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Nacionales - 01-07-2024 / 09:07
EL IRRACIONALISMO, LA BRUTALIDAD, LA ESTUPIDEZ EXPLÍCITA NO SON EXTERIORES NI SON CASUALES

El triunfo parlamentario del Loco Milei y los límites de su proyecto anarco capitalista

El triunfo parlamentario del Loco Milei y los límites de su proyecto anarco capitalista
Javier "el Psiquiátrico" Milei tiene su “ley base”. Logró el voto de confianza del mundo congregado alrededor de la doctrina que los poderes fácticos, del sentido común que inyectan los grandes medios de comunicación que consiguieron la plenitud del poder sobre la interpretación del mundo y sobre el lugar que en ese mundo debería ocupar nuestro país.
El modo dominante de la política argentina es el de la irracionalidad: la inflación creciente es el camino para la estabilidad, el aislamiento radical del mundo es el realismo, la condición de satélite impotente ante la potencia dominante en plena declinación significa el encuentro con nuestro destino, las penurias crecientes e incesantes de los sectores populares son testimonios inequívocos de la adopción del rumbo inevitable de nuestra nación.
 
En fin, el discurso de la imposibilidad argentina  para su integración digna y democrática en el escenario mundial debe ser situado y enfrentado en su rol de doctrina sobre el presente y el futuro de la patria.
 
Javier "el Psiquiátrico" Milei tiene su "ley base". Logró el voto de confianza del mundo congregado alrededor de la doctrina que los poderes fácticos, del sentido común que inyectan los grandes medios de comunicación que consiguieron la plenitud del poder sobre la interpretación del mundo y sobre el lugar que en ese mundo debería ocupar nuestro país.
 
Se abre una etapa nueva: es la del dominio de los grandes grupos económicos globales y locales en la vida política argentina. Curiosa y paradójicamente han perdido sustento las apelaciones contra los límites legales y constitucionales sostenidos en la constitución, en las leyes y en la historia: todo vale.
 
No hay razones legales y constitucionales que puedan validarse contra la ley suprema que opera de facto: pertenecemos al mundo "occidental", nuestro rumbo es ese rumbo, cualquier tentación de una política independiente debe ser abandonada en aras de nuestro "destino histórico liberal, democrático" y opuesto a cualquier intento de independencia nacional y de defensa de nuestros propios intereses.
 
La "experiencia Milei" solamente se explica desde esta despreciada perspectiva. El irracionalismo, la brutalidad, la estupidez explícita no son exteriores ni son casuales: no se puede sustentar el rumbo en el que está nuestra patria si no es desde la perspectiva de la negación de cualquier razón política sustentada en la historia. 
 

 
No es el menemismo, que se validaba en las transformaciones operadas en el mundo en el que vivimos. No es pragmatismo. No es "cálculo" de nuestras conveniencias nacionales.
 
No es un tránsito hacia una nueva inserción en el mundo: es una interpretación mesiánica, brutal e irresponsable que aconseja renunciar a la patria y, desde ahí, a la historia, a los propios intereses, a cualquier idea de bien común y de futuro compartido en aras de una creencia fundamentalista, ajena a cualquier intento de visión racional y compartida de nuestro futuro.
 
En la Argentina convive curiosamente la certeza de estar viviendo un proceso de sufrimiento y decadencia con el telón de fondo de una apelación mesiánica a un futuro luminoso que hasta ahora no ha aportado ni una sola razón para la confianza en su éxito.
 
La cuestión de fondo es que no hay ningún argumento medianamente sólido a favor de que la entrega de nuestro patrimonio (no otra cosa es la esencia de la "ley base"), la condena al sufrimiento de vastas mayorías sociales y el resurgimiento de la violencia contra los cuerpos de aquellos que se rebelen contra este rumbo pudiera alimentar la esperanza en un país mejor.
 
¿Cómo reacciona "la política" frente a esta amenaza terminal contra la democracia y la convivencia pacífica entre los argentinos- que incluye la reaparición de los viejos temas de la lucha "antiterrorista" que llevaran al país a su noche más amarga?
 
La catástrofe que nos amenaza es la idea del estado de excepción, la del "terrorismo preventivo", la de la restricción de la democracia sostenida en la existencia de un "estado de excepción" que recogen experiencias terribles en materia de persecución y terror a las que desgraciadamente algunas "izquierdas" apuestan con la secreta esperanza de encontrar vías "alternativas" a la democratización.
 
La "buquelización" del discurso contra la violencia es un modo de sometimiento a la ideología de la opresión, de la descarga en las capas más pobres de la población de la responsabilidad por la inseguridad. Lo cierto es que en el capitalismo sin leyes ni justicia de ningún tipo que estamos viviendo no hay otra alternativa que el camino de la democratización, de la libertad.
 
Milei tiene "su ley", conseguida gracias a la convivencia de los que todavía juegan su fichas a favor de los "grandes acuerdos" que, como lo demuestra la experiencia parlamentaria de estos días, consiste en aprobar la estrategia del dominio de los grandes conglomerados norteamericanos presentándolos como el rumbo de las "amplias alianzas políticas".
 
