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Entre Ríos - 21-06-2010 / 19:06
EL 22 DE JUNIO DE 1889 MORÍA EL ÚLTIMO CAUDILLO FEDERAL EN ARMAS

El asesinato de López Jordán sigue siendo un enigma histórico

El asesinato de López Jordán sigue siendo un enigma histórico
Retrato de Ricardo López Jordán, salón de los Gobernadores de la Casa Gris (Gobierno de Entre Ríos). Foto: LOP
Hace 111 años moría el último caudillo federal en armas. Fue jefe de la última montonera del interior que intentó fijar un curso nacional y popular para la patria. Defendió la soberanía de su provincia, Entre Ríos. Fue derrotado por fuerzas militares superiormente armadas por el gobierno "civilizador" de Sarmiento.

En 1989, hace 11 años, el Gobierno de Entre Ríos decidió, como un acto de estricta justicia histórica, que sus restos retornaran a la Patria Chica entrerriana. Luego de una muerte poco clara, donde la sombra de un asesinato por encargo cubre su paso a la inmortalidad, el último caudillo federal tuvo que esperar 100 años para retornar a su tierra y su memoria aún reclama el justo lugar que el panteón de la historia provincial y nacional le debe a su lucha.

Escribe: Dr. Gonzalo García

"Amnistiado por Juárez Celman, se instalará en buenos aires en 1888, donde sería asesinado el 22 de junio de 1889 en circunstancias no aclaradas satisfactoriamente". José María Rosa. "Historia Argentina", tomo VII. pág. 360.



Los últimos días del caudillo

A mediados de agosto de 1888 retorna de su forzado exilio oriental el caudillo entrerriano Ricardo López Jordán. Casi diez años antes, en 1879, López Jordán se fuga de la cárcel en Rosario pidiendo asilo en Uruguay, el que le fue concedido. El sobrino de Francisco Ramírez, había nacido en Paysandú, razón por la cual el presidente uruguayo no le puede negar el derecho de exilarse en su propio país a pesar de los reclamos del gobierno argentino. Le esperan diez interminables años de exilio. El "zorro" Roca lo seduce para sumarlo a su proyecto político pero López Jordán prefiere aguardar que las condiciones mejoren para volver a su patria.

En 1888 resuelve volver a Buenos Aires luego de la amnistía que le otorga el Presidente Juárez Celman. Se radica en la ciudad puerto dispuesto a vivir con su familia que lo había esperado pacientemente. Está voluntariamente alejado de las intrigas revolucionarias y de la acción política. Sólo aspira a su reincorporación al ejército nacional al que pertenecía y realiza las gestiones necesarias para recuperar su grado de General.
 
El distrito de Buenos aires ya es la Capital Federal, y se debe de haber asombrado el caudillo de los cambios producidos en la "república liberal y mercantil" poblada ahora de inmigrantes y gobernada por el orden conservador. Sorprendido debió contemplar los palacetes de Barrio Norte levantados recientemente por arquitectos italianos y franceses. El "progreso" ha penetrado la ciudad, se inauguran obras monumentales como el Palacio del Congreso y el Teatro Colón. Es la Argentina de los  80, el país de la "gran ilusión" de las clases dominantes.
 
A mediados de septiembre una noticia conmueve a la ciudad, Sarmiento había fallecido en Asunción del Paraguay. El presidente Juárez Celman decide rendirle honores y organizan sus exequias para el 21 de septiembre. En la ciudad se organizará un entierro espectacular. El coche fúnebre es majestuoso, lo mismo que el carro que lleva las coronas. El Presidente de la República en carruaje de gala forma parte del cortejo fúnebre y los faroles de las calles hasta llegar a la Recoleta están encendidos y enlutados con crespones negros. A millares de concurrentes les ha atraído el espectáculo y suponemos, que entre ellos, se encuentra curioso, mirando el paso del cortejo, Ricardo López Jordán.
 
¿Qué habrá pensado el caudillo cuando vio pasar, frente a él, el féretro con los restos de Sarmiento? López Jordán volvía a Buenos Aires justo a tiempo "para ver pasar el cadáver de su enemigo". No sabemos que medita el caudillo cuando ve desfilar la cureña lentamente frente a él, pero tal vez lo podríamos suponer: piensa frente al muerto ilustre en el estado de desolación y ruina en que se encuentra la provincia de Entre Ríos como consecuencia de las intervenciones armadas ordenadas por Sarmiento. Recordará las inútiles y heroicas cargas de caballería, las últimas montoneras precipitándose contra los poderosos cañones Krupp. Sonarán quizás en sus oídos las descargas de los fusiles a repetición Rémington que, el ahora extinto Sarmiento, compró para reprimir la rebelión. Escuchará el grito desgarrador de los heridos. Recordará a sus gauchos muertos en Ñambé o Don Gonzalo. Evocará sus heroicas derrotas, la captura, la cárcel, la fuga y el exilio.


Pensará Don Ricardo también que el hombre dentro del féretro le imputó hace muchos años una muerte que no cometió, que sigue impune y que, tal vez Sarmiento se lleve el secreto de los verdaderos autores del crimen a la tumba. El asesinato de Urquiza en la Palacio San José no es su responsabilidad. El dió la orden de capturarlo vivo pero, un grupo de exaltados lo ultima salvajemente y él carga con la muerte de Urquiza como si fuese un vil asesino cuando quizá el atentado fue pergeñado por un grupo de porteños, entre ellos, tal vez, "el loco" Sarmiento, que en esos tiempos era Presidente de la República. "Ellos mismos asesinaron a Urquiza y utilizaron el crimen para atribuírmelo e invadir la provincia..." ¿Qué pensará en fin, frente a los despojos del hombre que le tasó su cabeza en 1000.000 pesos fuertes como si fuese un vulgar matrero?
 


El General camina hacia la muerte

Pasan los meses y el año 1889 lo encuentra al caudillo integrado a la gran ciudad. Siete hijos y su mujer le hacen ahora la vida plena después de tanta ausencia, lucha y sufrimiento. El vencido de "Don Gonzalo" logra por fin arraigarse en su nueva vida.
 
No participa en política pero, a través de sus amigos, viejos federales, está informado de las varias conspiraciones que la oposición está planeando para desestabilizar la administración de Juárez Celman.


Junto con los primeros fríos del invierno porteño llega el fatídico 22 de junio. Después de almorzar con su familia sale a la calle y se encamina por la calle Esmeralda hacia la casa de su amigo Dámaso Salvatierra para visitarlo.
 
Lo imaginamos caminando lentamente, suponemos que advierte que en la vereda opuesta el coronel Leyra está cruzando la calle para saludarlo, cuando de repente y por detrás es atacado por un desconocido quién le dispara en la cabeza dos tiros de pistola Lafaucheaux del calibre 12, una de cuyas balas, penetra en la parte posterior de la cabeza, cerca de la oreja derecha, atravesando la masa encefálica. El general cae herido de muerte frente el número 562 de la calle Esmeralda, domicilio de uno de los hijos de Urquiza, llamado Diógenes.
 
Agonizando es llevado a la farmacia Menier ubicada en la esquina de Esmeralda y Tucumán donde se intenta salvarle la vida pero es inútil, el general ha muerto. Así, matado por la espalda con alevosía, caía el último caudillo federal, jefe de las últimas montoneras que intentó fijar un curso nacional para su patria argentina, que defendió la soberanía de su provincia, Entre Ríos y que fue derrotado por fuerzas militares superiormente armadas por el gobierno "civilizador" de Sarmiento.
 


Identidad del asesino

¿Quién es el matador? ¿Quién es "el individuo alto, moreno, de poblado bigote negro" que mató a don Ricardo López Jordán? Se trata de un joven de 27 años de nombre Aurelio Casas que es arrestado y declara en sede judicial haber obrado por venganza: su padre, Zenón Casas, expresa, fue fusilado por orden de López Jordán.
 
Pero el homicida miente. Las noticias de la época y el proceso del imputado dejan muchos cabos sueltos y suspicacias sobre el verdadero móvil del alevoso atentado.

 
Con respecto a la muerte del mencionado Zenón Casas, padre del matador, hay dos versiones: La primera de Fermín Chávez revela que habría sido muerto por orden del comandante oriental Oviedo en el mes de mayo de 1873. Una segunda versión expresa que: "según los datos personales que he obtenido, fue primero partidario de López Jordán y después su enemigo político, y si se tiene presente la versión que corre en Entre Ríos, de que yendo Casas en viaje al Uruguay, con una partida de diez hombres, estos mismo lo ataron y le dieron muerte para librarse de su mando" (Dictamen del Agente Fiscal. Fallos y disposiciones de la Excma. Cámara de Apelaciones de la Capital. Publicados por Luis S. Aliaga y Daniel J Frías, tomo IX. Buenos Aires, 1896). 

La historia oficial insiste en el motivo expresado por el reo en las actas del juicio, lo maté para vengar a mi padre, pero en verdad el asesino estaba encubriendo los motivos del crimen y la identidad de sus mandantes.
 


Una muerte poco clara

En el dictamen de la fiscalía citado más arriba encontramos la siguiente afirmación: "...Los testigos Andrés Pigneto y Luis A. Leompart, que oyeron decir que el procesado se encontraba en Buenos Aires, porque lo había traído don Justo Urquiza; y por otra parte, José Abella, que declara: que además de tener conocimiento que Justo Urquiza buscaba a Aurelio Casas, afirma que fue visto por el citado Urquiza, para que matara al general López Jordán, y Felipe Limo, que afirma también saber que el citado Urquiza hacía diligencias para dar con el paradero de Aurelio Casas".
 
La familia Urquiza le hace llegar a la familia del matador, que se encontraba en una total indigencia, una fuerte suma de dinero en concepto de "donación". La gente comenta sobre esta "donación" y en una hoja sin pié de imprenta publicada en Gualeguaychú, lo que hoy llamaríamos un panfleto, se lee la siguiente información: "Se ha promovido una suscripción entre los miembros de la familia Urquiza para regalar 70.000 pesos a la esposa del sujeto Aurelio Casas, el asesino del general Ricardo López Jordán... El doctor Diógenes Urquiza ha suscripto la mitad de esa suma, es decir, 35.000 pesos nacionales. Cuando el criminal conozca esta noticia, se convencerá que su esposa y sus hijos van a salir de la miseria en que han estado hasta ahora". 
 
Ninguno de los miembros de la familia Urquiza fue citado por la Justicia a declarar sobre una supuesta y posible complicidad en el crimen. El matador Aurelio Casas es condenado a cadena perpetua y en ocasión del 25 de mayo de 1919 es indultado por el entonces Presidente Hipólito Irigoyen.
 


Don Ricardo descansa en suelo entrerriano

Los restos del caudillo entrerriano fueron sepultados en el cementerio Norte (Recoleta) de la ciudad de Buenos Aires hasta que en el marco del año jordaniano y habiéndose cumplido el 22 de junio de 1989 cien años de su muerte, el Gobierno de Entre Ríos, la primera gobernación de Jorge Busti, se propuso como un acto de estricta justicia histórica, que sus restos retornaran a la Patria Chica entrerriana.
 
No hay certezas de cuál era su voluntad final. Algunos afirman que quería descansar en paz en Buenos Aires. Pero lo cierto es que López Jordán es patrimonio de pueblo entrerriano. Sus restos hoy descansan en su amada tierra entrerriana. El 16 de junio de 1990, el gobierno entrerriano afirmó: "tarea cumplida. Los restos del general Ricardo López Jordán descansan en suelo entrerriano y en justicia".

 

Sus restos fueron depositados provisoriamente en el panteón de una familia tradicional de Paraná. En noviembre de 1994, en continuidad de la política trazada por las autoridades provinciales con su repatriación, se inaugura un mausoleo erigido en la Plaza Enrique Carbó de Paraná, detrás de la Casa de Gobierno de la provincia de Entre Ríos. La obra es del artista entrerriano Néstor Medrano y representa las luchas de las montoneras federales del siglo 19. Allí residen hoy los restos del último caudillo federal en armas, Ricardo López Jordán, quien lo dio todo por la soberanía de nuestra provincia y el federalismo argentino.

Escribe: Dr. Gonzalo García.

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Mausoleo del General Ricardo López Jordán, obra del artista entrerriano Néstor Medrano. En su interior yacen los restos de López Jordán. Fue inaugurado en noviembre de 1994. Plaza Carbó, Paraná, Entre Ríos. Fotos: LOP
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El porteño Rogelio Frigerio y buena parte de los gobernadores escucharon al presidente Javier Milei, quien celebró la supuesta mejora macroeconómica, el control político pleno que La Libertad Avanza logró en el Congreso pese a no tener mayoría, las reformas que él considera irreversibles y el avance de las ideas libertarias, que parecen irrefrenables. Frigerio y los gobernadores escucharon un relato triunfal mientras afrontan la complejidad creciente de sus administraciones provinciales, de la economía real, del derrumbe de los sectores regionales industriales y de la grave situación social.
 
Esa parte de la realidad, dolorosamente territorial y expulsiva, radica en el interior federal, aunque dependa casi exclusivamente de decisiones que toma Milei. El desfinanciamiento cada vez más pronunciado de las administraciones provinciales les resta posibilidades de acción territorial y política. No obstante, los diputados y senadores de las provincias votan a favor de las leyes de Milei. El oficialismo entrerriano, entre ellos.
 
El posicionamiento político de Frigerio es cada vez más difícil de clasificar. Intenta calmar los reproches del pueblo, pero en simultáneo avala la reforma laboral. Apoya la macroeconomía de puertas abiertas de par en par, con importaciones indiscriminadas, pero reclama igualdad de condiciones para la golpeada industria provincial. Los diagnósticos son tenebrosos en materia de empleo y de condiciones sociales del amplio sector asalariado entrerriano que desde hace décadas vive de industrias que van perdiendo competitividad, y que el proyecto libertario ha venido a liquidar. Milei lo hace sin complejos: celebra el cierre de empresas, trata de delincuentes a los principales empresarios del país y jamás habla de producción ni de empleo.
 
Cuando se observa el posicionamiento de Frigerio, su margen político se evidencia dramáticamente reducido. Y las consecuencias en la propia administración son crecientes. Frigerio sostiene el ajuste en los sueldos públicos y en las jubilaciones pese al malestar gremial en alza; intenta amortiguar la caída generalizada de recursos con mayor endeudamiento, con refinanciamiento caro y sobre costos. Mientras, subsiste gracias al intercambio de votos en el Congreso por algún ATN. Se balancea al borde del abismo y la conflictividad se incrementa en todo el territorio provincial.
 
En ese marco, Nadia Burgos, dirigente del MST en el FIT-U y delegada gremial del Ministerio de Salud se expresó: "La paritaria estatal en Entre Ríos volvió a mostrar el mismo esquema de siempre: el gobierno presenta una oferta que no recompone el salario real y pretende cerrar el conflicto con el aval de UPCN, mientras miles de trabajadores siguen perdiendo poder adquisitivo y en su mayoría con salario de pobreza". La miserable propuesta de Frigerio, del 15,8% sobre sueldo básico de junio 2025, no cubre la inflación acumulada ni garantiza una recuperación del salario, sumado a los 9 meses de salarios congelado junto a los recortes de ingreso de junio 2025. Las sumas fijas, tramos diferidos y promesas de revisión no resuelven el problema de fondo: los sueldos estatales están por debajo de lo necesario para vivir. Frigerio está muy alejado de lo que se vive en los lugares de trabajo: el salario no llega, las condiciones laborales se deterioran y el ajuste se descarga sobre quienes sostienen el funcionamiento del Estado y los jubilados.
 
Por su parte, para el sector pasivo se otorgará una suma fija de 75.000 pesos que reemplaza la suma fija que venían percibiendo de $40.000. Aumento real: $35.000. Una miseria. Las cifras establecidas están muy debajo de la inflación real y en la mitad de los índices truchos del gobierno de Milei. Y no recomponen el poder de compra de los trabajadores. El Consejo Provincial del Partido Justicialista expresó su "profunda preocupación y rechazo ante el reciente anuncio del gobierno provincial de otorgar incrementos salariales bajo la modalidad de sumas no remunerativas y no bonificables". Resulta contradictorio e injustificable que, en un contexto donde el propio oficialismo impulsa una reforma previsional que afectará directamente a trabajadores activos y jubilados, se dispongan mecanismos salariales que reducen aportes, debilitan el financiamiento del sistema previsional y deterioran el salario real de los empleados públicos.
 

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