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“Han venido a saquear al país, y lo saquearon: deuda externa eterna, fuga de capitales, condonación de deudas privadas, bicicleta financiera y un plan de Macri con el FMI que es irrealizable”. “Pino” Solanas
Por Jorge Cicuttin - 19-10-2018 / 12:10

Tiempos de aporofobia: la aversión a los pobres

Tiempos de aporofobia: la aversión a los pobres
Aporofobia es un término que describe una actitud que no es nueva en la sociedad, pero que viene creciendo peligrosamente: la aversión a los pobres. Sus raíces vienen de la Europa medieval.
No son pocos los argentinos que se quejan por la ayuda social y los subsidios a los ciudadanos de bajos recursos. Ni que hablar de las quejas por los inmigrantes que usan los hospitales y la educación pública. "La Argentina es un colador. Cualquiera del Paraguay, de Bolivia, del Perú, entra como Pancho por su casa y se instala en algún lugar del país", se le ha escuchado decir a algún funcionario.
 
Como en Europa, al inmigrante no se lo mide por su lugar de procedencia sino por el tamaño de su bolsillo. Aunque, por supuesto, no se cansan de extrañar las oleadas migratorias europeas de posguerra, contraponiéndolas a los pobres que llegan de Bolivia y Paraguay.
 
Es que la Argentina no es ajena al problema de la migración, es un fenómeno mundial. En casi todas las sociedades hay reacción contra los migrantes, el temor al extranjero que es un intruso, un desconocido. Como dice Adela Cortina, la realidad muestra que no se trata simplemente de xenofobia, sino más bien de aporofobia. El migrante es un extraño que es pobre y trae consigo las desventajas de la pobreza.
 
El rechazo es tanto hacia el pobre "importado" como al propio. Todos entran en el estereotipo del miserable. "La Asignación Universal por Hijo se está yendo por la canaleta de la droga y el juego", sentenció Ernesto Sanz, por entonces presidente de la UCR, el 15 de mayo 2010.
 
Pero este rechazo incuba otros peligros. La indiferencia hacia el pobre que duerme en la calle se torna en temor hacia el pobre que "toma" la calle. Esto puede llevar a situaciones de violencia en lo cotidiano. Un gran peligro para la convivencia social.
 
La aporofobia extendida significa un quiebre en los vínculos comunitarios básicos. Cuando un grupo social se considera descartable para la sociedad capitalista, la violencia se manifiesta de diferentes formatos. El rechazo al pobre genera un discurso de odio. Son los "vagos", los "cabecitas", los delincuentes, los sospechosos de siempre. La "aporofobia" se ha convertido en un nuevo mal social.

 
"La miseria apareció en los aledaños de las ciudades. De súbito. Como algo intolerable. Fue consecuencia de la migración de la gente del campo a los centros urbanos. Y en esos suburbios donde llegaban los desarraigados quedó destruida la solidaridad que existía en las pequeñas comunidades. No había trabajo para todo el mundo, los recién llegados lograban que algunos días los contrataran en la gran plaza cuando hacía falta mano de obra o alguien que ayudara a descargar. Si no, la miseria. Y después la vejez, la enfermedad. El pueblo vivía temiendo, continuamente, el mañana."
 
Esta descripción podría corresponder a la realidad del Conurbano bonaerense o del Gran Rosario, a los suburbios de Barcelona o de San Pablo. Pero quien narra esta situación no lo hace observando el siglo XX o XXI. No. Quien cuenta esto es el gran historiador francés Georges Duby, al describir lo que ocurría en el año 1100, plena Edad Media, en centros urbanos crecientes como París o Toulouse.
 
Ya en el siglo XII se experimentaba ese rechazo, ese miedo, a la miseria. Es decir a ese miserable que escapaba a las hambrunas y se instalaba en los suburbios de las ciudades medievales haciendo evidente y peligrosamente cercana-, la pobreza extrema y sus consecuencias.
 
El temor a la pobreza no es algo nuevo. Pero en los últimos años algunos sociólogos y psicólogos registran un peligroso ascenso. A tal punto que se creó una palabra para describir este sentimiento: "Aporofobia". Así se da nombre al miedo, rechazo o aversión a los pobres.
 
