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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 03-06-2023 / 10:06
PANORAMA EMPRESARIO SEMANAL

Nada está cerrado hasta que todo lo esté

Nada está cerrado hasta que todo lo esté
Como suele decirse en las negociaciones diplomáticas, nada está cerrado hasta que todo lo esté. Las definiciones en el frente financiero influyen sobre el cierre de listas y viceversa. Los plazos son casi idénticos, porque el próximo vencimiento con el FMI opera el 22 de junio, apenas 48 horas antes del plazo máximo para la presentación de candidaturas ante la justicia electoral.
El precario equilibrio macroeconómico que busca sostener Sergio Massa hasta las PASO es la plataforma indispensable para que el peronismo conserve chances de entrar en un balotaje de desenlace imprevisible, en el que Cristina Kirchner evalúa que podría retener el poder.
 
Por eso las gestiones del ministro de Economía para volver de China con los dólares que retacea el Fondo Monetario están tan íntimamente entrelazadas con la definición de las candidaturas de un Frente de Todos que terminó de purgar a su tercera pata y concentró las decisiones en la vicepresidenta y el jefe renovador.
 
Como suele decirse en las negociaciones diplomáticas, nada está cerrado hasta que todo lo esté. Las definiciones en el frente financiero influyen sobre el cierre de listas y viceversa. Los plazos son casi idénticos, porque el próximo vencimiento con el FMI opera el 22 de junio, apenas 48 horas antes del plazo máximo para la presentación de candidaturas ante la justicia electoral.
 
Y aunque haya maniobras distractivas para todos los gustos, ningún nombre está descartado. Ni siquiera el de la propia Cristina, que reclamó "comprensión de textos" a quienes le insisten con que sea ella quien encabece la fórmula pero que a la vez reparte señales ambivalentes puertas adentro.
 
La agenda de Massa es frenética, a tono con el abismo estanflacionario que se otea en el horizonte si se acaban las reservas. A poco de volver de Beijing partirá -por sexta vez como ministro- hacia Washington, donde espera cerrar con el Fondo una reprogramación al filo de ese vencimiento de fin de mes por casi U$S 2.700 millones.
 
Después irá a Brasil, donde Lula Da Silva también orejea sus cartas. Fuentes cercanas al ministro aseguraron que el vecino todavía puede extender un crédito que compense el déficit bilateral, que la sequía multiplicó. Ayer se supo que, solo hasta mayo, el desbalance negativo (U$S 2.500 millones) ya supera el de todo 2022 (que fue de 2.250 millones).
 
El kirchnerismo también recibió señales en ese sentido. La presidenta del Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) de los BRICS, Dilma Rousseff, se las transmitió a Máximo Kirchner antes de que la delegación partiera de la futurista Shanghai para terminar de cerrar en Beijing la ampliación del swap de monedas con el Banco Popular chino.
 
Si bien recién en agosto el NDB debatirá el ingreso de Argentina y un posible rescate por la sequía, el ministro de Hacienda, Fernando Haddad, todavía tiene en su escritorio la documentación para que el banco central brasileño haga efectivo un swap similar al vigente con China. Fuentes brasileñas estiman que podría ser por entre U$S 3.000 y 5.000 millones.
 
Son partidas de ajedrez simultáneas en un marco geopolítico que, si alguien lo pretendía ignorar, se hizo más que evidente durante la semana en que toda la dirigencia dirigió su mirada hacia Oriente. Un mundo donde el gasto en armamento creció en 2022 por octavo año consecutivo y batió su récord histórico por la guerra en Ucrania, según el Instituto para la Paz de Estocolmo.
 
Y donde la hegemonía del dólar empieza a ser desafiada seriamente, tal como mostraron Juan Gabriel Tokatlian y Mónica Hirst en un informe para la Fundación Friedrich Ebert: del 73% de las reservas internacionales de todo el planeta en 2001, el billete verde pasó a representar un 58%.
 

 
Corsos a contramano
  
La diferencia con la guerra fría del siglo XX es que ya no hay "campos de influencia" sino cadenas integradas globalmente. Así como se apuntan mutuamente con cañones y armas nucleares, China y Estados Unidos mantienen entre sí el mayor flujo comercial y financiero del mundo. Por eso resulta más llamativo que el Frente de Todos se haya inclinado tanto por uno de los contendientes y haya desaprovechado la cooperación con el otro. De las granjas de cerdos a Atucha III, de la producción de fertilizantes a la instalación de puertos, todo naufragó en medio de lobbies estadounidenses que en algunos casos fueron a puertas cerradas y en otros a plena luz del día.
 
El kirchnerismo, tal como se consignó en este panorama la semana pasada, acusa a tres funcionarios de ese fracaso a la hora de reeditar la tercera posición de Juan Perón. El primero es el eyectado Gustavo Beliz, quien boicoteó documentos y convenios con los que podrían haber avanzado algunas de esas inversiones chinas en el país. El segundo es Santiago Cafiero, el canciller cuya ausencia en la gira por China resultó casi tan inexplicable como que el ministro de Economía estrenase el nuevo avión presidencial. Y el tercero es el propio Presidente, que se volvió de Brasilia por segunda vez consecutiva con las manos vacías y no consiguió anotarse el poroto del swap, según el massismo por haber sostenido a Daniel Scioli en la embajada donde se abrazó con Jair Bolsonaro.
 
En Twitter, Cafiero se defendió de esa acusación con el curioso argumento de que participó en infinidad de reuniones que terminaron invariablemente en callejones sin salida. Pero el cuestionamiento de quienes lo defenestraron de la jefatura de gabinete también apunta a lo operativo. Se quejan de que en China hay apostados la mitad de diplomáticos argentinos que en Brasil y que en EE.UU, que las relaciones con el gigante asiático están subsumidas en la postergada Dirección de Asia y Oceanía y que Shanghai es considerado un destino "categoría C", donde cónsules y agregados solo se quedan dos años sin continuidad posible. "La Cancillería está hecha para un mundo que no existe más", protestan.
 
Nadie está exento de contradicciones. El embajador argentino en China, hermano del yerno de Cristina y hombre clave de la gira, Sabino Vaca Narvaja, sostuvo en enero de 2022 que para él lo mejor era cerrar un acuerdo con el Fondo Monetario y no apostar a un salvavidas en yuanes. "A nadie le sirve que eso se dilate y está todo el Gobierno trabajando para resolverlo de la manera mejor posible para la sociedad argentina", le dijo aquella vez a ElDiarioAr.
 
Martín Guzmán, por ese entonces, se aprestaba a cerrar el pacto con el FMI que detonó la ruptura explícita y la renuncia del diputado Kirchner a la jefatura de la bancada. Pero antes, en agosto de 2020, había renegociado la cláusula del contrato del swap con China que decía que si se caía el acuerdo con el FMI, también se caía el swap. Un servicio que Cristina ni Massa piensan reconocerle, del mismo modo que todos se hacen los distraídos frente a las concesiones del tigrense a Washington, como la reciente concesión a título gratuito de la banda de 6 Ghz del espectro radioeléctrico al WiFi 6, en beneficio de los gigantes de Silicon Valley y en detrimento del protocolo 5G que tiene a la china Huawei como líder.
 
El Presidente se defiende con mejores armas que su canciller del reproche de quien lo encaramó al sillón de Rivadavia. Reivindica haber viajado a China, haber excluido de ese viaje deliberadamente a Beliz, de quien empezaba a sospechar que funcionaba de un doble agente, haber firmado la adhesión a la Franja y la Ruta y haberse levantado convaleciente de la cama en Bali, este verano, para no faltar a la reunión que tenía agendada con Xi Jinping.
 
 
Entre caníbales
  
Tal nivel de descomposición interna y una economía con el doble de inflación que en 2021, el mismo desempleo, ingresos informales 15% abajo e ingresos formales igual de deprimidos que entonces dejaría sin chances de reelegir a cualquier oficialismo que haya sido derrotado en las elecciones de medio término. Para peor, el segmento social más castigado por la inflación es la base electoral tradicional del peronismo. Por eso la apuesta es a la "elección de tercios" y a la canibalización opositora. La lógica es que pierde el que se equivoca.
 
