La Opinión Popular
                  09:43  |  Sabado 08 de Agosto de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná

Por
“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
Recomendar Imprimir
Nacionales - 27-05-2023 / 09:05
LO QUE NO SE TERMINA, MÁS ALLÁ DE LA VIOLENCIA GORILA

Discurso de odio: Patricia Bullrich y otros dirigentes macristas incitan a terminar con el kirchnerismo

Discurso de odio: Patricia Bullrich y otros dirigentes macristas incitan a terminar con el kirchnerismo
Patricia Bullrich y otros dirigentes del macrismo hablaron de “terminar con el kirchnerismo”. Cristina Kirchner criticó la expresión como parte de un discurso de odio. Nada provoca más odio que tratar de terminar con algo que no se termina.
El acto del jueves confirmó el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner como factor determinante en el peronismo y en el país. Y también mostró al kirchnerismo como una identidad fundida con el peronismo, que se amplía hacia sectores no peronistas y, sobre todo, que trasciende la coyuntura.
 
Estas elecciones con una inflación que no cede y con la proscripción judicial a Cristina se presentan como un examen difícil para el peronismo. Comentaristas de la oposición y sectores del peronismo, restos del menemismo que fueron desplazados por el surgimiento de Néstor y Cristina Kirchner, creyeron ver en ese cuadro la extinción del kirchnerismo y el ocaso de la figura de la ex presidenta.
 
En la búsqueda de un peronismo conservador y neoliberal, al estilo del menemismo, creyeron ver en los triunfos de gobernadores peronistas el regreso del "verdadero peronismo". Plantearon al kirchnerismo como el emergente de supuestas condiciones excluyentes del AMBA (CABA y conurbano) finalmente fracasado frente a un peronismo moderado que surgía triunfante en las provincias.
 
Hubo comentaristas que dieron por hecho este fenómeno y llegaron a plantear que la fórmula para las elecciones tenía que surgir de estos gobernadores, sugiriendo el nombre del tucumano Juan Manzur.
 
Los mismos gobernadores triunfantes en sus provincias desmienten este análisis. Porque, más allá de sus posiciones personales, los gobiernos kirchneristas se incrustaron en la experiencia histórica de sus pueblos. Las bases que votan a esos gobernadores visualizan al kirchnerismo como un elemento más adherido a su identidad histórica como peronistas.
 
En su discurso del jueves, Cristina repudió el discurso de odio que convoca a "terminar con el kirchnerismo". Es una fórmula que ha usado, entre otros, Patricia Bullrich, que también proviene de ese peronismo. La realidad demostró que el peronismo con su carga kirchnerista tiene cuerda más allá de la coyuntura, gane o pierda las elecciones, porque ha encarnado en un sector de la sociedad.
 
La idea de "terminar" con algo que no "termina" engendra violencia. Para el macrismo fue insoportable la concentración popular permanente que se produjo frente al domicilio de Cristina después de su condena. Pensaron que cundirían el desánimo y la desilusión y, en lugar de eso, alimentaron el cariño y el espíritu de resistencia.
 
Tan insoportable fue que pasaron a los hechos con el intento de asesinato. Y se repitió el efecto: en lugar de "terminar", llevaron la figura de la ex presidenta a su punto más alto. Si no fallaban, habrían provocado un estallido social.
 
La posibilidad de superar y desterrar un discurso de odio que equivale a tener siempre un dedo en el gatillo, pasa por el reconocimiento de que peronismo y kirchnerismo son parte de la realidad y la historia de este país. No se trata de algo con lo que es necesario "terminar", sino con lo que se está obligado a convivir, porque representan a un vasto sector de la población.
 

 
Una demostración patente fue el acto del jueves al cumplirse 20 años de la asunción de Néstor Kirchner a la Presidencia. O sea, al cumplirse 20 años del surgimiento del "kirchnerismo" como tal. Con el plus de que no hubo otros oradores, la única fue Cristina Kirchner.
 
Con ese esquema tan definido no hay otra fuerza en el peronismo, ni otro motivo, que sea capaz de reunir a esa multitud con la asistencia o la adhesión de casi todas las corrientes del peronismo. No es que todo el peronismo mutó a kirchnerista, sino que se trata de una identidad que ya está entretejida con la identificación que le dio origen.
 
El menemismo se extinguió cuando dejó el gobierno y muchos de sus dirigentes se cruzaron al macrismo, como Miguel Ángel Toma o el mismo Horacio Rodríguez Larreta, Rogelio Frigerio, Diego Santilli y Christian Ritondo. Se extinguió porque fue un gobierno que favoreció al poder económico y no dejó nada a los sectores populares.
 
La idea del menemismo fue visualizar al peronismo como una herramienta hueca para disputar poder. Lo usaron para privatizar y deshacer lo que habían creado los gobiernos peronistas. Y cuando perdieron el gobierno, esa marca que parecía invencible se desvaneció: chau menemismo. Pensaron que el kirchnerismo seguiría ese camino. Las elecciones provinciales mostraron otra cosa.
 
Martín Menem, hijo del senador Eduardo y sobrino del ex presidente Carlos Menem, ni siquiera pudo presentarse con el peronismo de La Rioja, la cuna del menemismo. Y lo hizo con la fuerza ultraderechista y prodictadura de Javier Milei, para sacar el 15 por ciento de los votos, un tercer lugar lejos. El ganador de esa elección por una amplia diferencia, el gobernador Ricardo Quintela, estaba el jueves en el escenario del acto, detrás de Cristina Kirchner, y es uno de los que candidateó a Eduardo "Wado" de Pedro.
 
