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Internacionales - 01-02-2024 / 07:02
EL 1º DE FEBRERO DE 1932: FUSILAMIENTO DE MARTI

Farabundo Martí y la insurrección popular salvadoreña de 1932

Farabundo Martí y la insurrección popular salvadoreña de 1932
Farabundo Martí y otros líderes del Partido Comunista Salvadoreño fueron arrestados, y el 01 de febrero, ejecutado por un escuadrón del ejército salvadoreño.
Agustín Farabundo Martí fue un auténtico revolucionario latinoamericano que arremetió contra la reacción salvadoreña y contra el imperialismo yanqui opresor.
 
En defensa de los trabajadores, Martí actuó valiente y decidido cuando la lucha de clases era difícil y explosiva. Encarcelado varias veces, varias veces se puso en huelga de hambre y varias veces fue expulsado del país, pero siempre estuvo presente en la lucha.
 
Farabundo Martí pertenece a la constelación de las grandes figuras empreñadas en transformar la sociedad latinoamericana. Fue fundador del Partido Comunista de Centro América y mostró en los hechos su arrojo antiimperialista, tanto con el fusil como con la pluma, habiendo obtenido el grado de Coronel, en el Estado Mayor Internacional del patriota Augusto Cesar Sandino, y Secretario Privado del héroe nicaragüense.
 
En 1932, el Comité Central del Partido Comunista Salvadoreño (PCS) decidió preparar un levantamiento popular contra el gobierno del general Maximiliano Hernández Martínez. La insurrección se inició el 22 de enero, y se extendió por la zona occidental del país. Los campesinos lograron tomar algunos cuarteles pero estaban mal armados y carecían de un plan estructurado. La insurrección fue aplastada por el ejército del presidente Martínez, con una fuerte represión que, en pocas semanas, provocó entre 15.000 y 30.000 muertos.
 
Farabundo y otros líderes del PCS fueron arrestados, y el 01 de febrero, ejecutado por un escuadrón del ejército salvadoreño. Pero, dicen los centroamericanos, que Farabundo no murió ese día, hoy vive y será siempre la inspiración y guía de los revolucionarios que buscan la transformación total de El Salvador y la Centroamérica toda.
 
Carlos Morales


BIOGRAFÍA DE A. FARABUNDO MARTÍ
 
(1983-1932)
 
Nació en Teotepeque, La Libertad, Departamento de El Salvador, el 5 de mayo de 1893 y creció en las remotas montañas de la costa balsameras de ese lugar. Farabundo crece en medio de colonos y jornaleros.
 
A sus 20 años, como estudiante ya se identificaba con la clase trabajadora. Farabundo se bachillera en 1913 de un colegio salesiano, obteniendo el diploma de bachiller en ciencias y letras.
 
Martí ingresa a la Universidad Nacional en la carrera de Jurisprudencia y Ciencias Sociales.
 
Comenzó a jugar un rol activo en la lucha contra el régimen de Meléndez-Quiñonez a temprana edad.
 
Por organizar un acto en apoyo a la Asociación de Estudiantes Unionistas, grupo guatemalteco que exigía el fin de la dictadura de Estrada Cabrera en ese país vecino es encarcelado en Zacatecoluca.
 
En 1920 la Asociación de Estudiantes Universitarios pide la libertad de Farabundo Martí.
 
Ese mismo año Farabundo es deportado a Guatemala, al exilio por cinco años en donde continua sus estudios en la Universidad de San Carlos.
 
Durante meses desaparecía de las aulas, donde finalmente se le encontraba trabajando en una fábrica de cervezas, como peón en los ingenios de azúcar o como albañil...de esta manera logró experimentar en carne propia la explotación que sufría el pueblo...
 
Martí aprende en este periodo gran parte de la lengua vernácula de las comunidades Quiche viviendo entre ellos...
 
Sigue su formación y se identifica con los oprimidos y se une a la lucha de los Indios del Quiché.
 
Martí es denunciado por los patronos alemanes de las fincas de café (Guatemala) y por su actividad revolucionaria en Guatemala debe partir para México.
 
Allí se unió a los trabajadores mexicanos para luchar contra la opresión capitalista. Luego regresa a Guatemala.
 
En 1925, un grupo de estudiantes fundan en Guatemala el Partido Comunista Centroamericano y Martí ocupa el cargo de secretario del exterior. Este partido fue disuelto en 1927 y Martí deportado a El Salvador, y de El Salvador a Nicaragua por órdenes del Presidente Alfonso Quiñonez.
 
A los pocos días regresa clandestinamente a El Salvador a seguir organizando a los trabajadores.
 
Ya desde 1925 hasta 1928 trabaja febrilmente junto a la Federación Regional de Trabajadores de El Salvador. 
 
Farabundo conocido bajo el pseudónimo de "El Negro" se gana nombre en los círculos de intelectuales.
 
En 1928 viaja a New York para tomar contacto con la dirección central de la Liga Antiimperialista de las Américas que le encarga situarse en Nicaragua como su representante ante Sandino.
 
En El Salvador lo nombran responsable de una Brigada que luchará junto al héroe nicaragüense.
 
Después de luchar en Nicaragua junto a Sandino, viajó a México donde se convirtió en el Líder Latinoamericano del Socorro Rojo Internacional.
 
En 1930 regresa a El Salvador y funda junto a otros compañeros el PCS, partido que rápido se pone a la cabeza de los trabajadores y del pueblo que ha sufrido regímenes sucesivos de opresión.
 
Fue deportado nuevamente a fines del 1930 y hecho prisionero en la embarcación Venezuela con rumbo a Florida, pero con la solidaridad de los trabajadores de aquel lugar, Farabundo se negó a desembarcar y fue traído nuevamente a El Salvador, pero lo subieron en otro barco rumbo a Nicaragua.
 
Ninguno de los gobiernos reaccionarios del área lo admitía en su país.
 
En el Puerto de Corinto de Nicaragua se escapó de un bote y regresó de inmediato a El Salvador el 1º de febrero de 1931.
 
A esa altura la lucha se había incrementado en El Salvador con huelgas, protestas en todo el país contra la opresión y persecución política, el desempleo, el hambre y la pobreza.
 
La persecución, el arresto y la deportación era algo común.
 
Farabundo y otros líderes del PCS fueron arrestados en la insurrección general del 22 de enero de 1932.
 
El 1º de  febrero fue ejecutado por un escuadrón del ejército salvadoreño.
 
Por Miguel Eduardo Landro Lamoureux
 
Fuente: Nac&Pop

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07-01-2026 / 20:01
07-01-2026 / 09:01
El Cartel de los Soles es una truchada. El propio Departamento de Justicia de EE.UU. reconoció en los hechos que no existe el "Cartel de los Soles", la organización "narcoterrorista" que supuestamente encabezaba Nicolás Maduro. No fue ni contra el narcotráfico ni por la democracia: Donald Trump atacó Venezuela por el petróleo. Se cayó la principal excusa del gobierno yanqui para bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente. El giro del Departamento de Justicia yanqui desnuda que el verdadero objetivo del ataque imperialista y el secuestro del presidente venezolano siempre fue el petróleo, no la falsa guerra contra las drogas. El papelón alcanza al alcahuete Javier "el Loco" Milei, que también declaró como terrorista al ficticio cartel para complacer a Trump.
 
El tan cacareado Cártel de los Soles resultó ser inexistente. Desde 2020 los Estados Unidos lo utilizó para acusar al presidente constitucional de Venezuela, Maduro, de ser el cabecilla. El creador de esta fábula fue el propio Trump en tiempos de su primer gobierno y la recuperó el año pasado para continuar con su asedio al celoso custodio de la mayor reserva petrolífera del planeta. Sin embargo, el lunes por la noche, esa fábula se desmoronó cuando se conoció que el Departamento de Justicia de Estados Unidos, había reescrito la acusación contra Maduro y dejó de considerar a este cártel como una organización real. La impunidad del poderoso.
 
Este cambió poco le importó a Milei que decidió mantener a los Soles en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento. Tal vez lo hizo a la espera de que la mentira se convierta en verdad. Lo cierto es que seguir con esta fábula entre los delitos que se le endilgan a Maduro, iba a resultar contraproducente para la estrategia de la fiscalía. Sobre todo, porque el proceso judicial ya tiene un vicio de legalidad de origen: se inició porque antes se invadió y atacó un país extranjero, Venezuela, y se secuestró a su presidente, Maduro.
 
Según trascendió, ahora la acusación de la fiscalía contra Maduro se limita a responsabilizarlo de conducción de un supuesto "sistema clientelar" y desarrollar una "cultura de corrupción" que se nutrió de dinero del narcotráfico.
 
Una vez que Trump comenzó su segundo mandato, resucitó al Cártel de los Soles y la acusación contra Maduro del año 2020. En julio pasado, el Departamento del Tesoro copió textual esa acusación para incorporar al cártel como organización terrorista. Cuatro meses más tarde, el secretario de Estado y uno de los principales asesores en seguridad, Marco Rubio, hizo lo mismo. El relato para la campaña mediática contra Venezuela cerraba perfecto y era casi calcado a otras experiencias norteamericanas con países de Latino América, como fue el caso Panamá en 1989. O la farsa de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, que justificaron su invasión.
 
Con franqueza imperial, Trump se encargó de despejar cualquier duda sobre las verdaderas motivaciones de la agresión. En una conferencia de prensa afirmó sin tapujos que su intención era "administrar" Venezuela para "recuperar" su petróleo, como si ese recurso natural perteneciera a Estados Unidos y no al pueblo venezolano. La frase, brutal en su sinceridad, pulverizó de un solo golpe el andamiaje discursivo con el que durante años se intentó justificar el hostigamiento contra los gobiernos bolivarianos.
 
Quedó así al desnudo que el problema de Washington con Maduro nunca fue el supuesto "fraude" en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, ni la acusación de ser una "dictadura", ni mucho menos la fantasía judicial del inexistente Cartel de los Soles. El verdadero conflicto es geopolítico y económico: Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo convencional del planeta y ha insistido, desde la Revolución Bolivariana, en ejercer soberanía sobre ellas. Para el imperialismo yanqui, ese pecado es imperdonable.
 
La Opinión Popular
 

07-01-2026 / 08:01
07-01-2026 / 08:01
06-01-2026 / 11:01
Si algo confirmó el ataque yanqui a Venezuela fue que Nicolás Maduro era el presidente legítimo de ese país. Terminó con la discusión de su elección y de las famosas actas. Si no fuera así, la oposición no habría presentado actas truchas y Washington no hubiera necesitado intervenir por la fuerza. Si la oposición tenía tanto respaldo como decían, el matón Donald Trump no los hubiera despreciado públicamente como hizo en la conferencia de prensa donde anunció el secuestro del mandatario venezolano y su esposa.
 
El mundo cambió, algunos dicen que no es cierto que Estados Unidos sea una potencia en decadencia. Y es al revés. Tiene que usar la fuerza para mantener su hegemonía porque su economía está en problemas y es difícil que pueda recuperarse. Pero es la primera potencia militar por lejos. La sigue Rusia y después China. Pero China y Rusia sumadas sobrepasan el poderío norteamericano, que tiene 18 bases militares fuera de su territorio, más sus aliados de la OTAN. Como las medidas económicas ya no tienen la fuerza necesaria, aplica la fuerza más importante que le queda, que es la militar.
 
Es obvio que a China y a Rusia no les gusta la intervención militar norteamericana, pero no moverán un soldado porque aceptan que América sea zona de influencia norteamericana. Si Latinoamérica es zona de influencia de Washington, es obvio que Ucrania resulta zona de influencia de Rusia y que Taiwán y sus alrededores es zona de influencia de China. Las potencias están demarcando sus zonas de influencia. Permitirán la presencia de otras economías mientras no crean que los amenaza.
 
Lo que no se resuelve por la política, se resuelve por la fuerza. Los argentinos sabemos esa máxima de la realidad. Y la lógica de la fuerza, no es progresiva porque la única forma de defenderse es tener más fuerza que el posible agresor. O sea: la regla será una nueva carrera armamentística con la proliferación de arsenales nucleares. Muy peligroso.
 
El tema principal con Venezuela no sería tanto la provisión de petróleo, porque le vende todo el que necesita y ha aclarado en repetidas oportunidades que no tienen intenciones de retacearlo. Tampoco sería el hecho de que le venda a China. El problema es que los tratos con Beijing no se realizan en dólares.
 
Y si el mundo abandona el dólar como moneda internacional, Estados Unidos sería aplastado por su enorme deuda y los problemas en sus cadenas de suministro internacionalizadas. El año próximo, por primera vez, los vencimientos de su deuda serían mayores que su enorme gasto militar. Por supuesto que la intención de máxima es tomar el control directo de las grandes reservas de petróleo venezolano.

En Argentina y en todas partes, pasa a ser más necesario que nunca que sus Fuerzas Armadas recuperen el sentido nacional que terminaron de perder durante la Guerra Fría. Es un mundo en el que prima la fuerza y las relaciones de dominación. Resignarse en este mundo es aceptar el sometimiento como ocurre con el gobierno actual. El camino para preservar los intereses propios está en fortalecerse en los organismos de integración regional y la diversificación de mercados en organismos como el de los BRICS.

La operación de comandos que secuestró a Maduro fue exitosa desde su punto de vista. Pero como Estados Unidos no puede arriesgar una invasión de infantería similar a la de Panamá el objetivo de máxima era de cambio de régimen. El secuestro de Maduro debía provocar saqueos, levantamientos de multitudes y en cascada, fracturas en las Fuerzas Armadas. La oposición de Corina Machado no podía garantizar ni un acto mínimo. La decepción de Trump fue evidente. En vez de reemplazar al régimen está obligado a negociar con él, aunque presione con la cárcel de Maduro
Trump utiliza la agresión a Venezuela para amenazar a los gobiernos de América que no se someten a EE.UU.

 

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