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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 10-06-2024 / 10:06
SU GOBIERNO SE ESTÁ DESCOMPONIENDO A UNA VELOCIDAD ALARMANTE

Milei, el topo que destruye el Estado: El efecto es hambre, muerte, privaciones e intemperie

Milei, el topo que destruye el Estado: El efecto es hambre, muerte, privaciones e intemperie
El problema no es solamente que la gestión no funciona, la política no funciona y el presidente adoptó un programa de gobierno auto destructivo con 47 millones de argentinos a bordo, sino el hecho cada vez más evidente de que no hay nadie capaz de tomar el timón y corregir el rumbo a tiempo. Por eso hay quienes ya se están preocupando por repartir los restos del naufragio. Curiosamente, o no tanto, el sector financiero parece haber entendido esto antes que la política.
En la entrada al basural del CEAMSE de José León Suárez se forma todas las mañanas, desde muy temprano, una larga fila para entrar. Para ordenar la  cantidad de personas que llegan a diario a revisar los basurales, comenzaron a dar turnos de 24 horas. Cuando consiguen ingresar pasan un día entero entre montañas de residuos porque una vez que salen no saben cuándo van a tener la posibilidad de volver a hacerlo.
 
Samanta, una mujer que trabaja como voluntaria en un comedor popular en el barrio Empalme Graneros, Rosario, que atiende a 230 personas por día, contó en la radio, entrevistada por el periodista Ramón Indart, una historia de terror: "El nuestro es un comedor vianda, se llevan la comida. Ya tenemos problemas de gente que le roba el tupper a otra gente. Gente que se pelea en la plaza de enfrente porque el otro le agarró el tupper y le comió la parte de carne que tenía el menú".
 
Las personas en situación de calle que pasan a buscar una ración aumentaron en los últimos meses de uno a quince o veinte por día, cuenta Samanta. Su comedor tiene un convenio con el Banco Interamericano de Desarrollo, que financia la compra de alimentos, pero desde diciembre el gobierno retiene indebidamente ese dinero. "Si no llegan los fondos, cierren", fue el mensaje que le dieron los funcionarios de Capital Humano. La mayoría de los comedores del barrio ya siguieron ese camino.
 
La Dirección de Asistencia Directa para Situaciones Especiales (DADSE) del ministerio de Salud, del que dependen 1900 pacientes que requieren la cobertura estatal para terapias complejas, bajó drásticamente la entrega de medicamentos desde que asumió Milei. El gobierno interrumpió el reparto voluntario y apela en Tribunales los recursos de amparo que buscan garantizar la provisión de medicina. Argumentan sospechas de corrupción; las denuncias ya fueron descartadas.
 
No hay cifras oficiales pero familiares estiman que ya hay alrededor de cincuenta víctimas fatales y más de un centenar con riesgo inminente de muerte a causa de la decisión política de cortar sus tratamientos. En el programa "Buenos días América", en A24, el periodista Pablo Ponzone contó: "Cuando llegué con las cámaras a la DADSE una mujer que no recibía los medicamentos decidió cortarse los brazos prácticamente adelante nuestro".
 
Los móviles de todos los canales que buscan testimonios en la calle dan cuenta de la misma clase de relatos. Jubilados que comienzan a saltar comidas, padres que se van a dormir con el estómago vacío para poner algo en el plato de sus hijos, familias que no tienen para encender la estufa en las noches de frío, otras que salen a vender cosas que ya no usan para poder pagar la factura de la luz, farmacéuticos que cuentan cómo muchos no pueden pagar los remedios ni con descuentos.
 
Eso y no otra cosa suceden cuando se destruye el Estado desde adentro. Agujeros. Carencias que impactan de lleno en la población. El efecto de un Estado abandónico es hambre, muerte, privaciones e intemperie. Las declaraciones más recientes de Javier "el Loco" Milei dejan en claro que no se trata de un error o de un desvío sino que ese es el efecto deseado. Pero lamentablemente, bajo ese régimen un país no llega a ser Irlanda en 35 años, más bien comienza a parecerse a Haití mucho antes. El gobierno, además, se está descomponiendo a una velocidad alarmante. Las internas escalan todos los días e incorporan a la agenda denuncias cruzadas de corrupción, espionaje y aprietes. 
 

 
Cada 48 o 72 horas algún funcionario de primera o segunda línea abandona el gabinete. La pelea entre la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y la ministra de Capital Humano, Sandra Petovello, preocupa porque sobre ellas recae el inestable estado de ánimo presidencial.
 
La relación con el Congreso y con los gobernadores también sufre un notable deterioro, augurio de un futuro complejo. Esta semana, si no median sorpresas, se tratará la ley de bases en el Senado, con final incierto. Aunque el gobierno celebró dictamen la semana pasada, siguen negociándose, contrarreloj, más cambios en el texto que garanticen la aprobación en particular de los artículos más importantes. Ganancias, facultades delegadas, privatizaciones y blanqueo en la cuerda floja.
 
El duro revés que recibió esta semana en la cámara de Diputados, cuando la oposición juntó 160 votos para modificar, al alza, la fórmula jubilatoria, puede anticipar la tónica para los próximos meses. En el temario aparecen el Fondo de Incentivo Docente y el presupuesto universitario pero también los subsidios al transporte en el interior del país. Pura mala praxis del gobierno. Durante medio año tuvo suficientes legisladores ansiosos por colaborar pero no pudo sacar nada.
 
Las diatribas de Milei, que promete vetar todo, no ayudan a recomponer ese vínculo, además de que chocan con la posibilidad real de toparse con la negativa de dos tercios de cada cámara, que, si se corroboran, alcanzan para bloquear su veto y forzar la aplicación de la nueva fórmula. Llamarlos degenerados o volver a tratarlos como ratas en las redes sociales tampoco contribuye a enderezar el trato. Después de esta ley, pase lo que pase, parece difícil que encuentre mayor colaboración.
 
El problema no es solamente que la gestión no funciona, la política no funciona y el presidente adoptó un programa de gobierno auto destructivo con 47 millones de argentinos a bordo, sino el hecho cada vez más evidente de que no hay nadie capaz de tomar el timón y corregir el rumbo a tiempo. Por eso hay quienes ya se están preocupando por repartir los restos del naufragio. Curiosamente, o no tanto, el sector financiero parece haber entendido esto antes que la política.
 
Esta semana negra para los mercados argentinos dio cuenta de que algo se rompió. Comunicadores muy sensibles al ánimo del sistema se animaron a plantear en voz alta lo que hasta ahora sólo se comentaba en privado. "¿Está el presidente Milei en condiciones de gobernar un país en crisis o no está en condiciones? Me da la impresión de que otra vez Argentina ha puesto como presidente a una persona que no está a la altura de las circunstancias", dijo, por ejemplo, Marcelo Longobardi.
 
En otro tono, Alejandro Fantino, más afín al oficialismo, reconoció que el mandatario "todavía no pudo meter un gol" y planteó la posibilidad de que "se entregue antes el poder". Van solamente seis meses de gobierno. La vicepresidenta Victoria Villarruel intensificó contactos con economistas que están diseñando un plan de contingencia. La oposición debería empezar a pensar el suyo. Los próximos seis meses van a ser más difíciles que los seis meses que están terminando de pasar.
 
Por Nicolás Lantos
 
Fuente: El Destape
 

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24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 12:03
Mientras la mayor parte de los argentinos dormían, en la madrugada del miércoles 24 de marzo de 1976, me desperté sobresaltado por los golpes en la puerta de mi casa. El "Chueco", un viejo compañero de militancia, me vino a comunicar que las Fuerzas Armadas habían derrocado al gobierno constitucional del peronismo.
 
Me vestí apresuradamente, me cambié el peinado, me afeite los bigotes y salí inmediatamente a alertar a otros compañeros. La primera casa a la que llegué, la de Rodolfo "Rody" Vittar, no existía más. Horas antes un comando paramilitar había llegado para detenerlo, y como no lo encontró, instaló explosivos y voló la vivienda hasta los cimientos.
 
La represión en Córdoba fue muy dura, igual que en muchos otros lugares del país. Este proceso desembocó en una sangrienta y larga noche de males, que dejó como saldo miles desaparecidos, una guerra perdida a manos de Gran Bretaña y un país económicamente quebrado, entre otras cosas.
 
