La Opinión Popular
                  17:12  |  Viernes 12 de Julio de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
Groucho Marx dijo: "La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados". En ese punto, Javier Milei es marxista.
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Entre Ríos - 29-05-2023 / 09:05
PANORAMA POLÍTICO ENTRERRIANO

El porteño Rogelio Frigerio, defensor trucho de los pobres

El porteño Rogelio Frigerio, defensor trucho de los pobres
En la desastrosa gestión de Macri, la actividad económica acumuló una inédita caída del 7,4% del PBI lo que generó el cierre de miles de pymes y un fuerte aumento del desempleo, la pobreza y la indigencia. Y todo esto pasó sin pandemia, sin invasión rusa a Ucrania y sin la feroz sequía. Por eso llamó poderosamente la atención que el macrista porteño Rogelio Frigerio, diputado nacional por Entre Ríos y precandidato a gobernador de Juntos por el Cambio, ocultado su responsabilidad en el tema como ministro de Macri, saliera a opinar sobre los índices de pobreza infantil que dio a conocer el INDEC y que tienen a Concordia como una de las ciudades más afectadas de las 30 que se miden.
Más allá de cualquier slogan marketinero, el PRO es el "Partido de los Ricos" estructurado y funcional en la defensa de los intereses del Puerto de Buenos Aires, la ciudad más opulenta de la Argentina, capital de la oligarquía rapaz y parasitaria, más de un centenar de familias que concentran la riqueza del país, con más u$s 100 millones cada una. Por eso el PRO siempre cuestiona cualquier iniciativa que perjudique a los millonarios y sus referentes son los agentes de la especulación financiera, los holdouts, los bancos y las grandes corporaciones económicas. En sus trolls y operadores mediáticos se manifiesta rechazo, aversión, temor y desprecio hacia los pobres, que los hace contrarios a las necesidades de los trabajadores y demás sectores populares. Todas las medidas que hoy esbozan si son gobierno, desde el vamos, les reducirán su capacidad de consumo, le quitarán derechos laborales y la pasarán infinitamente peor.
 
El PRO es un partido objetivamente elitista. Fundado por un grupo de ricos empresarios: Mauricio Macri, Nicolás Caputo, Luis Caputo, Gustavo Arribas, Guillermo Dietrich, Luis Miguel Etchevehere, Gustavo Lopetegui, Miguel Braun, Andrés Ibarra, Juan José Aranguren, Néstor Grindetti, Francisco Cabrera, al que se sumaron políticos provenientes del menemismo residual como Horacio Rodríguez Larreta, Rogelio Frigerio, Diego Santilli y Christian Ritondo; y en menor medida del radicalismo: Hernán Lombardi, Jorge Vanossi; y el conservadorismo: Federico Pinedo.
 
En la desastrosa gestión de Macri, la actividad económica acumuló una inédita caída del 7,4% del PBI lo que generó el cierre de miles de pymes y un fuerte aumento del desempleo, la pobreza y​ la indigencia. Y todo esto pasó sin pandemia, sin invasión rusa a Ucrania y sin la feroz sequía. Por eso llamó poderosamente la atención que el macrista porteño Rogelio Frigerio, diputado nacional por Entre Ríos y precandidato a gobernador de Juntos por el Cambio, ocultado su responsabilidad en el tema como ministro de Macri, saliera a opinar ligeramente sobre los índices de pobreza infantil que dio a conocer el INDEC y que tienen a Concordia como una de las ciudades más afectadas de las 30 que se miden.
 
"Esto es inaceptable y debe cambiar", alegó. "Concordia es el ejemplo más cabal de esa forma de concebir el Estado y la política que ha prevalecido durante tanto tiempo y debemos dejar atrás", sostuvo el porteño muy suelto de cuerpo, como si la intendencia de Concordia fuera la responsable principal del problema. ¿Cómo hará Frigerio para solucionar el problema? No se sabe, porque nunca se le cae una idea, solo critica, jamás propone soluciones ni hace la defensa de un programa de gobierno. Tal vez porque no tiene propuesta alguna; sólo un libreto que le acercan los asesores porteños, una guía para sus discursos de campaña. O porque su propuesta neoliberal es impresentable.
 
Lo real es que, del otro lado del mostrador, el de la oposición, no hay planes que indiquen qué van a hacer con la pobreza, un tema en el que han mentido mucho. Sus peroratas se quedan en la demagogia y Frigerio evita el debate, porque es el terreno donde se sabe más débil. El que salió a cruzarlo fue el concejal peronista por Concordia, Juan Domingo Gallo, quien afirmó: "Que ahora Rogelio Frigerio se preocupe por la pobreza en Concordia es un gesto demagógico profundamente irónico". "El mismo Frigerio que junto a Macri hundió al país en una de sus peores crisis y llevó a millones de argentinos a la pobreza y la desesperación, ¿descubre ahora la pobreza en Concordia porque lo leyó en Infobae y ahora le duele que haya gente pobre?", se preguntó.
 
La arremetida no terminó allí. "El mismo Frigerio que junto a Macri y sus socios paralizó obras, dejó a miles de trabajadores en la calle y destruyó la educación y el sistema de salud, ¿ahora resulta que es un político comprometido socialmente en la lucha contra la pobreza?", insistió el edil. Gallo sostuvo que "esta vez, según parece, los asesores de marketing y publicidad de la campaña de Frigerio fueron un poco más lejos, superándose a sí mismos en el nivel de cinismo que emplean. Porque una cosa es un porteño fingiendo ser entrerriano y diciendo cualquier cosa para congraciarse con un electorado que algunas veces pierde la memoria, pero otra muy distinta es mostrarse afligido por una realidad en la que tanto Frigerio como Macri y la dirigencia de Juntos por el Cambio tienen un alto grado de responsabilidad que no pueden desconocer".

El concejal Gallo recordó que Frigerio era ministro del gobierno nacional macrista y analizó que: "Argentina se caía a pedazos y Macri nos endeudaba rifando el patrimonio nacional al mejor postor". Y luego agregó: "En el ciclo posterior, cuando empezábamos a recuperarnos, estuvo fuertemente condicionado por el endeudamiento, la pandemia, los conflictos internacionales y las dificultades propias de la alianza gobernante en resolver las cuestiones económicas que más afectan a los sectores populares".
 
Por último, Gallo consideró que "si Frigerio se interesara en lo que le pasa a los pobres, podría salir con Larreta a recorrer las calles de Buenos Aires, la ciudad más rica y privilegiada del país, para hablar con las familias que duermen en los cajeros de los bancos, con los niños que esperan una limosna en las puertas de los teatros y los cines, con los cirujas que revuelven la basura para conseguir comida en los contenedores, mientras la policía porteña los persigue y maltrata. Porque definitivamente en lo que se refiere a nuestra ciudad, Frigerio no conoce la realidad y se olvida, o finge olvidar, el enorme daño que junto a Macri le hicieron a Concordia y a la provincia que pretende gobernar", remató.
 
En conclusión, nadie pretende negar la realidad de la pobreza, pero no es el porteño Frigerio el más indicado para hablar demagógicamente del tema. Es inconcebible que alegue cínicamente estar en contra de la pobreza mientras impulsa las políticas del PRO generadoras de desempleo, que llevan a la pobreza; como: la liberalización de la economía, la apertura indiscriminada de las importaciones que destruyen la industria nacional, la flexibilización laboral para despedir sin indemnización,​ una fuerte devaluación para lograr​ una baja real de salarios y jubilaciones, la desregulación financiera y del mercado de capitales para permitir la fuga de dólares, la reducción de impuestos a las patronales del campo y el ajuste del Estado despidiendo empleados públicos. ​Esta vez, sin gradualismo, sino mediante un shock. Nada de eso beneficiará a los sectores populares; por lo que es insignificante lo que pueden esperar de Frigerio los gurises pobres de Concordia.
 
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El porteño Rogelio Frigerio, defensor trucho de los pobres 

Cristina planteó los ejes de la campaña electoral
 
En plaza de Mayo, la vice presidenta Cristina Fernández de Kirchner les habló a los propios sin necesidad de reiterar lo de la comprensión de texto, y con un objetivo: mostrar que sigue siendo la única figura de peso en el oficialismo. Detrás de ella, en el escenario, la escuchaba Sergio Massa, líder de una pata interna fuerte del Frente de Todos, el que le sigue en el esquema de distribución de poder, donde ya no está Alberto Fernández.
 
El Presidente hizo más que despedirse; quedó marginado de la lucha por la continuidad en la mesa de discusión. Cristina no sólo defendió su gestión, atacó a la Corte Suprema y a Mauricio Macri; se instaló en el centro del tablero de la coalición gobernante. La centralidad le pertenece. Quiso que así siga siendo, sin necesidad de volver a decir que no será candidata. Ni falta que hace.
 
Sí sigue siendo la protagonista política de peso en el Frente, lo sabe y no quiere perder ese lugar. Lo de la Plaza fue una muestra de que aspira a fortalecer el "Cristina conducción", o por lo menos de tratar de incidir en las principales decisiones del espacio. Y porque concentra la atención de propios y extraños, el oficialismo no puede prescindir de ella.
 
La masividad del acto que convocó Cristina al cumplirse 20 años de la asunción de Néstor Kirchner a la Presidencia confirmó la vigencia de un liderazgo que potencia su ascendiente en el peronismo y sus aliados y en el país. Además de temas puntuales relacionados con soberanía y distribución de la riqueza, propuso cuatro ejes que precisan de un acuerdo incluso con sus adversarios. Los presentó como ineludibles. Son problemas críticos, de mucha gravedad, que abren o cierran caminos.
 
La deuda tomada por el macrismo estuvo en el centro. "La deuda se otorgó por consideraciones políticas y por lo tanto, debe tener una solución política". Los acuerdos que se negocian y renegocian sofocan y obstaculizan el crecimiento. Tiene que ser la propia Argentina la que proponga la forma en que podrá pagar. Para llevar esta posición al FMI, se necesita consolidar unidad interna sobre este punto. De lo contrario es muy difícil sostenerlo.
 
De la misma manera que es muy difícil hacer un acuerdo sobre este punto con los responsables internos del desastre. El macrismo no hizo autocrítica. Es un enfoque para ser llevado al Congreso y sacarlo por mayoría y para eso necesita una elección importante que le garantice un fuerte bloque de legisladores.
 
La otra tesis se basó en la experiencia de la mayoría de los países que han logrado un desarrollo significativo de su economía a través de una alianza entre lo público con lo privado. Es difícil que el capital concentrado, el dispositivo sojero y los ultra reaccionarios de las tecnológicas acepten en principio esta idea. Pero hay miles de medianos y pequeños productores y empresarios que pueden ser convocados. Fue lo que hizo Juan Perón con la CGE en los '70.
 
El tercer eje que planteó fue el de un gran acuerdo político entre todas las fuerzas para renovar el pacto democrático que prevaleció hasta el surgimiento del discurso de odio contra el adversario político. El país tiene constancia de que este discurso deriva de forma irremediable hacia la violencia, como fue el atentado contra su vida. Es un discurso que la derecha no usa si cree que va a ganar. Cuando siente que su adversario crece, saca a relucir el "chorra", "corruptos", y demás insultos que forman una cortina de humo para evitar el debate político, porque es el terreno donde son más débiles.
 
El cuarto eje es la transformación de un sistema de administración de justicia anacrónico, con formas feudales, para mejorar el sistema republicano y la convivencia democrática. Y es posible que en ninguno de ellos se llegue al cien por ciento de cumplimiento. Pero la sociedad tiene que empezar por incluirlo en la agenda de los pasos imprescindibles y emprender la búsqueda hacia esos objetivos.
 
