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Nacionales - 31-07-2024 / 10:07
EL BANCO CENTRAL PERDIÓ RESERVAS Y AFRONTA VENCIMIENTOS CLAVES

Última jugada desesperada de Caputo: Mandar más oro a Londres, conseguir reservas y liquidarlas para sostener el dólar

Última jugada desesperada de Caputo: Mandar más oro a Londres, conseguir reservas y liquidarlas para sostener el dólar
El gobierno anarco capitalista de Javier “el Loco” Milei, a través del Banco Central, no para de vender divisas y julio se apresta a ser el segundo mes consecutivo con saldo negativo en la acumulación de reservas. El pico del paralelo a $1500 empujó al ministro Luis "Totó intocable" Caputo a una estrategia cortoplacista de supervivencia. El campo no liquida y no aparecen préstamos ni enviando oro al exterior. ¿Cuánto crédito le queda al rockstar?
El gobierno anarco capitalista de Javier "el Loco" Milei, a través del Banco Central, no para de vender divisas y julio se apresta a ser el segundo mes consecutivo con saldo negativo en la acumulación de reservas. El pico del paralelo a $1500 empujó al ministro Luis "Totó intocable" Caputo a una estrategia cortoplacista de supervivencia. El campo no liquida y no aparecen préstamos ni enviando oro al exterior. ¿Cuánto crédito le queda al rockstar?
 
Las reservas del Banco Central siguen bajo presión. Este martes, la entidad monetaria se vio obligada a vender 64 millones de dólares, y el miércoles enfrentará el primer vencimiento del Bopresa por 150 millones. En este contexto delicado, el endeudador serial Caputo continúa utilizando reservas para reducir el precio del dólar. Un informe que circula en la city porteña advierte que quedan apenas 1000 de dólares millones para contener la brecha cambiaria.
 
Caputo ya está recurriendo a los encajes y, al no conseguir fondos en el G20 del FMI ni del Tesoro norteamericano, envió más oro a Londres para que Basilea respalde un préstamo repo por esos 1000 millones extraídos de los encajes. Esta operación, envuelta en oscuridad, implica la entrega del oro de las reservas como caución. El Ministerio de Economía se niega a dar detalles, y el Banco Central solo respondió que "todo se informará cuando se complete la respuesta al pedido de informes de La Bancaria". La idea es sacrificar todo para contener la brecha cambiaria.
 
La situación es crítica. Este martes, el Banco Central tuvo que desprenderse de otros 64 millones, y las reservas internacionales cayeron en 140 millones de dólares debido a la cotización de sus activos. Por primera vez en meses, las reservas perforaron el piso de 27.000 millones de dólares.
 
Además, la "normalización" del flujo importador está demandando 500 millones de dólares diarios en términos de stock, una cifra que se triplicará en octubre debido a la superposición de cuotas tras la modificación del esquema de pagos de importaciones. Un dólar barato incentiva la importación para el stockeo, ejerciendo mayor presión sobre las reservas.
 
La decisión de acortar los plazos de productos importados, como bienes de consumo suntuoso y autos terminados, se tomó para aprovechar la recaudación por el impuesto país que vence en diciembre, según explicó el ex titular de la Aduana, Guillermo Michel. No obstante, los números son alarmantes, especialmente con el vencimiento del Bopresa que comienza este miércoles, sumando una cifra millonaria de la primera cuota de doce de la serie 2, dólares que salen de las reservas.
 
El panorama no es para nada alentador. "No se consiguieron los dólares que se estaban buscando en tiempo y forma, por lo que el Gobierno tuvo que cambiar la estrategia a mitad de camino", señaló el economista Ricardo Delgado, director de la consultora Analytica. "Asumían que iban a tener entre 10 mil y 15 mil millones de dólares, que es lo que según trascendió, están negociando con el FMI y bancos privados. Pero, por lo menos en lo inmediato, las chances de que lleguen dólares son bajas", agregó.
 
