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“Yo suscribo la teoría de Julio Bárbaro: el kirchnerismo y el menemismo son enfermedades del peronismo y ya nos vamos a curar". Carlos Verna, gobernador de La Pampa
Nacionales - 01-07-2010 / 08:07
EL 1º DE JULIO DE 1973 FALLECE GUSTAVO REARTE, PRIMER JEFE DE LA JUVENTUD PERONISTA

Gustavo Rearte, fundador y líder de la JP, héroe de la Resistencia Peronista

Gustavo Rearte, fundador y líder de la JP, héroe de la Resistencia Peronista
Gustavo Rearte adquiere, en esta época que nos toca vivir, una dimensión invalorable, ya que él era, no sólo un brillante pensador y luchador, sino mucho más que eso: era el testimonio de un compromiso inclaudicable con la causa popular.
La Resistencia salvó al Peronismo, lo proyectó como movimiento histórico, no sólo fuerte en el poder, sino aguerrido en la adversidad. Ejemplo de esa militancia, Gustavo Adolfo "Coco" Rearte fue un dirigente juvenil, político y sindical, una de las figuras más destacadas del peronismo combativo y revolucionario.
 
Rearte simbolizaba en su persona el nuevo peronismo surgido a partir de 1955, un peronismo de lucha, de la defensa popular de las conquistas logradas durante los diez años de gobierno, un peronismo que se construía desde el combate y el enfrentamiento contra la patronal, las fuerzas represi­vas y la burocracia sindical.
 
Rearte fue co-fundador de la Juventud Peronista en 1957 y además integrante de su primera Mesa Ejecutiva. Fue uno de los jóvenes trabajadores peronistas que integraron los numerosos grupos de la Resistencia, formando parte del célebre Comando Juan José Valle.
 
La lucha por el retorno de Perón y contra el régimen dictatorial lo lleva a encontrarse y organizarse con otros militantes peronistas, como Carlos Caride, Jorge Rulli, Envar El Kadri, Susana Valle, Felipe Vallese, etc.
 
Además, Rearte, por haber sido él mismo dirigente obrero, sería parte de la articulación de una nueva dirección sindical combativa y revolucionaria que impulsará el Cordobazo lo que permitiría concretar la vuelta de Perón a la Patria y del peronismo al gobierno en 1973, quebrando los planes de la Libertadora.
 
Gustavo Rearte murió, el 1º de julio de 1973, víctima del cáncer.
 
Escribe: Blas García

Golpe gorila y represión militar
 
El 16 de septiembre de 1955 se produce el golpe contra el gobierno constitucional de Juan Perón. Los jefes militares del levantamiento, autodenominado la "Revolución Libertadora" asumen el mando.
 
Se agudiza la represión, llevándose a la práctica decretos como el 4.161, que prohíbe toda actividad peronista y se castiga con la cárcel nombrar a Perón y a Eva Perón, tener sus retratos o símbolos, cantar la marcha peronista, etc. Se intenta destruir los sindicatos, interviniendo la CGT, se asaltan los locales partidarios y se encarcela a los dirigentes más representativos. También se proscribe electoralmente al peronismo y se secuestran los restos mortales de Eva Perón.
 
 
Epopeya de la resistencia
 
El 22 de Febrero de 1956 estalla un polvorín militar en el Gran Buenos Aires, cerca de la Av. General Paz, y se suceden diferentes atentados: comienza a hablarse de la Resistencia Peronista, una sorda rebeldía inorgánica, asentada en la clase trabajadora, con tres polos de desarrollo: la fábrica, el barrio y los militares peronistas.
 
La exclusión política del peronismo, produjo un proceso de resistencia que cambiará el perfil del justicialismo. A partir de 1955 el peronismo aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema económico, social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor apartado.
 
Podemos decir que la Resistencia salvó al Peronismo, lo proyectó como movimiento histórico, no sólo fuerte en el poder, sino fuerte también en la adversidad.
 
El espectro político peronista se tornó muy amplio y variado. El activismo peronista opositor realizó sus intentos por la vía del levantamiento cívico-militar, acciones de resistencia por métodos encubiertos, "trabajo a tristeza", sabotajes, colocación de explosivos, paros gremiales, atentados, ataques con bombas "Molotov", etc.
 
Eran las épocas en que John William Cooke es nombrado Delegado Personal del general Perón para encabezar la resistencia y se levantan los programas obreros revolucionarios de La Falda (1957) Huerta Grande (1962) y el Programa del 1° de Mayo de 1968 de la CGT de los Argentinos.
 
 
Dirigente obrero
 
Rearte inició la militancia sindical antes de 1955, primero como metalúrgico y luego en la empresa Jabón Federal. En la época del régimen gorila, participa en las luchas obreras y en la recuperación del gremio.
 
Fue delegado, delegado general, y en 1957 Secretario general del gremio de Jaboneros y Perfumistas de la Capital Federal y gran Buenos Aires. Ese año, tiene una activa participación en el nacimiento de las 62 Organizaciones, que lanzan junto a la CGT Auténtica el famoso programa revolucionario de La Falda.
 
Rearte integra junto a Sebastián Borro, Avelino Fernández, Andrés Framini y otros dirigentes, el núcleo que permitió al peronismo recuperar la dirección del movimiento sindical luego de la Libertadora.
 
 
Jefe de la Juventud Peronista
  
El golpe que destituye a Perón produce un desbande de las fuerzas peronistas y el desmantelamiento de las estructuras del P.J. y el reemplazo de los ex funcionarios peronistas que estaban presos, perseguidos o que se "borraron" en 1955.
 
El posterior y relativamente veloz reagrupamiento, permite el surgimiento de una nueva y combativa legión de dirigentes, fundamentalmente obreros, y una fresca generación de jóvenes militantes dispuestos a dar la lucha contra el gobierno gorila y oligárquico.
 
Es la primera oleada de la J.P., muchachos de quince o dieciséis años que emergen para forjar la Juventud Peronista, asumiendo una conducta donde unían un sentido ético de lo social a un sentimiento heroico de la vida.
 
De esa oleada de resistencia surgen dirigentes juveniles de la talla de  Gustavo Rearte, Envar El Kadri, Susana Valle (hija del General fusilado), Carlos Caride, Jorge Rulli, Dardo Cabo, Héctor Spina, los Lisazo, Felipe Vallese, y otros hombres y mujeres del pueblo, que guardaban, para nosotros, militantes de la segunda ola de la J.P., la de los ´70, a la cual pertenecí, el aura novelesca de los fundadores y el prestigio de sus valientes conductas.
 
En noviembre de 1957, distintos grupos de jóvenes peronistas convergen en una Mesa Ejecutiva del Movimiento de la Juventud Peronista. Ahí están Rearte, El Kadri, Spina, Rulli, Brito Lima y algunos militantes universitarios, entre otros.
 
Con ellos se inicia la saga formidable por el retorno de Perón, truncada en Brasil  en 1964, y que nosotros retomamos, siguiendo su ejemplo, y culminamos, en 1972, con el "Luche y Vuelve", por ese viejo General, que las dos generaciones de la J.P. veneramos tanto.
 
Felipe Vallese, por ejemplo, con 22 años, fue el primer detenido-desaparecido político de la historia contemporánea argentina y tenía una intensa militancia en la Juventud Peronista.  
 
Vallese era integrante del grupo que había secundado a Gustavo Rearte en la primera operación armada urbana peronista: el copamiento del Destacamento Aeronáutico de Ciudad Evita en Ezeiza, en 1960, donde se sustrajeron armas, municiones y uniformes. Los compañeros llevaban brazaletes con la sigla EPLN (Ejército Peronista de Liberación Nacional).
 
El posterior asesinato de Vallese no hizo retroceder a la J.P., porque su ejemplo actuó como un enfervorizador de las conciencias.
 
 
Rearte, el revolucionario
 
Gustavo conoció al General en 1953, por un hecho fortuito a raíz de la designación de la empresa donde trabajaba como encargada de mantenimiento en la residencia pre­sidencial. Lo frecuentó también en distintas oportunidades cuando estaba en el exilio y Perón hablaba de él como si fuera un hijo.
 
Durante la Resistencia, la JP envía a Gustavo a Montevideo a establecer contacto con los mensajeros de Perón en el exilio y allí se reúne con John William Cooke, jefe del Comando Táctico de la Resistencia Peronista.
 
De vuelta a Buenos Aires, cuando caminaba por la calle, es interceptado por una comisión policial de Coordinación Federal. Cuando le dan la voz de alto, Gustavo desenfunda el arma y se resiste, cae herido por un proyectil que le pro­duce nueve perforaciones en los intestinos.
 