A pesar de que ya explicó varias veces que fue proscripta por la persecución judicial que sufrió, muchos de los que estaban en el acto tenían la expectativa, quizás como ilusión o fantasía, de su candidatura. Esa ilusión tiene una lógica. Porque el peronismo y sus aliados, pueden mostrar que son los únicos que cuando gobernaron, entregaron el país mejor que cuando lo recibieron.
 
No hay otra fuerza que pueda decir lo mismo. Y la que representa mejor esa experiencia es Cristina. Eso creó un vínculo de confianza y de credibilidad que se basa en hechos concretos con esa multitud de ayer, formada por sectores medios, trabajadores organizados y movimientos sociales.
 
Y por lo que esa multitud representa, ampliada a los que no asistieron. Los que están por fuera de esa relación, no pueden entender qué hacía tanta gente mojándose bajo la lluvia para escuchar hablar a una señora. Y no anunciar las candidaturas es una decisión política. Lo que quedó claro es quién tendrá un papel protagónico en esos nombramientos.
 

El porteño Rogelio Frigerio, defensor trucho de los pobres 
 
Desactivado el clamor por Cristina, Massa-De Pedro emergen con fuerza en el Frente de Todos
 
A cuatro semanas de la fecha límite para inscribir candidaturas y con presidenciables definidos en todas las demás fuerzas, el Frente de Todos finalmente parece haber notado que ya no queda tiempo para testear candidaturas al voleo o para insistir con clamores no correspondidos. Es momento de dejar de evaluar y empezar a decidir, los nombres y la estrategia.
 
Cristina no será candidata, pero eso no le impidió salir a marcar la cancha dentro del espacio que lidera. Ratificó su centralidad y convocó a la multitud a militar, a convencer, a hacer política desde el lugar que tenga. El peronismo conservará así su identidad y vigencia.
 
Con sus últimas apariciones públicas, CFK obligó a sus partidarios a resignarse al hecho de que no habrá boleta encabezada por La Jefa y le bastaron un par de menciones para ungir al ministro de Interior Eduardo "Wado" De Pedro, (el hijo de la generación diezmada) y al ministro de Economía, Sergio Massa, (el manipulador de papas calientes) como potenciales candidatos de una fórmula de unidad.
 
Para Axel Kicillof aplica aquello de que más vale pájaro en mano que cien volando. El economista no tiene ningún interés por una candidatura presidencial de difícil éxito cuando la reelección en provincia de Buenos Aires le queda mucho más a mano. Y en el kichnerismo son muchos los que entienden que solo con un candidato a gobernador fuerte en el distrito más grande del país el Frente de Todos tiene posibilidades de ganar en las presidenciales.
 
Los ministros De Pedro y Massa recogieron el guante, comienzan a moverse como en campaña y ahora se dedican a intercambiar gestos cómplices en cuanto acto les toque compartir. Representan fracciones diversas del Frente de Todos, con diferentes trayectorias, unidos en la acción. Lo hicieron en la localidad bonaerense de Mercedes. Habrá que ver si les dura la amistad cuando llegue el momento de decidir quién encabeza y quien acompaña.
 
Pero además de candidatos, el Frente de Todos necesita resolver su estrategia. Cristina insiste con un instalar a un candidato que pueda garantizar un piso alto (que surgiría básicamente del kirchnerismo) y apostar por un escenario de ballotage con un candidato opositor que genere un rechazo mayor al que podría producir un candidato del gobierno actual.
 
La Vice sueña con una segunda vuelta que enfrente a De Pedro (o en su defecto a Massa) contra Javier Milei. El cálculo supone que las posiciones derechistas extremas del libertario espantarán al buena parte del electorado que terminaría optando por el Frente de Todos en una decisión por el mal menor.
 
De allí que en sus últimas apariciones públicas Cristina eligiera a Milei como el rival a vencer. Tal como lo hiciera en 2015 con Mauricio Macri, la expresidenta busca subir al ring al candidato que, entiende, generará más rechazo entre los votantes de otros partidos y los indecisos. El riesgo principal es que la jugada le vuelva a salir como le salió hace casi ocho años.
 
