La Opinión Popular
                  10:58  |  Miercoles 13 de Mayo de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná

Por
“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
Recomendar Imprimir
Sociedad e Interés General - 26-08-2022 / 09:08
NACE EL 26 DE AGOSTO DE 1886, EN CHIMPAY, RÍO NEGRO

Ceferino Namuncurá, el santito de la Patagonia

Ceferino Namuncurá, el santito de la Patagonia
El 26 de agosto de 1886, en Chimpay, Río Negro, nace Ceferino Namuncurá.
El 26 de agosto de 1886, en Chimpay, Río Negro, nace Ceferino Namuncurá. Fue un joven salesiano argentino aspirante al sacerdocio, de orígenes mapuche y chileno. Estudió en el colegio San Carlos donde fue compañero en los cursos de la primaria del cantante Carlos Gardel.
 
Nieto del cacique mapuche Calfucurá e hijo de una cautiva chilena, Namuncurá se salvó de morir ahogado cuando tenía un año en el río Negro, fue un defensor de los pueblos originarios y a los 11 años pidió a los salesianos ir a estudiar para luego regresar y poder enseñar a los de su pueblo.
 
Namuncurá murió en Roma a los 18 años cuando realizaba estudios de sacerdocio, tras recibir educación salesiana. El 7 de julio de 2007 el papa Benedicto XVI firmó el decreto que declara a Ceferino como beato.
 
La Opinión Popular
 

Ceferino Namuncurá, el
 
Nació en la reducción mapuche de Chimpay, sexto hijo de Rosario Burgos, una cautiva "huinca" chilena, y del cacique Manuel Namuncurá, un célebre líder del pueblo mapuche que luchó en la batalla del 5 de mayo de 1883 contra las fuerzas del Ejército Argentino comandado por Roca. Ceferino era también nieto del caudillo mapuche Calfucurá.
 
El apellido «Namuncurá» (mapudungun, «pie de piedra» de namun, pie, y curá, piedra) significa «alguien firme, decidido».
 
En 1887, al año de edad, Ceferino se salvó de perecer ahogado en el Río Negro, mientras jugaba en sus orillas. Ese mismo año, el 24 de diciembre, en vísperas de Navidad, fue bautizado por el misionero salesiano padre Domingo Milanesio, gran defensor de los pueblos originarios.
 
Creció en las tolderías de Chimpay, aprendió a manejar las boleadoras, la lanza y el arco. Su padre lo preparaba para ser su sucesor, defensor de las tierras y de los pocos indios que integraban, por aquel entonces, su tribu. Fue enviado a Buenos Aires para estudiar cuando tenía 11 años.
 
Comenzó a tener problemas de salud por el cambio de clima y el esfuerzo puesto en el estudio. Por este motivo lo envían a la escuela agrícola de Uribelarrea, en la provincia de Buenos Aires donde recupera la salud. La mejora fue aparente y lo trasladaron a una zona más propicia para detener el avance de la enfermedad: a la casa central de las misiones de la Patagonia, en Viedma. Allí lo nombran sacristán del colegio, estudia latín y enseñaba a los niños del lugar.
 
Cuando monseñor Cagliero fue llamado a Roma, decide llevarlo con él para completar su restablecimiento y que continuara sus estudios. Tiene una audiencia con el Papa con otros treinta padres salesianos. Al terminar la audiencia, el Papa Pío X lo llama y le regala un estuche con una medalla de plata. Visita Florencia y Milán y regresa a Turín para reiniciar el curso escolar, pero su salud se resintió nuevamente.
 
Lo trasladan al colegio salesiano de Villa Sora, en Frascati, cerca de Roma. Su salud está cada vez peor y debe renunciar a sus estudios. Muere el 11 de mayo de 1905 en el Hospital San Juan de Dios en Roma.
 
Sus restos volvieron al país en 1924 y reposan en Fortín Mercedes, donde peregrinan cientos de fieles para solicitar su benevolencia y cumplir promesas. En 1945, teniendo en cuenta el movimiento popular de fe que acompaña su figura, se inician las gestiones para que sea beatificado.
 
La Opinión Popular 

Agreganos como amigo a Facebook
02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
03-03-2026 / 18:03
02-03-2026 / 20:03
02-03-2026 / 19:03
NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar