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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 19-02-2024 / 12:02
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Milei y Caputo celebran el superávit de la motosierra y en la calle se potencia la preocupación por las consecuencias sociales del plan

Milei y Caputo celebran el superávit de la motosierra y en la calle se potencia la preocupación por las consecuencias sociales del plan
Este fin de semana el Observatorio Social de la UCA publicó su estimación de pobreza, que dio el resultado más alto de los últimos veinte años: un 57 por ciento, es decir unos 27 millones de personas. Con Milei, en la Argentina hay tres millones y medio de nuevos pobres en solamente dos meses. La indigencia también saltó de cinco a siete millones de personas. Para tener como referencia, la misma serie arrojaba un 28,2 por ciento de pobres en 2015, 39,8 por ciento en 2019 y 44,7 por ciento en noviembre del año pasado. Junto a Caputo, el coqueto Milei, bajando la pera para que no se le vea la papada de sapo que tiene.
La sombra de una nueva crisis mundial, la tercera en cuatro años, asoma en el horizonte. En este escenario la Argentina sufre un triple riesgo. Por un lado, porque su matriz económica sobreexpone al país a los vaivenes internacionales y lo deja a la merced de cada uno de los cimbronazos. Esa ha sido la regla durante el último medio siglo, con la única pero notable excepción de la crisis de 2008. A diferencia de entonces, hoy el sobreendeudamiento y la escasez de reservas actuales potencian la intemperie y limitan las herramientas a mano para capear la tormenta.
 
Pero principalmente el peligro reside en que el plan de gobierno de Javier "el Loco" Milei es como salir a campo abierto sin impermeable y blandiendo un pararrayos como si fuera su varita mágica. Es algo de lo que han tomado nota quienes que tienen un inmenso poder sobre el destino de países a la hora de elegir dónde depositan sus inmensas carteras de inversiones, así como los burócratas de los organismos internacionales de crédito. Así lo han hecho saber a emisarios del gobierno y la oposición durante esta semana.
 
El presidente y su ministro de Economía, el endeudador serial macrista Luis "Toto" Caputo, apoyado por un formidable aparato de propaganda en medios y redes, intentaron instalar que, gracias a la licuadora y la motosierra, por primera vez en una década se cerraba un mes con equilibrio en las cuentas.
 
Ahora es Milei quien promete un horizonte en plazos. "Lo peor llegará en marzo y abril, cuando toquemos fondo", vaticinó en una de las rigurosas entrevistas que dio durante los contados ratos libres que le dejan sus responsabilidades como tuitero en Jefe de la Nación. Su gobierno comenzó hace diez semanas, 70 días, la misma cantidad de tiempo que falta para finales del más cruel de los meses. En la V que proyecta el presidente, todavía no llegamos a la mitad de la caída. El paisaje al pie del tobogán resultará irreconocible.
 
La jubilación mínima ya está en valores de 2003 y si no hay medidas concretas podría alcanzar, este semestre, su punto más bajo en la tabla histórica. La capacidad industrial instalada está en 54 por ciento, los mismos niveles que durante la pandemia, y desde ese nivel se espera un retroceso para este año en trece de los dieciséis sectores productivos del país. Es récord la subasta de bienes de capital. La industria de la construcción perdió desde diciembre 140 mil puestos de trabajo. Ese número puede duplicarse o triplicarse.
 
La contracara de ese proceso de destrucción de la capacidad económica del país es el deterioro acelerado de las condiciones de vida de sus habitantes. Con la inflación corriendo al veinte por ciento mensual, en enero se desplomó un 45 por ciento la venta en Farmacias; Alimentos y Bebidas cayó un 37 por ciento. Es lógico, si los argentinos pagamos los mismos precios que en España con salarios nueve veces más bajos, tal como destacó un informe de la señal de noticias "kirchnerista" CNN que se hizo viral en redes esta semana.
 
No fue magia. La Oficina de Presupuesto del Congreso le puso números al superávit financiero que celebran Milei y Caputo. El gasto primario de la administración nacional (es decir gastos corrientes más inversión pública) se retrajo, a valores constantes, un 30 por ciento respecto al año pasado. Los principales recortes fueron en jubilaciones (32,5 por ciento abajo), programas sociales (¡59,6 por ciento abajo!) y salarios (18 por ciento menos). Debe notarse que todavía no impacta el recorte a subsidios de energía y transporte.
 

