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Nacionales - 08-02-2024 / 09:02
FUERTES INTERNAS LIBERTARIAS Y VARIOS FUNCIONARIOS POLÍTICOS EN LA MIRA

La derrota de Milei no tiene padres (ni madres): Cacería de culpables y una crisis que se agrava

La derrota de Milei no tiene padres (ni madres): Cacería de culpables y una crisis que se agrava
Mientras Javier “el Loco” Milei redobla su ataque al Congreso, corta diálogo con gobernadores y estudia los riesgos de un plebiscito, la derrota en la Cámara de Diputados multiplicó las internas dentro del Gobierno, donde todos buscan a los “culpables”. Karina “el Jefe” Milei apunta contra Martín Menem y Guillermo Francos, pero Nicolás Posse señala al macrista Sturzenegger, el autor del proyecto, que a su vez acusa al secretario de Energía mileísta, que también metió mano en el texto. Aunque lo niega, a Luis “Toto” Caputo se le complicaron las cuentas en Economía y se prepara para incumplir el acuerdo con el FMI.
Mientras Javier "el Loco" Milei redobla su ataque al Congreso, corta diálogo con gobernadores y estudia los riesgos de un plebiscito, la derrota en la Cámara de Diputados multiplicó las internas dentro del Gobierno, donde todos buscan a los "culpables". Karina "el Jefe" Milei apunta contra Martín Menem y Guillermo Francos, pero Nicolás Posse señala al macrista Sturzenegger, el autor del proyecto, que a su vez acusa al secretario de Energía mileísta, que también metió mano en el texto. Aunque lo niega, a Luis "Toto" Caputo se le complicaron las cuentas en Economía y se prepara para incumplir el acuerdo con el FMI.
 
La caída de la Ley Ómnibus -que según creen muchos diputados no volverá a tratarse en el corto plazo-, incrementó las tensiones internas y los pases de factura en el gobierno, que ya venían gestándose desde el anuncio de la baja del paquete fiscal de esa norma. Una segunda crisis política en cuestión de días que, además, se monta sobre una recesión con alta inflación y números de impacto que jaquean la gestión de diferentes ministerios. En síntesis, incluso para el Gobierno, lo que empezó como un fracaso de estrategia parlamentaria termina siendo un golpe directo al devenir político diario, que tocará todas las áreas.
 
La secretaria de la Presidencia, Karina Milei, les apunta a dos funcionarios políticos por la responsabilidad de no conseguir los votos; el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, asegura que "es una derrota de Sturzenegger", autor de la ley;  y el asesor en desregulación ahora se desmarca y le echa la culpa a un funcionario mileísta.
 
En medio del caos, el ministro de Economía, Luis Caputo, quedó atrapado en una gestión de corto plazo sin herramientas: según se supo en su círculo íntimo ya afirman que, además de la recesión y el rebrote inflacionario, el Gobierno quedará al borde del incumplimiento del acuerdo reciente con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Por esto, el ministro viene advirtiendo que el ajuste que se viene será aún más violento del prometido.
  
Puede parecer increíble, pero en las últimas horas, mientras recibía fuertes cuestionamientos internos, Sturzenegger se desmarcó y le echó la culpa del fracaso de la ley a modificaciones a su proyecto original. Según contó a sus asesores, Eduardo Rodríguez Chirilo, secretario de Energía, modificó el capítulo vinculado a petroleras, que es uno de los que terminó trabando la delegación de facultades para operar sobre ese sector. "Esta ley ya no es mía", empezó a vociferar el ex BCRA.
 
Uno de sus enemigos internos, Posse, parece no compartir esa idea y entiende que "lo del lunes es un fracaso de Sturzenegger". Hace tiempo Posse no sólo se relaciona de manera sinuosa con el economista, sino que quedó en medio de una disputa de poder fomentada, con o sin intención, por el presidente Javier Milei, que empezó a darle un juego amplio a "Sturze".
 
Más allá de la pirotécnica de culpar por traidores a los gobernadores y a los opositores amigables, la persona más desconfiada del gobierno, Karina Milei, quiere ver cabezas políticas rodando, porque entiende que hay responsables más allá del técnico que redactó la norma. La hermana del presidente les apunta a dos dirigentes: el titular de Diputados, Martín Menem; y el ministro del Interior, Guillermo Francos. Al riojano lo viene midiendo desde la caída del paquete fiscal, que estuvo vinculado a la falta de votos para lograr aprobación de la ley en general.
 
