no se puede discutir nada' y afirmó que tiene un 'traicionómetro' para aplicarle al Gobierno K por si no cumple con la doctrina de Perón.
 
La relación entre Moyano y el Gobierno K quedó al borde de la ruptura después del ataque que hizo el gremialista ante una multitud en el estadio de Huracán la semana pasada.
 
El jefe de la CGT descartó convocar a una huelga general en lo inmediato, pero advirtió: 'Si la situación se agrava creo que los trabajadores van a empujar a que se tome una decisión de esa naturaleza".
 
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Nacionales - 23-12-2011 / 09:12
LA CGT SOSTIENE EN PÚBLICO SU DISPUTA CON LA PRESIDENTA

Moyano se aleja de Cristina: “El dialogo está suspendido; con ella no se puede discutir”

Moyano se aleja de Cristina: “El dialogo está suspendido; con ella no se puede discutir”
Hugo Moyano acusó a Cristina de suspender el diálogo con la CGT y habló de traidores. El camionero dijo que con la Presidenta ‘no se puede discutir nada’ y afirmó que tiene un ‘traicionómetro’ para aplicarle al Gobierno K por si no cumple con la doctrina de Perón.
Moyano volvió a cruzar a Cristina: "El contacto con la Presidenta está suspendido". El líder sindical volvió a realizar declaraciones en las que cuestionó a la Presidenta, aunque aclaró que "la relación no está rota". "Queremos mantener el poder adquisitivo de los salarios", subrayó el Secretario General de la CGT.
 
La tensión entre el jefe de la CGT y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sigue presente por las declaraciones formuladas por Hugo Moyano en una conferencia ante periodistas de medios extranjeros.
 
Moyano acusó a Cristina de suspender el diálogo con la CGT y habló de traidores. El camionero dijo que con la Presidenta 'no se puede discutir nada' y afirmó que tiene un 'traicionómetro' para aplicarle al Gobierno K por si no cumple con la doctrina de Perón.
 
La relación entre Moyano y el Gobierno K quedó al borde de la ruptura después del ataque que hizo el gremialista ante una multitud en el estadio de Huracán la semana pasada.
 
El jefe de la CGT descartó convocar a una huelga general en lo inmediato, pero advirtió: 'Si la situación se agrava creo que los trabajadores van a empujar a que se tome una decisión de esa naturaleza".
 
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EL LÍDER DE LA CENTRAL OBRERA PROFUNDIZÓ SU ENFRENTAMIENTO CON EL GOBIERNO. PERO NEGÓ UN PARO
 
Moyano acusó a Cristina de suspender eldiálogo con la CGT y habló de traidores
 
El camionero dijo que con la Presidenta "no se puede discutir nada" y afirmó que tiene un "traicionómetro" para aplicarle al Gobierno por si no cumple con la doctrina de Perón
 
 
Una semana después de su furioso discurso en el estadio de Huracán, en el que decidió pasar a la ofensiva en su disputa con el Gobierno, el jefe de CGT, Hugo Moyano, profundizó ayer sus críticas a la presidenta Cristina Fernández y aseguró que el diálogo con su administración "está suspendido" porque, según afirmó, con la mandataria "no se puede discutir absolutamente nada". El líder camionero rechazó que la central obrera esté analizando la posibilidad de convocar a un paro nacional pero advirtió que "si la situación empeora, los trabajadores van a empujar", y hasta deslizó algunas dudas acerca de la fidelidad peronista de algunos hombres del Gobierno, a quienes irónicamente amenazó con aplicar un "traicionómetro" para determinar si respetan las ideas del ex presidente Juan Perón.
 
Moyano renovó su embestida contra la Casa Rosada y cuestionó el distanciamiento y la falta de diálogo con Cristina en el marco de una llamativa conferencia de prensa con una treintena de corresponsales de medios extranjeros, ante quienes planteó que no son los gremios los que se alejan del Gobierno sino "los gobiernos los que se acercan o alejan al movimiento obrero". "El contacto con la presidenta no está roto, está suspendido por parte de ella", describió el gremialista en referencia al actual estado de la relación entre la cúpula sindical y el Ejecutivo.
 
En la misma línea, recordó que durante la gestión del fallecido ex presidente Néstor Kirchner "discutíamos a veces", pero indicó que tras su muerte "se cortó con todo eso". Y reprochó: "Con la Presidenta no se puede discutir absolutamente nada. Es otra forma de conducir el país".
 
Rodeado por los dirigentes Juan Carlos Schmid (dragado) y Julio Piumato (judiciales), dos de sus principales aliados en la conducción de la CGT, Moyano negó que la entidad este analizando la posibilidad de disponer una medida de fuerza para profundizar sus reclamos, como el caso de la suba del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias o el reparto de los fondos adeudados por el Estado a las obras sociales, aunque alertó que si las condiciones se agravan "los trabajadores van a empujar a una decisión". "Esperamos que no ocurra (un paro). La conflictividad social es algo que no deciden los dirigentes sino las condiciones socia les. Si la situación empeora, los trabajadores van a empujar", añadió.
 
