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Nacionales - 05-03-2012 / 11:03
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 5 DE MARZO DE 1956 LA DICTADURA MILITAR DE ARAMBURU-ROJAS EMITE EL DECRETO-LEY 4161 QUE PROHÍBE LA MENCIÓN DE LAS PALABRAS PERÓN Y EVA PERÓN

El decreto-ley 4161 y el odio gorila al peronismo como causas de la violencia política

El decreto-ley 4161 y el odio gorila al peronismo como causas de la violencia política
En 1956, el Poder Ejecutivo estaba ocupado por el general Pedro Eugenio Aramburu como presidente y el contralmirante Isaac Francisco Rojas como vicepresidente.
En un 5 de marzo, como hoy, pero del año 1956, la dictadura militar que gobernaba de facto la Argentina, sanciona el Decreto Ley 4161, que prohibía cualquier tipo de afirmación ideológica o propaganda peronista.
 
Se castigaba con la reclusión de treinta días a seis años, una multa económica, la inhabilitación para desempeñar cargos públicos y la clausura temporal o permanente del local, si se tratase de un comercio o empresa: la utilización de la fotografía de los funcionarios peronistas o de sus parientes, el escudo y la bandera peronista, las expresiones "peronismo", "peronista", "justicialismo", "justicialista", "tercera posición", la marcha de "los muchachos peronistas", el libro "La razón de mi vida" y los discursos del presidente depuesto y su esposa. Después de 1955 no se podía, ni siquiera, escribir o pronunciar la palabra Perón.
 
Con el decreto 4161 se abrió formalmente un largo período de violencia en la Argentina, que continúa otros episodios sangrientos como el bombardeo de la Plaza de Mayo, el 16 de junio de 1955, donde hubo 200 muertos y 2000 heridos anónimos y olvidados.
 
Escribe Blas García para La Opinión Popular

 Batalla de Caseros: Triunfo de la Oligarquía y Derrota de la Patria
Blas García

En 1955, la Argentina se encontraba gobernada por una dictadura militar autodenominada "Revolución Libertadora", que había alcanzado el poder tras un golpe de estado violento, ejecutado el 16 de septiembre de 1955, contra el gobierno constitucional de Juan Perón.
 
El gobierno de Aramburu encarceló a millares de trabajadores, reprimió cada huelga, arrasó con el PJ y la organización sindical. La tortura se masificó y extendió a todo el país en una implacable persecución como pocas veces se había visto.
 
A esta persecución política y sindical Rodolfo Walsh la explica correctamente desde el fundamento económico y social que la torna inevitable: "Su gobierno modela la segunda década infame. Aparecen los Alsogaray, los Krieger, los Verrier, que van a anudar prolijamente los lazos de la dependencia desatados durante el gobierno de Perón".
 
La Argentina comienza "a gestionar esos préstamos que sólo benefician al prestamista, a adquirir etiquetas de colores con el nombre de tecnologías, a radicar capitales extranjeros formados con el ahorro nacional y a acumular esa deuda que hoy grava el 25 por ciento de nuestras exportaciones".
 
Se quemaron en público retratos de Eva y Juan Perón, se rompieron bustos, bienes de la Fundación Eva Perón y de las colonias de vacaciones, las cuales fueron cerradas dejando a miles de chicos humildes sin atención médica ni asistencia social.
 
Se derogó la constitución de corte social de 1949 y promulgó el decreto 4161 que prohibía la mención de todo lo que tenga que ver con el "tirano prófugo" y un sin fin de humillaciones que sólo sirvió para que el pueblo peronista organizara la Resistencia.
 
 
Contenido del decreto
 
El decreto 4161 establecía las restricciones vigentes y las sanciones que correspondieran a sus infractores. Dice textualmente en su parte central: "Considerando: Que en su existencia política, el Partido Peronista ofende el sentimiento democrático del pueblo argentino, el Presidente provisional de la Nación Argentina, en ejercicio del Poder Legislativo , decreta con fuerza de ley: (...)
 
Artículo 1º  Prohibía expresamente "La utilización de imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas, artículos y obras artísticas, (...) que sean (...)representativas del peronismo", e incluía una lista de vocablos proscritos, tales como "peronismo", "peronista", " justicialismo", "justicialista", "tercera posición", la Marcha peronista y los discursos del presidente depuesto.
 
Artículo 2º  Declaraba que estas disposiciones eran de orden público, impidiendo la alegación de derechos adquiridos para resistirla.
 