Con Francos, el problema es la falta de resultados de un ministro con rol netamente negociador. "Hace tiempo Guillermo no le consigue nada al Presidente", lo operan los más críticos al ex BID y Corporación América. Es más, ya los sectores empresarios y sindicales le han restado importancia a la hora de intentar conseguir beneficios. 
 

 
Uno de los últimos episodios fue el pedido que el jefe de la UOCRA, Gerardo Martínez, para que le hable al presidente del daño que genera a los trabajadores y las empresas el fin de la obra pública. De hecho, no confirman aún desde el Gobierno si Francos viajará o no Roma, lugar donde debería estar el fin de semana, en el marco de la reunión de Milei con el Papa Francisco. Por ahora, el que zafa es Santiago Caputo, el asesor estrella del presidente, que se ha caracterizado por conseguir derrotas políticas, pero es un protegido de Milei y Karina.
 
 
Caputo, el Fondo y la crisis
  
Con algo de beneplácito a raíz de su encono con Sturzenegger, Caputo agarró su cuenta de X horas después de caída la ley y aclaró que no es un golpe político y que, en todo caso, habrá un ajuste mayor que compense. Sostiene Caputo que el 80 por ciento de su plan no tenía nada que ver con la ley. Una verdad a medias: hace unos días, por citar sólo un caso, Caputo puso en la Administración General de Puertos a un ex PriceWaterhouse Cooper, experto en desguace de empresas.
 
El ministro le prometió a Gastón Benvenuto que tendría vía libre, tras la salida de la ley, para arrancar la privatización de la AGP. Ahora, no sólo tiene el problema de que no sale la ley, sino que además los puertos dependen de Infraestructura, que tiene echado a su ministro y aún Caputo no se hizo cargo de esa área. Casi una pintura perfecta de la colección de inexperiencia e incapacidad política del Ejecutivo.
 
Además, aunque Caputo lo niegue, la ley habilitaba privatizaciones que redundarían en dólares frescos en un escenario en el que las divisas no sobran. El sector que le podría dar esos dólares es la agroindustria, que podría inyectar cerca de 28 mil millones de dólares en todo el año.
 
El asunto es que ya le avisaron a Caputo que el tipo de cambio no es competitivo y la presión devaluatoria sobre el ministro -impulsada además por la altísima inflación- es cada vez mayor. Si bien la cosecha gruesa llega en marzo y abril, en el campo ya frenaron las liquidaciones a la espera de un dólar más caro.
 
A la par, la recesión es cruel, muestra que el ajuste ya se instaló y los precios siguen subiendo. Un informe de la consultora Audemus, a cargo del ex ministro Matías Kulfas, refleja una pandemia para la producción: hace una especie de semáforo por sectores, con una estimación pesimista y otra optimista. Sacando al agro, petróleo y minería, que aparecen en verde, el resto está pintado de rojo.
 
Algunos ejemplos: la industria cae en su PBI un 9 por ciento en su escenario optimista y un 11,5 en el pesimista; la construcción, 14 y 17; el Comercio 9 y 11,5; y Finanzas un 6,5 y 9, respectivamente. En pocas palabras, corriendo al agro, el PBI sectorial total terminaría 2024 con un derrumbe de 5,4 en el escenario optimista y de 7,1 por ciento en el pesimista.
 
En este contexto, el Gobierno tiene además, con la ley caída, un problema madre: en el Staff Report del FMI se especifica que, en junio, el Ejecutivo prometió abrir el cepo cambiario y tener orden cambiario. En los pasillos de Hacienda, los racionales que están más allá del relato de Caputo, aseguran que las metas del organismo son "incumplibles" sin el paquete fiscal, sin privatizaciones y sin poder ajustar a la baja las jubilaciones.
 
Un dato importante más. En el Staff, el propio FMI afirma que es clave, para lograr los objetivos, tener respaldo político y popular, dos cosas que Milei perdió en la batalla sin cuartel de la Ley Ómnibus.
 
Por Leandro Renou
 
Fuente: Página 12
 

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24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 12:03
Mientras la mayor parte de los argentinos dormían, en la madrugada del miércoles 24 de marzo de 1976, me desperté sobresaltado por los golpes en la puerta de mi casa. El "Chueco", un viejo compañero de militancia, me vino a comunicar que las Fuerzas Armadas habían derrocado al gobierno constitucional del peronismo.
 
Me vestí apresuradamente, me cambié el peinado, me afeite los bigotes y salí inmediatamente a alertar a otros compañeros. La primera casa a la que llegué, la de Rodolfo "Rody" Vittar, no existía más. Horas antes un comando paramilitar había llegado para detenerlo, y como no lo encontró, instaló explosivos y voló la vivienda hasta los cimientos.
 