Quedan por resolver las demás precandidaturas del oficialismo: Juan Grabois, Daniel Scioli y Agustín Rossi. El primero no tendría problemas en respaldar a De Pedro pero argumentó "diferencias insalvables" con Massa, el segundo no quiere a ninguno de los dos y sostiene sus aspiraciones presidenciales aunque asegura que no competiría por fuera del espacio y el tercero dice que está muy entusiasmado pero su único aval es Alberto Fernández.
 
Se debe considerar que el pueblo existe, es protagonista, el número cuenta. Para imponerse en las elecciones hace falta trascender las fronteras partidarias. Las elecciones constituyen el recurso y la oportunidad para abrir las mentes, iluminar un futuro, recobrar optimismo. Es imperioso crecer, multiplicarse, convencer a los compatriotas que desean y merecen bienestar y representación ya mismo. En el contado lapso que le queda el actual oficialismo debe "elaborar" los errores cometidos, ser más coherente con las promesas de 2019 en el tramo final de gestión.
 

El triunfalismo opositor provincial se está almorzando la cena 
 
Frigerio y Galimberti, casi lo mismo
 
A pocos meses de la elección provincial más relevante de las últimas dos décadas, la campaña que la oposición prometía poner en debate cada aspecto del largo ciclo del peronismo entrerriano transcurrió hasta ahora como una larga sucesión de inauguraciones de plazas y ciclovías de la ciudad de Paraná, por parte del oficialismo. Hasta ahora, ni Rogelio Frigerio ni Pedro Galimberti lograron poner en debate algún tema. Las campañas de todas las demás fuerzas, como los libertarios y la izquierda recién están despuntando.
 
El peronismo no innovó. Apostó todo en Paraná para reiterar la experiencia de 2019, cuando impuso la contundencia electoral y logró arrebatarle al radicalismo la Municipalidad de la Capital. Desde entonces, el peronismo alteró ese equilibrio entre una Capital de voto radical y un interior de voto peronista. Ahora va por más: una diferencia tan contundente en la ciudad de Paraná que haga de reaseguro del resultado provincial y también de la permanencia peronista en la Casa Gris.
 
La gestión municipal del candidato oficialista a la sucesión provincial, Adán Bahl, profundizó la apuesta con un plan de obras de finalización sincronizada con el calendario electoral y alto impacto en la experiencia urbana. A la intensa campaña oficial que superpone obras municipales, provinciales y conjuntas, ahora se agregan las instantáneas de los vecinos que muestran en las redes sociales las mismas.
 

El porteño Rogelio Frigerio, defensor trucho de los pobres 

Para reforzar las chaces oficialistas, se lanzó al ruedo electoral a la actual ministra de Gobierno de Entre Ríos, Rosario Romero, quien será precandidata a la Intendencia de Paraná. Romero fortaleció su identidad como sucesora de un perfil de gobierno local: "Quiero compartir que seré precandidata a la intendencia de Paraná. Estoy convencida de que es necesario continuar con el trabajo que Beto viene realizando; tengo confianza en lo logrado y en que el horizonte marcado para nuestra ciudad es el correcto", afirmó, abriendo un hilo en Twitter.
 
En este sentido, Romero aseveró: "El equipo de gestión municipal ha logrado una transformación evidente en Paraná, con una inversión en obra pública notable, orden y modernización de la administración, y un trabajo conjunto con todos los sectores para la ampliación y diversificación productiva de la ciudad".
 
"Estas políticas deben ser sostenidas y profundizadas en el tiempo, nosotros podemos hacerlo y sabemos cómo. Paraná ha experimentado múltiples cambios y reinicios constantes. Sabemos que aún queda mucho por mejorar, pero no lograremos hacerlo si comenzamos desde cero nuevamente", declaró.
 
Tras el anuncio, el intendente de Paraná y precandidato a la gobernación de Entre Ríos, Adán Bahl, felicitó a la ministra por "asumir el desafío de ser pre candidata a intendente de Paraná". En este contexto, Bahl puso de manifiesto que "el peronismo tiene hombres y mujeres con la capacidad, el compromiso y las ganas para seguir avanzando en la transformación de Paraná. Tu experiencia y empuje enriquecerán la próxima etapa electoral".

Lo sorprendente es que la oposición no haya innovado demasiado. Juntos por Entre Ríos logró articular dos propuestas distintas en torno del macrista porteño Rogelio Frigerio y el radical entrerriano Pedro Galimberti, pero casi no se observan cambios en la estrategia discursiva que en 2019 exhibían radicales y macristas cuando se enfrentaron en dos listas separadas.
 
Los discursos Frigerio y Pedro Galimberti muestran varios temas centrales. El primero es la crítica generalista, cada vez más encendida, por el tiempo transcurrido desde hace 20 años, el inicio del ciclo peronista. 
Con repetir que hay que cambiar los nombres que están hace 20 años le parece suficiente. Apenas, Frigerio, ocultado su responsabilidad en el tema como ministro de Macri, saliera a criticar los índices de pobreza infantil que dio a conocer el INDEC y que tienen a Concordia como una de las ciudades más afectadas de las 30 que se miden.

 
Por su parte, el precandidato a Gobernador de Juntos Entre Ríos Cambia, Galimberti, cargó contra el peronismo provincial. "A muchos amigos le molesta que yo hable del peronismo, porque pareciera que lo políticamente correcto es criticar al kirchnerismo. Pónganle el nombre que quieran, pero si miran el álbum de los últimos 20 años las figuritas son las mismas, peronistas y kirchneristas, entonces no me vengan a decir que ahora ellos, después de dos décadas, representan el cambio", afirmó.
 
La segunda línea de Frigerio apunta, en las redes sociales, a los empleados públicos provinciales: sostiene que el peronismo "les robó" los sueldos y las jubilaciones. Ese discurso perdió potencia tras el acuerdo salarial con los docentes, y si bien los reclamos siguen latentes, no es de ninguna manera generalizada.
 
Hay un discurso opositor que tiene, además, un efecto contradictorio para Juntos: busca el aval de los estatales entrerrianos, pero inquieta a muchos votantes macristas que a nivel nacional reclaman la reducción del gasto público, el despido indiscriminado de trabajadores estatales y apoyan la idea de una reforma previsional que baje las jubilaciones, mientras escuchan en la provincia lo contrario en boca de alguno de sus candidatos.
 
Los entrerrianos no tienen muchas ganas de escuchar a estos políticos, y la poca atención que están dispuestos a prestarles es para que les digan cómo harán para gestionar la provincia. Lo que tienen para proponerles Frigerio y Galimberti es muy ambiguo, y completamente alineado con lo que las encuestas dicen que los vecinos esperan que les digan. En el caso, la propuesta opositora contiene la crítica permanente y cada vez más exaltada al oficialismo entrerriano. Frigerio dice lo mismo que Galimberti, pero sonriendo. Ambos leen las mismas encuestas.
 
En las semanas previas a la elección provincial, irrumpirán elementos de extraña jurisdicción. La campaña provincial deberá hacer un parate por imperativo de una trenza de proporciones. Deben presentarse las listas que acompañarán a Frigerio y Galimberti como principales contendientes en la carrera electoral. En la oposición, hay multitudes que pugnan por las bancas de la Legislatura y los Concejos Deliberantes.
 
El otro tema omnipresente en la carrera provincial es la indefinición del escenario nacional. La interna de Juntos por el Cambio amenaza con terminar en dos boletas separadas de diputados nacionales -una que pretende el apoyo de Horacio Rodríguez Larreta, otra que pretende el aval de Patricia Bullrich- y promete tensiones en el período más álgido de la campaña entrerriana.
 
Cuando a ese cóctel se suma la precandidatura presidencial de Javier Milei, la escena se complejiza mucho más. ¿Impulsarán para las PASO un espacio común del radicalismo y el sector de Rodríguez Larreta, para disminuir las chances de un triunfo de Milei en las primarias? De momento, el intento parece vano.
 
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