de la violencia y el terrorismo de los manifestantes.
 
Hay imágenes de Pablo Grillo, agachado, con su cámara, cuando se disponía a sacar una foto a través de las llamas de una fogata, justo cuando recibió el impacto de la granada en su cabeza. Hay vistas del efectivo que disparó en forma horizontal y haciendo puntería con un arma que, por la fuerza con que dispara, se debe apuntar 45 grados hacia arriba.
 
Y hay un video tomado desde un dron, que demuestra de manera categórica la saña del represor. Con esa arma y a esa distancia, un tiro así es a matar, pero la diputada oficialista Lilia Lemoine lo justificó porque "no se puede hacer un omelette sin romper un par de huevos".
 
Milei se confirmó como un gran mentiroso. Varias veces se regocijó en forma pública de que había realizado el mayor ajuste en la historia de la humanidad sin que se produjeran grandes protestas. Sabía que se iban a producir protestas, sobre todo de los jubilados, que han sido las principales víctimas del ajuste. Y cuando se producen, los acusa de golpistas como si las protestas no tuvieran razón de ser.
 
Habrá argentinos que prefieran creer en un mentiroso antes de perder las ilusiones con que el mentiroso los engañó. Al mentir para ocultar un acto de crueldad, como ha sido la represión a los jubilados, el gobierno demuestra que es consciente de la crueldad. No hay excesos ni errores.
 

El relato que intentó construir, con la miserable complicidad de medios y periodistas, no impidió que la represión a los jubilados y los hinchas de fútbol se sumara a la seguidilla de metidas de pata que esmerilaron la imagen presidencial desde su fallido discurso en Davos. La consultora Ad hoc indicó que el rechazo alcanzó a la ministra de Seguridad, Patricia Bulrrich, que tuvo un pico de menciones negativas en las redes. Por primera vez más negativas que positivas.
 
Firmenich, que figura en la denuncia del Ministerio de Seguridad, fue jefe de Montoneros, una organización guerrillera que dejó de existir hace cuarenta años. Hace décadas que no interviene en la política local y la inmensa mayoría de los que participaron el miércoles seguramente ni lo conocen.
 
Las declaraciones de Bullrich en un canal oficialista hicieron recordar la lógica de la dictadura que justificaba la eliminación de ciudadanos por su filiación política. Para generalizar la supuesta ideología de la protesta eligió usar a Pablo Grillo. Dijo que era un detenido, pero el muchacho no estaba detenido, sino herido de gravedad ¿Por qué lo eligió? ¿Por qué se preocupó en investigarlo cuando había muchos más que sí habían sido detenidos?
 
Bullrich es ministra de Seguridad, no podía ignorar que el muchacho se debatía entre la vida y la muerte, pero simuló que se equivocaba sólo para decir que el reportero gráfico que había recibido el granadazo en la cabeza era militante kirchnerista ¿Se merecía que le disparen en la cabeza por ser kirchnerista?
 
Otro video mostró a un policía de 1,90 metros y 120 kilos, acorazado, con protecciones en todo el cuerpo, con un físico entrenado. Y a una señora, con bastón, 1,60 metros y 81 años, que lo increpaba. El grandote le pegó un terrible garrotazo y la mujer se derrumbó como un peso muerto. No la mató de casualidad. El mazazo le arrancó un pedazo de cuero cabelludo y la desmayó. La jubilada fue atendida por otros manifestantes y el policía huyó cobardemente.
 
En un principio, La Nación publicó que en el video se veía cuando la anciana agredía al policía con su bastón. Después cambió esa versión porque en el video no se veía ninguna agresión de la mujer. Es difícil ser más miserable que ese policía y que la versión que publicaron para cubrirlo.
 
La imagen de dos policías con armaduras y escopetas que custodiaban a dos chicos de 12 años, sentados con las manos atadas en la espalda y carita de pánico también circuló en las redes. Los chicos fueron detenidos cuando salían de una escuela técnica de la zona.
 