Lo llevaron al Hospital Rawson y, en plena operación, se hace presente otra comisión policial con la orden de llevarlo para ser "interrogado". Los médicos se ponen firmes y con el apoyo del sacerdote del hospital impiden su traslado.
 
En agosto en 1964 se forma el Movimiento Revolucionario Peronista (M.R.P.) Rearte integra su conducción, redacta la Declaración de Principios del movimiento y dirige activamente la Juventud Revolucionaria Peronista (J.R.P.) fundada un año antes.
 
El M.R.P. es, en la perspectiva de Perón, una estructura para poner limites al avance del sindicalismo vandorista y al "peronismo sin Perón" y para preparar las condiciones del "Operativo Retorno" a la Patria.
 
En 1965, cuando los EE.UU. invaden Santo Domingo, se organiza en el país una campaña contra el envío de tropas argentinas. Gustavo está en esa tarea y visita la República Dominicana, llevando el apoyo del peronismo a la lucha que libraba el coronel Francisco Caamaño Deno con­tra los invasores yanquis.
 
La entrevista que sostiene con el Che en Cuba, y la relación asidua que establece con John William Cooke, el Mayor Alberte (por entonces Delegado Personal de Perón) y Perón mismo en España, seguirán enriqueciendo su formación política.
 
En el invierno del 67 viaja por segunda vez a La Habana, integrando la delegación argentina que se organiza para participar en el congreso de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). La delegación estaba presidida por John William Cooke y el congreso se realiza el 31 de julio.
 
Gustavo estuvo varias veces en Cuba y mantenía una relación muy estrecha con los castristas, nunca ocultó su solidaridad y apoyó la lucha que libraba el Che en Bolivia.
 
 
Rearte y la prensa militante
 
Gustavo combinó equilibradamente teoría y praxis. Y siempre le dio gran importancia a la prensa militante para propagar y difundir las ideas peronistas. Escribió numerosos artículos, demostrando su gran capacidad teórica de análisis político, en los periódicos Compañero, Revolución, etc., y dirigió el periódico peronista EN LUCHA, a partir de los '60 que llegó a publicar más de cincuenta números.
 
Con el surgimiento de la CGT de los Argentinos en 1968, que encarnó un sindicalismo más combativo, cuyo secretario general era Raimundo Ongaro, Perón nos ordena a los integrantes de la JP, a través de su Delegado Personal el mayor Alberte, que desde Córdoba apoyemos a la misma. Yo me encontraba en Tucumán y me ordenan volver a Córdoba y viajar a la Capital Federal a entrevistarme con Ongaro.
 
Me tocó participar en el primer Comité Central Confederal (C.C.C.) de la nueva C.G.T. y después en permanentes reuniones, coordinando nuestras acciones políticas -como agrupaciones de la nueva JP- con las de la propia Central Obrera y con los grupos del ala revolucionaria del peronismo que tenia dirigentes de la vieja JP como Rearte, El Kadri o Raimundo Villaflor, de cuya experiencia mucho aprendimos en esos tiempos.
 
En 1970, Gustavo organiza el Movimiento Revolucionario 17 de Octubre (MR-17), que aspira a la formación de un partido de la clase obrera. A mediados de 1975, el MR-17se fusiona con otra organización, el Frente Revolucionario Peronista, creándose el FR17, que durante la dictadura tendrán no menos de ochenta compañeros caídos.
 
 
Rearte, un ejemplo para los peronistas
 
El peronismo era un mito, especialmente para nuestra generación que al principio de los '60 se incorporaba al combate político, y la personalidad de los líderes y dirigentes juveniles, sindicales y barriales, surgidos al calor de la Resistencia contribuía a cimentar la dimensión mítica del peronismo.
 
Aquellos compañeros eran líderes admirables, hombres de epopeya, y quizás el más grande de ellos fue Gustavo Rearte. Sus características físicas y personales contribuían a acentuar su liderazgo. Robusto, atropellador, sus posturas dejaban ver su paso por el boxeo.
 
Su coraje personal era legendario. Había recibido más de un balazo, enfrentando a la policía que lo perseguía encarnizadamente. Y su coraje político le permitió siempre mirar la verdad de frente, hablar con claridad y sinceridad, sin ambigüedad ni especulaciones en sus planteos.
 
Cuando estaba en libertad era un activista formidable implantado en la zona oeste de Buenos Aires, alrededor de ese bastión peronista que era La Matanza. Aunque, desde 1955, su ambiente más frecuente fue la cárcel, que le permitió leer y formarse política e intelectualmente.
 
