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“Esta gloriosa Revolución Libertadora se hizo para que, en este bendito país, el hijo del barrendero muera barrendero”. Almirante Arturo Rial.
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Internacionales - 04-09-2024 / 07:09
EL 4 DE SEPTIEMBRE DE 1970 EL PUEBLO CHILENO LO ELIGE

Salvador Allende es electo presidente de Chile por la Unidad Popular

Salvador Allende es electo presidente de Chile por la Unidad Popular
Celebraciones por el triunfo de Allende en las elecciones de 1970. Manifestación frente a la Universidad Católica en la Alameda en Santiago.
El 04 de septiembre de 1970 el pueblo chileno elige presidente a Salvador Allende. El Banco Mundial suspende inmediatamente todos los préstamos y el mismo día comienza la conspiración para derrocarlo. Desde Washington, el canciller Henry Kissinger explica: "No veo por qué tendríamos que quedarnos de brazos cruzados, contemplando cómo un país se hace comunista debido a la irresponsabilidad de su pueblo".
 
Pocas veces se advierte la inmensa estatura que ha alcanzado la figura histórica del presidente Allende. Su nombre se encuentra en las más diversas latitudes, en diversas ciudades del planeta. En Chile, todavía hoy, se insiste en la burda caricatura con que la propaganda de derechas estigmatizó al que fuera el líder de una de las primeras revoluciones democráticas en el mundo entero.
 
La experiencia chilena mostró que el reclamo por justicia social puede conjugarse con los cánones de una democracia. Esta idea fundamental, que no ha perdido en absoluto su pertinencia en América Latina, se adelantó varias décadas a los debates de las izquierdas en las postrimerías de la ex Unión Soviética y a los aportes teórico-políticos del llamado "euro-comunismo".
 
La Opinión Popular


 
Salvador Allende es electo presidente de Chile por la Unidad Popular 

Salvador Allende
 
Por Álvaro Cuadra
 
Se ha pretendido escindir la figura del presidente Allende en la de un demócrata tradicional, senador de la república, de aquella de un revolucionario apasionado. Dos rostros que,- como el dios Jano - no obstante, coexisten en una misma cabeza, sin advertir que allí radicó, precisamente, la profunda lozanía y novedad de la experiencia chilena.
 
El desafío que planteó el doctor Allende a la sociedad chilena, y por el que dio su propia vida, no es otro que insuflar de su pleno sentido el concepto de "democracia", una tarea que sigue pendiente en nuestro país.
 
Construir un orden social más justo en que la dignidad humana sea la medida de todas las cosas y no el lucro y la codicia. Construir un orden social y político plural, diverso, en que todos encuentren su lugar. Tal como señaló Salvador Allende en un palacio presidencial bombardeado y envuelto en llamas: "La historia la hacen los pueblos"
 
En la actualidad, las nuevas generaciones de estudiantes, trabajadores, hombres y mujeres, conscientes o no de ello, vuelven sobre un camino que es, paradojalmente, distinto y sin embargo, el mismo: Construir una democracia amplia e inclusiva en que la educación, la salud y la previsión social no estén sometidas a la lógica del dinero, castigando a la clase media y a los más pobres.
 
Cada generación es convocada a protagonizar su historia, retomando la senda hollada por el sufrimiento de tantos. Los chilenos de hoy están convocados a escribir su historia, una nueva constitución que deje atrás los decretos militares redactados en los sótanos de una dictadura.
 
Cada marcha en las calles, cada pancarta y cada grito testimonia en el "ahora" de esta historia, los ecos de un "otrora" acallado por mucho tiempo. La voz de Salvador Allende resuena hoy como la de un hombre digno que contrasta con las miserias de la política contemporánea.
 
Como toda figura histórica universal, su propia estatura minimiza aquella de sus verdugos y detractores interesados. Finalmente, en la perspectiva de la historia es su voz valiente la que se hace eterna y silencia para siempre la de quienes en nombre de sus sórdidos intereses encarnaron la infamia, la mentira y la traición.
 
Salvador Allende es electo presidente de Chile por la Unidad Popular 
 
Fuente: Bolpress

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06-01-2026 / 11:01
Si algo confirmó el ataque yanqui a Venezuela fue que Nicolás Maduro era el presidente legítimo de ese país. Terminó con la discusión de su elección y de las famosas actas. Si no fuera así, la oposición no habría presentado actas truchas y Washington no hubiera necesitado intervenir por la fuerza. Si la oposición tenía tanto respaldo como decían, el matón Donald Trump no los hubiera despreciado públicamente como hizo en la conferencia de prensa donde anunció el secuestro del mandatario venezolano y su esposa.
 
El mundo cambió, algunos dicen que no es cierto que Estados Unidos sea una potencia en decadencia. Y es al revés. Tiene que usar la fuerza para mantener su hegemonía porque su economía está en problemas y es difícil que pueda recuperarse. Pero es la primera potencia militar por lejos. La sigue Rusia y después China. Pero China y Rusia sumadas sobrepasan el poderío norteamericano, que tiene 18 bases militares fuera de su territorio, más sus aliados de la OTAN. Como las medidas económicas ya no tienen la fuerza necesaria, aplica la fuerza más importante que le queda, que es la militar.
 
Es obvio que a China y a Rusia no les gusta la intervención militar norteamericana, pero no moverán un soldado porque aceptan que América sea zona de influencia norteamericana. Si Latinoamérica es zona de influencia de Washington, es obvio que Ucrania resulta zona de influencia de Rusia y que Taiwán y sus alrededores es zona de influencia de China. Las potencias están demarcando sus zonas de influencia. Permitirán la presencia de otras economías mientras no crean que los amenaza.
 
Lo que no se resuelve por la política, se resuelve por la fuerza. Los argentinos sabemos esa máxima de la realidad. Y la lógica de la fuerza, no es progresiva porque la única forma de defenderse es tener más fuerza que el posible agresor. O sea: la regla será una nueva carrera armamentística con la proliferación de arsenales nucleares. Muy peligroso.
 
El tema principal con Venezuela no sería tanto la provisión de petróleo, porque le vende todo el que necesita y ha aclarado en repetidas oportunidades que no tienen intenciones de retacearlo. Tampoco sería el hecho de que le venda a China. El problema es que los tratos con Beijing no se realizan en dólares.
 
Y si el mundo abandona el dólar como moneda internacional, Estados Unidos sería aplastado por su enorme deuda y los problemas en sus cadenas de suministro internacionalizadas. El año próximo, por primera vez, los vencimientos de su deuda serían mayores que su enorme gasto militar. Por supuesto que la intención de máxima es tomar el control directo de las grandes reservas de petróleo venezolano.

En Argentina y en todas partes, pasa a ser más necesario que nunca que sus Fuerzas Armadas recuperen el sentido nacional que terminaron de perder durante la Guerra Fría. Es un mundo en el que prima la fuerza y las relaciones de dominación. Resignarse en este mundo es aceptar el sometimiento como ocurre con el gobierno actual. El camino para preservar los intereses propios está en fortalecerse en los organismos de integración regional y la diversificación de mercados en organismos como el de los BRICS.

La operación de comandos que secuestró a Maduro fue exitosa desde su punto de vista. Pero como Estados Unidos no puede arriesgar una invasión de infantería similar a la de Panamá el objetivo de máxima era de cambio de régimen. El secuestro de Maduro debía provocar saqueos, levantamientos de multitudes y en cascada, fracturas en las Fuerzas Armadas. La oposición de Corina Machado no podía garantizar ni un acto mínimo. La decepción de Trump fue evidente. En vez de reemplazar al régimen está obligado a negociar con él, aunque presione con la cárcel de Maduro
Trump utiliza la agresión a Venezuela para amenazar a los gobiernos de América que no se someten a EE.UU.

 

05-01-2026 / 20:01
05-01-2026 / 20:01
05-01-2026 / 20:01
05-01-2026 / 10:01
Estados Unidos dejó bien claro que el objetivo central de su ataque a Venezuela es disponer de sus yacimientos petroleros. Luego del secuestro y traslado ilegal de Nicolás Maduro, el propio presidente Donald Trump amenazó con nuevos ataques y exigió este domingo a la flamante presidenta interina, Delcy Rodríguez, "acceso total" al petróleo venezolano. El cipayo Milei celebró la captura de Maduro y volvió a exhibir una política exterior arrastrada y pro yanqui. Kicillof se diferenció de LLA, calificó la agresión como una grave violación del Derecho Internacional, defendió el principio de no intervención y cuestionó el alineamiento colonialista del libertario.
 
Bajo sanciones estadounidenses desde 2019, Venezuela produce alrededor de un millón de barriles de crudo al día, un botín nada despreciable para el mandatario republicano. Aunque no se sabe hasta dónde podrá llegar Washington en su amenaza sobre los recursos venezolanos, el secretario de Estado, Marco Rubio, también fue contundente este domingo al señalar que "tendremos en cuarentena el petróleo hasta que las condiciones sean beneficiosas" para Estados Unidos. "En unas semanas van a tener que bombear más y tenemos la armada situada para que quien tiene el poder haga los cambios en beneficio de Estados Unidos", presionó.
 
La congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez exhibió en pocas palabras la grieta que divide a la política estadounidense en torno a la captura de Maduro: "No se trata de drogas. Se trata de petróleo y cambio de régimen". El historiador venezolano Miguel Tinker Salas, se expresó en la misma línea: "La guerra contra el narcotráfico es un simple pretexto para impulsar una intervención en Venezuela. La realidad es que las propias agencias de inteligencia en los EE.UU. reportaron que Venezuela no produce fentanilo y que la cantidad de cocaína que se trafica por el país es poca". La mayoría de la droga se produce en Colombia y sale por Ecuador, no por Venezuela.
 
Un ejemplo pornográfico de la guerra de mentiras fue la forma en que EE.UU. construyó la excusa para atacar a Venezuela. Hace dos años que el Departamento de Estado comenzó con un argumento al estilo Hollywood. El gobierno de Nicolás Maduro es en realidad una narco-dictadura que tiene incrustada en su interior al Cártel de los Soles. El 16 de noviembre del año pasado, el Departamento de Estado declaró al famoso cártel una organización terrorista extranjera dirigida por Maduro y otros funcionarios del chavismo.
 
Era el marco político para justificar un despliegue militar inédito en el Caribe. Y el asesinato de al menos 100 lancheros que supuestamente transportaban droga en sus modestas lanchas de madera con motor fuera de borda. ¿Sería droga? ¿Serían pescadores? Nadie lo sabrá porque los americanos pusieron como prueba sus propios crímenes con una filmación satelital nocturna, en la que una lancha de madera, de esas que suelen usar los pescadores pobres de América Latina, es atacada con armamento sacado de La guerra de las galaxias.
 
El aparato de propaganda proyanqui -Infobae, La Nación, Clarín- se dedicó a difundir que ahora la Justicia de Nueva York juzgaría a Maduro por narcotráfico. Hasta ahora nunca se conocieron las supuestas pruebas ni la supuesta investigación. Sin embargo, hay algo que sí se sabe: el presidente Trump indultó hace poco más de un mes al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández.
 
Paradojas de la vida, sobre Hernández sí había una investigación judicial. Lo acusó la Justicia estadounidense de participar y facilitar, como presidente del Congreso y luego del país, de una red que traficó más de 500 toneladas de droga hacia EE UU. lo condenaron a 45 años de cárcel. Trump -siempre preocupado por sus amigos ultra derechistas- lo indultó. Salió de la cárcel el pasado dos de diciembre. No es por la democracia ni los derechos humanos. Es el petróleo, estúpido.
 
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