La agresión a la jubilada se produjo media hora antes de que comenzara la concentración, cuando todavía había poca gente. Sirve para demostrar que la violencia no la empezaron los manifestantes. La imagen de los chicos detenidos fue una evidencia de la forma como se produjeron las detenciones al voleo.
 
Y respaldan la decisión de la jueza Karina Andrade de liberar a los detenidos. No estaban acusados de un delito y se los llevaron solamente por haber participado en una protesta en solidaridad con los jubilados. En las carteleras del gobierno de la ciudad publicaban que más de la mitad de los 114 detenidos tenían antecedentes policiales. Era mentira, ni siquiera estaban todos identificados.
 
Hubo piedras en el enfrentamiento con la policía y algunos manifestantes trataron de evitarlo, hubo discusiones entre ellos. Pero no hubo vidrieras rotas ni comercios vandalizados y el acto no tenía organizadores, fue autoconvocado. Nadie sabía muy bien qué hacer, ni dónde ubicarse y no había oradores, ni documento, ni escenario, ni equipos de sonido.
 
Los jubilados hicieron lo que hacen todos los miércoles. En medio de los empujones y los gases de la policía, hablaron con un simple megáfono para reclamar por sus jubilaciones y remedios. En realidad era un caos de jubilados y gente con camisetas de equipos de fútbol, no había organizador.
 
Decir que se trató de un intento de golpe de Estado resulta un chiste de mal gusto. Otra mentira enorme. No hubo fuerza política que convocara, organizara o capitalizara. Los diputados de Unión por la Patria y de la izquierda, bajaron a la calle y discutieron con la policía, pero tuvieron que regresar al recinto donde se iba a votar la formación de la comisión de juicio político.
 
La imagen presidencial sufre un proceso de desgaste desde su discurso en Davos donde acusó de pedófilos a los homosexuales y aseguró que el cambio climático era un invento woke; luego con la estafa con las criptomonedas; hace pocos días por su indiferencia ante la catástrofe en Bahía Blanca, y ahora con esta represión brutal a los  que se solidarizaron con los jubilados.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página 12
 

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La Argentina de Javier Milei ha ingresado en una fase peligrosa: la de la construcción de una realidad paralela. Mientras las persianas de las pymes se bajan definitivamente, los comedores populares se desbordan y el consumo de leche cae a niveles históricos, el Gobierno nacional ha decidido que la mejor manera de combatir la pobreza no es con políticas públicas, sino con un lápiz y una goma de borrar en las oficinas del INDEC.


El reciente anuncio que sitúa la pobreza en un 28,2% para el segundo semestre de 2025 no es solo una provocación; es un insulto a la inteligencia de un pueblo que sobrevive en el ajuste más brutal de la historia argentina moderna. Estamos ante el "milagro estadístico" de un gobierno que pretende hacernos creer que, en medio de una recesión galopante y salarios de miseria, la pobreza ha retrocedido por arte de magia.



Javier Milei ha decidido abrazar el dogma por encima de la vida. Su gestión se ha convertido en una maquinaria de propaganda que utiliza la macroeconomía financiera para ocultar la microeconomía de la heladera vacía. Festejar un 28,2% de pobreza en un contexto de desguace del Estado, entrega de la soberanía y destrucción del mercado interno no es solo cinismo; es una declaración de guerra contra la realidad.



El Gobierno podrá seguir "dibujando" números y publicando gráficos en redes sociales, pero la calle tiene su propia estadística. Y en esa estadística, la que se mide en el boleto de colectivo, en el alquiler impagable y en el plato de comida que falta, el modelo de Milei solo ha demostrado ser un éxito en una sola cosa: en producir una miseria estructural que ningún comunicado oficial podrá ocultar por mucho tiempo. El despertar de este sueño estadístico será, lamentablemente, una pesadilla social de la que nos costará años recuperarnos.


De la redacción de La Opinión Popular

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