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Nacionales - 13-12-2024 / 10:12
CAMBIARON SUS VOTOS A ÚLTIMO MOMENTO: ACORRALADOS, LOS LIBERTARIOS VOTARON CON EL PERONISMO Y EXPULSARON AL VALIJERO DEL SENADO

Que la cuenten como quieran: la expulsión exprés del coimero Kueider fue una derrota de Milei

Que la cuenten como quieran: la expulsión exprés del coimero Kueider fue una derrota de Milei
Chau, chau adiós. Una semana después de ser descubierto intentando pasar más de 200 mil dólares no declarados por la frontera con Paraguay, el presunto coimero Edgardo Kueider fue expulsado del Senado. Fue con 60 votos a favor, 6 en contra y una abstención: un escenario de unanimidad habilitado por el acompañamiento de último momento de la UCR y parte del PRO al pedido de expulsión del peronismo.
Chau, chau adiós. Una semana después de ser descubierto intentando pasar más de 200 mil dólares no declarados por la frontera con Paraguay, el presunto coimero Edgardo Kueider fue expulsado del Senado. Fue con 60 votos a favor, 6 en contra y una abstención: un escenario de unanimidad habilitado por el acompañamiento de último momento de la UCR y parte del PRO al pedido de expulsión del peronismo.

El oficialismo, después de hacer todo lo posible para evitar la destitución de su ex aliado, terminó plegándose a la mayoría, temeroso de quedar expuesto defendiendo en soledad a Kueider. Victoria Villarruel fracasó en el intento de suspenderlo y preparó, así, el terreno para la expulsión de un alfil de Casa Rosada en el Senado de la Nación. Su lugar, ahora, será ocupado por una dirigenta entrerriana de La Cámpora. Al final del día, surgió la versión de una eventual invalidez de la sesión porque, afirman, Villarruel debía estar a cargo del Ejecutivo por el viaje de Milei a Italia.

El pedido de desafuero y detención pedido por la jueza Sandra Arroyo Salgado fue el comienzo del fin para Kueider. Hasta la noche anterior, el Senado se encontraba en empate técnico, indeciso entre la suspensión, impulsada por el oficialismo, y la expulsión, impulsada por el peronismo. Villarruel había pergeñado la convocatoria con la convicción de que toda la oposición no kirchnerista se plegaría a la idea de suspender a Kueider hasta marzo, un castigo simulado que, en la práctica, no significaba más que unas vacaciones no pagas durante el verano.

La UCR había tenido una reunión de bloque la tarde anterior y había decidido ir por la suspensión. Y el PRO, conducido por Luis Juez, amagaba con adoptar la misma postura. Pero, al día siguiente,  Arroyo Salgado pidió la extradición de Kueider y el panorama cambió.

Fue Guadalupe Tagliaferri, senadora larretista de CABA, quien anticipó que la relación de fuerzas en el recinto había comenzado a mutar. "Este senador fue encontrado in fraganti y cuando sos encontrado in fraganti es causal de desafuero, y la suspensión que están proponiendo es que durante dos meses va a seguir teniendo fueros. Yo voy a votar por la expulsión de este senador", adelantó Tagliaferri.
 
El PRO, hasta entonces, venía sosteniendo una postura zigzagueante. Luis Juez había sido el primero en advertir que el bloque daría quórum a la sesión pedida por UxP, y fue por este motivo, según cuentan en el entorno de la vice, que Villarruel terminó viéndose obligada a convocar.
 
Entonces, Juez había firmado el proyecto de suspensión, pero, al momento de votar, terminó volcándose por la expulsión junto a Tagliaferri y gran parte de los senadores del PRO. "La única sanción que le corresponde es la expulsión. ¿En serio vamos a tener problema que esa banca sea ocupada por una dirigenta política que consiguió los mismos votos que Kueider? No venimos a entregarle nuestra honra a los chanchos. Esto no es un aguantadero", cuestionó.
 
Finalmente, solo Carmen Álvarez Rivero, Martín Goerling, Alfredo De Angeli y Andrea Cristina votarían, dentro del bloque PRO, en contra de la expulsión. De Angeli lo haría a pesar de que, horas antes, había tenido un discurso muy encendido a favor de expulsar a Kueider
 

 

 
EL SENADO LO EXPULSÓ CON 60 VOTOS A FAVOR Y APENAS SEIS EN CONTRA
 
A Kueider no lo salvaron ni sus socios libertarios
 
El oficialismo hizo todo lo posible para evitar la expulsión, pero, a medida que se desarrollaba la sesión, iban apareciendo discursos más y más duros contra Kueider. "Voy a modificar mi postura. Yo sostenía la suspensión, pero lo realizado por Kueider agravia al cuerpo. Voy a acompañar que lo echen", anunció, en un momento, Pablo Blanco, uno de los senadores radicales que había firmado el pedido de suspensión junto a Juez.
 
Blanco anticipaba así una postura que se había empezado a gestar por la mañana, luego de una nueva reunión bloque que terminó desautorizando lo decidido el día anterior: Kueider tenía que ser expulsado.
 
Los más mileístas en el bloque, como Eduardo Vischi y los mendocinos, habían quedado en offside. El pedido de Arroyo Salgado había calado hondo y, además, muchos habían quedado molestos luego de las palabras de Javier Milei en en el streaming libertario "La Misa" la noche anterior, donde había dicho que a Kueider había que "echarlo a patadas". "Bueno, lo vamos a echar a patadas entonces", afirmaba, irritado, un senador radical.
 
Finalmente, solo un radical votó en contra de la expulsión: el bonaerense Maximiliano Abad. El resto terminaría votando con Unión por la Patria. A pesar de todos los intentos desesperados por La Libertad Avanza de convencerlos de hacer lo contrario.
 
 
El fallido cuarto intermedio
  
Antes del desenlace fatal para Kueider, el jefe de bloque oficialista, Ezequiel Atauche, convocó a un cuarto intermedio para intentar evitar lo inevitable. Reunidos en el salón Gris, Villarruel gastó todas las municiones que tenía. Insistió en el principio de inocencia, la institucionalidad y el recurso de la suspensión. Cuando falló, sugirió ir por el desafuero en otra sesión, como resultado del pedido de Arroyo Salgado. Tampoco prendió. Finalmente, les pidió a los radicales abstenerse.
 
En el mientras tanto, los senadores hacían tiempo en sus bancas. "¿Y? ¿Qué van a hacer? Lo que tengan que hacer háganlo de una vez", le espetó Juliana Di Tullio a Eduardo Vischi, jefe de bloque radical, cuando entraba en el recinto a hablar con un senador y se volvía a retirar. UxP estaba nervioso: desde la noche anterior, los ánimos habían mutado de la convicción absoluta de ir a una batalla perdida a la realización de que podrían anotarse un verdadero triunfo. Sabían que parte del PRO acompañaría, pero desconfiaban de los radicales. Solo unos pocos se habían quedado en sus bancas, como Blanco, y temían que Villarruel lograra darlos vuelta a último momento.
 
Los discursos habían sido duros. "Si ustedes dicen que Kueider es kirchnerista bueno, acá venimos a pedir la expulsión. Salvo que se hayan convertido tan en casta que digan una cosa y hagan otra. O lo que es peor aún, sea el miedo de que se sepa cómo consiguieron los votos para la Ley Bases. O el miedo de que si no lo protegen cante más que Valeria Lynch", cuestionó, al principio, la mendocina Anabel Fernández Sagasti. El peronismo disputaría con el oficialismo (y la oposición dialoguista) la nacionalidad de Kueider: el objetivo era establecer que Kueider se había aliado al gobierno durante el debate de la Ley Bases y que su cambio de postura podía estar vinculado al pago de coimas.
 
José Mayans, presidente del bloque, apuntaría los cañones contra "Camau" Espínola, compañero de bloque de Kueider y quien el formoseño considera que es el "jefe de la banda". "A las 10 de la mañana del día de la votación de la Ley Bases, Kueider me decía que votaba conmigo. A las 11 qué votaba con ustedes. ¿Qué le ofrecieron? Él me decía que tenía que hablar con Camau que era su socio, su jefe, ¿qué quieren que yo piense de Camau?", cuestionó Mayans, durante el debate.
 
Mientras tanto, el malestar iba a creciendo a medida de que el cuarto intermedio se iba extendiendo. Después de casi una hora, Silvia Sapag (UxP) amagó con ocupar el lugar de la presidencia, atenta a la posibilidad de que el oficialismo intentara vaciar la sesión. LLA lo intentó y falló y, a cuenta gotas, los senadores fueron volviendo a sus bancas. Apenas se consiguió nuevamente el quórum, UxP empezó a pedir a los gritos que se retomara la sesión y se votara de una vez. Solo cuando la situación se volvió impostergable, Villarruel volvió.
 
Atauche intentó insistir con desaforar a Kueider, pero la batalla estaba perdida. El peronismo los había acolarralado y se vieron obligados a votar a favor de la expulsión para no quedar pegados defendiendo a Kueider. Solo los cuatro PRO, Abad y Espínola votaron en contra. El salteño Juan Carlos Romero se abstuvo. El castigo contra Kueider había sido ejemplar y devastador.
 
Desde Casa Rosada, a último momento, intentaron instalar que, como Milei había abandonado el país, Villarruel no debería estar habilitada para presidir la sesión. En el entorno de la vicepresidenta, sin embargo, lo negaron: "Estaba habilitada". La pelea se había perdido.
 
Por María Cafferata
 
Fuente: Página 12
 

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La Argentina de Javier Milei ha ingresado en una fase peligrosa: la de la construcción de una realidad paralela. Mientras las persianas de las pymes se bajan definitivamente, los comedores populares se desbordan y el consumo de leche cae a niveles históricos, el Gobierno nacional ha decidido que la mejor manera de combatir la pobreza no es con políticas públicas, sino con un lápiz y una goma de borrar en las oficinas del INDEC.


El reciente anuncio que sitúa la pobreza en un 28,2% para el segundo semestre de 2025 no es solo una provocación; es un insulto a la inteligencia de un pueblo que sobrevive en el ajuste más brutal de la historia argentina moderna. Estamos ante el "milagro estadístico" de un gobierno que pretende hacernos creer que, en medio de una recesión galopante y salarios de miseria, la pobreza ha retrocedido por arte de magia.



Javier Milei ha decidido abrazar el dogma por encima de la vida. Su gestión se ha convertido en una maquinaria de propaganda que utiliza la macroeconomía financiera para ocultar la microeconomía de la heladera vacía. Festejar un 28,2% de pobreza en un contexto de desguace del Estado, entrega de la soberanía y destrucción del mercado interno no es solo cinismo; es una declaración de guerra contra la realidad.



El Gobierno podrá seguir "dibujando" números y publicando gráficos en redes sociales, pero la calle tiene su propia estadística. Y en esa estadística, la que se mide en el boleto de colectivo, en el alquiler impagable y en el plato de comida que falta, el modelo de Milei solo ha demostrado ser un éxito en una sola cosa: en producir una miseria estructural que ningún comunicado oficial podrá ocultar por mucho tiempo. El despertar de este sueño estadístico será, lamentablemente, una pesadilla social de la que nos costará años recuperarnos.


De la redacción de La Opinión Popular

31-03-2026 / 16:03
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