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“En octubre, a Macri hay que echarlo a la mierda”. Hugo Moyano
Por Blas García. Columnista de LOP, Ingeniero, ex diputado en Córdoba, ex funcionario en Santiago del Estero y Entre Ríos. - 05-04-2019 / 12:04
TÉCNICAS DE PUBLICIDAD POLÍTICA, POR BLAS GARCIA

Propaganda macrista: De Goebbels a Durán Barba

Propaganda macrista: De Goebbels a Durán Barba
La propaganda nazi carece de objetivos concretos; se dispersa en gritos de guerra, amenazas, palabras y profecías vagas, y si es necesario hacer promesas, éstas son tan descabelladas que no pueden ser admitidas, sino cuando la exaltación ha llegado a un punto de fanatismo que hace responder sin reflexionar.
Jaime Durán Barba, consultor de imagen y asesor político ecuatoriano de Mauricio Macri, en noviembre de 2013 declaró que "¡Hitler era un tipo espectacular! ¡Era muy importante en el mundo!". Descontamos que esa admiración no es por las atrocidades cometidas por la dictadura nazi, el antisemitismo que llevó al holocausto o el culto a la violencia que provocó la Segunda Guerra Mundial, sino por sus aporte a la propaganda.

Es así que el esquema macrista funciona gracias al doble principio que enuncia la propaganda nazi: a) la gente cree más rápido una gran mentira que una pequeña, b) una mentira repetida insistentemente acaba siendo creída.

Durán Barba le hizo decir a Macri, entre otras promesas de campaña: "Yo no he hablado nunca de ajustar", "El dólar no va a estar a más de 15 pesos", "Creemos que hay que desarrollar la economía", "Nuestra prioridad es la Pobreza Cero", "Vamos a crear dos millones de puestos de trabajo", "Ningún trabajador pagará impuesto a las ganancias" y "Vamos a dar un millón de créditos a 30 años".
 
Todas mentiras que en ningún momento pensaron cumplir y que siguen repitiendo hasta el cansancio y hasta que ellos mismos, ingenuamente, acaban creyendo.
 
La falsedad macrista no es algo que requiera más pruebas de las que están a la vista, sólo que hay muchos que las pasan por alto, sea por fanatismo ideológico, por interés de clase o por cooptación. En relación con el engaño, por ejemplo, se expone el brutal endeudamiento como un supuesto logro: "El mundo confía en nosotros". Un favor a los actuales funcionarios, pero en desmedro de los futuros gobiernos y de las generaciones venideras.
 
Una de las últimas muletillas del gobierno macrista es repetir y repetir "nosotros siempre decimos la verdad". Después de haber mentido en casi todo durante la campaña y convencido a más de un incauto con que no perderían nada de lo que tenían, asumen que está todo mal. Y encima hay que agradecerles la "valentía" de decirlo.

La habilidad dialéctica de argumentar lo imposible es apreciada por el macrismoDurán Barba utilizó las técnicas de manipulación goebbeliana a todo nivel en la estrategia comunicacional de Cambiemos y toda su parafernalia mediática y orquestada, que evita el razonamiento o la prueba y convoca a la reacción emotiva, fanática o prejuiciosa.

Acerca de la propaganda política
 
La propaganda es una forma de comunicación que tiene como objetivo influir en la actitud de una sociedad respecto a alguna causa o posición, presentando solamente un lado o aspecto de un argumento.
 
De modo opuesto al periodismo imparcial, la propaganda presenta información sesgada para influir en una audiencia. Con frecuencia exhibe hechos de manera selectiva y omite otros deliberadamente para sustentar una conclusión, o usa mensajes controlados para producir una respuesta emocional, más bien que racional, respecto de la información presentada.
 
La palabra propaganda tiene su origen en la institución de la Iglesia Católica dedicada a la expansión y diseminación de la fe, la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe (Sacra Congregatio de Propaganda Fide), fundada en 1622 por el papa Gregorio XV.
 
La propaganda de tipo publicitario, de las cuales el caso típico es la campaña electoral, destaca ciertas ideas y ciertos candidatos con procedimientos bien delimitados; son expresión normal de la actividad política.
 
La fusión de la ideología con la política da otro tipo de propaganda, de tendencia totalizadora, no se trata de una actividad parcial y pasajera, sino de la expresión misma de una política en campaña permanente, como voluntad de conversión y de conquista de seguidores.
 
Este vínculo de la ideología con la política  fue adoptado y perfeccionado por el leninismo. Es una forma de propaganda ligada con la introducción de las ideologías políticas transformadoras en la historia, como jacobinismo, liberalismo, marxismo, fascismo... Las propagandas actuales abrevan mucho en esas fuentes.
 
 
Propaganda leninista
 
El marxismo se caracteriza por su poder de difusión; es una filosofía capaz de propagarse en las masas populares porque se basa en una dialéctica que puede reducirse a formas extremadamente simples sin deformaciones sustanciales.
 
Es cierto que el marxismo no habría tenido tan amplia y rápida expansión si Leninno lo hubiese transcripto en un método práctico de acción política.
 
La propaganda de tipo bolchevique puede reducirse a dos cuestiones esenciales: la revelación política (o denuncia) y la voz de orden. Las "revelaciones" tienden a esclarecer, tras los apariencias con que las clases dominantes envuelven sus intereses egoístas, la verdadera naturaleza de sus apetitos y el fundamento real de su poder, y a dar al pueblo una "representación clara" de ello.
 
La "voz de orden" lleva al aspecto combativo y constructivo de la propaganda. Es la representación verbal de una fase de la táctica revolucionaria. Verdadero concepto motor, expresa tan clara, breve y eufóricamente como le es posible, el objetivo más importante del momento ("Todo el poder a los soviets", "Tierra y Paz", "Pan, Paz, Libertad", "Por un gobierno de amplia unión democrática", etc.)
 
 
Propaganda hitleriana
 
El aporte de Joseph Goebbels Adolf Hitler a la propaganda moderna es enorme. No la inventaron, pero la transformaron. No nos atrevemos a decir que la perfeccionaron porque todos conocen cómo acabó esa experiencia funesta.
 
Sin embargo, una gran parte de la técnica y de los procedimientos que fueron innovaciones del nazismo en materia de propaganda, subsisten al margen del clima de delirio y de odio en que prosperaron. Y hasta hoy siguen teniendo influencia en la comunicación masiva.
 
Media un abismo entre las concepciones leninista e hitlerista de la propaganda. En la perspectiva leninista la propaganda es la traducción de la táctica, pero las metas que propone, a pesar de ser fines tácticos, son realmente perseguidas. Cuando Lenin dice "Tierra y Paz", lo hace porque se trata realmente de distribuir la tierra y de firmar la paz.
 
Pero cuando Goebbels, después de haber predicado un racismo anticristiano, proclama que el pueblo alemán hace la guerra "en defensa de la civilización cristiana", demuestra que esta afirmación no tiene para él ninguna realidad concreta; es solo una declaración  oportunista destinada a manipular.
 
Una cosa es interpretar, opinar, controvertir, imaginar, suponer y soñar con o sobre lo que pasa, pasó o queremos que pase; otra cosa es mentir a sabiendas que algo es falso, un engaño intencionado y consciente. Por ejemplo cuando Macri prometió "pobreza cero". O cuando afirman que "la inflación está bajando" y hasta el propio INDEC informa que está subiendo.
 
El hitlerismo corrompió la concepción leninista de la propaganda. Hizo de ella un arma en sí, de la que se sirvió indiferentemente para todos sus fines. Las voces de orden leninistas tienen una base racional, aun cuando, en definitiva, se relacionen con los instintos y los mitos fundamentales.
 
La propaganda nazi carece de objetivos concretos; se dispersa en gritos de guerra, amenazas, palabras y profecías vagas, y si es necesario hacer promesas, éstas son tan descabelladas que no pueden ser admitidas, sino cuando la exaltación ha llegado a un punto de fanatismo que hace responder sin reflexionar.
 