 
Este fin de semana el Observatorio Social de la UCA publicó su estimación de pobreza, que dio el resultado más alto de los últimos veinte años: un 57 por ciento, es decir unos 27 millones de personas. Con Milei, en la Argentina hay tres millones y medio de nuevos pobres en solamente dos meses. La indigencia también saltó de cinco a siete millones de personas. Para tener como referencia, la misma serie arrojaba un 28,2 por ciento de pobres en 2015, 39,8 por ciento en 2019 y 44,7 por ciento en noviembre del año pasado.
 
Es inevitable preguntarse cuánto tiempo puede durar la licencia social para esta clase de políticas autolesivas. Para complejizar el cuadro, desde la Casa Rosada no hay señales de querer desescalar. Por el contrario, por momentos se estimula el conflicto con bravuconadas como el boicot al Consejo del Salario, la amenaza de desregulación de las Obras Sociales y la eliminación de la paritaria nacional docente y el FONID. Queda para el debate de sobremesa si es genialidad estratégica o llana estupidez. Pronto vamos a saberlo.
 
A medida que se acerca el comienzo del año político, vuelven a encenderse los motores del conflicto social. Este miércoles la Fraternidad hará un paro de trenes por 24 horas. El jueves 22 la CTERA (docentes) hará un Congreso Nacional donde seguramente se anuncie una medida de fuerza para el comienzo de clases. ATE (estatales) decidió esta semana hace un paro nacional antes de fin de mes, aún sin fecha. UTA (transporte público) lleva a cabo paros a nivel local en todo el país.
 
Mientras tanto la CGT define la fecha de su próxima medida de fuerza: una huelga de 24 horas con movilización, esta vez no al Congreso sino a Plaza de Mayo. Aunque el sector más dialoguista de la central especulaba con demorar la medida hasta abril, el congelamiento del salario mínimo aceleró los tiempos. En las últimas horas tanto Héctor Daer como Pablo Moyano, que conducen los dos sectores más numerosos, advirtieron públicamente que están dadas las condiciones para actuar con celeridad.
 
La cúpula de la CGT está mandatada para convocar un paro cuando lo estime conveniente. Por ahora la fecha más probable es en los primeros días del mes que viene, en coincidencia con el comienzo de las clases, la llegada a las casas de las primeras facturas de servicios sin subsidios y con aumentos que van a llegar al 150 por ciento, y del período de sesiones ordinarias en el Congreso. Existe otra fecha marcada en rojo en el calendario: el 24 de marzo se está organizando una movilización histórica y unificada. La idea es no encimarse.
 
Además de la calle, la otra incógnita que pesa sobre el gobierno es la deriva económica. Existen enormes dudas sobre la premisa de que, a pesar de este formidable abrazo de oso fiscal, exista una tendencia a la baja en el número de inflación de los próximos meses. Otros factores, como la indexación de varios precios clave, como nafta y tarifas, abonan el escepticismo. Si el ritmo de los precios no cede, la presión para que el gobierno vuelva a devaluar, justo durante el bimestre más turbulento de la V, puede volverse insostenible.
 
En resumen: si persiste la conflictividad social (y nada hace pensar que vaya a suceder otra cosa) y no baja la inflación sensiblemente (y existen dudas razonables de que eso se corrobore) Milei estará en problemas. Esas son las dos variables que darán forma al futuro del gobierno y del país. En función de cómo se resuelvan, y de acuerdo al análisis que por estas horas hacen políticos, empresarios, consultores e inversores, se abren por delante tres escenarios posibles para transitar el otoño.
 
En el primero, el presidente consigue, en efecto, bajar la inflación y estabilizar la macro, evitando una nueva devaluación y pavimentando el camino para dolarizar, tal como planea. La cosecha se liquida en tiempo y forma, y aparece financiamiento externo para darle aire a las reservas. En un contexto de enorme crisis social, lograría sin embargo un sostén político robusto que le permitiría conformar mayorías circunstanciales en el Congreso o, al menos, gobernar por decreto sin encontrar barreras en otros poderes del Estado.
 
La oposición queda consolidada alrededor de una minoría intensa pero incapaz de modificar el estado de las cosas. El descontento se vuelca en las calles, causando altos niveles de conflictividad permanente pero inefectiva, con una considerable respuesta represiva por parte del Estado. Con el correr de los meses se iría asentando una "nueva normalidad". Los niveles de popularidad del gobierno vuelven a crecer. A medida que se acerca el 2025, Milei redibuja el sistema político (y, de esa forma, el país) a su imagen y semejanza.
 
