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Internacionales - 26-09-2024 / 08:09
26 DE SEPTIEMBRE DE 1960

Primer debate televisado de la historia, entre los candidatos presidenciales Richard Nixon y John F. Kennedy

Primer debate televisado de la historia, entre los candidatos presidenciales Richard Nixon y John F. Kennedy
El 26 de Septiembre de 1960 ocurrió uno de los acontecimientos más resaltantes de la historia de la comunicación política moderna: el primer debate político televisivo de la historia donde participaron John F. Kennedy y Richard Nixon.
Las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 1960 marcaron el final de la administración de Dwight D. Eisenhower. Su vicepresidente, Richard Nixon, que había transformado su oficina en una base política nacional, fue el candidato republicano, mientras que los demócratas nominaron al senador de Massachusetts, John F. Kennedy.
 
El punto de inflexión de la campaña fueron los cuatro debates entre Kennedy y Nixon, que fueron los primeros debates presidenciales que tuvieron lugar en la televisión, y por lo tanto atrajo un enorme interés. El primero se llevó a cabo el 26 de septiembre de 1960, en Chicago (EEUU). 
 
Nixon no se había recuperado completamente de su estancia en el hospital y por lo tanto estaba pálido, enfermizo, bajo de peso y cansado. También se negó a ponerse maquillaje para el primer debate, y como resultado, su barba incipiente mostró un lugar destacado en las pantallas de la era de la TV de blanco y negro. La pobre apariencia de Nixon en la televisión en el primer debate se reflejó en el hecho de que su madre lo llamó inmediatamente después del debate para preguntarle si estaba enfermo.
 
Kennedy, por el contrario, parecía curtido, confiado y relajado. Se estima que 80 millones de espectadores vieron el primer debate. La mayoría de las personas que vieron el debate en la televisión creyeron que Kennedy había ganado, mientras que los oyentes de radio (un público más pequeño) creyó que Nixon había ganado.
 
Después de que se había terminado, las encuestas mostraron Kennedy pasando de un ligero déficit en una ligera ventaja sobre Nixon. Para los otros tres debates Nixon recuperó el peso perdido, se maquillaba antes de salir en televisión, y apareció con más fuerza que su aspecto inicial.
 
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Primer debate televisado de la historia, entre los candidatos presidenciales Richard Nixon y John F. Kennedy 
Los debates entre Kennedy y Nixon fueron los primeros que tuvieron lugar en la televisión, y por lo tanto atrajo un enorme interés. Se calcula que fue seguido por nada menos que 70 millones de televidentes.


En Chicago, Estados Unidos, se llevaba a cabo el primer debate televisado de la historia, entre los candidatos presidenciales Richard Nixon y John F. Kennedy. El suceso tuvo lugar en los estudios de la cadena CBS y aún hoy continúa siendo un hito significativo para las campañas políticas modernas.
 
Sería el primero de una serie de cuatro debates que los tendrían como protagonistas. Sin embargo, este enfrentamiento sería determinante para el resto de las rondas de discusión.
 
Setenta millones de norteamericanos se sentaron frente a la tevé en sus casas para oír cada una de las propuestas. Pero no sólo se trataba de escuchar, sino también de observar. Esto último fue lo que captó a la perfección el equipo de campaña del candidato demócrata y sobre lo que trabajó.
 
A los 43 años, Kennedy debía convencer a la audiencia de que podría ser el comandante en jefe. Fue así que decidió lucir en perfectas condiciones para la contienda. Junto a su equipo de confianza, recopiló información como pocas veces antes. Practicó posibles preguntas incómodas y hasta qué gestos poner ante cada situación.
 
Pero no sólo eso. Sabía que debía permanecer "fresco" para esa noche y por eso durmió una siesta reparadora horas antes de pararse en el set de CBS.
 
Era la contracara de Nixon: el candidato republicano transmitía nervios, estaba pálido y su frente presentaba sudor. Su mirada esquiva y su boca reseca tampoco le jugaron a favor: su rostro no transmitió la confianza necesaria.
 
La situación del por entonces vicepresidente era completamente diferente. La campaña era agotadora para él y días antes del debate había estado internado. Incluso, el día de la primera ronda tenía unas líneas de fiebre, que le jugaron muy en contra.
 
La contienda oral no fue agresiva, pero Kennedy se mostró ante el público como un político mucho más resuelto que su rival. A pesar de los esfuerzos, el daño hecho en el primero de los debates había sido suficiente para el senador demócrata.
 
El 8 de noviembre se impondría Kennedy sobre su rival en las elecciones generales por tan solo 100 mil votos, uno de los márgenes más estrechos de los comicios de los Estados Unidos.
 
Primer debate televisado de la historia, entre los candidatos presidenciales Richard Nixon y John F. Kennedy 
El presidente John F. Kennedy sentado. Parados: Secretario de la Marina, John Connally, Jr .; subsecretario de Defensa, Roswell Gilpatric; secretario de Defensa, Robert McNamara; vicepresidente Lyndon B. Johnson; Secretario del Ejército, Elvis Jacob Stahr, Jr .; Secretario de la Fuerza Aérea, Eugene M. Zuckert. Oficina Oval, Casa Blanca, Washington, DC.

Fuente: Wikipedia

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07-01-2026 / 09:01
El Cartel de los Soles es una truchada. El propio Departamento de Justicia de EE.UU. reconoció en los hechos que no existe el "Cartel de los Soles", la organización "narcoterrorista" que supuestamente encabezaba Nicolás Maduro. No fue ni contra el narcotráfico ni por la democracia: Donald Trump atacó Venezuela por el petróleo. Se cayó la principal excusa del gobierno yanqui para bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente. El giro del Departamento de Justicia yanqui desnuda que el verdadero objetivo del ataque imperialista y el secuestro del presidente venezolano siempre fue el petróleo, no la falsa guerra contra las drogas. El papelón alcanza al alcahuete Javier "el Loco" Milei, que también declaró como terrorista al ficticio cartel para complacer a Trump.
 
El tan cacareado Cártel de los Soles resultó ser inexistente. Desde 2020 los Estados Unidos lo utilizó para acusar al presidente constitucional de Venezuela, Maduro, de ser el cabecilla. El creador de esta fábula fue el propio Trump en tiempos de su primer gobierno y la recuperó el año pasado para continuar con su asedio al celoso custodio de la mayor reserva petrolífera del planeta. Sin embargo, el lunes por la noche, esa fábula se desmoronó cuando se conoció que el Departamento de Justicia de Estados Unidos, había reescrito la acusación contra Maduro y dejó de considerar a este cártel como una organización real. La impunidad del poderoso.
 
Este cambió poco le importó a Milei que decidió mantener a los Soles en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento. Tal vez lo hizo a la espera de que la mentira se convierta en verdad. Lo cierto es que seguir con esta fábula entre los delitos que se le endilgan a Maduro, iba a resultar contraproducente para la estrategia de la fiscalía. Sobre todo, porque el proceso judicial ya tiene un vicio de legalidad de origen: se inició porque antes se invadió y atacó un país extranjero, Venezuela, y se secuestró a su presidente, Maduro.
 
Según trascendió, ahora la acusación de la fiscalía contra Maduro se limita a responsabilizarlo de conducción de un supuesto "sistema clientelar" y desarrollar una "cultura de corrupción" que se nutrió de dinero del narcotráfico.
 
Una vez que Trump comenzó su segundo mandato, resucitó al Cártel de los Soles y la acusación contra Maduro del año 2020. En julio pasado, el Departamento del Tesoro copió textual esa acusación para incorporar al cártel como organización terrorista. Cuatro meses más tarde, el secretario de Estado y uno de los principales asesores en seguridad, Marco Rubio, hizo lo mismo. El relato para la campaña mediática contra Venezuela cerraba perfecto y era casi calcado a otras experiencias norteamericanas con países de Latino América, como fue el caso Panamá en 1989. O la farsa de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, que justificaron su invasión.
 
Con franqueza imperial, Trump se encargó de despejar cualquier duda sobre las verdaderas motivaciones de la agresión. En una conferencia de prensa afirmó sin tapujos que su intención era "administrar" Venezuela para "recuperar" su petróleo, como si ese recurso natural perteneciera a Estados Unidos y no al pueblo venezolano. La frase, brutal en su sinceridad, pulverizó de un solo golpe el andamiaje discursivo con el que durante años se intentó justificar el hostigamiento contra los gobiernos bolivarianos.
 
Quedó así al desnudo que el problema de Washington con Maduro nunca fue el supuesto "fraude" en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, ni la acusación de ser una "dictadura", ni mucho menos la fantasía judicial del inexistente Cartel de los Soles. El verdadero conflicto es geopolítico y económico: Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo convencional del planeta y ha insistido, desde la Revolución Bolivariana, en ejercer soberanía sobre ellas. Para el imperialismo yanqui, ese pecado es imperdonable.
 
La Opinión Popular
 

07-01-2026 / 08:01
07-01-2026 / 08:01
06-01-2026 / 11:01
Si algo confirmó el ataque yanqui a Venezuela fue que Nicolás Maduro era el presidente legítimo de ese país. Terminó con la discusión de su elección y de las famosas actas. Si no fuera así, la oposición no habría presentado actas truchas y Washington no hubiera necesitado intervenir por la fuerza. Si la oposición tenía tanto respaldo como decían, el matón Donald Trump no los hubiera despreciado públicamente como hizo en la conferencia de prensa donde anunció el secuestro del mandatario venezolano y su esposa.
 
El mundo cambió, algunos dicen que no es cierto que Estados Unidos sea una potencia en decadencia. Y es al revés. Tiene que usar la fuerza para mantener su hegemonía porque su economía está en problemas y es difícil que pueda recuperarse. Pero es la primera potencia militar por lejos. La sigue Rusia y después China. Pero China y Rusia sumadas sobrepasan el poderío norteamericano, que tiene 18 bases militares fuera de su territorio, más sus aliados de la OTAN. Como las medidas económicas ya no tienen la fuerza necesaria, aplica la fuerza más importante que le queda, que es la militar.
 
Es obvio que a China y a Rusia no les gusta la intervención militar norteamericana, pero no moverán un soldado porque aceptan que América sea zona de influencia norteamericana. Si Latinoamérica es zona de influencia de Washington, es obvio que Ucrania resulta zona de influencia de Rusia y que Taiwán y sus alrededores es zona de influencia de China. Las potencias están demarcando sus zonas de influencia. Permitirán la presencia de otras economías mientras no crean que los amenaza.
 
Lo que no se resuelve por la política, se resuelve por la fuerza. Los argentinos sabemos esa máxima de la realidad. Y la lógica de la fuerza, no es progresiva porque la única forma de defenderse es tener más fuerza que el posible agresor. O sea: la regla será una nueva carrera armamentística con la proliferación de arsenales nucleares. Muy peligroso.
 
El tema principal con Venezuela no sería tanto la provisión de petróleo, porque le vende todo el que necesita y ha aclarado en repetidas oportunidades que no tienen intenciones de retacearlo. Tampoco sería el hecho de que le venda a China. El problema es que los tratos con Beijing no se realizan en dólares.
 
Y si el mundo abandona el dólar como moneda internacional, Estados Unidos sería aplastado por su enorme deuda y los problemas en sus cadenas de suministro internacionalizadas. El año próximo, por primera vez, los vencimientos de su deuda serían mayores que su enorme gasto militar. Por supuesto que la intención de máxima es tomar el control directo de las grandes reservas de petróleo venezolano.

En Argentina y en todas partes, pasa a ser más necesario que nunca que sus Fuerzas Armadas recuperen el sentido nacional que terminaron de perder durante la Guerra Fría. Es un mundo en el que prima la fuerza y las relaciones de dominación. Resignarse en este mundo es aceptar el sometimiento como ocurre con el gobierno actual. El camino para preservar los intereses propios está en fortalecerse en los organismos de integración regional y la diversificación de mercados en organismos como el de los BRICS.

La operación de comandos que secuestró a Maduro fue exitosa desde su punto de vista. Pero como Estados Unidos no puede arriesgar una invasión de infantería similar a la de Panamá el objetivo de máxima era de cambio de régimen. El secuestro de Maduro debía provocar saqueos, levantamientos de multitudes y en cascada, fracturas en las Fuerzas Armadas. La oposición de Corina Machado no podía garantizar ni un acto mínimo. La decepción de Trump fue evidente. En vez de reemplazar al régimen está obligado a negociar con él, aunque presione con la cárcel de Maduro
Trump utiliza la agresión a Venezuela para amenazar a los gobiernos de América que no se someten a EE.UU.

 

05-01-2026 / 20:01
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