Aporofobia fue elegida palabra del año 2017 por la Fundación del Español Urgente, por ser un término muy presente en la actualidad informativa. Esta misma fundación había elegido las palabras "escrache" en 2013, "selfi" en 2014, "refugiado" en 2015 y "populismo" en 2016. ¿Pero cómo y por qué se creó el término aporofobia?.
 
 
Una realidad innegable
 
El término "aporofobia" fue creado por la filósofa española Adela Cortina, quien entendió el rechazo a los inmigrantes o refugiados que gana fuerza en Europa, y que se suele llamar "xenofobia" o "racismo", es en verdad una aversión al pobre y no por su condición de extranjero. Cortina utilizó el término griego "áporos" pobre, sin recursos- para construir el neologismo "aporofobia".
 
En su libro "Aporofobia, el rechazo al pobre"-Editorial Paidós, 2017-, "no repugnan los orientales capaces de comprar equipos de fútbol o de traer lo que en algún tiempo se llamaban petrodólares, ni los futbolistas de cualquier etnia o raza que cobran cantidades millonarias pero son decisivos a la hora de ganar competiciones. Por el contrario, lo cierto es que las puertas se cierran ante los refugiados políticos, ante los inmigrantes pobres, que no tienen que perder más que sus cadenas.
 
(...) Las puertas de la conciencia se cierran ante los mendigos sin hogar, condenados mundialmente a la invisibilidad. El problema no es entonces de raza, de etnia ni tampoco de extranjería. El problema es de pobreza", señala.
 
Para esta filósofa española, "es necesario buscar palabras que nos ayuden a definir realidades sociales innegables y cotidianas como el miedo, el rechazo o la aversión a los pobres. Solo así, dando nombre a esa realidad, podremos hacerla presente en el debate social, conocer sus causas, enfrentarnos a ella, buscar soluciones."
 
El problema de las oleadas de inmigrantes que llegan del norte africano, de los países empobrecidos del Este e incluso de Sudamérica, es hoy central en Europa. Incluso es una de las razones del crecimiento de los partidos políticos de extrema derecha en la región. Para Cortina, pensar en la aporofobia como ideología permite poner en discusión en la agenda pública a las invisibilidades de los grandes medios: los pobres.
 
Los delitos de odio se están volviendo más comunes. Una última encuesta en España muestra que el 47% de quienes viven en situación de calle han sido víctimas de agresiones, algunas llegando incluso a la muerte.
 
En un escenario mundial de recesión económica, se está exacerbando el miedo a la pobreza. Ocurre que el pobre, tanto el que viene "de afuera" como el propio, se convierte en un espejo en el que vemos nuestra vulnerabilidad, en el que se ve un empleado con un trabajo estable pero que puede quedarse de repente en la calle sin medios de subsistencia. Vivimos en un mundo en el que la brecha de la desigualdad social se ensancha.
 
 
1.800 millones
 
Hablemos de pobreza, hablemos de números. Cerca de un cuarto de la población mundial vive en la pobreza. Estamos hablando de unos 1.800 millones de personas. En la Argentina, los últimos datos hablan de casi 12 millones de pobres, y la cifra va en aumento. Y un dato más cruel que habla de un futuro difícil, el 41 por ciento de los menores de 0 a 14 años-, viven en la pobreza.
 
Este último dato se refleja a nivel mundial. La mitad de las personas que viven en la pobreza son menores de 18 años según el nuevo Índice Mundial de Pobreza Multidimensional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), un informe que mira más allá de los ingresos de las personas, para medir su acceso a la salud, la educación y una calidad de vida decente.
 
"Esto nos tendría que alarmar mucho. Es una generación completa, cientos de millones de personas, de vidas y caminos vitales atrapados en la pobreza", alertó Achim Steiner, el jefe de la agencia, durante la presentación del índice.
 
De acuerdo con el Banco Mundial, en el año 2016 el 10% de los trabajadores de todo el mundo vivían con sus familias con menos de 1,90 dólares diarios por persona. La mayoría de las personas que viven por debajo del umbral de pobreza viven en dos regiones: Asia meridional y África subsahariana.
 
Un último informe del Banco Mundial junto con la Organización Mundial de la Salud-, advierte que al menos la mitad de la población mundial está privada de servicios de salud esenciales. Este problema se da incluso en regiones más prósperas como Asia oriental, América Latina o Europa, donde cada vez más personas dedican al menos un 10% del presupuesto familiar a gastos de salud que pagan de su propio bolsillo.
 
