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Sociedad e Interés General - 05-07-2024 / 08:07
5 DE JULIO DE 1807: VICTORIA CRIOLLA EN LA SEGUNDA INVASIÓN INGLESA

El pueblo en armas para defenderse de las tropas británicas

El pueblo en armas para defenderse de las tropas británicas
Un año después de la primera y fallida incursión británica en el Río de la Plata, el pueblo de Buenos Aires derrota a las tropas de John Whitelocke, que firma la capitulación. El general inglés también se retira de la Banda Oriental, donde tenía una posición más ventajosa y, por eso, al regresar a Londres, es declarado "incapaz de servir a la Corona británica" por una corte marcial que lo da de baja.
En junio de 1807, una nueva expedición inglesa, esta vez de 12.000 hombres y cien barcos mercantes cargados de productos británicos, trató de apoderarse de Buenos Aires. Tras vencer las primeras resistencias, los invasores avanzaron sobre la ciudad, pero la capital ya no estaba indefensa.
 
En la mañana del 05 de julio de 1807, con la totalidad del ejército invasor británico, John Whitelocke dio la orden de ingresar a la ciudad en 12 columnas. En un alarde innecesario, llevaban orden de «no disparar sus armas hasta llegar a la Plaza de la Victoria».
 
Sin embargo, los invasores se enfrentaban a una Buenos Aires muy diferente a la que se había rendido ante William Carr Beresford. Los vecinos en las calles, desde barricadas, pozos y trincheras, arrojaron sobre las cabezas de los famosos "casacas rojas" del Regimiento de infantería N° 88, piedras y líquidos hirviendo.
 
La defensa de Buenos Aires contó con tres principales actores: Martín de Álzaga, Santiago de Liniers y Martín de Pueyrredón. El francés Liniers fue el comandante de la resistencia reclutando tropas en Buenos Aires y Montevideo.
 
La organización de gauchos y paisanos de la campaña y la formación de guerrillas populares urbanas (3 mil hombres y mujeres, entre las que destacó Manuela Pedraza) definieron el combate. Los improvisados oficiales habían sido civiles hasta pocos meses antes, como el hacendado Cornelio Saavedra.
 
Para la derrota de las tropas británicas se produjeron distintas acciones: luchas en la campaña y la ciudad, la entrada de las tropas de Liniers por el norte, las de Pueyrredón en las costas (donde participó Güemes), con importantes movilizaciones populares y la organización de los vecinos desde sus viviendas.
 
Liniers y Álzaga habían logrado reunir un ejército de 9.000 milicianos, apostados en distintos puntos de la ciudad. El avance de las columnas británicas se vio severamente entorpecido por las defensas montadas, el fuego permanente desde el interior de las casas y desinteligencias y malentendidos entre los comandantes británicos.
 
Whitelocke vio cómo sus hombres eran embestidos en cada esquina. Mediante la lucha popular callejera, los vecinos de Buenos Aires superaron la disciplina de las famosas "casacas rojas".

 
La Opinión Popular


Todo un pueblo en armas para defenderse de las tropas británicas 
En la mañana del 05 de julio de 1807, con la totalidad del ejército invasor británico, John Whitelocke dio la orden de ingresar a la ciudad en 12 columnas. En un alarde innecesario, llevaban orden de «no disparar sus armas hasta llegar a la Plaza de la Victoria».


Cuando los ingleses pensaban que volverían a desfilar por las estrechas calles, desde los balcones y terrazas fueron recibidos a tiros, pedradas, torrentes de agua y aceite hirviendo.
 
"Cuando las 110 velas de la gran armada británica se divisaron en el horizonte -dirá Manuel José García en sus Memorias-, este espectáculo capaz de intimidar a los más aguerridos no causó el menor recelo a los colonos". Entre sorprendidos y chamuscados los ingleses optaron por rendirse.
 
En el acta de la capitulación pretenden, infructuosamente, incluir una cláusula que los autorizaría a vender libremente la abundante mercadería traída en los barcos.
 
El 28 de enero de 1808 comenzó en Londres el juicio contra Whitelocke. Por momentos intentó una defensa diciendo cosas como "esperaba encontrar una gran porción de habitantes preparados a secundar nuestras miras. Pero resultó ser un país completamente hostil."
 
Pero el fallo fue durísimo. Disponía que "dicho teniente general Whitelocke sea dado de baja y declarado totalmente inepto e indigno de servir a S.M. en ninguna clase militar". Y agregaba "para que sirva de eterno recuerdo de las fatales consecuencias a que se exponen los oficiales revestidos de alto mando que, en el desempeño de los importantes deberes que se les confían, carecen del celo, tino y esfuerzo personal que su soberano y su patria tienen derecho a esperar de ellos."
 
Whitelocke concluyó su alegato con palabras contundentes: "No hay un solo ejemplo en la historia, me atrevo a decir, que pueda igualarse a lo ocurrido en Buenos Aires, donde, sin exageración, todos los habitantes, libres o esclavos, combatieron con una resolución y una pertenencia que no podía esperarse ni del entusiasmo religioso o patriótico, ni del odio más inveterado."
 
Por Felipe Pigna
 
Todo un pueblo en armas para defenderse de las tropas británicas 
La actitud de las valientes milicias populares de Buenos Aires impidió que la ciudad fuera ocupada. Desde las terrazas de las casas se atacó a los invasores con piedras y aceite hirviendo.

Fuente: elhistoriador.com.ar

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