El oficialismo consiguió su propósito; según su argumento este rumbo es el indicado para la "normalización" de la Argentina. Ahora que obtuvieron las mayorías parlamentarias estará puesta a prueba el rumbo asumido.
 
Habrá que ver si del programa de retiro del estado y del dominio incontestado del "mercado" (del dominio absoluto de los grandes monopolios extranjeros y "nacionales") surge la posibilidad de mejoras para los grandes sectores sociales sistemáticamente agredidos por este gobierno y sus mandantes. En esta incógnita está planteado el futuro de nuestra democracia.
 
Por lo pronto, el designio de asfixiar cualquier discurso alternativo al plan de los grandes monopolios parece haber tropezado con sus límites.
 
Ni la amenaza represiva (cruel e injustamente desplegada contra las recientes movilizaciones populares) ni la soberbia desatada por el logro parlamentario parecen insinuar una solución al problema principal, el de proveer del consenso y/o la pasividad necesarios a este nuevo giro del añejo intento de absorber a la Argentina en los vientos del neoliberalismo, de terminar con la anomalía histórica que fue y sigue siendo el peronismo.
 
Por Edgardo Mocca
 
Fuente: El Destape
 

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01-04-2026 / 14:04
La Argentina de Javier Milei ha ingresado en una fase peligrosa: la de la construcción de una realidad paralela. Mientras las persianas de las pymes se bajan definitivamente, los comedores populares se desbordan y el consumo de leche cae a niveles históricos, el Gobierno nacional ha decidido que la mejor manera de combatir la pobreza no es con políticas públicas, sino con un lápiz y una goma de borrar en las oficinas del INDEC.


El reciente anuncio que sitúa la pobreza en un 28,2% para el segundo semestre de 2025 no es solo una provocación; es un insulto a la inteligencia de un pueblo que sobrevive en el ajuste más brutal de la historia argentina moderna. Estamos ante el "milagro estadístico" de un gobierno que pretende hacernos creer que, en medio de una recesión galopante y salarios de miseria, la pobreza ha retrocedido por arte de magia.



Javier Milei ha decidido abrazar el dogma por encima de la vida. Su gestión se ha convertido en una maquinaria de propaganda que utiliza la macroeconomía financiera para ocultar la microeconomía de la heladera vacía. Festejar un 28,2% de pobreza en un contexto de desguace del Estado, entrega de la soberanía y destrucción del mercado interno no es solo cinismo; es una declaración de guerra contra la realidad.



El Gobierno podrá seguir "dibujando" números y publicando gráficos en redes sociales, pero la calle tiene su propia estadística. Y en esa estadística, la que se mide en el boleto de colectivo, en el alquiler impagable y en el plato de comida que falta, el modelo de Milei solo ha demostrado ser un éxito en una sola cosa: en producir una miseria estructural que ningún comunicado oficial podrá ocultar por mucho tiempo. El despertar de este sueño estadístico será, lamentablemente, una pesadilla social de la que nos costará años recuperarnos.


De la redacción de La Opinión Popular

31-03-2026 / 16:03
29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

28-03-2026 / 07:03
La historia, caprichosa pero justa, suele poner las cosas en su lugar. El reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que rechaza de plano la demanda de los fondos buitres contra la República Argentina por la recuperación de YPF, no es solo un alivio para las cuentas públicas; es la partida de nacimiento de una verdad que el relato libertario intentó asfixiar: la soberanía nacional no fue un error, sino el acierto estratégico más importante del siglo XXI.


Este veredicto no constituye únicamente una victoria jurídica, sino que representa una reivindicación política total para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía comprendió que un país sin el control de su propia energía es un país sin destino. El tiempo, ese juez implacable, terminó por darle la razón: hoy, Vaca Muerta no es una entelequia, sino una realidad que bate récords de producción y sostiene el andamiaje de una Argentina que, de otro modo, estaría de rodillas.

 
En este escenario, es imperativo apelar a la memoria y desenmascarar el cinismo. El hoy presidente no fue un observador neutral en esta disputa; fue un militante activo y un lobbista desfachatado del bando buitre. Javier Milei, el mismo hombre que ahora intenta "caranchear" miserablemente un triunfo judicial ajeno, construyó su carrera mediática descalificando sistemáticamente la recuperación de YPF como un "robo" y un "atropello a la propiedad privada". Su alineamiento con el capital especulativo fue tan obsceno que llegó a proponer la creación de un humillante "Impuesto Kicillof": una tasa destinada a esquilmar al pueblo argentino para pagarle a los fondos buitres una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. Como bien señaló el gobernador bonaerense ante la contundencia del fallo: "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país".

 
La contundencia de la sentencia dictada en Nueva York se traduce en una victoria multidimensional. En el plano fiscal, la Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una cifra astronómica fabricada por la voracidad especuladora. En lo estratégico, el fallo ratifica la legalidad internacional de la expropiación, blindando la soberanía sobre nuestros recursos naturales. Finalmente, en el terreno político, el veredicto desmantela el relato de la "mala praxis" esgrimido por Milei, validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros internacionales.


De la redacción de La Opinión Popular
27-03-2026 / 19:03
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