Mientras tanto, el mercado observa jornadas con gran volumen de operaciones. "Es el rulo obrero, que permite ganar un 6.5 por ciento comprando MEP y vendiendo al blue", comentó un operador financiero, añadiendo que "la cotización de los paralelos es ficticia, impulsada por el trade e intervenida con reservas. Veremos qué pasa cuando se acabe esta fiesta".
 
La Opinión Popular
 

 
FUEGO EN EL BANCO
 
Liquidar reservas para sostener el dólar: ¿La última jugada de Caputo?
 
Por Nicolás Baccaro
 
El "mejor ministro de Economía de la historia" está en aprietos. Aunque Javier Milei lo haya calificado así de exageradamente, lo cierto es que Luis Caputo está bien lejos, en su segundo tiempo y tras un fracaso rotundo en el primero, de ofrecer resultados sólidos que hagan pensar en su estabilidad al frente de la economía del país. A los incontables datos que se acumulan semana a semana en relación a la recesión económica y el aumento del desempleo, los últimos meses fueron particularmente complejos para el oficialismo en el campo financiero y en la acumulación de reservas, aspectos centrales en la perspectiva de Milei que no deben tener muy contento al presidente economista.
 
El Gobierno enfrenta el problema más estructural de la Argentina, que Caputo prometió resolver y ante el cual aún no obtiene respuestas: la falta de dólares. Los primeros meses de gestión, marcados por la devaluación, el impacto de la recesión y brutal ajuste del gasto público, le permitieron al oficialismo avanzar en una incipiente acumulación de reservas que en gran medida se explicó por la suspensión de pagos de deuda, transferencias a las provincias y recortes como el de la obra pública. Pero esa manta corta generada a la fuerza se fue achicando al calor de un tipo de cambio que quedaba cada vez más atrasado y que no conforma al sector que monopoliza la generación de divisas: el agropecuario.
 
La liberalización irracional de muchos precios de la economía llevó a que la devaluación de diciembre se consumiera en tiempo récord, y para el momento de la cosecha gruesa el campo ya pedía otra actualización, que el Gobierno intenta aún resistir con uñas y dientes consciente del impacto inflacionario que tendría otro salto en el tipo de cambio. Con la baja de la inflación como único activo en sus manos, el oficialismo quedó atrapado entre el cumplimiento de su principal promesa electoral y las exigencias del único sector que tiene en su poder los dólares necesarios para sostener la estabilidad cambiaria.
 
Las presiones devaluatorias llevaron para mediados de julio el dólar paralelo al récord de los $1500 y terminaron forzando una estrategia de supervivencia que siembra más dudas que certezas sobre cuánto tiempo puede aguantar. El Gobierno decidió, a través del titular de Economía, intervenir en el mercado de cambios para bajar la cotización de los dólares financieros y achicar la brecha, desesperado por evitar un rebote en el aumento de precios que hiciera crujir el único éxito que puede mostrar hoy ante la sociedad.
 
Los daños colaterales los sintieron las reservas del BCRA, que van por su segundo mes consecutivo con saldo negativo, y la consecuente desconfianza del mercado que impacta en el riesgo país y la falta de liquidación por parte de los agroexportadores.
 
Con los anuncios del 15 de julio se produjo un cambio en la tendencia alcista de las reservas. La semana siguiente a los anuncios tuvo dos días de fuertes ventas de dólares por parte del Central de 62 y 106 millones, que determinaron un saldo negativo para la semana. En las últimas 5 rondas el BCRA siguió vendiendo dólares para sostener los financieros y el paralelo: fueron saldos de -1 millón 24/7, -25 millones el 25/7, -92 millones el 26/7, y los primeros dos días de esta semana continuaron con resultados de -124 millones el 29/7 y -64 millones este martes 30/7.
 
Así, los últimos movimientos del BCRA llevaron a que las reservas pierdan unos 140 millones de dólares y queden en USD 26.992 millones, el valor más bajo en cuatro meses. Sin contar mañana, último día del mes, el Central registra un rojo de 100 millones de dólares en julio, que sumará al saldo negativo de USD 47 millones de junio. Será la primera vez en el Gobierno de Milei que el BCRA acumule dos meses seguidos con reservas a la baja.
 
El oficialismo empieza a meterse en un cuello de botella marcado por la estacionalidad, la falta de apoyo financiero externo y las presiones de los exportadores por una nueva devaluación. El campo no está liquidando y los dólares no entran, lo que hace tambalear la estabilidad de un Gobierno que se resiste a un nuevo salto cambiario. La consultora FyO, especializada en temas del agro, calculó que para mediados de mes aún quedaba sin venderse más de la mitad de la cosecha de soja: 27 millones de toneladas sobre las 50,5 cosechadas.
 
Lo mismo sucede con el maíz, donde de las 46,5 millones de toneladas que se cosecharon aún restan por comercializarse unas 21,2 millones de toneladas. El cálculo arroja unos 21 mil millones de dólares retenidos por los productores a la espera de un precio más conveniente.
 
Milei recibió el apoyo del campo en la Sociedad Rural, pero también sus exigencias. La eliminación de las retenciones y el fin del cepo siguen siendo parte de una agenda incumplida por parte del Gobierno que los productores reclaman. La encerrona es que, sin dólares en las arcas del Central, la salida del cepo se demora, y el desplome de la actividad económica y por ende de la recaudación hacen muy difícil pensar en que el Gobierno pueda prescindir en el corto plazo de lo que recibe por los derechos de exportación del agro.
 
La pregunta entonces pasa por qué carta le queda bajo la manga a Caputo para conseguir los dólares que el Gobierno necesita y no tiene. Por caso, ya realizó dos envíos de oro al exterior en busca de conseguir un préstamo que aún no llega. La promesa a Milei de que conseguiría entre 10 y 15 mil millones de créditos extranjeros por ahora no es más que fuegos de artificio por parte del Messi de las finanzas, que logró engatusar al propio presidente con su juego de apuestas pero aún no puede pagarle. Con esta política fiscal y cambiaria, parece difícil que el campo vaya a liquidar masivamente los dólares que hoy sostiene en forma de grano.
 
A su vez, la intervención del BCRA en el mercado de cambios para mantener los dólares financieros bajos y aguantar la brecha es una invitación a la formación de activos en dólares por parte de todos los agentes de la economía, lo cual irremediablemente seguirá metiendo presión al tipo de cambio y que sólo podrá ser contenida vendiendo más y más reservas. En síntesis, un perro que se muerde la cola.
 
El Gobierno está evidentemente más preocupado por disminuir la brecha y seguir mostrando un descenso de la inflación. El pico del dólar blue a $1500 encendió todas las alarmas y forzó un volantazo en la estrategia. Pero como todo lo que viene mostrando el oficialismo en materia de gestión económica, la falta de planificación, las modificaciones en la forma de intervenir, las idas y vueltas sólo exponen nerviosismo e improvisación, algo que el mercado decodifica y que impacta en un riesgo país que volvió a los 1550 puntos y en la caída de bonos y acciones argentinas.
 
Milei y Caputo enfrentan un dilema para el cual parecen tener una decisión tomada. Ajustar el tipo de cambio para fortalecer las reservas consolidaría la pata económica del Gobierno, acercaría la posibilidad de una salida del cepo, pero tendría el enorme costo político de un importante rebote inflacionario que pegaría en la línea de flotación del relato oficialista. A la inversa, liquidar reservas para contener el dólar y consolidar la baja inflacionaria otorgaría un rédito político, pagando el costo económico de ir secando las arcas del Banco Central.
 
Algo que el Milei candidato y el presidente de los primeros meses criticaría como loco, algo que el presidente al que ya no le molesta echar mano a las estrategias históricas de la casta parece estar dispuesto a seguir haciendo. En última instancia, Luis Caputo aparece como el fusible a saltar en caso que sea ineludible, y la pregunta es si luego de esto le queda algo por tirar, o si estamos frente a su última jugada.
 