Perón buscó convocar a la juventud que había estado en la resistencia a las dictaduras en los '70, cuando lanzó el trasvasamiento generacional, la actualización doctrinaria y la idea de socialismo nacional. Con altibajos, marchas y contramarchas, tuvo su fruto con Néstor Kirchner en el 2003.
 
A su vez, una de las prioridades de Néstor Kirchner fue convocar a la juventud que había estado en la resistencia al neoliberalismo de los '90. Y gran parte del recambio generacional que tiene el peronismo ahora, proviene de esa convocatoria.
 
Otro de los puntos del discurso del acto del jueves fue la deuda externa. Frente a las cláusulas restrictivas de ajuste que exige el Fondo Monetario Internacional, Cristina planteó que el país decida cómo pagar. También dijo que era un error pensar el proyecto de país exportador de materias primas. Son posiciones que han sido criticadas por los economistas ortodoxos.
 
Al mismo tiempo que ella decía eso, Estados Unidos se encaminaba hacia el default de su propia deuda externa de 31 billones de dólares si no paga el 1 de junio. El presidente Joe Biden pidió al Congreso la autorización para tomar más deuda y pagar. Pero los republicanos se la negaron y exigieron que ajuste el gasto público.
 
Entonces Biden les respondió que no puede, porque si lo hiciera, tendría que despedir a decenas de miles de bomberos, policías, maestros y otros estatales. Biden dice eso a los republicanos, pero manda a su representante en el FMI a exigir ajuste y más ajuste al gobierno argentino.
 
Argumentan que en realidad es el staff del Fondo el que impone esas exigencias, enfrentado al gobierno norteamericano. Es una explicación desmentida por la concesión irregular del préstamo a Mauricio Macri impuesta por Washington a regañadientes del famoso staff. No pesa más el staff que la Casa Blanca.
 
Lo más probable es que los republicanos negocien su autorización. Pero si en unos pocos días Estados Unidos no paga y defaultea su deuda, está previsto que las bolsas caigan entre 30 y 40 por ciento, que salten las tasas de interés y que el valor de las materias primas caiga en picada.
 
Estados Unidos puso mucha presión sobre el gobierno argentino para que limite la relación comercial con China. Pero China es su mayor socio financiero, el mayor tenedor de bonos del Tesoro norteamericano, de los que se está desprendiendo en forma acelerada. Lo que Cristina planteó en el acto está relacionado también con esta situación mundial inestable.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página 12
 

Agreganos como amigo a Facebook
08-08-2026 / 09:08
El naufragio de la ley de propiedad privada dejó al descubierto la incompetencia política oficialista, las internas feroces en la Casa Rosada y un estruendoso choque contra el límite de sus propios aliados, en medio de una profunda crisis económica y un acelerado desencanto de la sociedad y de sus propios votantes. Un escenario agravado luego de que la cuestión Malvinas alrededor de la selección de fútbol generara un clima nacionalista que colisionó de frente contra el cipayismo libertario y expuso su escaso arraigo popular.
 
El bochornoso traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado representa el síntoma terminal de un oficialismo cegado por el dogmatismo y desprovisto de oficio político. Lo que el Ejecutivo pretendía vender como un triunfo terminó convertido en un cascarón vaciado: acorralada por la falta de apoyo de los bloques dialoguistas, la Casa Rosada debió capitular y retirar apresuradamente los capítulos centrales de extranjerización de tierras y la flexibilización de la Ley de Manejo del Fuego. El dictamen final fue aprobado desflecado y reducido a menos de un tercio de sus ambiciones originales, dejando al desnudo que las mayorías parlamentarias no se edifican con bravuconadas de redes sociales ni con intervenciones torpes como las del senador Joaquín Benegas Lynch, cuyos insultos a los senadores aliados terminaron de dinamitar los puentes de negociación.
 
Fiel a su matriz refractaria a la autocrítica, la reacción de la conducción libertaria ante semejante derrumbe consistió en desatar una inmediata cacería interna de chivos expiatorios. En lugar de asumir los errores de cálculo de la gestión, la Casa Rosada liderada por Javier y Karina Milei optó por aislar y "freezar" al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, amagando con congelar el resto de sus proyectos en carpeta tras convertirlo en un yunque político. Al mismo tiempo, el enojo oficialista apuntó directamente contra Patricia Bullrich, a quien responsabilizan por fallar en la contabilidad de los votos y perder el control de la sesión. Este pase de facturas expone un gabinete frágil y fracturado, donde los propios arquitectos del programa gubernamental son arrojados a los leones ante la primera turbulencia institucional.
 
 
En última instancia, la mutilación de este proyecto emblemático expone el techo del modelo libertario: una administración que chocó de frente contra el límite de sus aliados e incapaz de sostener consensos duraderos. La incapacidad para articular mayorías y la constante tendencia a refugiarse en la intransigencia demuestran que el dogmatismo autoritario se vuelve impotente ante la dinámica republicana. Con Sturzenegger desautorizado y Bullrich golpeada políticamente, el gobierno ingresa en una peligrosa fase de insularidad y parálisis parlamentaria, donde la falta de muñeca política condena al oficialismo a multiplicar derrotas mientras la gestión cotidiana se consume entre internas feroces e improvisación.
 
De la redacción de La Opinión Popular

06-08-2026 / 14:08
31-07-2026 / 21:07
31-07-2026 / 20:07
24-07-2026 / 18:07
NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar