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“Esta gloriosa Revolución Libertadora se hizo para que, en este bendito país, el hijo del barrendero muera barrendero”. Almirante Arturo Rial.
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Internacionales - 13-01-2024 / 07:01
13 DE ENERO DE 1991

La Revolución Cantada y el Domingo Sangriento en Lituania

La Revolución Cantada y el Domingo Sangriento en Lituania
El 13 de enero de 1991, miles de civiles lituanos se congregan en torno al Parlamento y se enfrentan con las tropas soviéticas, quienes atacaron a los ciudadanos desarmados.
Lituania fue el primer Estado dentro de las repúblicas bálticas en el que apareció el movimiento que se llamó Revolución Cantada. La antiquísima tradición báltica de interpretar canciones tradicionales se convirtió en un acto de protesta política cuando el movimiento independentista se reavivó a mitad de los años 80.
 
En 1988 se formó el Movimiento Lituano por la Perestroika, que triunfó en las elecciones de 1989 al Congreso de Diputados de la URSS. En ese año se establece el lituano como lengua oficial y se proclama la independencia el 11 de marzo de 1990.
 
Hubo una dura réplica soviética (ocupación militar de Vilna) que forzó la pacífica pero unánime reacción popular. En la noche del 12 al 13 de enero de 1991, miles de civiles se congregan en torno al Parlamento y se enfrentan con las tropas soviéticas.
 
El 13 de enero de 1991 las tropas soviéticas atacaron a los ciudadanos desarmados en un intento de tomar bajo control militar la torre de la televisión, donde fueron asesinadas 13 personas y heridos más de 200. Los lituanos culparon a las fuerzas soviéticas de la masacre, mientras los oficiales soviéticos negaron su autoría.
 
El extraordinario coraje y disciplina de los lituanos, reuniendo armas y cantando frente a los tanques y las piezas de artillería soviéticas impidió que se produjera una mayor pérdida de vidas, y simbolizó frente al mundo la bancarrota moral de la Unión Soviética y lo ilegítimo de su ocupación.
 
Lituania siguió su camino de independencia y, como castigo, en agosto de mismo año, las fuerzas especiales soviéticas asesinaron a siete funcionarios de la recién creada aduana de Lituania, disparándoles a todos en la cabeza.
 
Tras el fallido golpe de Estado de agosto de 1991, la independencia del país fue reconocida internacionalmente y aceptada por Moscú.
 
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Como ocurría en el resto de repúblicas bálticas, cientos de miles de personas se reunían en las plazas públicas de toda Lituania cantando canciones patrióticas tradicionales e himnos católicos.
 
La popularidad de las canciones patrióticas se incrementó sensiblemente durante esta época, con muchos intérpretes populares siguiendo la tendencia, a menudo a través de adaptaciones de la poesía de figuras nacionales como Bernardas Brazdžionis o Justinas Marcinkevičius, a las letras de sus canciones.
 
Algunas de esas canciones se convirtieron de esa manera en auténticos himnos nacionales, singularmente Laisve ("Libertad"), de la intérprete Eurika Masytė.
 
El 24 de junio de 1988 se crea el Sąjūdis, movimiento social y político para liderar la independencia y el movimiento pro-democrático, que se convirtió en la primera oposición parlamentaria organizada de la historia de la URSS.
 
La oposición activa del país al régimen comunista culminó con la devolución de la catedral de Vilna, por aquel entonces museo de las bellas artes, a la comunidad católica el 21 de octubre de 1988, seguida de la restauración gradual de símbolos nacionales a lo largo y ancho del país.
 
El himno nacional de Lituania y la tradicional bandera tricolor fueron devueltas a la legitimidad el 18 de noviembre de 1988, reemplazando oficialmente la bandera y el himno de la antigua República Soviética de Lituania.
 
El 24 de febrero de 1990 el Sajūdis gana las elecciones y, cinco décadas después de la ocupación e incorporación lituana a la Unión Soviética, Lituania se convierte en la primera república soviética en declarar su independencia de la URSS el 11 de marzo de 1990, siendo seguida posteriormente por Letonia y Estonia.
 
En cualquier caso, casi todas las naciones de la comunidad internacional, excepto Islandia, dudaron en primera instancia en reconocer la restauración de la independencia lituana, concretamente hasta agosto de 1991.
 
Pero para que ello fuera posible, antes se produjeron los hechos del "Domingo Sangriento": Moscú, tras decretar el bloqueo económico tras la declaración de independencia, lleva a cabo un intento de recuperar por la fuerza el poder en el país.
 
El 13 de enero de 1991 fuerzas paracaidistas rusas asesinan a catorce manifestantes, resultando también heridos cientos de manifestantes no violentos en Vilna, mientras defendían la torre de televisión de de la ciudad y el Parlamento lituano de los tanques y tropas de asalto soviéticas.
 
Quizá más que cualquier otro evento, el "Domingo sangriento" en Vilna ganó para Lituania, Letonia y Estonia la simpatía y el apoyo mundiales. Más tarde el mismo año, la comunidad internacional reconoció su independencia.
 
Lituania, Estonia y Letonia entran a formar parte como Estados independientes de la ONU el 17 de noviembre de 1991.
 
Fuente: Wikipedia

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07-01-2026 / 09:01
El Cartel de los Soles es una truchada. El propio Departamento de Justicia de EE.UU. reconoció en los hechos que no existe el "Cartel de los Soles", la organización "narcoterrorista" que supuestamente encabezaba Nicolás Maduro. No fue ni contra el narcotráfico ni por la democracia: Donald Trump atacó Venezuela por el petróleo. Se cayó la principal excusa del gobierno yanqui para bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente. El giro del Departamento de Justicia yanqui desnuda que el verdadero objetivo del ataque imperialista y el secuestro del presidente venezolano siempre fue el petróleo, no la falsa guerra contra las drogas. El papelón alcanza al alcahuete Javier "el Loco" Milei, que también declaró como terrorista al ficticio cartel para complacer a Trump.
 
El tan cacareado Cártel de los Soles resultó ser inexistente. Desde 2020 los Estados Unidos lo utilizó para acusar al presidente constitucional de Venezuela, Maduro, de ser el cabecilla. El creador de esta fábula fue el propio Trump en tiempos de su primer gobierno y la recuperó el año pasado para continuar con su asedio al celoso custodio de la mayor reserva petrolífera del planeta. Sin embargo, el lunes por la noche, esa fábula se desmoronó cuando se conoció que el Departamento de Justicia de Estados Unidos, había reescrito la acusación contra Maduro y dejó de considerar a este cártel como una organización real. La impunidad del poderoso.
 
Este cambió poco le importó a Milei que decidió mantener a los Soles en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento. Tal vez lo hizo a la espera de que la mentira se convierta en verdad. Lo cierto es que seguir con esta fábula entre los delitos que se le endilgan a Maduro, iba a resultar contraproducente para la estrategia de la fiscalía. Sobre todo, porque el proceso judicial ya tiene un vicio de legalidad de origen: se inició porque antes se invadió y atacó un país extranjero, Venezuela, y se secuestró a su presidente, Maduro.
 
Según trascendió, ahora la acusación de la fiscalía contra Maduro se limita a responsabilizarlo de conducción de un supuesto "sistema clientelar" y desarrollar una "cultura de corrupción" que se nutrió de dinero del narcotráfico.
 
Una vez que Trump comenzó su segundo mandato, resucitó al Cártel de los Soles y la acusación contra Maduro del año 2020. En julio pasado, el Departamento del Tesoro copió textual esa acusación para incorporar al cártel como organización terrorista. Cuatro meses más tarde, el secretario de Estado y uno de los principales asesores en seguridad, Marco Rubio, hizo lo mismo. El relato para la campaña mediática contra Venezuela cerraba perfecto y era casi calcado a otras experiencias norteamericanas con países de Latino América, como fue el caso Panamá en 1989. O la farsa de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, que justificaron su invasión.
 
Con franqueza imperial, Trump se encargó de despejar cualquier duda sobre las verdaderas motivaciones de la agresión. En una conferencia de prensa afirmó sin tapujos que su intención era "administrar" Venezuela para "recuperar" su petróleo, como si ese recurso natural perteneciera a Estados Unidos y no al pueblo venezolano. La frase, brutal en su sinceridad, pulverizó de un solo golpe el andamiaje discursivo con el que durante años se intentó justificar el hostigamiento contra los gobiernos bolivarianos.
 