El segundo escenario es el opuesto absoluto, la opción nuclear. De acuerdo a esa hipótesis, la malaria económica y la conflictividad social marcan un rapidísimo final para el experimento Milei. Los dólares no aparecen, la cosecha no se liquida, la inflación no cede y debe volver a devaluar. En poco tiempo el conflicto laboral y social desborda a las fuerzas de seguridad, que responden con fuego. Las calles quedan tomadas. Puede haber saqueos por la dificultad de acceder a alimentos y medicinas. Las clases no empiezan.
 
En este punto, los senderos se bifurcan. El presidente puede dar un paso al costado, ser depuesto en un juicio político o simplemente ceder el control de su gobierno a otros actores sin renunciar a su cargo. En cualquier caso, su proyecto de poder queda truncado. El expresidente Mauricio Macri es un ferviente convencido en este escenario y trabaja para fomentarlo, convencido de que cuando llegue el momento será su teléfono el que suene en busca de ayuda. Tiene planes de contingencia con y sin Milei, con y sin Victoria Villarruel.
 
La tercera opción, intermedia, y acaso la más probable en el corto plazo, es la de una crisis episódica, no terminal, que acompañe un lento declive del esquema de poder actual. La economía no rebota pero tampoco llega a estallar, sostenida en un precario equilibrio por aquellos mecanismos y sectores que se salven del desguace. La conflictividad laboral y social sucede de forma espaciada en el tiempo y el territorio nacional, en forma de focos que estallan y se apagan sin continuidad ni evolución
 
Esta deriva catastrófica en cámara lenta, sin embargo, sólo puede durar lo que tarde en surgir una chispa. Tarde o temprano, la falta de apoyos, de recursos y de resultados terminan configurando una combinación fatal. Cosas como el crecimiento sin dinero o las victorias sin el número suficiente de soldados para la  batalla son cosas que solamente existen en fantasías fabriles. En el mundo real las cosas funcionan de otra forma. Uno quiere creer, todavía, que el presidente de la Nación entiende esa diferencia.
 
Por Nicolás Lantos
 
Fuente: El Destape
 

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03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
La Opinión Popular
 

31-01-2026 / 09:01
Décadas de globalización con la lógica del mercado se desplomaron sobre los argentinos con Javier Milei gritando el Rock del Gato mientras cinco provincias se incendiaban fuera de control y la mayoría de los gobernadores se sometían a ser extorsionados para aprobar la reforma laboral.
 
Décadas de erosión de la democracia y el medio ambiente cayeron sobre los argentinos con el florecimiento del libertarismo autoritario, que es como decir silencio atronador o fuego helado. Las dos cosas no van juntas. El resultado es libertad para pocos y autoritarismo para los demás.
 
Rocca, Magnetto y Galperín fueron algunos de los creadores del Golem esquizofrénico. Lo construyeron para que los proteja, financiaron sus campañas, le dieron letra con leyes para proteger sus intereses y publicaron loas en los medios que controlan. Pero en este momento parte de sus intereses entraron en colisión con el rumbo aperturista total del gobierno y sus alianzas.
 
Las elecciones de medio término en una sociedad que perdió el sentido, fragmentada, extenuada por la inflación y la pandemia, le dieron un impulso que se multiplicó con el respaldo de la Casa Blanca.
 
Ese paralelismo crispado de un imperio en decadencia encontró un aliado incondicional en la subordinación total de Milei. No hay término medio en las Casas Blanca y Rosada. Una decisión absoluta de dominio se complementó con una decisión absoluta de sumisión.
 
Con la apertura que impulsaron los grandes empresarios, y que implementó este Gobierno, entró una avalancha de productos chinos. El capital concentrado creyó que tenía espalda para sobrevivir al exterminio de sus competidores de la pequeña y mediana industria y comercio y que podría deglutir esos espacios que quedaban libres.
 
Pero el ímpetu del comercio chino, ultra tecnológico, con cadenas de suministro ultra coordinadas y eficientes, se llevó puestos hasta los tubos de Techint y metió en problemas a la gran aplicación comercial de Marcos Galperín, el hombre más rico del país.
 
Galperín reside en Uruguay para no pagar impuestos en Argentina, donde creció su empresa, Mercado Libre. Impulsó con entusiasmo el discurso libertario contra los subsidios estatales y contra la regulación de los mercados.
 
Desde la pandemia, el campeón antisubsidios recibió subsidios por 370 millones de dólares. Y ahora, el también campeón de la apertura de las importaciones, le exigió al gobierno que regule a Temu, la aplicación de comercio china que le arrebató una porción de la torta.
 
Paolo Rocca, que colocó a su ex empleado Horacio Marín como CEO de YPF, recurrió a la Justicia por la licitación de tubos para un gasoducto que perdió ante una firma india que fabrica tubos con acero chino. Galperín hizo lo mismo con Temu. Y Magnetto afronta problemas parecidos con la compra de Telefónica por el Grupo Clarín.
 
Son contradicciones fuertes en el capital hegemónico, que el gobierno sobrelleva con enormes ofrendas, como la reforma laboral. El triunfalismo que invadió a la Casa Rosada por el resultado electoral se enfocó en su primera cosecha. La ley de trabajo propuesta incluyó un artículo sobre el impuesto a las ganancias que saca coparticipación a las provincias.
 
El Gobierno mandó a Diego Santilli a discutir con los gobernadores, pero le advirtió que no hará ninguna concesión. Y Santilli les prometió que los premios llegarían después de la aprobación en el Congreso. 
 

30-01-2026 / 09:01
Se ve que Javier "Nerón" Milei suelta la mosca solamente a las piñas: fondos tardíos para el sur que ya se chamuscó como chorizo en la parrilla. Con incendios forestales activos en distintas zonas de la Patagonia y tras reiterados reclamos de gobernadores y dirigentes opositores, el irresponsable Milei, que al igual que el emperador Nerón se dedicó a cantar mientras se incendiaba su país, finalmente destrabó fondos para el sistema de Bomberos Voluntarios y confirmó que declarará la Emergencia Ígnea mediante un DNU. 50 días y 230 mil hectáreas quemadas después.
 
Desde los primeros días de enero la Patagonia arde por los incendios forestales; después de que el fuego arrasara -hasta ahora- más de 230 mil hectáreas; después de la pérdida irrecuperable en parques nacionales, que son patrimonio de la humanidad, y con la población en serio riesgo de perder lo poco que les queda, Milei evaluó hacer algo. La decisión llega luego de semanas marcadas por cuestionamientos sobre la ausencia total en la respuesta estatal nacional frente a una crisis ambiental que ya afectó miles de hectáreas, provocó evacuaciones y generó pérdidas materiales y económicas en distintas localidades del sur argentino.
 
La medida quedó formalizada a través de la resolución 91/2026 publicada en el Boletín Oficial y firmada por la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, que autoriza un desembolso de 100.810.319.998 pesos destinados a organizaciones de bomberos voluntarios en todo el país. A ello se suman transferencias por 7.754.639.995 pesos para entidades provinciales de segundo grado y un monto equivalente para programas de capacitación y fortalecimiento operativo.
 
Los recursos estarán dirigidos a la compra de equipamiento, vehículos, herramientas, vestimenta ignífuga, insumos técnicos y materiales necesarios para enfrentar incendios forestales, una demanda histórica de los cuarteles voluntarios que, en muchos casos, operan con equipamiento limitado y dependen de aportes locales para sostener su funcionamiento cotidiano.
 
En paralelo, el Gobierno libertario confirmó que declarará la Emergencia Ígnea a través de un DNU, evitando así el paso por el Congreso. El argumento oficial sostiene que se trata de un mecanismo para acelerar la asistencia y evitar demoras administrativas, aunque desde distintos sectores políticos remarcaron que la declaración fue exigida por los gobernadores patagónicos días atrás y que el Ejecutivo resistía avanzar en esa dirección hasta que el costo político se volvió evidente e insostenible.
 
La tensión se profundizó cuando mandatarios provinciales del sur reclamaron públicamente una ley específica contra incendios mientras el anarco capitalista participaba de actividades de fiesta y joda en Mar del Plata, situación que fue interpretada por la oposición como una señal de desconexión total frente a la emergencia. Recién después de esa presión se anunció el plan denominado oficialmente "histórica lucha contra el fuego", que incluye la ampliación presupuestaria y la activación de herramientas administrativas para coordinar recursos federales. Esos recursos, sin embargo, no son suficientes y llegan tarde. El daño causado, según argumentan distintas agrupaciones ambientales y los propios pobladores, ya es irreparable.
 
El episodio vuelve a abrir el debate sobre la capacidad de reacción de Milei frente a emergencias ambientales y el rol del Estado en la prevención y combate de incendios forestales, especialmente en regiones donde cada temporada seca incrementa el riesgo de desastres. Para los bomberos y brigadistas, el financiamiento llega en un momento crítico y permitirá mejorar condiciones operativas, aunque queda la discusión política sobre por qué la respuesta oficial demoró tanto mientras el fuego avanzaba.
 
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