Era también un orador excepcional y un hombre que irradiaba capacidad natural de mando, seguridad ideológica y una convicción peronista que había adquirido desde su infancia. También tenía intransigencia y pureza de principios que, con entusiasmo, fuerza y convicciones profundas, trasmitía y contagiaba a todos.
 
Aquellos líderes de la JP de la Resistencia estaban forjados en un irreductible desprecio a las agachadas de los logreros y trepadores que pululaban en el justicialismo. Perón, para ellos, era intocable. De Perón para abajo, todos eran iguales.
 
De su intransigencia, me queda su recuerdo en el Plenario clandestino del Peronismo Revolucionario, realizado en una quinta en las inmediaciones del aeropuerto de Pajas Blancas en Córdoba, en enero de 1969, en vísperas de la insurrección popular del Cordobazo. Presidían la Mesa, el mayor Alberte y Pancho Gaitán del M.R.P., y participaban todos los dirigentes del sindicalismo nacional combativo.
 
La Juventud Revolucionaria Peronista (J.R.P.) a través de Rearte y del compañero Jordán se opusieron enérgicamente a la participación del Comando de Organización (CdeO) de la J.P., que dirigía Alberto Brito Lima, por razones obvias.
 
Discutieron y para que las cosas no pasaran a mayores, nuestra organización, el Integralismo cordobés, que era responsable de la seguridad del Plenario, se llevó "detenidos" a una habitación, a los integrantes del CdeO hasta que terminara el congreso. Eran épocas en las que los debates, a veces, se dirimían a los tiros.
 
 
Compromiso con la causa popular
 
Gustavo Rearte murió el 1º de julio de 1973, derrumbado por un cáncer a los 41 años. Nuestra generación le tiene un gran respeto y estoy convencido que nos hubiera sido muy útil su gran experiencia en aquellos tiempos difíciles, en los que más se necesitaba de su lúcido análisis para comprender la conflictiva coyuntura política.
 
Gustavo Rearte adquiere, en esta época que nos toca vivir, una dimensión invalorable, ya que él era, no sólo un brillante pensador y luchador, sino mucho más que eso: era el testimonio de un compromiso inclaudicable con la causa popular.
 
Así deberíamos ser todos los militantes peronistas. Y cada día pelear contra nuestras debilidades y falencias para llegar a parecernos un poquito a él.
 
Rearte demuestra que si hubo una juventud maravillosa en los '70, capaz de dar todo, fue porque hubo un pueblo maravilloso y un proyecto maravilloso que lideraba Juan Perón.
 
Y hubo una relación estrecha entre esa juventud y dirigentes que no eran tan jóvenes ya, como Gustavo Rearte, pero que lograron empalmar, con la nueva juventud, la experiencia de los hombres de la resistencia, la lucha de miles de peronistas que, desde 1955 en adelante, no bajaron los brazos, no se rindieron y lograron poner en pie y defender la gesta popular del retorno del General Perón a la Patria y al Poder.
 
Escribe: Blas García

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07-02-2016 / 11:02
Toda política que se precie incluye objetivos. Los objetivos, en este caso, consisten en transitar desde un régimen populista y autoritario a otro republicano y democrático, desde una economía cerrada a una abierta, desde una ubicación internacional en las orillas y los márgenes a una inserción en el centro. La sociedad argentina votó este tipo de cambio, y Cambiemos se esforzó por expresarlo políticamente.
 
Una brecha republicana se ha abierto, una brecha con sus fortalezas y debilidades, con sus contradicciones y sus logros, con sus certezas e incertidumbres. A esa brecha habrá que ampliarla en un proceso que incluirá conflictos, tensiones, avances y retrocesos. Nunca está de más advertir que la brecha puede ampliarse, pero también cerrarse. A la política le corresponde decidir al respecto.
 
Por lo pronto, al gobierno de Mauricio Macri hay que darle tiempo, tiempo para que se consolide, termine de definir su orientación, salde sus diferencias con un pasado que lo agobia, lo acecha y le desea el peor de los destinos. Para el logro de estas metas, ser optimista o pesimista no dice mucho.
 
La política obedece a los imperativos del realismo, y si algún lugar habilita a la subjetividad, ésta se traduce con la palabra esperanza, esperanza de un país más justo y más libre; un país normal, como se ha dicho en su momento; un país con una conducción previsible que no se crea iluminada por los dioses ni pretenda eternizarse en el poder; un gobierno que respete la Constitución y, en primer lugar, respete a sus ciudadanos; un gobierno que se esfuerce por dar respuestas sensatas a los desafíos de su tiempo.
 
