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Nacionales - 29-12-2011 / 11:12
PRÓRROGA DEL PLAZO PARA QUE COMIENCEN A ABONAR LA DEUDA QUE MANTIENEN CON LA NACIÓN

Las provincias tendrán dos años de gracia, pero con otras urgencias

Las provincias tendrán dos años de gracia, pero con otras urgencias
Infografía de ambito.com
La ampliación de la tregua para el pago de vencimientos de capital e intereses volverá a darle un respiro financiero a la mayoría de las provincias durante los próximos dos años, pero no resolverá, sin embargo, las urgencias financieras que amenazan con complicar a los gobernadores durante 2012.
 
Esta ecuación pondrá a prueba la capacidad de los ministros de Economía provinciales para ajustar la relación entre ingresos propios, coparticipación y gasto público, especialmente ante un contexto de eventual desaceleración de la economía, inflación y de fuerte presión de los gremios estatales por una recomposición salarial que pretenden cercana al 35%.
 
Condicionamiento
 
La dependencia de las provincias de la caja nacional condiciona también el mapa político. El período de gracia entre el 1 de enero de 2012 y el 31 de diciembre de 2013 tiene esa raíz: el próximo año comenzará a moverse el tablero de cara a las legislativas 2013, donde el Gobierno intentará ampliar su representación en ambas cámaras y para ello necesitará del acompañamiento y de las alianzas con los diferentes gobernadores.
 
Un caso reciente grafica esta expresión: el justicialista no kirchnerista José Manuel de la Sota, que no accedió a llevar en la fórmula para la gobernación de Córdoba a un referente de la Casa Rosada, dio de baja sobre la hora su lista de diputados nacionales para habilitar el ingreso de sectores afines al Gobierno, a cambio de la promesa de pago de una abultada deuda por más de $ 1.200 millones que la Nación mantiene con la provincia por la Caja de Jubilaciones. Más de dos meses después, el Gobierno mediterráneo aún espera la acreditación de esos fondos.
 
El otro ejemplo es el de Daniel Scioli, quien en las últimas semanas se vio involucrado en una serie de chisporroteos con su vicegobernador, el ultrakirchnerista Gabriel Mariotto, tras los incidentes que se registraron entre activistas de La Cámpora y efectivos de la Bonaerense el día de su jura ante la Legislatura. Scioli no sólo fue uno de los primeros convocados al acto de ayer, sino que fue el primer gobernador en suscribir el acta mediante la cual el Gobierno nacional prorroga el plazo por dos años para el pago de los servicios de la deuda, que en el caso de Buenos Aires redundará en un beneficio cercano a los $ 6.000 millones.
 
 
Firmantes
 
Ayer, 17 mandatarios -incluido el único radical, el correntino Ricardo Colombi- convalidaron con su firma el acceso a un plan que, al menos en el corto plazo, hará que muchos de ellos esquiven por ahora el fantasma del ajuste. Hay, sin embargo, varias provincias para las que no es suficiente: en Río Negro, por caso, el gobernador justicialista Carlos Soria, devenido ahora kirchnerista, anunció que pasará a disponibilidad a más de 20 mil agentes del Estado debido a la imposibilidad para hacer frente al pago de la masa salarial.
 
No es el único recurso para optimizar el financiamiento. En los últimos meses, una decena de provincias lanzó diversos proyectos para aumentar drásticamente los impuestos el próximo año. Una peligrosa moda que puede terminar siendo asfixiante. 
 
Por: Florencia Arbeleche
 
Fuente: ambito.com
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El naufragio de la ley de propiedad privada dejó al descubierto la incompetencia política oficialista, las internas feroces en la Casa Rosada y un estruendoso choque contra el límite de sus propios aliados, en medio de una profunda crisis económica y un acelerado desencanto de la sociedad y de sus propios votantes. Un escenario agravado luego de que la cuestión Malvinas alrededor de la selección de fútbol generara un clima nacionalista que colisionó de frente contra el cipayismo libertario y expuso su escaso arraigo popular.
 
El bochornoso traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado representa el síntoma terminal de un oficialismo cegado por el dogmatismo y desprovisto de oficio político. Lo que el Ejecutivo pretendía vender como un triunfo terminó convertido en un cascarón vaciado: acorralada por la falta de apoyo de los bloques dialoguistas, la Casa Rosada debió capitular y retirar apresuradamente los capítulos centrales de extranjerización de tierras y la flexibilización de la Ley de Manejo del Fuego. El dictamen final fue aprobado desflecado y reducido a menos de un tercio de sus ambiciones originales, dejando al desnudo que las mayorías parlamentarias no se edifican con bravuconadas de redes sociales ni con intervenciones torpes como las del senador Joaquín Benegas Lynch, cuyos insultos a los senadores aliados terminaron de dinamitar los puentes de negociación.
 
Fiel a su matriz refractaria a la autocrítica, la reacción de la conducción libertaria ante semejante derrumbe consistió en desatar una inmediata cacería interna de chivos expiatorios. En lugar de asumir los errores de cálculo de la gestión, la Casa Rosada liderada por Javier y Karina Milei optó por aislar y "freezar" al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, amagando con congelar el resto de sus proyectos en carpeta tras convertirlo en un yunque político. Al mismo tiempo, el enojo oficialista apuntó directamente contra Patricia Bullrich, a quien responsabilizan por fallar en la contabilidad de los votos y perder el control de la sesión. Este pase de facturas expone un gabinete frágil y fracturado, donde los propios arquitectos del programa gubernamental son arrojados a los leones ante la primera turbulencia institucional.
 
 
En última instancia, la mutilación de este proyecto emblemático expone el techo del modelo libertario: una administración que chocó de frente contra el límite de sus aliados e incapaz de sostener consensos duraderos. La incapacidad para articular mayorías y la constante tendencia a refugiarse en la intransigencia demuestran que el dogmatismo autoritario se vuelve impotente ante la dinámica republicana. Con Sturzenegger desautorizado y Bullrich golpeada políticamente, el gobierno ingresa en una peligrosa fase de insularidad y parálisis parlamentaria, donde la falta de muñeca política condena al oficialismo a multiplicar derrotas mientras la gestión cotidiana se consume entre internas feroces e improvisación.
 
De la redacción de La Opinión Popular

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