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Un país atravesado sólo por estrategias de poder
Por Natalio Botana, Politólogo e Historiador
“Hoy en día la gran preocupación es que es más el dinero que se fuga que el dinero que llega. No queremos que el argentino invierta en otro país, queremos que la invierta en la Argentina". Fernando “Pino” Solanas
Nacionales - 28-06-2010 / 09:06
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 28 DE JUNIO DE 1966 CAE ARTURO ILLIA

Derrocamiento del presidente radical Arturo U. Illia

Derrocamiento del presidente radical Arturo U. Illia
Arturo Umberto Illia asume la presidencia de Argentina el 12 de octubre de 1963.
La década de los '60, en la Argentina, estuvo signada por la impronta de los golpes militares: primero, a Arturo Frondizi, en 1962; luego al radical Arturo Illia, en 1966. Ambos golpes vinculados con uno de los temas más conflictivos de ese período: la imposibilidad de resolver el problema de la proscripción del peronismo, mantenido desde la sedición militar del 16 de septiembre de 1955.
 
Illia debió convivir con su propia debilidad derivada del hecho de haber sido elegido en elecciones tramposas, a causa de la proscripción del peronismo, muchos de los cuales votaron entonces en blanco, obteniendo la segunda minoría.
 
El triunfo del peronismo en 1965 agitó la situación interna de las Fuerzas Armadas y el golpe militar de Onganía se produjo para evitar el triunfo del peronismo en las elecciones a gobernador en la Provincia de Buenos Aires, que tenían que celebrarse en marzo de 1967. La restauración oligárquica de 1955 se tragó al último de sus hijos civiles.
  
De la redacción de La Opinión Popular

Inestabilidad política permanente
 
Luego del golpe de estado del 16 de septiembre de 1955 que derrocó al Presidente Constitucional Juan Perón se inició un largo período de inestabilidad política en la Argentina. Los militares proscribieron al peronismo y sus partidarios recurrían una y otra vez al voto en blanco para expresar su rechazo a las elecciones convocadas sin su participación.
 
Por otra parte la Unión Cívica Radical se dividió en dos, según la postura que cada sector asumía frente al peronismo: rechazando los radicales intransigentes (UCRI) o aceptando los radicales del pueblo (UCRP) su proscripción.
 
En 1961, el Presidente Arturo Frondizi (UCRI) legalizó al peronismo, que triunfó ampliamente en las elecciones para gobernadores del 18 de marzo de 1962. Once días después Frondizi fue derrocado y detenido por el golpe del 29 de marzo de 1962, que resultó en la toma del poder por parte de José María Guido, títere de los militares, quien anuló las elecciones, volvió a proscribir al peronismo, disolvió el Congreso y convocó a nuevas elecciones limitadas y controladas por los militares.
 
En esas condiciones se convocaron las elecciones del 7 de julio de 1963 en las que resultó electo Arturo Umberto Illia. Los resultados fueron los siguientes:
 
Arturo U. Illia - Carlos Perette (Unión Cívica Radical del Pueblo) con 2.441.064 votos, el 25,14%.
 
Votos en blanco: 1.827.464 votos, el 18,82%.
 
Oscar Alende - Celestino Gelsi (Unión Cívica Radical Intransigente) 1.593.992 votos, el 16,41%.
 
En el Colegio Electoral, la fórmula encabezada por Arturo Illia obtuvo 270 votos sobre 476 electores el día 31 de julio de 1963.
 
 
Gobierno de Illia
 
No interesa hacer un análisis del gobierno de Illia sino destacar que se fue quedando sólo con el apoyo de las magras huestes de la UCRP, pues careció de política y en su lugar siguió varias políticas -a menudo contradictorias- que terminaban por dejarlo mal con todo el mundo.
 
En esos tiempos el radicalismo se dividía en tres sectores: el balbinismo, basado en los medianos productores rurales de la provincia de Buenos Aires, y por ello de naturaleza pro-oligárquica; el unionismo conservador (del que Fernando De la Rúa sería un exponente) más relacionado con el poder tradicional, y el sabbatinismo cordobés, mas nacionalista, descendiente de los conservadores.
 
Lo real es que el radicalismo era un conglomerado de diversos sectores y tendencias de la burguesía unidos en función de la nostalgia; su gobierno fue un campo de batalla donde se enfrentaban los intereses económicos, sin que la crisis estructural del capitalismo argentino le permitiese satisfacer totalmente a ninguno ni integrarlos en un modus vivendi aceptable.
 
Mientras el "desarrollismo" lo calificaba de liberal anacrónico, Aciel, la UIA, la Bolsa de Comercio y Alsogaray, entre otros, denunciaban el rumbo "colectivista" que se imprimía al Estado.
 
Durante el gobierno de Illia hubo varios hechos importantes: la ley de medicamentos (conocida como Ley Oñativia), de defensa de los laboratorios nacionales y la anulación de los contratos de concesión de petróleo (Banca Loeb, Pan American, Tennessee, Shell, Esso) firmados por Frondizi, ambos hechos, según la leyenda radical, pudieron ser la causa de la caída del radicalismo en 1966.
 
 
Nacionalismo retórico
 
Como bien lo definía un prohombre del peronismo, John William Cooke, su nacionalismo, en cuanto quiso salir de la retórica proselitista, reveló su falta de realismo y su superficialidad demagógica.
 
La anulación de los contratos de petróleo le echó encima la furia de los representantes de los monopolios y terminó lastimosamente con la claudicación ante las compañías concesionarias; las declamaciones contra el Fondo Monetario Internacional, en una peregrinación a las fuentes que había comenzado por antagonizar; los principios irigoyenistas en política internacional, en un satelismo a dúo con el cipayismo gorila de Brasil.
 
Es que el nacionalismo sólo es posible como una política antiimperialista consecuente -que no sólo estaba fuera del alcance de la UCRP como práctica sino también como concepción-; y si en lugar de ella se toman medidas aisladas dentro del contexto de nuestra dependencia integral, el resultado es, que al final hay que buscar acuerdos con el imperialismo pagando altos precios económicos y políticos para compensar los desplantes iniciales.
 
 
Obrerismo aparente
 
Un supuesto obrerismo lo llevó a proyectar y aprobar las reformas a la ley 11.729, apuntalando de paso la maniobra divisionista en alianza con los sindicalistas "amarillos" independientes, contra las 62 y la CGT peronista, terminó en el veto posterior a 59 de sus 63 artículos, ante la presión empresaria quedando mal con patrones y obreros.
 
En febrero de 1964, la CGT anuncia su Plan de Lucha, que en mayo produce diez mil ocupaciones (pacíficas y breves) de establecimientos fabriles.
 
Paralelamente, se inicia el Operativo Retorno de Perón en 1964, que fracasa por la negociación de Augusto Timoteo "El Lobo" Vandor con Miguel Ángel Zabala Ortiz: el avión que conduce al líder desterrado y proscrito es detenido en Río de Janeiro y enviado de vuelta a España.
 
Las compadradas radicales sobre la poca importancia de Perón y de sus anuncios de retorno, concluyeron en el espanto y la apelación a la tiranía brasileña para que parasen el avión en que viajaba el ex presidente.
 
Por último, las afirmaciones de Ricardo Balbín de que al peronismo lo esperaban en las urnas para derrotarlo, es seguida por la aplastante derrota de marzo del 65 y la alucinada y permanente conclusión de que "el radicalismo no fue comprendido aun por el pueblo".
 
Los militares se fueron convenciendo de que el gobierno radical no podría con el peronismo, el "hecho maldito del país burgués".
 
 
Gobierno débil
 
El gobierno del Presidente Arturo Illia debió convivir con su propia debilidad derivada del hecho de haber sido elegido en elecciones tramposas, a causa de la proscripción del peronismo, muchos de los cuales votaron entonces en blanco, obteniendo la segunda minoría.
 
La falta de reconocimiento de legitimidad al gobierno de Illia por parte de los peronistas, se vio agravada por el plan de lucha del movimiento obrero, afectado por la decisión del gobierno de sancionar una legislación sindical sin consultar a los sindicatos.
 
En el año 1965 el gobierno convocó a elecciones legislativas eliminando todas las restricciones que pesaban sobre el peronismo en la etapa previa. El peronismo presentó sus propias listas de candidatos y triunfó ampliamente en las elecciones con 3.278.434 votos contra 2.734.970 de la Unión Cívica Radical del Pueblo. El triunfo del peronismo agitó la situación interna de las Fuerzas Armadas.
 
 
Indiferencia popular
 
El pueblo siguió todos los acontecimientos de la caída de Illia con el relativo interés que merecía un cambio de gobernantes en el que no tenía nada directamente en juego. Derrotar al deslucido radicalismo no era una hazaña particularmente heroica.
 
Esa indiferencia de la población explica otra característica del suceso: si bien nunca hubo un golpe que contase con tan amplio acuerdo en los mandos militares, paradojalmente, ninguno estuvo menos cargado de pasión contra el oficialismo depuesto.
 
Yrigoyen y Perón significaban el ascenso de la chusma insolentada contra las jerarquías tradicionales y, caídos sus gobiernos, aglutinaban a las fuerzas sociales que continuaban amenazando a los privilegios restaurados por la violencia; por eso se les odió y persiguió, lo mismo que a sus partidarios.
 
Mucho más el peronismo por la mayor profundidad de sus transformaciones y la potencialidad revolucionaria que le da su composición clasista.
 
Frondizi, en cambio, fue un gobernante del régimen contra quien, no obstante, las Fuerzas Armadas sentían una animadversión formada de desconfianza por su pacto con Perón.
 
Los radicales del pueblo, en cambio, eran insospechados en su antiperonismo, tenían una trayectoria de ininterrumpida solidaridad con la "revolución libertadora" de 1955 y, salvo algunas excepciones individuales, no se acusaba al gobierno de pecados demasiado graves (los ataques de la prensa enemiga presentaban al doctor Illia como objeto de burla pero no de imputaciones infamantes).
 
Las grandes culpas que se le endilgaban eran de omisión: no perseguir suficientemente al peronismo y facilitar con su pasividad la acción de "los verdaderos enemigos" que eran los que obligaban al golpe militar.
 
 
Dictadura militar
 
Así, el golpe militar del General Juan Carlos Onganía, el 28 de junio de 1966, se produjo para evitar el triunfo del peronismo en las elecciones a gobernador en la Provincia de Buenos Aires, que tenían que celebrarse en marzo de 1967.
 
El doctor Illia afrontó, la madrugada de ese día, el derrumbe definitivo en una actitud que por cierto no fue medrosa ni indigna, cuando la presencia de una dotación policial con lanzagases le impuso la necesidad de abandonar su poder en falencia. La restauración oligárquica de 1955 acababa de tragarse al último de sus hijos civiles. 
 
Se instaló una dictadura represiva sin capacidad para el diálogo y que despreciaba la política, mientras apostaba a la economía ultraliberal y postergaba indefinidamente la acción social.
 
La Cámara Argentina de Comercio, la Bolsa de Comercio, la Unión Industrial, la Sociedad Rural, CARBAP, la Asociación de Bancos y ACIEL (Instituciones Empresarias Libres) apoyaban la dictadura: ese régimen "apolítico" les garantizaba que sólo los militares y las grandes empresas operarían el poder.
 
Lo que siguió fue el abismo.
 
De la redacción de La Opinión Popular

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31-01-2015 / 09:01
  Una vez más, nos encontraron con un agobiante discurso de Cristina Fernández, que se extendió durante más de una hora para no decir nada. Hizo chistes, realizó anuncios menores (como La leve suba en las jubilaciones, que rigen por ley y que se aplican de forma automática sin necesidad que nadie tenga que presentarlo) y mencionó las compras con tarjeta de crédito durante el verano.
 
Eso no fue todo: en un nuevo intento de auto victimización, se refirió a la fractura de su tobillo diciendo que "estoy averiada, pero jamás hundida", como si estuviese jugando a la batalla naval. Utilizó la cadena nacional para referirse a Ella y a los "logros" de su gestión y no a Nisman, ante su eterna barra de fanáticos aplaudidores.
 
De esta manera, CFK movilizó a su tropa para mostrar apoyo. La nueva puesta en escena incluyó a gente de la UOCRA provocando destrozos en el Patio Malvinas Argentinas de la Casa Rosada, militantes rentados de KOLINA -la agrupación que responde a Alicia Kirchner- bañándose en la fuente del Patio de Las Palmeras y hasta algunos asistentes fumando marihuana.
 
Respecto a la muerte del fiscal Nisman, tema que conmociona al país y es noticia en los medios más importante del mundo, no hubo una sola palabra. Pese a que quedaron acreditadas las falacias de algunos de los datos que Ella misma informó, como el supuesto regreso anticipado del fiscal, CFK parece tener cola de paja y ni siquiera nombró una sola vez a Nisman ni le dio el pésame a sus familiares.
 
Pero, los silencios dicen mucho más que las palabras. Cabe preguntarse entonces sobre lo que la Presidenta prefiere no decir. Hasta el momento ni Cristina, ni ninguno de sus funcionarios, ha podido explicar por qué Nisman no se encontraba debidamente custodiado. 
 
Durante años, el fiscal de la causa AMIA, que estaba amenazado y tenía pedido de captura del régimen teocrático iraní, había logrado moverse por el mundo, junto a sus hijas, sin ningún problema. Incluso, durante sus vacaciones, había estado en París y en España.
 
Pero terminó encontrando la muerte en su departamento, poco antes de tener que ratificar y desarrollar, en el Congreso, la gravísima denuncia penal que había realizado contra Cristina y su canciller, y contra otros personajes del submundo K, Luis D´Elia y Fernando Esteche, por encubrir a los autores de la voladura de la AMIA.
 
Cristina tampoco hizo mención al exilio en Israel del periodista Daniel Pachter, quien dio la primicia sobre la muerte de Nisman a través de las redes sociales. ¿Cuál es motivo por el cual el gobierno no sabe, no puede o no quiere explicar quienes son los que protegen a Patcher en Israel y no lo pueden hacer en la Argentina?
 
En ese contexto, si realmente la denuncia de Nisman carecía de sustento, Cristina debería haber garantizado que el fiscal pudiera exponer todo lo que tenia para decir para luego, con la fuerza de los hechos concretos, demostrar en la Justicia que se trataba de una falsa denuncia. Cristina no lo hizo. Por el contrario, el edificio de Nisman era prácticamente territorio liberado.
 
Tampoco, nadie en el gobierno explica los verdaderos motivos que llevaron a que el presidente ruso Vladimir Putin, que es el principal sostén del régimen iraní, viniera a la Argentina, en el momento más álgido de la discusión en torno al memorándum de entendimiento entre los K y el régimen teocrático de Teherán. 
 
La Opinión Popular

30-01-2015 / 21:01
30-01-2015 / 10:01
Crece el rechazo nacional e internacional al accionar del cristinismo.
 
La muerte del fiscal Alberto Nisman causa conmoción no sólo en la Argentina sino también en diversas partes del mundo, especialmente en los organismos defensores de los Derechos Humanos, que al revés de lo que ha sucedido en nuestro país con Hebe de Bonafini, Estela de Carlotto y compañía, han salido a pedirle al gobierno de CFK acciones rápidas y certeras para su pronto esclarecimiento.
 
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que depende de la Organización de Estados Americanos (OEA), pidió que el Estado argentino "investigue y esclarezca" las causas de la muerte del fiscal Alberto Nisman.
 
Además, reclamó "garantizar el derecho a la vida, la integridad y la seguridad de los defensores de los derechos humanos, incluyendo los que corresponden a los operadores de la justicia".
 
Por su parte, la presidenta de la fundación Libertad de expresión + Democracia (LED), Silvana Giudici, exige a Télam que difunda la declaración completa de la CIDH que reclama el esclarecimiento de la muerte del fiscal Nisman.
 
"La parte donde se exige apoyo a Damián Pachter y garantías para los periodistas, se la olvidaron. La Agencia Telam debe subir carta de la CIDH en forma completa", exigió. "Es un medio público y tiene la obligación de informar sin censura previa. Todos debemos exigirlo", reclamó la ex diputada nacional.
 
Cabe destacar que este llamado de atención de la CIDH, que es el máximo organismo en materia de tutela a los derechos humanos en la región, es un duro golpe para Cristina Fernández, cuya gestión y la de su marido, Néstor Kirchner, ha hecho bandera de una férrea defensa de los derechos humanos.
 
Sin ir más lejos, en su último discurso por cadena nacional, la Presidente había asegurado que "nadie puede dudar" de la posición de su gobierno en materia de respeto integral a los derechos humanos.
 
La fuerte reprimenda al oficialismo por parte del organismo defensor de los Derechos Humanos con mayor prestigio en la región, y que pone el acento en dos cosas que al cristinismo no le gusta que se metan, que es en la presión que desde el gobierno se viene haciendo contra la Justicia y los Medios.
 
La Opinión Popular
30-01-2015 / 09:01
30-01-2015 / 08:01
  La ex esposa del fiscal Alberto Nisman, la jueza federal Sandra Arroyo Salgado, prefirió no improvisar. De luto, con una voz firme, leyó las páginas que había elegido para despedir al padre de sus dos hijas y a su compañero de vida durante diecisiete años.
 
En el cementerio, le hizo una promesa a su ex marido, que fue toda una definición. "Sé que confiás en mí para llegar a la verdad, porque ninguno de los que te conocemos creemos que vos hayas sido el hacedor de este final. Tenemos la certeza de que esto fue obra de otras personas, no sabemos de quién. Es muy difícil", se sinceró la jueza.
 
No hubo interrupciones y tampoco aplausos. Arroyo Salgado habló de "un montón de presiones" y "cuestiones que debieran estar muy al margen del Poder Judicial". Minutos antes había pedido perdón por ser parte de un poder que no funciona como debería. Sin embargo, lejos de la resignación, se mostró esperanzada: "Fue decisión de otras personas, pero vamos a llegar a la verdad". Entonces sí hubo aplausos de respeto, apoyo y emoción.
 
Como era de esperar, el entierro Nisman fue una ceremonia íntima pero a la vez cargada de emoción y de fuerte contenido político. Los restos fueron enterrados en el lugar denominado de los "mártires", como víctima, a metros de los fallecidos por el atentado a la AMIA. Esto reafirma el pensamiento de la familia, que descartó de plano la hipótesis del suicidio.
 
Elisa Carrió, Patricia Bullrich, Guillermo Montenegro y Hernán Lombardi, los pocos políticos que llegaron hasta La Tablada, se retiraron como llegaron: en silencio. A su lado se veían coronas con los nombres del candidato del Frente Renovador, Sergio Massa, y el intendente de Jesús Cariglino. El colegio público de Abogados y el Ministerio Público enviaron las suyas.
 
El ensayista Santiago Kovadloff, una de las voces que precedió a la de la ex mujer de Nisman, tampoco dejó dudas. "La República vuelve a estar de duelo con este asesinato", dijo. El vicepresidente de la DAIA, Waldo Wolf, apuntó -como el fallecido fiscal en su denuncia- al Gobierno de CFK y cuestionó el abuso de la ex SIDE que ahora la Casa Rosada denuncia. También le apuntó a Irán.
 
El presidente de la Asociación de Fiscales, Carlos Donoso Castex, fue el único que se animó a improvisar y tuvo que pedir disculpas porque las lágrimas y los sollozos le hicieron difícil mantener la compostura. Dejó para el final un poema sobre Nisman que escribió otro colega.
 
Vecinos -en su mayoría mujeres- se acercaron para despedir a Nisman. Entonaron el himno y reclamaron Justicia. Otros llevaron pancartas con duras críticas al Gobierno de CFK, en especial contra la procuradora Alejandra Gils Carbó.
 
Nisman ya no está, apareció muerto después de su denuncia. Quedan las 290 hojas de la grave imputación a la presidenta Cristina Fernández y al canciller Héctor Timerman, entre otros, por encubrir el atentado terrorista en la AMIA, el más sangriento de la historia argentina. La misma que presentó cuatro días antes de morir. O como sugiere la familia, de que lo mataran.
 
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