A partir del nazismo la propaganda deja de estar ligada a una progresión táctica para convertirse en una táctica en sí, un arte particular con sus leyes propias, en la que se emplea todo aquello que tenga valor de confrontación, y en la que, finalmente, con tal que la palabra cause efecto, la idea ya no cuenta.

Goebbels, aquel ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich de 1933 a 1945, creó todo una serie de principios que sirven para manipular la sociedad. Estos principios son; de simplificación y del enemigo únicodel método de contagiode la transposiciónde la exageración y desfiguraciónde la vulgarizaciónde orquestaciónde renovaciónde la verosimilitudde la silenciación,  de la transfusión y de la unanimidad.
 
Están desarrollados y explicados en un librito de poco más de 100 páginas, pequeño pero muy importante, titulado "La Propaganda Política" de Jean-Marie Domenach. (EUDEBA. Editorial Universitaria de Buenos Aires) escrito en 1950.
 
Una vez en el Gobierno y con las manos libres para monopolizar el aparato mediático, Goebbels orquestó ese sistema de consignas para ser transmitido mediante un poder centralizado en el cine, la radio, el teatro, la literatura y la prensa.
 
 
Las técnicas de propaganda nazi que aplica el macrismo son:
 
 
1) Principio de simplificación y del enemigo único
 
Elegir adversario en un único enemigo: Cristina Fernández. Esa lógica del enemigo es la que marca el funcionamiento político argentino desde hace años, con los resultados de enfrentamientos a todo nivel que están a la vista.
 
Concentrar en una sola persona el odio que se siente por el campo adversario es la forma de simplificación más elemental y más beneficiosa. Y es uno de los principios cardinales de la propaganda nazi.
 
Cuando se convence a los propios que su enemigo no es el peronismo, sino la líder, se matan dos pájaros de un tiro: por una parte se tranquiliza a los propios partidarios, seguros de tener enfrente no una masa resuelta como ellos, sino una multitud engañada conducida por un mal dirigente al que abandonarán cuando se abran sus ojos; por otra parte se puede esperar que se divida el campo contrario y se desprendan algunos elementos, que constituirán la "pata  peronista" del macrismo.
 
Aunque la intención principal de Macri es la desaparición del peronismo de la escena política argentina, no ataca el PJ en su conjunto sino que se concentra en Cristina. Reducir la lucha política a una rivalidad entre personas, es sustituir el difícil enfrentamiento de intereses, el complejo mecanismo de discusión, por una suerte de juego del cual los pueblos anglosajones aman el aspecto deportivo, y los pueblos latinos el lado dramático y pasional.
 
Y frente a ese enemigo, lo que supuestamente define a los macristas es: consenso, transparencia del INDEC, inflación cero. Además, adoptan un slogan simple : "cambiemos", "sí, se puede", "pobreza cero". Este principio lo que determina es: "No compliquemos los discursos: simples para definirnos a nosotros (transparentes) y palabras sencillas para definir a un único enemigo: Cristina = corrupción". 
 
 
2) Principio del método del contagio
 
Otro principio de la propaganda nazi, que el macrismo aplica, es reunir todos los adversarios en una sola categoría, una suma individualizada: "populismo". Cuestionan así todas las medidas que adoptó el peronismo en favor de los sectores más postergados de la sociedad. ¿Qué se consigue con esto? Simplificar el mensaje. No hay que dar más explicaciones: se identifica a todos con el mismo nombre y por lo tanto se les combate a todos por igual.
 
Resulta absolutamente coherente que el gobierno de Macri despliegue una demonización sistemática -a través de sus diarios, de sus radios, de sus canales de televisión, de sus intelectuales orgánicos- de las políticas "populistas" solo por el único motivo que defienden los intereses de los sectores populares.
 
Lo incoherente es que, a la par de representar y defender obscenamente los intereses de los sectores más privilegiados, generando más pobreza, despliegan políticas asistencialistas en la perspectiva de la mera contención y control social. Para que no se vengan en manifestación al centro.
 
 
3) Principio de la Transposición
 
Se carga sobre el adversario los propios errores o defectos. Con descaro, disfrazan el discurso, adjudicándole todos los males, que ellos mismos generaron, al "populismo" de los proyectos nacionales y populares.
 
La estrategia del macrismo es responsabilizar a otros por sus problemas, ya sea la crisis internacional que no supieron prevenir, el clima que arruinó las cosechas o la consabida "pesada herencia". La usaron desde el principio y a esta altura solamente el núcleo duro más gorila lo asume.
 
Días pasados, Macri sostuvo que la actual senadora Cristina Fernández "no está bien, es una persona que no ve la realidad, es una persona que le echa la culpa a los demás de las cosas que ella hizo". Justamente las críticas que todos le realizan a él.
 
Si no pueden negar una mala noticia -hundimiento del ARA San Juan- se inventan otras que distraigan, como proponer la discusión sobre el aborto con iniciativa propia en el Congreso generando debate y movilización nacional con pañuelos verdes y celestes.
 
 
4) Principio de la exageración
 
Se convierte cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. Si no "cambiamos", "por una Argentina abierta al mundo", "nuestro destino era Venezuela", "por eso abrimos las importaciones", "el FMI nos presta porque confía en nosotros".
 
"Se robaron un PBI", es la exageración que más frecuentemente utilizan quienes quieren embarrar la discusión. El origen de la cifra (para que van a andar pijoteando) fue el valijero arrepentido Leonardo Fariña, que pronto se convirtió en propaganda, bandera y remera del macrismo.
 
Como dijo Roger Bacon en su obra latina "De la dignidad y el desarrollo de la ciencia" hablando de la "jactancia": "Como suele decirse de la calumnia: calumnien con audacia, siempre algo queda".
 
Por otra parte, la abundante publicidad oficial exagera la obra pública como si nunca un gobierno hubiera concretado tantas inversiones. Es una burla a la inteligencia de los ciudadanos que padecen carencias y deterioro en su calidad de vida.
 
Todo, para ocultar un riesgo país mayor de 700 puntos, tasas de interés usurarias, miles de millones en timba financiera con fuga de capitales, endeudamiento superior a la dictadura, millones de desocupados, cierre de pymes, asalto por más de $160.000 millones al fondo de los jubilados, etc.
 
 
5) Principio de la vulgarización
 
La propaganda debe adaptar su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Nazis y macristas consideran que la capacidad de gente es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
 
Por eso, y pese a su dislexia, Macri repite incansablemente la cantinela de siempre: "el futuro", "lo peor ya pasó", "todos juntos, podemos". Una frase atribuida a Goebbels sostiene: "Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad".
 
En la fórmula "repetir una mentira" el acento no está puesto en "mentira" sino en "repetir". Goebbels, como ministro de la propaganda nazi, fue sin duda un mentiroso a repetición.
 
"A la gente no hay que darle una explicación compleja, tiene que ser algo muy sencillo, muy vulgar": por ejemplo "la culpa es de los últimos 70 años", "hambre cero", "narcotráfico cero", "unir al país". Una afirmación que resulte simple por encerrar una verdad muy evidente. Una perogrullada.
 
Tiene que ser algo directo, que no haya que pensar, para que el ciudadano menos informado y con menos capacidad de análisis sea capaz de repetirlo. Porque lo fundamental en la propaganda es la repetición.
 
 
6) Principio de orquestación
 
Goebbels decía: "La Iglesia católica se mantiene porque repite lo mismo desde hace dos mil años". La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente. La gente solo recordará las ideas más simples cuando le sean repetidas centenares de veces. Por ejemplo: "Cambio".
 
La oposición se empeña en cuestionar al gobierno con los datos desastrosos de la economía. Pero el gobierno rebota esa acusación y repite infatigablemente que "todo es culpa del gobierno anterior". No tiene argumentos ni pruebas para decirlo, ni le interesa hacerlo.
 
 
7) Principio de renovación
 
Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos, donde nada se explica y todo se reduce a reacciones emotivas prejuiciosas, pero a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, la gente esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario no deben contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
 
Fogonear con la causa de los cuadernos, que todos estén ocupados con cacerolazos y tarifazos, pero no reparen en el sobreseimiento de  Gianfranco Macri por las coimas de los peajes. Ya no sirve el asesinato de Nisman, ni los cuadros de Cristina. Fabricar  periodismo patrullero, femicidios, abusos dartesianos...
 
Este encadenamiento permanente es el que renueva el discurso.
 
 
8) Principio de verosimilitud
 
Para eso se crea la cadena de periodistas del auto bombo, distintos entrevistados para aparecer como de diversas fuentes un mismo tema con los mismos diagnósticos parcialmente veraces. Más eficaz que una mentira es una verdad a medias: esta tiene un mínimo de "credibilidad". Así se inicia un proceso circular donde las fuentes coinciden.
 
Por ejemplo, en el programa "Intratables" ponen veinte panelistas ultra macristas y uno o dos que no lo son. Y arman una discusión bastante despareja, dando la sensación que la mayoría de la gente defiende las políticas macristas.
 
 
9) Principio de silenciación
 
Acallar las cuestiones negativas sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, con la ayuda de medios de comunicación afines. Por ejemplo: no decir nada sobre Macri, Caputo, Niembro, Abad, Aranguren cuando están imputados en distintas causas penales.
 
Ocultar la letra chica del pacto con el FMI, o las transacciones con Inglaterra respecto a vuelos, ocultar Twitter del embajador en Inglaterra reconociendo altas autoridades inglesas en Malvinas y no decir nada sobre las denuncias contra el fiscal Carlos Stornelli.
 
 
10) Principio de la transfusión 
 
Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente. En el caso argentino, la aporofobia, el miedo y rechazo hacia la pobreza y hacia las personas pobres. Y los prejuicios conservadores: "trabajo sobra, lo que pasa es que aquí nadie quiere laburar". Toda la culpa es de los peronistas (son pobres, negros, vagos, villeros, choriplaneros, etc.).
 
 
11) Principio de la unanimidad
 
La mayoría de las personas desean armonizar con sus semejantes; de lo que se infiere que una gran cantidad de opiniones públicas son, en realidad, una adición de conformismos, mantenidos porque creen que su opinión es también unánimemente sostenida por quienes lo rodean.
 
La tarea de la propaganda será la de reforzar esa unanimidad o crearla artificialmente. Convencer a muchas personas que piensan "como todo el mundo", creando impresión de unanimidad. "Sí se puede". "Todos queremos un cambio".Para eso están las encuestadoras que son formadoras de opinión. Si la mayoría de las encuestas ven las cosas así, será así la realidad.
 
 
Conclusión
 
Cambiemos tiene un discurso irracional de raíz emotiva que primitiviza a la política y que tiende a cambiar la lógica sobre la que se asienta el discurso político. Este se vuelve ilusión y marketing sustentado en un "relato" sin base razonable. Ganó las elecciones con un discurso que es mucho más penetrante que los datos duros y concretos de la realidad.
 
Demostró que sabe ganar elecciones, pero no demostró aun que sabe gobernar. Hoy, aplicando los principios hitlerianos, Cambiemos solo cuenta con el apoyo firme del "voto duro", el macrismo irredento y gorila, que abarca a gente de clase alta y los sectores medios que prefieren no llegar a fin de mes antes que soportar al peronismo en el gobierno.
 
También a los contados privilegiados del modelo, banqueros, agroexportadores, mineras, o a pobladores de ciudades, pequeñas en especial, en la que las caídas del nivel de vida resultan menos extremas que en las grandes urbes.
 
La mentira no sólo es inmoral sino que además es un factor de retroceso político. "Yo soy un técnico. No me planteo lo moral o lo inmoral", confesó Durán Barbaante el periodista Luis Novaresio en 2018. Nullam quod sit confessio Domini. O sea, a confesión de parte, relevo de pruebas. El problema del que miente sistemáticamente es que, finalmente, dejan de creerle.
 
La Opinión Popular
 
Fuente: "La Propaganda Política" de Jean-Marie Domenach. (EUDEBA. Editorial Universitaria de Buenos Aires) 1950.

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