Al menos ante el círculo rojo, Horacio Rodríguez Larreta parece haberse equivocado esta semana. Allí, su laudo a favor de Jorge Macri como candidato porteño por el Pro lo desautorizó severamente. "Se mostró como un subordinado de Mauricio. Se albertizó antes de asumir", bromeó uno de los empresarios que lo abrazó esta semana en un evento en la Bolsa de Comercio.
 
Patricia Bullrich, en cambio, viene afinando la puntería ante ese público. "A mí no me da todo lo mismo. No soy Larreta", les dijo en dos mesas distintas a petroleros y a financistas, que se fueron mejor impresionados que cuando habla de economía. Es la adversaria con la que Cristina se siente más cómoda confrontando. Sea el candidato Wado De Pedro, Axel Kicillof, Sergio Massa...  o ella misma.
 
Por Alejandro Bercovich
 
Fuente: BAE Negocios
 

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04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
La Opinión Popular
 

31-01-2026 / 09:01
Décadas de globalización con la lógica del mercado se desplomaron sobre los argentinos con Javier Milei gritando el Rock del Gato mientras cinco provincias se incendiaban fuera de control y la mayoría de los gobernadores se sometían a ser extorsionados para aprobar la reforma laboral.
 
Décadas de erosión de la democracia y el medio ambiente cayeron sobre los argentinos con el florecimiento del libertarismo autoritario, que es como decir silencio atronador o fuego helado. Las dos cosas no van juntas. El resultado es libertad para pocos y autoritarismo para los demás.
 
Rocca, Magnetto y Galperín fueron algunos de los creadores del Golem esquizofrénico. Lo construyeron para que los proteja, financiaron sus campañas, le dieron letra con leyes para proteger sus intereses y publicaron loas en los medios que controlan. Pero en este momento parte de sus intereses entraron en colisión con el rumbo aperturista total del gobierno y sus alianzas.
 
Las elecciones de medio término en una sociedad que perdió el sentido, fragmentada, extenuada por la inflación y la pandemia, le dieron un impulso que se multiplicó con el respaldo de la Casa Blanca.
 
Ese paralelismo crispado de un imperio en decadencia encontró un aliado incondicional en la subordinación total de Milei. No hay término medio en las Casas Blanca y Rosada. Una decisión absoluta de dominio se complementó con una decisión absoluta de sumisión.
 
Con la apertura que impulsaron los grandes empresarios, y que implementó este Gobierno, entró una avalancha de productos chinos. El capital concentrado creyó que tenía espalda para sobrevivir al exterminio de sus competidores de la pequeña y mediana industria y comercio y que podría deglutir esos espacios que quedaban libres.
 
Pero el ímpetu del comercio chino, ultra tecnológico, con cadenas de suministro ultra coordinadas y eficientes, se llevó puestos hasta los tubos de Techint y metió en problemas a la gran aplicación comercial de Marcos Galperín, el hombre más rico del país.
 
Galperín reside en Uruguay para no pagar impuestos en Argentina, donde creció su empresa, Mercado Libre. Impulsó con entusiasmo el discurso libertario contra los subsidios estatales y contra la regulación de los mercados.
 
Desde la pandemia, el campeón antisubsidios recibió subsidios por 370 millones de dólares. Y ahora, el también campeón de la apertura de las importaciones, le exigió al gobierno que regule a Temu, la aplicación de comercio china que le arrebató una porción de la torta.
 
Paolo Rocca, que colocó a su ex empleado Horacio Marín como CEO de YPF, recurrió a la Justicia por la licitación de tubos para un gasoducto que perdió ante una firma india que fabrica tubos con acero chino. Galperín hizo lo mismo con Temu. Y Magnetto afronta problemas parecidos con la compra de Telefónica por el Grupo Clarín.
 
Son contradicciones fuertes en el capital hegemónico, que el gobierno sobrelleva con enormes ofrendas, como la reforma laboral. El triunfalismo que invadió a la Casa Rosada por el resultado electoral se enfocó en su primera cosecha. La ley de trabajo propuesta incluyó un artículo sobre el impuesto a las ganancias que saca coparticipación a las provincias.
 
El Gobierno mandó a Diego Santilli a discutir con los gobernadores, pero le advirtió que no hará ninguna concesión. Y Santilli les prometió que los premios llegarían después de la aprobación en el Congreso. 
 

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