Por eso, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia, en este nuevo aniversario del golpe militar genocida, quiero recordar y rendir un recóndito homenaje a tres queridos compañeros y amigos, asesinados ese siniestro 24 de marzo.

Ellos son: Víctor Lorenzo, Concejal en Córdoba Capital por la Juventud Revolucionaria Peronista, quien fuera ejecutado, el día del golpe, de un tiro en la cabeza en la cárcel local; don Luis Carnevale, Senador Nacional por la misma provincia, secuestrado y desaparecido ese mismo día; y el mayor Bernardo Alberte, ex Delegado Personal de Juan Perón, quien fuera arrojado a través de la ventana de su departamento, en un sexto piso, por una patrulla militar, la madrugada del siniestro Golpe de Estado.

Hay muertes, que por ser las primeras, son todo un símbolo. Los militares asesinos los eligieron primero porque eran peronistas. Y no se lo perdonaron. Pero, a pesar de las cárceles y los fusilamientos, de los compañeros muertos y los desaparecidos, nunca fuimos vencidos. Continuamos invariablemente las luchas que emprendieron Eva y Juan Perón.

Compañeros Víctor Lorenzo, Luis Carnevale y Bernardo Alberte, Presentes. Hasta la victoria, siempre.

Por Blas García para La Opinión Popular 

24-03-2026 / 12:03
El 24 de marzo de 1976 una sublevación cívico-militar derrocó a la presidenta constitucional, María Estela Martínez, instalando una dictadura de tipo permanente autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional", gobernada por una Junta Militar integrada por tres jerarcas militares, uno por cada fuerza. La junta designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla.
 
El gobierno militar suprimió los derechos civiles de los ciudadanos y las libertades públicas, anuló las garantías constitucionales, suspendió la actividad política, vedó los derechos de los trabajadores, intervino los sindicatos y la CGT, prohibió las huelgas, disolvió el Congreso y los partidos políticos, y destituyó la Corte Suprema de Justicia.

 
La dictadura impuso el terrorismo de Estado como método sistemático, un régimen de represión ilegal, violencia indiscriminada, persecuciones, tortura sistematizada y desaparición forzada de personas, en el que se violaron masivamente los derechos humanos y se produjeron, en un verdadero genocidio, decenas de miles de desaparecidos.

 
Pero la dictadura no se instaló sólo para torturar y matar gente, sino para posibilitar una transferencia masiva de riquezas hacia los núcleos más concentrados de la economía, quienes se apropiaron además de buena parte de los negocios públicos. Durante el proceso militar, por ejemplo, el grupo Macri pasó de tener 7 a 47 empresas, mostrando que el golpe no fue solo accionar de fuerzas represivas. Y los empresarios que mandaban en 1976, siguen mandando.

 
Para imponer un régimen alejado de los intereses nacionales y populares, el golpe militar fue ejecutado en contra del Pueblo y del peronismo en su conjunto, institucional, política e individualmente. Pensado en función del molde agro exportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa pro financiero y desindustrializador, el modelo neoliberal. Hoy Javier Milei y Victoria Villaruel expresan muchos de esos ideales de Videla y Martínez de Hoz, pero también de los grandes empresarios, eternos dueños del país.

 
El Terrorismo de Estado produjo miles de desaparecidos. Hubo 30.000 luchadores sociales barridos por la represión, de todos los sectores políticos populares y revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.


El Proceso puso fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional y Popular concebido por el justicialismo desde la década del 40, dejando en lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones, abriendo profundas grietas que recién después de más de cuatro décadas empiezan a ser curadas.


A 50 años de aquel infausto 24 de marzo, en el contexto de un gobierno anarco capitalista que niega, justifica o exalta los crímenes cometidos por las fuerzas represivas, convocamos a mantener viva la memoria del Pueblo en apoyo a la continuidad de la búsqueda de memoria, verdad y justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos y en defensa de los Derechos Constitucionales, los Derechos Humanos y las Libertades individuales de ayer, de hoy y de siempre.


Carlos Morales para La Opinión Popular 

23-03-2026 / 10:03
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