Artículo 3º  Establecía las penas para los infractores, entre las cuales se encontraba la reclusión de treinta días a seis años, una multa económica, la inhabilitación para desempeñar cargos públicos y la clausura temporal o permanente del local, si se tratase de un comercio o empresa.
 
Artículo 10º Queda prohibido en todo el territorio de la Nación:

a) La utilización de propaganda peronista. Se considerará especialmente violatoria de esta disposición, la utilización de la fotografía, retrato o escultura de los funcionarios peronistas o de sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones "peronismo", "peronista", "justicialismo", "justicialista", "tercera posición", la abreviatura "PP", las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las marchas de "los muchachos peronistas" y "Evita Capitana", el libro "La razón de mi vida" y los discursos del presidente depuesto y su esposa.

b) La utilización de imágenes, símbolos y signos creados o por crearse, que pudieran ser tenidos por alguien con los fines establecidos en el inciso anterior."
 
 
El odio gorila antiperonista
 
La situación de ilegalidad política que el decreto 4161 crea en la Argentina se basa en el odio gorila que establece todas las condiciones que harán surgir la violencia política. Porque cualquiera sabe que si en un país se excluye de la "vida democrática" al partido mayoritario y a su líder, no hay "vida democrática" posible.
 
Un gorila es un gorila porque no puede aceptar que el peronismo forme parte de la vida político-democrática del país. No es sólo una actitud política. Es un hondo odio cultural, racial, político y económico.
 
 
¿Por que no aceptan la legalización del peronismo?
 
Para un gorila, el peronismo es la barbarie en lo cultural; la negrada en lo racial; el autoritarismo en lo político; y en lo económico es la concentración de la economía en el Estado, la distribución del ingreso a favor de los pobres, el intervencionismo estatal, el traslado de la renta agraria al sector industrial y el aumento de los salarios de los trabajadores.
 
Los militares gorilas representan a la oligarquía ganadera y el establishment económico afectado, en sus bolsillos, por la redistribución de la renta agraria a favor de la industria nacional que había realizado el peronismo.
 
Tampoco le perdonarían jamás la injuria del IAPI, la nacionalización del comercio exterior y las transferencias de recursos del sector agrario hacia la implementación del Primer Plan Quinquenal. Menos la política de colonización y expropiaciones públicas de tierras.
 
El odio gorila es el responsable del surgimiento de la violencia política en la Argentina. Y todo lo que ocurre entre 1955 y 1973 se debe a la negación del establishment argentino (Fuerzas Armadas, Sociedad Rural, empresariado industrial y financiero, jerarquías de la Iglesia Católica) de aceptar que el peronismo participe en elecciones libres y democráticas llevando a su frente al líder que ese partido ha elegido y seguía eligiendo: Juan Perón.
 
 
Historia de rebeliones y lucha popular
 
La exclusión política del peronismo, produjo un proceso de resistencia que ampliaría el perfil del justicialismo. A partir de 1955 el peronismo aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y criticas contra el sistema económico, social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor apartado.

El espectro político peronista se tornó muy amplio y variado. El activismo peronista opositor, con ingenio y combatividad, realizó sus intentos por la vía del levantamiento cívico-militar, acciones de resistencia por métodos encubiertos, "trabajo a tristeza", sabotajes, colocación de explosivos, paros gremiales, atentados, ataques con bombas "Molotov", etc.
 
La rebeldía a esta opresión asumió, numerosas veces, formas violentas. A muchos les pareció justo responder a la violencia "de arriba", del poder, con la violencia "de abajo", la violencia popular.

La resistencia peronista, las luchas obreras contra el Conintes, el cordobazo, fueron momentos gloriosos en las batallas de las clases populares argentinas, que asumieron las formas que le imponían las circunstancias. Lucharon por la justicia social con los medios y en las condiciones que les permitía el régimen, cuando los caminos de la democracia real estaban cerrados. Por lo menos para la mayoría peronista.
 
 
El escarmiento: Operación Masacre

En el marco de la resistencia anti-oligarquica, en junio de 1956, el General Juan José Valle organiza un alzamiento cívico-militar contra el gobierno ilegítimo para defender la soberanía popular y la justicia social, avasalladas por el gobierno militar instalado desde septiembre de 1955.

El movimiento revolucionario es infiltrado, pero no se lo reprime hasta que se manifiesta como tal. Se buscaba desde el poder dar un escarmiento total que sirviera para desalentar posibles intentos posteriores.

Tan es así, que los decretos de fusilamiento para el general Valle y sus compañeros fueron firmados antes del 9 de junio, pese a que el tribunal militar que los juzgó, los había absuelto. Así y todo se les aplicó la ley marcial retroactiva a la fecha y hora de disposición. Es de hacer notar que al rendirse el general Valle, se le garantizó salvaguardar su vida.

Entre el 9 y el 12 de junio de 1956, murieron fusilados y asesinados en oscuros basurales 31 patriotas revolucionarios peronistas. Estos hechos son conocidos como la "Operación Masacre".
 
 
Aramburu, el fusilador de la "libertadora"
 
Aramburu había sido compañero de Juan José Valle cuando eran jóvenes estudiantes del Colegio Militar. Compartían el mismo banco. Luego, sus familias habrán de ser amigas. De aquí que la esposa de Valle le pida tan esperanzada por la vida de su marido.
 
Aramburu actúa con crueldad porque él ansía asumir la figura del vengador. Y que nadie le pida a un vengador piedad para un "culpable". El vengador no la tendrá.
 
La frase "El Presidente duerme" que recibe la esposa de Valle significa: el Presidente no dialoga sobre el destino de los "culpables", vinieron a limpiar el país de peronistas, vinieron a vengarse por todo lo que les hicieron.
 
El fusilamiento de Valle busca instalar el miedo en la sociedad: que a nadie se le ocurriera no sólo atentar contra el poder. Que todos se quedaran donde debían estar. Que a nadie se le ocurriera ser peronista ni tratar con peronistas ni ser sospechoso de serlo.
 
 
Ajusticiamiento de Aramburu
 
En 1970, el pueblo peronista soporta la dictadura de las botas y los monopolios imperialistas. Aramburu, un dictador militar que prohibió al justicialismo con el decreto ley 4161 y fusiló a peronistas es aprehendido. Lo llevan prisionero y le preguntan sobre la tragedia de Valle y los compañeros muertos en los basurales de José León Suárez. Sus secuestradores dicen que son peronistas y se llaman Montoneros.
 
El ajusticiamiento de Aramburu fue el inicio de una escalada de violencia que culminó con la dictadura militar genocida de 1976 donde hubo 30.000 luchadores sociales desaparecidos, barridos por la represión, de todos los sectores políticos revolucionarios.
 
La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.

Las víctimas sobrevivientes, los familiares de los caídos, las valientes "Madres de Plaza de Mayo" y los militantes de derechos humanos han expuesto una tenaz exigencia de verdad y justicia, sin búsquedas de revanchas por mano propia, para terminar definitivamente con el odio y la violencia política en la Argentina.
 
Escribe Blas García para La Opinión Popular

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02-04-2026 / 18:04
02-04-2026 / 18:04
01-04-2026 / 14:04
La Argentina de Javier Milei ha ingresado en una fase peligrosa: la de la construcción de una realidad paralela. Mientras las persianas de las pymes se bajan definitivamente, los comedores populares se desbordan y el consumo de leche cae a niveles históricos, el Gobierno nacional ha decidido que la mejor manera de combatir la pobreza no es con políticas públicas, sino con un lápiz y una goma de borrar en las oficinas del INDEC.


El reciente anuncio que sitúa la pobreza en un 28,2% para el segundo semestre de 2025 no es solo una provocación; es un insulto a la inteligencia de un pueblo que sobrevive en el ajuste más brutal de la historia argentina moderna. Estamos ante el "milagro estadístico" de un gobierno que pretende hacernos creer que, en medio de una recesión galopante y salarios de miseria, la pobreza ha retrocedido por arte de magia.



Javier Milei ha decidido abrazar el dogma por encima de la vida. Su gestión se ha convertido en una maquinaria de propaganda que utiliza la macroeconomía financiera para ocultar la microeconomía de la heladera vacía. Festejar un 28,2% de pobreza en un contexto de desguace del Estado, entrega de la soberanía y destrucción del mercado interno no es solo cinismo; es una declaración de guerra contra la realidad.



El Gobierno podrá seguir "dibujando" números y publicando gráficos en redes sociales, pero la calle tiene su propia estadística. Y en esa estadística, la que se mide en el boleto de colectivo, en el alquiler impagable y en el plato de comida que falta, el modelo de Milei solo ha demostrado ser un éxito en una sola cosa: en producir una miseria estructural que ningún comunicado oficial podrá ocultar por mucho tiempo. El despertar de este sueño estadístico será, lamentablemente, una pesadilla social de la que nos costará años recuperarnos.


De la redacción de La Opinión Popular

31-03-2026 / 16:03
29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

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