La represión en Córdoba fue muy dura, igual que en muchos otros lugares del país. Este proceso desembocó en una sangrienta y larga noche de males, que dejó como saldo miles desaparecidos, una guerra perdida a manos de Gran Bretaña y un país económicamente quebrado, entre otras cosas.
 
Por eso, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia, en este nuevo aniversario del golpe militar genocida, quiero recordar y rendir un recóndito homenaje a tres queridos compañeros y amigos, asesinados ese siniestro 24 de marzo.

Ellos son: Víctor Lorenzo, Concejal en Córdoba Capital por la Juventud Revolucionaria Peronista, quien fuera ejecutado, el día del golpe, de un tiro en la cabeza en la cárcel local; don Luis Carnevale, Senador Nacional por la misma provincia, secuestrado y desaparecido ese mismo día; y el mayor Bernardo Alberte, ex Delegado Personal de Juan Perón, quien fuera arrojado a través de la ventana de su departamento, en un sexto piso, por una patrulla militar, la madrugada del siniestro Golpe de Estado.

Hay muertes, que por ser las primeras, son todo un símbolo. Los militares asesinos los eligieron primero porque eran peronistas. Y no se lo perdonaron. Pero, a pesar de las cárceles y los fusilamientos, de los compañeros muertos y los desaparecidos, nunca fuimos vencidos. Continuamos invariablemente las luchas que emprendieron Eva y Juan Perón.

Compañeros Víctor Lorenzo, Luis Carnevale y Bernardo Alberte, Presentes. Hasta la victoria, siempre.

Por Blas García para La Opinión Popular 

24-03-2026 / 12:03
El 24 de marzo de 1976 una sublevación cívico-militar derrocó a la presidenta constitucional, María Estela Martínez, instalando una dictadura de tipo permanente autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional", gobernada por una Junta Militar integrada por tres jerarcas militares, uno por cada fuerza. La junta designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla.
 
El gobierno militar suprimió los derechos civiles de los ciudadanos y las libertades públicas, anuló las garantías constitucionales, suspendió la actividad política, vedó los derechos de los trabajadores, intervino los sindicatos y la CGT, prohibió las huelgas, disolvió el Congreso y los partidos políticos, y destituyó la Corte Suprema de Justicia.

 
La dictadura impuso el terrorismo de Estado como método sistemático, un régimen de represión ilegal, violencia indiscriminada, persecuciones, tortura sistematizada y desaparición forzada de personas, en el que se violaron masivamente los derechos humanos y se produjeron, en un verdadero genocidio, decenas de miles de desaparecidos.

 
Pero la dictadura no se instaló sólo para torturar y matar gente, sino para posibilitar una transferencia masiva de riquezas hacia los núcleos más concentrados de la economía, quienes se apropiaron además de buena parte de los negocios públicos. Durante el proceso militar, por ejemplo, el grupo Macri pasó de tener 7 a 47 empresas, mostrando que el golpe no fue solo accionar de fuerzas represivas. Y los empresarios que mandaban en 1976, siguen mandando.

 
Para imponer un régimen alejado de los intereses nacionales y populares, el golpe militar fue ejecutado en contra del Pueblo y del peronismo en su conjunto, institucional, política e individualmente. Pensado en función del molde agro exportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa pro financiero y desindustrializador, el modelo neoliberal. Hoy Javier Milei y Victoria Villaruel expresan muchos de esos ideales de Videla y Martínez de Hoz, pero también de los grandes empresarios, eternos dueños del país.

 
El Terrorismo de Estado produjo miles de desaparecidos. Hubo 30.000 luchadores sociales barridos por la represión, de todos los sectores políticos populares y revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.


El Proceso puso fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional y Popular concebido por el justicialismo desde la década del 40, dejando en lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones, abriendo profundas grietas que recién después de más de cuatro décadas empiezan a ser curadas.


A 50 años de aquel infausto 24 de marzo, en el contexto de un gobierno anarco capitalista que niega, justifica o exalta los crímenes cometidos por las fuerzas represivas, convocamos a mantener viva la memoria del Pueblo en apoyo a la continuidad de la búsqueda de memoria, verdad y justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos y en defensa de los Derechos Constitucionales, los Derechos Humanos y las Libertades individuales de ayer, de hoy y de siempre.


Carlos Morales para La Opinión Popular 

23-03-2026 / 10:03
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