La Opinión Popular
                  01:45  |  Jueves 09 de Abril de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná

Por
“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
Recomendar Imprimir
Sociedad e Interés General - 03-02-2024 / 06:02
3 DE FEBRERO DE 1813: LA VOZ DEL GRAN JEFE A LA CARGA ORDENÓ

Batalla de San Lorenzo, decisiva para liberar el Río de la Plata y sus afluentes del dominio colonial enemigo

Batalla de San Lorenzo, decisiva para liberar el Río de la Plata y sus afluentes del dominio colonial enemigo
Bautismo de fuego del Regimiento de Granaderos, creado por José de San Martín. En la localidad santafecina de San Lorenzo, las tropas de San Martín derrotan a las tropas españolas. El combate es breve, con leve superioridad numérica a favor de los realistas, que sufren 40 bajas. Las tropas de San Martín tienen 14 muertos, entre ellos, el sargento Juan Bautista Cabral, que pierde la vida al rescatar al futuro Libertador cuando cae de su caballo en la batalla.
El Combate de San Lorenzo tuvo lugar el 03 de febrero de 1813, junto al Convento de San Carlos Borromeo en la localidad de San Lorenzo de la provincia de Santa Fe, entre las fuerzas revolucionarias independentistas rioplatenses y las colonialistas españolas. Se dice que fue un enfrentamiento muy breve duró menos de media hora, y comenzó al amanecer.
 
Entre la variada la tropas patriota, cayeron en el campo de batalla 16 hombres, entre argentinos, chilenos, españoles y uruguayos; 22 fueron heridos. Y de los 250 realistas combatientes murieron alrededor de 40 hombres y 14 terminaron heridos.
 
Los macizos claustros de San Carlos, el antiguo convento de franciscanos que descansa en una planicie inmediata a las empinadas barrancas del Paraná, fueron mudos testigos de la gloriosa jornada.
 
Gloriosa porque el Coronel José de San Martín va a batirse por primera vez en su tierra natal con su flamante Regimiento de Granaderos a Caballo en una batalla decidida a liberar el Río de la Plata y sus afluentes del dominio enemigo, los marinos de Montevideo, que hostilizaban el litoral argentino, y llevar la paz a los pobladores de las orillas, quienes habían sufrido en sus bienes y en sus familias el asalto de las tropas de desembarco españolas que colmaban, así, las necesidades de su escuadra bloqueadora.
 
Los Granaderos, en éste su bautismo de fuego, demostraron disciplina, honor y táctica, y su jefe y creador sus grandes dotes de organizador, instructor y educador de un escuadrón de caballería. Fue una batalla que devolvería, también, los bayonetazos descargados sobre el corazón del suplicante presbítero Miguel Escudero, vilmente asesinado seis meses atrás por los realistas.
 
Todo lo realizado por el flamante Coronel San Martín desde la llegada a su patria, en 1812, hasta San Lorenzo fue en un ambiente reducido pero en un claro anuncio de cuanto realizaría, después, en grande, en el inmenso ámbito de medio continente sudamericano, con su grandiosa cruzada libertadora.
 
La Opinión Popular

 
Las primeras luces del alba de aquel 03 de febrero, lo encontraron en el campanario del convento.
 
Al toque de "a degüello" saltaron las dos columnas de caballería. Sumaban 120 hombres "bien uniformados" que, sable en mano, irrumpieron creando estupor y desconcierto en las tropas enemigas.
 
Las primeras órdenes partieron de las columnas realistas, confusamente mezcladas por la desesperación de quienes las emitían con apuro y alarma. Para los españoles era impensable, hasta ese momento, la presencia de una fuerza tan organizada y con hombres perfectamente disciplinados.
 
A pesar de un desconcierto total por la rapidez, el ruido y el empuje, los españoles hallaron tiempo para preparar sus fusiles, disparar cañones y enarbolar, todo lo alto que permitían los brazos del abanderado, el estandarte del Rey.
 
San Martín encabezó un cuarto de cuadra de animales, hombres y sables que avanzaron "rompiendo la tierra con un solo golpe de manos, con un solo golpe de patas de caballos que corrían como si hubieran sido preparados para ese día, y sólo para esa acción".
 
 La victoria se consumó en menos de un cuarto de hora. Pocos minutos bastaron,  una bala de cañón impactó en el caballo de San Martín , que cayó muerto y aplastó con la pierna derecha al jefe.
 
Un soldado español se dispuso a atravesarlo con la bayoneta cuando fue muerto por la lanza de Baigorria, uno de sus granaderos.
 
San Martín habría sucumbido en ese trance pues seguía aprisionado bajo el cuerpo del animal si otro de sus soldados no hubiese venido en su auxilio.
 
Ese soldado, Juan Bautista Cabral, logró desembarazar a su jefe del caballo y recibió, en aquel acto, dos heridas mortales de un español sobre quien, de inmediato, cayeron sables y hundieron lanzas.

 Batalla de San Lorenzo, decisiva para liberar el Río de la Plata y sus afluentes del dominio colonial enemigo 

Los españoles, desconcertados y deshechos por el doble ataque, abandonaron en el campo su artillería, sus muertos y sus heridos, y se retiraron haciendo resistencia sobre el borde de la barranca.
 
San Martín ordenó recoger  tanto a patriotas  como a españoles y curar a los heridos. El, también, está herido, en el rostro, la pierna llena de magullones y un brazo inmovilizado. Pero es el vencedor.
 
La sangre del cuello de su uniforme es suya; los manchones de los hombros y de la espalda pertenecen al granadero Cabral.
 
A la sombra del pino que lo protege del fuerte sol del mediodía, el
Coronel de Granaderos puede ver "el botín de guerra"; 41 fusiles en buenas
condiciones y un montón más rotos o inutilizados, 1 cañón, 192 piedras de
chispa, 8 espadas, 8 bayonetas, 8 pistolas.
 
El parte del combate ha sido redactado y su escribiente, el teniente
Necochea, tendrá el honor y la responsabilidad de llevarlo a Buenos Aires, a galope tendido, ese mismo día.
 
El 5 de febrero, a la una y media de la tarde, la gran ciudad se conmovió por las descargas de la batería de la Fortaleza y el repique de las campanas. Necochea había arribado al mediodía y se celebraba la hazaña cumplida al servicio de la Patria.
 
Poco después, San Martín llegó a Buenos Aires y ordenó a Zapiola confeccionar la lista de los valientes caídos en San Lorenzo, pues entendía que "por esas cosas de los aturdimientos políticos de los gobiernos", la posteridad los olvidaría.
 
Pero "él y todos los hombres que vistieran el uniforme de la patria se impondrían, como regla de honor, recordar a esos héroes".
 
"Para San Martín, San Lorenzo ya era de esos queridos muertos que jamás olvidaría y pensaba que gracias a ellos la independencia podría comenzar a ensayar su primera sonrisa".
 
Asociación Cultural Sanmartiniana Filial Concordia
 
Por la Prof. Lilian Monetta de Micucci
Pte. A.C.S.
 
Bibliografía:
Otero, José Pacífico. "Historia del Libertador Don José de San Martín". V.V.III- Círculo Militar 1978
Pérez Pardella, Agustín. "El Libertador Cabalga"- Centro Cultural Gral. San
Martín- Buenos Aires 1995

Agreganos como amigo a Facebook
02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
03-03-2026 / 18:03
02-03-2026 / 20:03
02-03-2026 / 19:03
NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar