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“Esta gloriosa Revolución Libertadora se hizo para que, en este bendito país, el hijo del barrendero muera barrendero”. Almirante Arturo Rial.
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Internacionales - 22-03-2023 / 08:03
22 DE MARZO DE 1968

Comienza el movimiento que conduciría al Mayo francés de 1968

Comienza el movimiento que conduciría al Mayo francés de 1968
Los sucesos de mayo en Francia se encuadran dentro de una ola de protestas protagonizadas, principalmente, por sectores politizados de la juventud que recorrió el mundo durante 1968. Estos sucesos se extendieron por la República Federal Alemana, Suiza, España, México, Argentina, Uruguay, Estados Unidos, Checoslovaquia e Italia, lo cual ampliaba la escala del antiguo refrán del siglo XIX afirmando que cuando París estornuda, toda Europa se resfría.
El 22 de marzo de 1968 es el inicio del movimiento que conduciría al Mayo francés o Mayo del 68, con manifestaciones, huelgas y ocupaciones. Ese día, un grupo de estudiantes ocupa la Universidad de Nanterre en protesta por las normativas internas del centro, desocupando las instalaciones tras algunas negociaciones y la aparición de la policía. Esta acción daría origen al Movimiento 22 de marzo, el cual sería uno de los referentes de las movilizaciones de mayo y junio de ese año.
 
El Mayo del 68 fue una cadena de protestas que se llevaron a cabo en Francia y, especialmente, en París durante los meses de mayo y junio de 1968. Esta serie de protestas fue iniciada por grupos estudiantiles de izquierda contrarios a la sociedad de consumo, a los que posteriormente se unieron grupos de obreros industriales, los sindicatos y el Partido Comunista Francés.
 
Como resultado, tuvo lugar la mayor revuelta estudiantil y la mayor huelga general de la historia de Francia, y posiblemente de Europa occidental, secundada por más de nueve millones de trabajadores. El movimiento estudiantil tuvo influencias del movimiento hippie que se extendía entonces.
 
La magnitud de las protestas no había sido prevista por el gobierno francés, y puso contra las cuerdas al gobierno de Charles de Gaulle, que llegó a temer una insurrección de carácter revolucionario tras la extensión de la huelga general.
 
Sin embargo, la mayor parte de los sectores participantes en la protesta no llegaron a plantearse la toma del poder ni la insurrección abierta contra el Estado, y ni tan siquiera el Partido Comunista Francés llegó a considerar seriamente esa salida. El grueso de las protestas finalizó cuando De Gaulle anunció las elecciones anticipadas que tuvieron lugar el 23 y 30 de junio.
 
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El 8 de enero de 1968, el ministro de Juventud y Deporte, François Missoffe, acude a la inauguración de una piscina en la Universidad de Nanterre. Los estudiantes recibieron al ministro con un sonoro abucheo a causa de su Libro Blanco acerca del estado de la juventud estudiantil.
 
Durante el suceso un joven estudiante de sociología, Daniel Cohn-Bendit, provocó al ministro, reprochándole que su libro no tratara el problema sexual entre los jóvenes. Pese a que este incidente se quedó en una mera anécdota, permitió la visualización de Cohn-Bendit como una de las figuras mediáticas de los sucesos de mayo.
 
Unos meses después, el 22 de marzo de 1968 un grupo de estudiantes se encierra en la Universidad de Nanterre en protesta por las normativas internas del centro, desocupando las instalaciones tras algunas negociaciones y la aparición de la policía. Esta acción daría origen al Movimiento 22 de marzo, el cual sería uno de los referentes de las movilizaciones de mayo y junio de ese año.
 
El 22 de abril de 1968, 1.500 estudiantes acudieron a una nueva protesta en Nanterre contra la detención de varios estudiantes del Comité Vietnam Nacional, acusados de atentar contra empresas estadounidenses, en la cual intervendría la policía.
 
El 28 de ese mismo mes el decano de la Facultad ordena el cierre de la misma, al tiempo que los estudiantes anuncian el boicot a los exámenes parciales y se producen enfrentamientos con miembros de la Federación Nacional de Estudiantes de Francia, de ideología derechista, los cuales asaltarían la universidad del 2 de mayo y acusarían a los estudiantes movilizados de terroristas.
 
Los movimientos derechistas y ultraderechistas estudiantiles previeron que el movimiento de los estudiantes iba a desarrollarse y afirmaron que el deber de los estudiantes moderados y del gobierno era pararlo en seco. Al mismo tiempo, miembros del grupo de extrema derecha Occident marcharon por el Barrio Latino gritando ¡Vietcongs asesinos! con el objetivo de contrarrestar el crecimiento del movimiento.
 
El 3 de mayo ocho estudiantes implicados en las protestas, entre los que se encontraba Daniel Cohn-Bendit, acudieron a declarar a París mientras en la plaza de la Sorbona comenzaba a congregarse una gran cantidad de estudiantes vigilados por la policía, que finalmente cargaría contra la concentración. Ante esta situación, la Unión Nacional de Estudiantes y el Sindicato de Profesores llamaron a la huelga exigiendo la retirada de la policía y la reapertura de La Sorbona, así como la liberación de los estudiantes detenidos hasta el momento.
 
El lunes 6 de mayo los "ocho de Nanterre" acudieron a declarar ante el Comité de Disciplina de la Universidad. A su salida se realizó una nueva manifestación que concluyó con grandes enfrentamientos entre las barricadas levantadas en el Barrio Latino. La violencia de la policía provocó un sentimiento de solidaridad entre la mayor parte de la sociedad francesa (un 61% de los franceses simpatizaban en estos momentos con los estudiantes).2 Las manifestaciones se repiten al día siguiente, llegando hasta las inmediaciones del Eliseo.
 
El punto de inflexión del movimiento se da en la noche del 10 de mayo, conocida como "la noche de las barricadas". Decenas de miles de estudiantes acuden a las barricadas del Barrio Latino. Las negociaciones iniciadas con el rectorado de la Sorbona fracasan, al tiempo que las autoridades siguen sin aceptar la liberación de los detenidos. La policía disuelve las barricadas por la fuerza, produciéndose los más duros enfrentamientos de todo el mes de mayo con cientos de heridos. Al día siguiente, carros blindados se desplegaron por la capital francesa.
 
Fuente: Wikipedia 

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07-01-2026 / 09:01
El Cartel de los Soles es una truchada. El propio Departamento de Justicia de EE.UU. reconoció en los hechos que no existe el "Cartel de los Soles", la organización "narcoterrorista" que supuestamente encabezaba Nicolás Maduro. No fue ni contra el narcotráfico ni por la democracia: Donald Trump atacó Venezuela por el petróleo. Se cayó la principal excusa del gobierno yanqui para bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente. El giro del Departamento de Justicia yanqui desnuda que el verdadero objetivo del ataque imperialista y el secuestro del presidente venezolano siempre fue el petróleo, no la falsa guerra contra las drogas. El papelón alcanza al alcahuete Javier "el Loco" Milei, que también declaró como terrorista al ficticio cartel para complacer a Trump.
 
El tan cacareado Cártel de los Soles resultó ser inexistente. Desde 2020 los Estados Unidos lo utilizó para acusar al presidente constitucional de Venezuela, Maduro, de ser el cabecilla. El creador de esta fábula fue el propio Trump en tiempos de su primer gobierno y la recuperó el año pasado para continuar con su asedio al celoso custodio de la mayor reserva petrolífera del planeta. Sin embargo, el lunes por la noche, esa fábula se desmoronó cuando se conoció que el Departamento de Justicia de Estados Unidos, había reescrito la acusación contra Maduro y dejó de considerar a este cártel como una organización real. La impunidad del poderoso.
 
Este cambió poco le importó a Milei que decidió mantener a los Soles en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento. Tal vez lo hizo a la espera de que la mentira se convierta en verdad. Lo cierto es que seguir con esta fábula entre los delitos que se le endilgan a Maduro, iba a resultar contraproducente para la estrategia de la fiscalía. Sobre todo, porque el proceso judicial ya tiene un vicio de legalidad de origen: se inició porque antes se invadió y atacó un país extranjero, Venezuela, y se secuestró a su presidente, Maduro.
 
Según trascendió, ahora la acusación de la fiscalía contra Maduro se limita a responsabilizarlo de conducción de un supuesto "sistema clientelar" y desarrollar una "cultura de corrupción" que se nutrió de dinero del narcotráfico.
 
Una vez que Trump comenzó su segundo mandato, resucitó al Cártel de los Soles y la acusación contra Maduro del año 2020. En julio pasado, el Departamento del Tesoro copió textual esa acusación para incorporar al cártel como organización terrorista. Cuatro meses más tarde, el secretario de Estado y uno de los principales asesores en seguridad, Marco Rubio, hizo lo mismo. El relato para la campaña mediática contra Venezuela cerraba perfecto y era casi calcado a otras experiencias norteamericanas con países de Latino América, como fue el caso Panamá en 1989. O la farsa de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, que justificaron su invasión.
 