Quedó así al desnudo que el problema de Washington con Maduro nunca fue el supuesto "fraude" en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, ni la acusación de ser una "dictadura", ni mucho menos la fantasía judicial del inexistente Cartel de los Soles. El verdadero conflicto es geopolítico y económico: Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo convencional del planeta y ha insistido, desde la Revolución Bolivariana, en ejercer soberanía sobre ellas. Para el imperialismo yanqui, ese pecado es imperdonable.
 
La Opinión Popular
 

07-01-2026 / 08:01
07-01-2026 / 08:01
06-01-2026 / 11:01
Si algo confirmó el ataque yanqui a Venezuela fue que Nicolás Maduro era el presidente legítimo de ese país. Terminó con la discusión de su elección y de las famosas actas. Si no fuera así, la oposición no habría presentado actas truchas y Washington no hubiera necesitado intervenir por la fuerza. Si la oposición tenía tanto respaldo como decían, el matón Donald Trump no los hubiera despreciado públicamente como hizo en la conferencia de prensa donde anunció el secuestro del mandatario venezolano y su esposa.
 
El mundo cambió, algunos dicen que no es cierto que Estados Unidos sea una potencia en decadencia. Y es al revés. Tiene que usar la fuerza para mantener su hegemonía porque su economía está en problemas y es difícil que pueda recuperarse. Pero es la primera potencia militar por lejos. La sigue Rusia y después China. Pero China y Rusia sumadas sobrepasan el poderío norteamericano, que tiene 18 bases militares fuera de su territorio, más sus aliados de la OTAN. Como las medidas económicas ya no tienen la fuerza necesaria, aplica la fuerza más importante que le queda, que es la militar.
 
Es obvio que a China y a Rusia no les gusta la intervención militar norteamericana, pero no moverán un soldado porque aceptan que América sea zona de influencia norteamericana. Si Latinoamérica es zona de influencia de Washington, es obvio que Ucrania resulta zona de influencia de Rusia y que Taiwán y sus alrededores es zona de influencia de China. Las potencias están demarcando sus zonas de influencia. Permitirán la presencia de otras economías mientras no crean que los amenaza.
 
Lo que no se resuelve por la política, se resuelve por la fuerza. Los argentinos sabemos esa máxima de la realidad. Y la lógica de la fuerza, no es progresiva porque la única forma de defenderse es tener más fuerza que el posible agresor. O sea: la regla será una nueva carrera armamentística con la proliferación de arsenales nucleares. Muy peligroso.
 
El tema principal con Venezuela no sería tanto la provisión de petróleo, porque le vende todo el que necesita y ha aclarado en repetidas oportunidades que no tienen intenciones de retacearlo. Tampoco sería el hecho de que le venda a China. El problema es que los tratos con Beijing no se realizan en dólares.
 
Y si el mundo abandona el dólar como moneda internacional, Estados Unidos sería aplastado por su enorme deuda y los problemas en sus cadenas de suministro internacionalizadas. El año próximo, por primera vez, los vencimientos de su deuda serían mayores que su enorme gasto militar. Por supuesto que la intención de máxima es tomar el control directo de las grandes reservas de petróleo venezolano.

En Argentina y en todas partes, pasa a ser más necesario que nunca que sus Fuerzas Armadas recuperen el sentido nacional que terminaron de perder durante la Guerra Fría. Es un mundo en el que prima la fuerza y las relaciones de dominación. Resignarse en este mundo es aceptar el sometimiento como ocurre con el gobierno actual. El camino para preservar los intereses propios está en fortalecerse en los organismos de integración regional y la diversificación de mercados en organismos como el de los BRICS.

La operación de comandos que secuestró a Maduro fue exitosa desde su punto de vista. Pero como Estados Unidos no puede arriesgar una invasión de infantería similar a la de Panamá el objetivo de máxima era de cambio de régimen. El secuestro de Maduro debía provocar saqueos, levantamientos de multitudes y en cascada, fracturas en las Fuerzas Armadas. La oposición de Corina Machado no podía garantizar ni un acto mínimo. La decepción de Trump fue evidente. En vez de reemplazar al régimen está obligado a negociar con él, aunque presione con la cárcel de Maduro
Trump utiliza la agresión a Venezuela para amenazar a los gobiernos de América que no se someten a EE.UU.

 

05-01-2026 / 20:01
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