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Nacionales - 27-01-2025 / 11:01
EL LIBERTARIO ATACÓ CON UN VIOLENTO TEXTO DONDE MUESTRA QUE SUEÑA CON UN RÉGIMEN AUTORITARIO QUE NO TENGA RESTRICCIONES LEGALES

Al fascismo se lo combate: Milei denunció las falacias ajenas... pero se le escaparon las suyas

Al fascismo se lo combate: Milei denunció las falacias ajenas... pero se le escaparon las suyas
El fascista Milei produjo la última semana una escena fundamental. Escribió un texto en el que insulta de modo directo a las personas que no comparten su punto de vista político, los puso en el lugar del crimen y los enlaza como su enemigo principal. Es una declaración de guerra que se verificará o no en los tiempos que vienen: el presidente sueña con un régimen político que no le cree restricciones legales y que suspenda las que están en vigencia.
Después de su polémico discurso en el Foro de Davos, que Javier "el Loco" Milei utilizó para arremeter duramente contra el "wokeísmo", denunciando su supuesto intento de imponer una agenda progresista que, según él, condena al mundo al "fracaso". Sin embargo, en su defensa ante las críticas, el mandatario incurrió en varias falacias argumentativas, desde generalizaciones apresuradas hasta apelaciones a las emociones.
 
La falacia del falso dilema, por ejemplo, se hizo evidente en su afirmación: "Pretenden imponer una agenda cuya única consecuencia es la expansión infinita del Estado; y en consecuencia, la muerte de la libertad." Este razonamiento reduce un tema multifacético, como el rol del Estado en la economía, a una decisión binaria: o su modelo liberal extremo, o el caos y la opresión. Por otro lado, hay modelos de gobernanza que equilibran la intervención estatal con la promoción de libertades, un punto que Milei elige ignorar.
 
Milei también incurrió en una apelación a la autoridad, en este caso la suya propia, al recalcar que confrontó a las "élites globales" en su propio terreno: "Le dijimos en la cara..." Al posicionarse como un héroe que desafía a estas fuerzas, construye un argumento basado en su supuesto valor, pero sin sustentar con datos o análisis concreto por qué su visión sería la correcta.
 
Además, recurrió a una apelación al miedo al advertir que si no se sigue su camino, la libertad en el país estaría en peligro: "Sabemos hacia dónde tenemos que ir para rescatar este país de sus garras." Un recurso emocional que busca movilizar a su base electoral mediante el temor, en lugar de presentar un análisis que valide cómo sus propuestas liberarían efectivamente a la economía o mejorarían la calidad de vida.
 
Otro punto cuestionable fue su declaración sobre la "expansión infinita del Estado" como "la única consecuencia" de las políticas globales. Este tipo de razonamiento encaja en una falacia de generalización apresurada, ya que no presenta pruebas de que todas las políticas que implican intervención estatal conduzcan inevitablemente a la pérdida de libertad. Es una simplificación excesiva que ignora ejemplos internacionales donde el Estado juega un papel importante sin comprometer las libertades.
 
Algunos periodistas y políticos no escaparon de sus ataques, como los nombrados directamente por él Ernesto Tenembaum, Jorge Macri y Sebastián Borensztein, acusándolos de distorsionar sus palabras y de participar en una "campaña de difamación". No obstante, al afirmar que "todos se montaron a una campaña (...) con el solo fin de hacer daño", Milei incurrió en una generalización apresurada, al no aportar pruebas claras de que todas estas figuras estuvieran coordinadas o que sus críticas no fueran independientes.
 
En su tuit, Milei también usó la falacia de la proyección, acusando a sus opositores de recurrir a estigmatizaciones y mentiras para desacreditarlo: "Utilizan la estigmatización, la categorización y las falacias para desprestigiar a quienes tienen el coraje de enfrentarlos", señalamiento que, paradójicamente, se ve empañado por su uso constante de etiquetas despectivas como "élites globales" o "políticos ladrones", lo cual refuerza el mismo tipo de discurso que critica.
 
El uso constante de los términos "ustedes" o "nosotros", donde construye un enemigo monolítico y se coloca como el único salvador, Milei emplea una falacia de personalización, que desvía el foco de la discusión sobre políticas públicas hacia la confrontación directa entre bandos, una estrategia efectiva para fidelizar fanáticos pero que pone en duda la profundidad de sus propuestas frente a los graves problemas estructurales del país.
 
La Opinión Popular
 

 
La "denuncia" de Milei
 
Milei produjo la última semana una escena fundamental. Escribió un texto en el que insulta de modo directo a las personas que no comparten su punto de vista político, los puso en el lugar del crimen y los enlaza como su enemigo principal. El caso se menciona con diferentes nombres pero fácilmente se entiende: se trata de "la casta", la parte de la población que establece un diálogo "amable" con el poder.
 
En las poquísimas palabras que les dedicó los colocó en el lugar más oscuro: el de "creyentes del régimen". Es una declaración de guerra que se verificará o no en los tiempos que vienen: el presidente sueña con un régimen político que no le cree restricciones legales y que suspenda las que están en vigencia según lo dicen los abundantes "recortes" que llegan a la mano de cualquiera.
 
Lo que Milei acaba de poner en discusión es su posición frente a las clases privilegiadas. Hay abundantes datos a favor de la impresión de que la  incondicionalidad de los sectores de más altos ingresos a favor de Milei ha entrado en un cono de sombras. Lógicamente, el antiperonismo es la bandera común de la grey que apoya la política del gobierno. Pero eso no significa que rendirse ante los poderosos se haya convertido en una referencia política ideal. Y lo cierto es que la evidencia de que Milei se ha rendido a los poderosos podría justificar unas cuantas páginas.
 
Al mismo tiempo hay que decir que las fronteras en términos de ideas políticas son muchísimo más complejas que lo que este sobrevuelo insinúa. Las identidades, las historias personales, la experiencia laboral y moral son un soporte esencial de la personalidad; la política ocupa su propio lugar.
 
Detengámonos en el fenómeno que fue la respuesta espectacular del presidente, que golpea de modo brutal cualquier conciencia moral: "los vamos a ir a buscar" dijo Milei. Y en ningún momento precisó a quiénes se refería, cuanto menos claro se es en estos casos, más se evidencia la intención manipuladora. El mensaje de Milei a propósito del affaire Musk invadió el territorio de lo políticamente correcto, como lo invade repetidamente.
 
"Saltar por encima de lo políticamente correcto" no es un asunto cualquiera. No lo resuelve la contratación de personas que diseñen la imagen del personaje. Ni se logra con la lectura obsesiva de los focus groups. Finalmente hay que reconocer que la política es un género en sí mismo. Complejo. Contradictorio. Variable. En cualquier caso, de lo que se trata es de la corporeidad de la política. Algo así como lo que el gran pensador del siglo pasado, Max Weber, llamara con lenguaje bíblico el "carisma".
 
Es en este terreno en el que estamos obligados a pensar nuestro pasaje político actual. El uso de la palabra y el uso del cuerpo pasan a ser cuestiones centrales de la actividad política. Claro que las formas no son neutrales. El mundo de la propaganda política ha ido adoptando un estilo que, según dicen sus beneficiarios, "beneficia a la política, la hace accesible al "gran público". Sin duda que es así, pero la doctrina extrema de la centralidad del acting en la política produce preguntas muy difíciles de contestar en términos políticos democráticos.
 
La cuestión que produce desconcierto es que el presidente, de alguna manera, se presenta él mismo como el objeto de una conjura. En la práctica, la entrada del episodio de Musk en la escena argentina es el resultado de una "operación de prensa" armada desde el lugar de la presidencia. Si se pone en duda esto, estamos muy complicados para seguir la conversación. Como también, si se ignora el sentido político del episodio: la instalación de la figura del presidente como objeto de una conjura. El por qué del episodio termina apareciendo como una conjura, como un sabotaje contra el presidente.
 
El operativo cierra exitosamente, por lo menos en forma provisoria. "Hay un sector político que está trabajando para desestabilizar a Milei". Es un sector que todavía no adquirió un nombre específico, pero aparece junto con cualquier "ataque" contra Milei. Ahora el problema es que la historia tan ingeniosamente pensada podría plantear, por su lado, otro problema para Milei, el de la sensación de vulnerabilidad de su gobierno.
 
La descripción del "enemigo" es una de las apariciones más amenazantes de los últimos tiempos democráticos en Argentina: la existencia de una fuerza que viene a desestabilizar, en este caso al régimen "liberal" desde el interior de ese mismo régimen. El peligro es mayor aún porque no aparece ningún nombre que corporice el peligro: es un peligro vago, tan vago como ubicuo, de tal modo que la conspiración podría ser la etiqueta de cualquier modo de protesta contra el gobierno.
 
En esta etapa, todavía no aparecen los nombres propios que podrían "identificar" a los conspiradores. El itinerario dice que primero hay que identificar al enemigo y desde esa identificación preparar la defensa. Si esto no es más que una payasada como tantas otras, pronto sabremos en qué dirección se orienta la persecución.
 
Por Edgardo Mocca
Por Germán Molkuc
 
Fuentes: Página 12 y Urgente 24
 

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03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
La Opinión Popular
 

31-01-2026 / 09:01
Décadas de globalización con la lógica del mercado se desplomaron sobre los argentinos con Javier Milei gritando el Rock del Gato mientras cinco provincias se incendiaban fuera de control y la mayoría de los gobernadores se sometían a ser extorsionados para aprobar la reforma laboral.
 
Décadas de erosión de la democracia y el medio ambiente cayeron sobre los argentinos con el florecimiento del libertarismo autoritario, que es como decir silencio atronador o fuego helado. Las dos cosas no van juntas. El resultado es libertad para pocos y autoritarismo para los demás.
 
Rocca, Magnetto y Galperín fueron algunos de los creadores del Golem esquizofrénico. Lo construyeron para que los proteja, financiaron sus campañas, le dieron letra con leyes para proteger sus intereses y publicaron loas en los medios que controlan. Pero en este momento parte de sus intereses entraron en colisión con el rumbo aperturista total del gobierno y sus alianzas.
 
Las elecciones de medio término en una sociedad que perdió el sentido, fragmentada, extenuada por la inflación y la pandemia, le dieron un impulso que se multiplicó con el respaldo de la Casa Blanca.
 
Ese paralelismo crispado de un imperio en decadencia encontró un aliado incondicional en la subordinación total de Milei. No hay término medio en las Casas Blanca y Rosada. Una decisión absoluta de dominio se complementó con una decisión absoluta de sumisión.
 
Con la apertura que impulsaron los grandes empresarios, y que implementó este Gobierno, entró una avalancha de productos chinos. El capital concentrado creyó que tenía espalda para sobrevivir al exterminio de sus competidores de la pequeña y mediana industria y comercio y que podría deglutir esos espacios que quedaban libres.
 
Pero el ímpetu del comercio chino, ultra tecnológico, con cadenas de suministro ultra coordinadas y eficientes, se llevó puestos hasta los tubos de Techint y metió en problemas a la gran aplicación comercial de Marcos Galperín, el hombre más rico del país.
 
Galperín reside en Uruguay para no pagar impuestos en Argentina, donde creció su empresa, Mercado Libre. Impulsó con entusiasmo el discurso libertario contra los subsidios estatales y contra la regulación de los mercados.
 
Desde la pandemia, el campeón antisubsidios recibió subsidios por 370 millones de dólares. Y ahora, el también campeón de la apertura de las importaciones, le exigió al gobierno que regule a Temu, la aplicación de comercio china que le arrebató una porción de la torta.
 
Paolo Rocca, que colocó a su ex empleado Horacio Marín como CEO de YPF, recurrió a la Justicia por la licitación de tubos para un gasoducto que perdió ante una firma india que fabrica tubos con acero chino. Galperín hizo lo mismo con Temu. Y Magnetto afronta problemas parecidos con la compra de Telefónica por el Grupo Clarín.
 
Son contradicciones fuertes en el capital hegemónico, que el gobierno sobrelleva con enormes ofrendas, como la reforma laboral. El triunfalismo que invadió a la Casa Rosada por el resultado electoral se enfocó en su primera cosecha. La ley de trabajo propuesta incluyó un artículo sobre el impuesto a las ganancias que saca coparticipación a las provincias.
 
El Gobierno mandó a Diego Santilli a discutir con los gobernadores, pero le advirtió que no hará ninguna concesión. Y Santilli les prometió que los premios llegarían después de la aprobación en el Congreso. 
 

30-01-2026 / 09:01
Se ve que Javier "Nerón" Milei suelta la mosca solamente a las piñas: fondos tardíos para el sur que ya se chamuscó como chorizo en la parrilla. Con incendios forestales activos en distintas zonas de la Patagonia y tras reiterados reclamos de gobernadores y dirigentes opositores, el irresponsable Milei, que al igual que el emperador Nerón se dedicó a cantar mientras se incendiaba su país, finalmente destrabó fondos para el sistema de Bomberos Voluntarios y confirmó que declarará la Emergencia Ígnea mediante un DNU. 50 días y 230 mil hectáreas quemadas después.
 
Desde los primeros días de enero la Patagonia arde por los incendios forestales; después de que el fuego arrasara -hasta ahora- más de 230 mil hectáreas; después de la pérdida irrecuperable en parques nacionales, que son patrimonio de la humanidad, y con la población en serio riesgo de perder lo poco que les queda, Milei evaluó hacer algo. La decisión llega luego de semanas marcadas por cuestionamientos sobre la ausencia total en la respuesta estatal nacional frente a una crisis ambiental que ya afectó miles de hectáreas, provocó evacuaciones y generó pérdidas materiales y económicas en distintas localidades del sur argentino.
 
La medida quedó formalizada a través de la resolución 91/2026 publicada en el Boletín Oficial y firmada por la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, que autoriza un desembolso de 100.810.319.998 pesos destinados a organizaciones de bomberos voluntarios en todo el país. A ello se suman transferencias por 7.754.639.995 pesos para entidades provinciales de segundo grado y un monto equivalente para programas de capacitación y fortalecimiento operativo.
 
Los recursos estarán dirigidos a la compra de equipamiento, vehículos, herramientas, vestimenta ignífuga, insumos técnicos y materiales necesarios para enfrentar incendios forestales, una demanda histórica de los cuarteles voluntarios que, en muchos casos, operan con equipamiento limitado y dependen de aportes locales para sostener su funcionamiento cotidiano.
 
En paralelo, el Gobierno libertario confirmó que declarará la Emergencia Ígnea a través de un DNU, evitando así el paso por el Congreso. El argumento oficial sostiene que se trata de un mecanismo para acelerar la asistencia y evitar demoras administrativas, aunque desde distintos sectores políticos remarcaron que la declaración fue exigida por los gobernadores patagónicos días atrás y que el Ejecutivo resistía avanzar en esa dirección hasta que el costo político se volvió evidente e insostenible.
 
La tensión se profundizó cuando mandatarios provinciales del sur reclamaron públicamente una ley específica contra incendios mientras el anarco capitalista participaba de actividades de fiesta y joda en Mar del Plata, situación que fue interpretada por la oposición como una señal de desconexión total frente a la emergencia. Recién después de esa presión se anunció el plan denominado oficialmente "histórica lucha contra el fuego", que incluye la ampliación presupuestaria y la activación de herramientas administrativas para coordinar recursos federales. Esos recursos, sin embargo, no son suficientes y llegan tarde. El daño causado, según argumentan distintas agrupaciones ambientales y los propios pobladores, ya es irreparable.
 
El episodio vuelve a abrir el debate sobre la capacidad de reacción de Milei frente a emergencias ambientales y el rol del Estado en la prevención y combate de incendios forestales, especialmente en regiones donde cada temporada seca incrementa el riesgo de desastres. Para los bomberos y brigadistas, el financiamiento llega en un momento crítico y permitirá mejorar condiciones operativas, aunque queda la discusión política sobre por qué la respuesta oficial demoró tanto mientras el fuego avanzaba.
 
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