Un gobierno con políticos a los que, como decía Jacques Rueff, ministro de De Gaulle, "les pido que sean de derecha o de izquierda, pero que no roben".

07-02-2016 / 11:02
Hace varios meses atrás publicamos en esta misma página una nota llamada "Cristielisa", buscando explicar de qué se trataba esa criatura metafórica compuesta por los dos políticos más pasionales de la Argentina de esos días: Cristina Fernández y Elisa Carrió. Pese a ser opuestas en casi todo, era formidable verificar también las similitudes de personalidad entre ambas.
 
Hoy podría construirse otra criatura metafórica, pero esta vez no compuesta por dos opuestos sino por una que está apoyando a otro. Algo así como Maurielisa, porque Lilita sin dejar de seguir siendo la misma (¿¡cómo podría dejar de ser ella misma con ese carácter huracanado!?) parece otra por el nuevo papel político que cree debe representar.
 
Una especie de ángel de la guarda (pero bien armada con cimitarras celestiales) del presidente de la Nación. Un ángel que lo protege pero que a la vez le advierte sobre los peligros de caer en la tentación cada vez que Mauricio está a punto de pecar, o cuando directamente peca.
 
Lilita suele ser la más loca de todas y todos en momentos de locura colectiva (que son los más frecuentes en nuestro país), pero también se ha propuesto demostrar que cuando la sociedad comienza a recuperar algo de cordura, ella puede llegar a ser la más cuerda de todas. Para esa tarea se está preparando mañana, tarde y noche en los tiempos que corren.
 
Si Carrió no hubiera asido su carterita para retirarse despectivamente de aquella recordada reunión del frente UNEN en noviembre de 2014, casi con seguridad que la alianza del radicalismo con el PRO no habría sido posible. Pero fue una jugada alocada realizada a un estilo más alocado aún.
 
Dijimos en Cristielisa que así como Cristina Fernández acusa a todo quien no piensa como ella de golpista, Elisa Carrió acusa a todo quien no piensa como ella de corrupto. Son las dos grandes muletillas de las dos más famosas políticas argentinas de los últimos años. En aquellos fines de 2014 Lilita aplicó esa muletilla a dos políticos de los cuales hasta ese momento parecía enamorada: Julio Cobos y Pino Solanas.
 
Como antes había llamado corrupto al buenazo de Binner. O a Gerardo Morales, el radical que se enfrenta con coraje a prueba de balas a las huestes de Milagros Sala.
 
Inmediatamente después, claro, fue a los canales de televisión a despotricar contra todos los que no se fueron con ella de UNEN y a atacar a todo periodista que la contradijera, como aún sigue haciendo. Parecía definitivamente sacada, pero a la postre (la  única verdad es la realidad) su explosión de supuesta locura terminó siendo el punto de partida inicial y sine qua non de un gran triunfo político.
 
Eso no la convierte en vidente o estratega definitiva porque muchas otras veces habiendo actuado de modo similar las cosas le salieron mal, pero tampoco le quita méritos en un momento crucial que ella supo leer mejor que casi todos.

07-02-2016 / 10:02
Desde el gobierno de Mauricio Macri sostienen que, hacia mediados de año, la situación económica y social del país debería estar más encaminada. Y con menos vicisitudes en una administración que prefirió asumir a libro cerrado y que ahora destapa la tremenda herencia recibida, lo que la obliga a cerrar agujeros de todo tamaño y color para recién después encarar la solución de las promesas electorales.
 
Los procesos de acomodamiento que se aprestan a iniciar no sólo apuntan a esa necesidad de que se note, allá por agosto o septiembre, que la situación de la ciudadanía ha comenzado a mejorar. Es parte central de la estrategia, apuntan, para la primera gran batalla que serán las elecciones de medio término de 2017.
 
Se discute si la ruptura del bloque del Frente para la Victoria en Diputados es una derrota de Cristina Fernández o un triunfo de Macri. O ambas cosas a la vez. El análisis está repartido entre quienes, en el propio espacio K y en el peronismo tradicional, sostienen que "Cristina lo hizo", y entre aquellos que le adjudican a Macri una suerte de obra de ingeniería pensada desde el comienzo con el objetivo de quebrar al principal partido de oposición en el Congreso.
 
Los kirchneristas que abandonaron el barco y los que planean hacerlo -porque la sangría no ha terminado- se hartaron de que, además de tener que procesar el duelo por la derrota, La Doctora que ya no maneja la billetera pretenda seguir con el látigo en la mano. Justo ella, la gran mariscal de esa derrota.
 
Desde la otra vereda se concede que la jugada de Macri reconoció un dado iniciático: había que perforar al FpV porque se entendió que, con ese partido abroquelado en el Congreso detrás de las polleras de Cristina, el Gobierno iba a tener más de un problema para sostener la gobernabilidad.
 
El Gobierno consiguió quebrar al bloque del FpV y expone cada vez más la debilidad del cristinismo recalcitrante, ya que de los que no se fueron hay varios que son igual de críticos pero todavía no se animan a sacar los pies del plato por resabios de temor o especulación pura.
 
A su vez el frente sindical, que es al que más se le temía, parece acomodarse: Macri y Hugo Moyano hablaron y hablarán. También se llamará a Antonio Caló. Y parece un dato aceptado que no habrá exabruptos y que la cifra estará por debajo del 30%, más sumas fijas a convenir según se comporten los precios.
 
Hay más. Se encamina la negociación con los holdouts; el aval del FMI a las medidas económicas despeja el horizonte; hay primeros éxitos en la tarea de seducción de inversores que llevan adelante la canciller Malcorra y el ministro Prat Gay.
 
El Gobierno también anunciará en los próximos días un plan que incluye sanciones a los aumentos injustificados, el envío de la ley sobre Ganancias, la suba en las asignaciones familiares y la rebaja del IVA para los productos de la canasta familiar.
 
Todo en medio de una impresión generalizada que recogen los sondeos: el ciudadano de a pie protesta pero asume que el tarifazo eléctrico, el que se viene con el gas y el aumento de los pasajes aéreos, entre otros ajustes, forman parte de la herencia de Cristina y no políticas perversas de un gobierno que llegó hace 50 días.

06-02-2016 / 12:02
06-02-2016 / 12:02
Primera porción de la noticia: los K acaban de ofrecer un arrepentido. El ex jefe de ministros y ahora intendente chaqueño, Jorge Capitanich, dijo ayer: "Me arrepiento de haber roto el diario Clarín. No volvería a hacerlo". No está mal este acto de contrición, bastante tardío. Lo que no se comprende es el por qué del potencial sobre el futuro frente a la posibilidad de tener que decidir hacer o no hacer lo mismo.
 
Un año atrás, durante su habitual complemento cotidiano del relato K, había dicho que Clarín faltaba a la verdad en un par de artículos y rompía teatralmente la edición dominical. Pero lo informado entonces por Nicolás Wiñazki y Daniel Santoro era perfecta verdad: Nisman, el fiscal de la muerte no aclarada, había pensado pedir la detención de la presidenta Cristina Fernández. Pero luego lo había descartado.
 
Según Capitanich, nunca había habido tal cosa y eso justificaba su teatralización ante las cámaras de la TV que formaba parte de toda la ofensiva que motorizaba Cristina contra el periodismo independiente de su gobierno. Lo que el entonces jefe de Gabinete quería negar, por orden de su Jefa, fue que la Policía había encontrado un borrador con ese pedido en un cesto del departamento del fiscal el día que fue encontrado muerto.
 
La Justicia ya había incorporado esos papeles a la investigación de la muerte, pero la fiscal Fein acompañó solícita, rápida y ¿sin información? la acusación de Capitanich. El acto de romper en vivo un diario fue de una extrema violencia simbólica. La respuesta del diario fue publicar los facsímiles de la información que torpemente intentó ocultarse. La de Capitanich fue silencio. Fein reconoció que se había equivocado.
 
Ahora dice que no volvería a hacerlo. Pero no podemos estar tan seguros. La segunda porción de la noticia es puro kirchnerismo más de lo mismo. Porque se justificó del acto por el que se arrepentía diciendo: "Aunque el periodismo nos ha atacado despiadadamente con información falsa...".
 
Queda claro que Capitanich se arrepiente a medias porque él sabe -y está probado- que la información era verídica y que consta en el expediente de la investigación de Nisman. Capitanich cree que su arrepentimiento, un gesto muy tardío, es suficiente. Ojalá no sea como cuando asumió como alcalde de Resistencia y se hizo sacar en traje de fajina, haciendo de barrendero. Unas horas nomás.
 
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