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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 07-12-2023 / 11:12
EL NUEVO GOBIERNO NEOLIBERAL PINOCHETISTA

Malas noticias para la aventura de Javier Milei: antes de asumir ya le marcaron la cancha

Malas noticias para la aventura de Javier Milei: antes de asumir ya le marcaron la cancha
La aventura Milei tiene, además, un contexto de realidad, el que generó el fenómeno que el ultraderechista encarna: la percepción generalizada sobre un estado de cosas que no da para más, una economía al borde del colapso y una sociedad dañada por la pobreza. Hay que darle a cualquier presidente recién asumido la chance de desplegar su proyecto, explicarlo y ponerlo a prueba en la realidad. Así será porque así lo decidió el voto, pero la crítica será inevitable y oportuna si, tal como lo sugirió sobradamente en la campaña, comienza barriendo consensos democráticos y normas de convivencia. La nueva Argentina ultraderechista nace muy tensa.
Este domingo, Javier Milei jurará como presidente y pondrá en marcha una aventura que nace cruzada por una dicotomía asombrosa: la intención de realizar el cambio económico y social más radical desde la redemocratización de 1983 y, en paralelo, una falta de recursos políticos sin precedentes. Malas noticias para Milei antes de asumir ya le "marcaron la cancha". Desde supuestas versiones de las FFAA, Mauricio Macri, mediante Eduardo Feinmann, lo condiciona a Luis Petri, flamante Ministro de Defensa.
 
Es que la aventura Milei tiene, además, un contexto de realidad, el que generó el fenómeno que el ultraderechista encarna: la percepción generalizada sobre un estado de cosas que no da para más, una economía al borde del colapso y una sociedad dañada por la pobreza. Hay que darle a cualquier presidente recién asumido la chance de desplegar su proyecto, explicarlo y ponerlo a prueba en la realidad. Así será porque así lo decidió el voto, pero la crítica será inevitable y oportuna si, tal como lo sugirió sobradamente en la campaña, comienza barriendo consensos democráticos y normas de convivencia. La nueva Argentina ultraderechista nace muy tensa.
 
Quienes apostaron por La Libertad Avanza se entusiasman con la idea de que el nuevo gobierno barra a "la casta", racionalice el aparato del Estado, relance la economía y genere oportunidades de progreso social y personal. Muchas de esas personas se dicen dispuestas a hacer sacrificios en pos de esos objetivos, a recortar presupuestos familiares desde hace mucho tiempo insuficientes, a afrontar tarifas más caras y a percibir salarios que no correrán a la misma velocidad que la inflación que viene.
 
A ellas y, es de esperar, a toda la ciudadanía -sin comenzar a dividir peligrosamente a la Argentina entre "la gente de bien" y la que supuestamente no lo es- el mandatario inminente les hablará desde la explanada del Congreso. Sin embargo, el hecho de que la situación sea delicada le pone un límite a la tolerancia social. Muy pronto, el ajuste -apenas el primero que se verá- dejará de ser el otro y comenzará a doler en carne propia. Que lo pague la política será una mentira que pronto se desvanecerá en el verano que se acerca.
 
La nueva Argentina de Milei será un laboratorio sin precedentes históricos: el intento de una reforma neoliberal pinochetista de la economía y la sociedad en democracia. Sobre ese experimento flota un exotismo de la ideología: un gobierno anarcocapitalista. En el camino, puede que el futuro jefe de Estado aprenda algo sobre la vida que no figura en los libros de la escuela austríaca, si no lo traiciona su conocida aversión a la frustración.
 
La ideología pesará, sobre todo al inicio y en base a alineamientos internacionales que privilegiarán a Estados Unidos, Israel y el "mundo libre" por encima de las oportunidades de negocios e inversiones de Brasil, China, los BRICS y hasta el Mercosur. Pronto, sin embargo, la realidad irá poniendo diques de contención, que habrá que ver cómo sobrellevan las nuevas autoridades, ocasión en la que, como distracción, podría ganar protagonismo una agenda ideológica de derecha dura. Lo que viene será una guerra entre dogma y pragmatismo, entre proyecto y realidad, entre posibilidades y limitaciones.
 
Las diferencias ideológicas se dirimirán en lo político; en lo que pase con los derechos individuales y colectivos; en lo que ocurra con el consenso de memoria verdad y justicia; con la tolerancia en el debate público; con la paz social y con el manejo de la protesta social, pero también estarán presentes cuando se discuta el modelo económico. Lo que viene es la primacía absoluta del mercado, aun cuando sea monopólico, y el retiro voluntario del Estado. Esa es la paradoja del anarcocapitalismo, que en la práctica apenas puede ser un minarquismo: eliminar todo lo que sea posible de la autoridad estatal.
 
A eso seguirá un paquetazo de proyectos de ley, una masiva derogación de regulaciones, una liberación total de precios, una suba fuerte de tarifas y combustibles, suelta de remarcaciones, eliminación de dependencias enteras del Estado, despidos voluminosos y cese de contratos... Bienvenido, "mercado".
 
La Opinión Popular
 

 
¿QUÉ QUEDÓ DE LA MAGIA DE LA LIBERTAD AVANZA?
 
Milei desnudo se parece demasiado a Bullrich
  
El abandono de las promesas centrales del "libertario" plantea un escenario muy distinto al imaginado la noche del balotaje. Queda en pie la vieja receta de devaluación y ajuste que tanto defendió Juntos por el Cambio y con la que ya chocaron Martínez de Hoz, el menemismo y el macrismo.
 
Por Ernesto Tiffenberg
 
"Milei está desnudo", podría gritar cualquier chico que este domingo se acerque al Congreso para ver el despojado debut del que se autodenomina "el primer presidente libertario de la historia mundial". Abandonados la dolarización, la voladura del Banco Central, la inmediata apertura del cepo, la ruptura con China y Brasil y el repudio a la casta, poco queda de aquellos vestidos tan mágicos como extravagantes con que supo conquistar la imaginación de tantos argentinos.
 
A cambio, lo único que sobrevivió de su revulsivo discurso es la vieja receta de devaluación y recorte del déficit público, con el consiguiente impacto recesivo, explosión de precios, creciente desocupación y caída de los salarios reales y jubilaciones. En otras palabras, la vieja receta neoliberal que Patricia Bullrich convirtió en su principal oferta electoral con el resultado previsible: el fracaso en las urnas y la implosión de Juntos por el Cambio.
 
Aunque esta vez se busca una manera más marketinera de venderlo (hablan de inflación "reprimida" y de "liberación" de precios de la misma manera que se denominan "libertarios" para terminar con derechos y libertades), habrá que ver si finalmente este ajuste neoliberal tiene mejor final que sus tres tristes antecesores: con la dictadura, el menemismo y el macrismo.
 
Mientras tanto, para disimular un poco el gris del revival, la novela de la transición cambia cada día el eje de la trama. En un capítulo Javier Milei es un genio que fue derrotando en etapas a los que podían interponerse en su ascenso. En otro es una marioneta en manos del hacedor supremo, Mauricio Macri, que humilló a Rodríguez Larreta, Bullrich y finalmente al presidente electo. Cada giro, como en las mejores series de suspenso, resignifica todo lo anterior.
 
Pero si se deja de lado la ficción, solo quedan en pie dos cosas que casi nadie discute. Que se viene otro guadañazo sobre los ingresos populares y que no existe derecho al pataleo porque, como se pasan repitiendo los voceros periodísticos del futuro presidente, "el 80 por ciento de los argentinos votó el ajuste". Quizás convenga empezar a discutirlo.
 
 
Ajustes del dicho al hecho
  
Lo vetusto de la propuesta contrasta con la ingenuidad de su defensa. "Es la primera vez que quien llega a la presidencia lo hace diciendo que hay que ajustar. (...) A contramano de los Durán Barba de este mundo que te dicen no digas nada, un tipo que dijo la verdad ganó. No prometimos mentiras y anticipamos ajuste. Ahora es el momento de gobernar", dicen los voceros que Milei dijo a sus voceros.
 
Y hacen bien en difundirlo, pero no harían bien en creerlo. La gran ventaja de la campaña de Milei sobre la de Juntos por el Cambio fue que mientras Bullrich prometía sangre, sudor y lágrimas para todos, los libertarios prometían lo mismo, pero solo para la vilipendiada casta política. Y la gran mayoría de los votantes tienen toda la razón en considerar que no forman parte de esa casta y por lo tanto la amenaza no los alcanza.
 
La consultora Opina Argentina, dirigida por Facundo Nejamkis, lo puso en números en un estudio sobre las actuales expectativas. De las propuestas de Milei, sólo la de "Reducción de ministerios y cargos públicos" y "Privatización de los medios públicos" concitan la aprobación de más del 50%. Las demás, sobre todo la eliminación de los subsidios a la luz, el agua y el gas, generan un amplio rechazo.
 
 
La inflación de la inflación
  
Los analistas de todas las corrientes políticas coinciden en que la aceleración inflacionaria fue una de las principales causas de la derrota peronista. Y que una buena parte de la población, sobre todo entre los jóvenes, creyó que el mantra de la "dolarización" traería pronto algo de paz a sus bolsillos.
 
Archivada por ahora esa fantasía, la prometida devaluación a unos "razonables" (al decir de Guillermo Francos) 650 pesos por dólar, promete llevar la trayectoria de los precios a un nuevo, y mucho más elevado, escalón mensual. El propio Milei lo dio por cierto al asegurar que se avecinan dos años de "estanflación".
 
La minoría que tiene sus ahorros en dólares quizás pueda navegar por esas aguas. Pero surge la pregunta de cómo lo hará sin ahogarse la mayoría que verá subir vertiginosamente precios y tarifas mientras la pelea por sus salarios choca con la creciente desocupación.
 
¿Estará toda la gente de bien dispuesta a ver pacientemente cómo siguen cayendo sus ingresos mientras las mágicas mejoras prometidas por Milei siguen tan invisibles como el traje del emperador?
 
En el cuento de Hans Christian Andersen, la ceguera colectiva solo dura hasta que un chico grita "¡El rey está desnudo!" y la obviedad termina por despertarlos a todos. ¿Tendrá también moraleja la repetida historia argentina?
 
Fuentes: Pagina 12 y Letra P
 

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02-04-2026 / 18:04
02-04-2026 / 18:04
01-04-2026 / 14:04
La Argentina de Javier Milei ha ingresado en una fase peligrosa: la de la construcción de una realidad paralela. Mientras las persianas de las pymes se bajan definitivamente, los comedores populares se desbordan y el consumo de leche cae a niveles históricos, el Gobierno nacional ha decidido que la mejor manera de combatir la pobreza no es con políticas públicas, sino con un lápiz y una goma de borrar en las oficinas del INDEC.


El reciente anuncio que sitúa la pobreza en un 28,2% para el segundo semestre de 2025 no es solo una provocación; es un insulto a la inteligencia de un pueblo que sobrevive en el ajuste más brutal de la historia argentina moderna. Estamos ante el "milagro estadístico" de un gobierno que pretende hacernos creer que, en medio de una recesión galopante y salarios de miseria, la pobreza ha retrocedido por arte de magia.



Javier Milei ha decidido abrazar el dogma por encima de la vida. Su gestión se ha convertido en una maquinaria de propaganda que utiliza la macroeconomía financiera para ocultar la microeconomía de la heladera vacía. Festejar un 28,2% de pobreza en un contexto de desguace del Estado, entrega de la soberanía y destrucción del mercado interno no es solo cinismo; es una declaración de guerra contra la realidad.



El Gobierno podrá seguir "dibujando" números y publicando gráficos en redes sociales, pero la calle tiene su propia estadística. Y en esa estadística, la que se mide en el boleto de colectivo, en el alquiler impagable y en el plato de comida que falta, el modelo de Milei solo ha demostrado ser un éxito en una sola cosa: en producir una miseria estructural que ningún comunicado oficial podrá ocultar por mucho tiempo. El despertar de este sueño estadístico será, lamentablemente, una pesadilla social de la que nos costará años recuperarnos.


De la redacción de La Opinión Popular

31-03-2026 / 16:03
29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

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