En otro tramo de la extensa conversación con los corresponsales extranjeros y ante una pregunta puntual acerca de si consideraba la gestión de Cristina Fernández como peronista, el camionero tarde en contestar y con una sonrisa señaló: "Es un Gobierno en el que hay muchos peronistas. Ella siempre levantó las banderas del peronismo. Pero a algunos hay que preguntarles si son peronistas". Y a continuación, agregó con ironía: "Nosotros no tenemos peronómetro, pero tenemos traicionómetro para aplicar a quien traicione las ideas de Perón".
 
También repitió su desconfianza en los índices del Indec y sostuvo que para las próximas negociaciones salariales tomará como base "la inflación del supermercado", aunque evitó anticipar porcentajes sobre el reclamo que el sindicato de Camioneros analiza llevar a la ronda de paritarias. Piumato, a su lado, deslizó una pauta cercana al 30%, casi un desafío frente a las pretensiones del Gobierno y de los sectores empresarios de imponer un tope de 18% para los aumentos.
 
Lejos de cualquier posibilidad de bajar la tensión en la relación con el Gobierno, las declaraciones de Moyano ante los medios extranjeros constituyeron un paso más en la estrategia de confrontación que el camionero decidió poner en marcha en el multitudinario acto en Huracán. La actitud de la administración kirchnerista tampoco aportó desde entonces gestos favorables a un escenario de distensión.
 
La propia Presidenta evitó cruzarse públicamente con Moyano, lo chicaneó un par de veces en sus discursos y envió a sus funcionarios a replicar las críticas del sindicalista, ofreciendo muestras concretas de que no está dispuesta a ceder ante la ofensiva del camionero.
 
El reproche más duro de la Casa Rosada tuvo lugar el miércoles en el marco del almuerzo de la Federación de Empresarios del Transporte de Cargas (Fadeeac), cuando el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, le pidió en persona al camionero "sincerar" la situación y recordar los "más de $ 400 millones" con los que el Estado subsidió en los últimos años a su sindicato.
 
Fuente: El Cronista

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El naufragio de la ley de propiedad privada dejó al descubierto la incompetencia política oficialista, las internas feroces en la Casa Rosada y un estruendoso choque contra el límite de sus propios aliados, en medio de una profunda crisis económica y un acelerado desencanto de la sociedad y de sus propios votantes. Un escenario agravado luego de que la cuestión Malvinas alrededor de la selección de fútbol generara un clima nacionalista que colisionó de frente contra el cipayismo libertario y expuso su escaso arraigo popular.
 
El bochornoso traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado representa el síntoma terminal de un oficialismo cegado por el dogmatismo y desprovisto de oficio político. Lo que el Ejecutivo pretendía vender como un triunfo terminó convertido en un cascarón vaciado: acorralada por la falta de apoyo de los bloques dialoguistas, la Casa Rosada debió capitular y retirar apresuradamente los capítulos centrales de extranjerización de tierras y la flexibilización de la Ley de Manejo del Fuego. El dictamen final fue aprobado desflecado y reducido a menos de un tercio de sus ambiciones originales, dejando al desnudo que las mayorías parlamentarias no se edifican con bravuconadas de redes sociales ni con intervenciones torpes como las del senador Joaquín Benegas Lynch, cuyos insultos a los senadores aliados terminaron de dinamitar los puentes de negociación.
 
Fiel a su matriz refractaria a la autocrítica, la reacción de la conducción libertaria ante semejante derrumbe consistió en desatar una inmediata cacería interna de chivos expiatorios. En lugar de asumir los errores de cálculo de la gestión, la Casa Rosada liderada por Javier y Karina Milei optó por aislar y "freezar" al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, amagando con congelar el resto de sus proyectos en carpeta tras convertirlo en un yunque político. Al mismo tiempo, el enojo oficialista apuntó directamente contra Patricia Bullrich, a quien responsabilizan por fallar en la contabilidad de los votos y perder el control de la sesión. Este pase de facturas expone un gabinete frágil y fracturado, donde los propios arquitectos del programa gubernamental son arrojados a los leones ante la primera turbulencia institucional.
 
 
En última instancia, la mutilación de este proyecto emblemático expone el techo del modelo libertario: una administración que chocó de frente contra el límite de sus aliados e incapaz de sostener consensos duraderos. La incapacidad para articular mayorías y la constante tendencia a refugiarse en la intransigencia demuestran que el dogmatismo autoritario se vuelve impotente ante la dinámica republicana. Con Sturzenegger desautorizado y Bullrich golpeada políticamente, el gobierno ingresa en una peligrosa fase de insularidad y parálisis parlamentaria, donde la falta de muñeca política condena al oficialismo a multiplicar derrotas mientras la gestión cotidiana se consume entre internas feroces e improvisación.
 
De la redacción de La Opinión Popular

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