Fuente: diagonales.com
 

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05-02-2026 / 11:02
Sacar un adelanto de sueldo con el banco, tarjetear, tomar un préstamo se volvieron cosas habituales bajo el desastroso gobierno de Javier Milei. No poder pagar toda la tarjeta, refinanciar con intereses elevados o no pagar la cuota del préstamo genera mora y eso está aumentando mes a mes. El endeudamiento de los hogares argentinos entró en una zona crítica. Los últimos datos del Banco Central, analizados por el Instituto Argentina Grande, muestran un salto alarmante en la morosidad: el 11 por ciento de los créditos personales y el 9,2 por ciento de las tarjetas de crédito registran irregularidades en los pagos. Hace apenas 2 años, a fines de 2023, esos números eran muy distintos: 4,2 por ciento en préstamos personales y 1,7 por ciento en tarjetas.
 
Se trata de los niveles más altos desde que el organismo tiene registros, es decir, desde 2010. El fenómeno refleja una realidad concreta: los ingresos ya no alcanzan para cubrir gastos cotidianos como alimentos, tarifas o medicina privada. Frente a ese escenario, el desahorro y el endeudamiento dejaron de ser excepciones y pasaron a formar parte de la rutina de millones de familias. Cada vez más hogares recurren al pago mínimo de la tarjeta de crédito como estrategia para estirar el ingreso mensual. Esa práctica, que puede dar aire en el corto plazo, termina convirtiéndose en una trampa por las altas tasas de interés, que aceleran el deterioro de la capacidad de pago.
 
El problema no se limita al consumo diario. También crece la morosidad en los préstamos prendarios, generalmente destinados a la compra de autos, motos o maquinaria. En noviembre de 2025 alcanzó el 5,2 por ciento, cuando 2 años antes era del 2,7. Esto evidencia que el estrés financiero ya impacta en decisiones de mayor plazo y compromete el patrimonio familiar. El deterioro de estos indicadores expone un cuadro social cada vez más frágil. El crédito dejó de ser una herramienta para mejorar la calidad de vida y pasó a convertirse en un recurso de supervivencia que oculta la pérdida del poder adquisitivo.
 
Para muchas familias, especialmente jóvenes sin ingresos formales, el financiamiento no proviene de los bancos sino de cadenas comerciales, prestadores directos y, cada vez más, billeteras virtuales y fintech, que ofrecen créditos rápidos y de acceso inmediato. En ese terreno, la situación también es preocupante. La morosidad en compras de electrodomésticos alcanzó el 27 por ciento en julio de 2025, el valor más alto en más de 4 años. En el caso de los préstamos otorgados por fintech, el 18 por ciento presentaba incumplimientos en julio, pero estimaciones privadas indican que esa cifra ya ronda el 21 por ciento.
 
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares confirman el deterioro de las economías domésticas. En el segundo trimestre de 2025, el 48 por ciento de los hogares no logró cubrir sus gastos y debió recurrir a ahorros, venta de bienes o endeudamiento, tanto formal como informal. La clase media aparece como uno de los sectores más afectados: el 53 por ciento de sus hogares no logra llegar a fin de mes. Según datos del Indec publicados este viernes, el 60% de los asalariados gana menos de $950.000 en el tercer trimestre del año. Es decir, que la mayoría de los trabajadores viven con ingresos por debajo de la canasta de consumos mínimos que realiza la Junta Interna de ATE Indec (el promedio del tercer trimestre del año fue $1.941.853). Esta canasta no es un ideal ni un óptimo, pero se acerca a lo que se necesita para llegar a fin de mes.
 
Mientras el Gobierno libertario insiste en mentir con indicadores de estabilidad y crecimiento, la realidad que se vive puertas adentro de los hogares argentinos es otra: deuda creciente, ingresos que no alcanzan y una morosidad que ya funciona como termómetro del deterioro económico y social. Los hogares están endeudados porque los ingresos no alcanzan. Es urgente un aumento de emergencia de salarios, jubilaciones y programas sociales.
 
La Opinión Popular
 

04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
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