Con franqueza imperial, Trump se encargó de despejar cualquier duda sobre las verdaderas motivaciones de la agresión. En una conferencia de prensa afirmó sin tapujos que su intención era "administrar" Venezuela para "recuperar" su petróleo, como si ese recurso natural perteneciera a Estados Unidos y no al pueblo venezolano. La frase, brutal en su sinceridad, pulverizó de un solo golpe el andamiaje discursivo con el que durante años se intentó justificar el hostigamiento contra los gobiernos bolivarianos.
 
Quedó así al desnudo que el problema de Washington con Maduro nunca fue el supuesto "fraude" en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, ni la acusación de ser una "dictadura", ni mucho menos la fantasía judicial del inexistente Cartel de los Soles. El verdadero conflicto es geopolítico y económico: Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo convencional del planeta y ha insistido, desde la Revolución Bolivariana, en ejercer soberanía sobre ellas. Para el imperialismo yanqui, ese pecado es imperdonable.
 
La Opinión Popular
 

07-01-2026 / 08:01
07-01-2026 / 08:01
06-01-2026 / 11:01
Si algo confirmó el ataque yanqui a Venezuela fue que Nicolás Maduro era el presidente legítimo de ese país. Terminó con la discusión de su elección y de las famosas actas. Si no fuera así, la oposición no habría presentado actas truchas y Washington no hubiera necesitado intervenir por la fuerza. Si la oposición tenía tanto respaldo como decían, el matón Donald Trump no los hubiera despreciado públicamente como hizo en la conferencia de prensa donde anunció el secuestro del mandatario venezolano y su esposa.
 
El mundo cambió, algunos dicen que no es cierto que Estados Unidos sea una potencia en decadencia. Y es al revés. Tiene que usar la fuerza para mantener su hegemonía porque su economía está en problemas y es difícil que pueda recuperarse. Pero es la primera potencia militar por lejos. La sigue Rusia y después China. Pero China y Rusia sumadas sobrepasan el poderío norteamericano, que tiene 18 bases militares fuera de su territorio, más sus aliados de la OTAN. Como las medidas económicas ya no tienen la fuerza necesaria, aplica la fuerza más importante que le queda, que es la militar.
 
Es obvio que a China y a Rusia no les gusta la intervención militar norteamericana, pero no moverán un soldado porque aceptan que América sea zona de influencia norteamericana. Si Latinoamérica es zona de influencia de Washington, es obvio que Ucrania resulta zona de influencia de Rusia y que Taiwán y sus alrededores es zona de influencia de China. Las potencias están demarcando sus zonas de influencia. Permitirán la presencia de otras economías mientras no crean que los amenaza.
 
Lo que no se resuelve por la política, se resuelve por la fuerza. Los argentinos sabemos esa máxima de la realidad. Y la lógica de la fuerza, no es progresiva porque la única forma de defenderse es tener más fuerza que el posible agresor. O sea: la regla será una nueva carrera armamentística con la proliferación de arsenales nucleares. Muy peligroso.
 
El tema principal con Venezuela no sería tanto la provisión de petróleo, porque le vende todo el que necesita y ha aclarado en repetidas oportunidades que no tienen intenciones de retacearlo. Tampoco sería el hecho de que le venda a China. El problema es que los tratos con Beijing no se realizan en dólares.
 
Y si el mundo abandona el dólar como moneda internacional, Estados Unidos sería aplastado por su enorme deuda y los problemas en sus cadenas de suministro internacionalizadas. El año próximo, por primera vez, los vencimientos de su deuda serían mayores que su enorme gasto militar. Por supuesto que la intención de máxima es tomar el control directo de las grandes reservas de petróleo venezolano.

En Argentina y en todas partes, pasa a ser más necesario que nunca que sus Fuerzas Armadas recuperen el sentido nacional que terminaron de perder durante la Guerra Fría. Es un mundo en el que prima la fuerza y las relaciones de dominación. Resignarse en este mundo es aceptar el sometimiento como ocurre con el gobierno actual. El camino para preservar los intereses propios está en fortalecerse en los organismos de integración regional y la diversificación de mercados en organismos como el de los BRICS.

La operación de comandos que secuestró a Maduro fue exitosa desde su punto de vista. Pero como Estados Unidos no puede arriesgar una invasión de infantería similar a la de Panamá el objetivo de máxima era de cambio de régimen. El secuestro de Maduro debía provocar saqueos, levantamientos de multitudes y en cascada, fracturas en las Fuerzas Armadas. La oposición de Corina Machado no podía garantizar ni un acto mínimo. La decepción de Trump fue evidente. En vez de reemplazar al régimen está obligado a negociar con él, aunque presione con la cárcel de Maduro
Trump utiliza la agresión a Venezuela para amenazar a los gobiernos de América que no se someten a EE.UU.

 

05-01-2026 / 20:01
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