 
Un antiguo miedo
 
Georges Duby es uno de los más reconocidos historiadores europeos. Director, junto a Philippe Aries, de los imprescindibles diez tomos de la "Historia de la vida privada", Duby es un gran conocedor de la Europa medieval. Y en su obra "Año 1000, año 2000. La huella de nuestros miedos", rastrea, entre otros temores permanentes de los hombres, el "miedo a la miseria".
 
Así Duby describe y compara estos tiempos: "Con un nudo en el vientre por temor a errar, por temor al hambre y al futuro, así vive el hombre del año mil, mal nutrido, penando para extraer del suelo el pan con herramientas irrisorias. En este mundo duro, de indigencia, la fraternidad y la solidaridad aseguran empero la supervivencia y una redistribución de la escasa riqueza. Compartida, la pobreza es la suerte común. No condena, como hoy, a la soledad del que carece de domicilio estable y se encoge en una estación de metro o es olvidado en una callejuela. La verdadera miseria aparece más tarde, en el siglo XII, brutalmente, en los suburbios de ciudades donde amontonan los desarraigados. Llegados desde el campo para aprovechar el poderoso crecimiento que trastorna la Edad Media, encuentran cerrada la puerta. De esta angustia nace un nuevo cristianismo, el de Francisco de Asís, antepasado de los sacerdotes obreros y del abate Pierre".
 
El miedo a la pobreza ya se sentía en el medioevo, pero existía una mayor solidaridad. "Se era muy pobre, pero junto con los demás", dice el historiador. Hoy, a la pobreza se suma el terrible sentimiento de soledad y rechazo.
 
Duby reconoce que ya existía ese rechazo al miserable y al migrante, pero éste aumentó en el siglo XIV. Describe: "La Guerra de los Cien años hizo que la gente de los campos devastados, atormentada por los militares, afluyera a las ciudades. Los ricos tuvieron miedo de los pobres. Eran demasiado numerosos, inquietantes. Se sobrepasó el umbral de la tolerancia de la miseria. En ese momento se produce el efecto del rechazo".
 
Cambiemos la guerra de los Cien Años por la de Medio Oriente, las ciudades medievales por los hoy ricos países europeos, y tenemos una postal de la actualidad.
 
 
La meritocracia
 
"Hay varias ideologías que llevan a despreciar a los pobres. Algunas de ellas vinculadas a la derecha política, por ejemplo, se basan en la idea de meritocracia para partir de la presuposición de que ser pobre o no es fundamentalmente una cuestión de actitud personal y de fuerza de voluntad", explica a un medio español el psicólogo Arturo Torres.
 
La idea de que quien pobre lo es por decisión propia o falta de esfuerzo, es uno de los pilares ideológicos de los "aporofóbicos". Desprecian la idea de que las más fuertes razones de la pobreza escapa al control del individuo, como la economía familiar, el país o hasta el barrio de nacimiento, la salud de los padres e incluso la educación que han tenido éstos.
 
Siempre desde la mirada del psicoanálisis, Arturo Torres señala que "también es posible que la aporofobia esté causada por la falta de contacto directo con personas pobres, lo cual hace que la visión que se tiene de ellas se base en los prejuicios, los estereotipos e incluso una criminalización que reproducen algunos agentes políticos o medios de comunicación".
 
En ese sentido, una forma de combatir esta discriminación es difundir una visión de la pobreza anti-esencialista, es decir que no la vincule "la esencia" de las personas sino al modo en el que por varias circunstancias deben vivir.
 
 
¿Y por casa?
 
Apenas una semana atrás, aquí cerca, en Brasil, ganó las elecciones un candidato a presidente que ha dicho públicamente que "los negros no hacen nada, creo que ni como reproductores sirven más". También se opone a la entrega de tierras a los indígenas. "Indios hediondos, no educados y no hablantes de nuestra lengua", los calificó.
 
Obtuvo el 46% de los votos en primera vuelta y todo hace suponer que triunfará en la segunda. Jair Bolsonaro se ganó los calificativos de xenófobo, misógino, racista y le podría sumar el de aporofóbico. Así será el próximo presidente de Brasil.
 
Fuente: BAE Negocios
 

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